Los secretos del anzuelo del amor

El Bien Absoluto, Breviario Sobrenatural. Cicuta Teatro (Pereira) en la V Muestra de Teatro Alternativo de Pereira, 16 de julio de 2013.

Leví-Tzu
Fotos: Daniel Arcila Medina. http://xurl.es/fh1m9

Cuando nos enfrentamos a esta obra, de inmediato, caemos en el juego que propone, como por hipnosis, o por un hechizo. Situados en Pereira, en 1956, asistimos a un curso intensivo de parasicología y magia blanca, Los secretos del anzuelo del amor. El profesor, Leví-Tzu, es un personaje, en plenitud, complejo. Sin pasado conocido, sin futuro por conocer, se presenta como “astrólogo, mentalista, tarotista, grafólogo, psicólogo, biólogo…” Paranoico en unas ocasiones, en otras, agresivo, de tendencia a la amonestación tajante, nos promete hacer entender el amor, las técnicas para alejarlo o amarrarlo, según el caso. El curso está dirigido, en exclusivo, a los hombres de bien.

En primer lugar, conocemos al hombre siniestro, pero torpe en sus movimientos que, angustiado por el peso de un secreto que parece roerle la cabeza en el transcurso de la sesión, se doblega y pierde los estribos de su discurso. A continuación, a la manera de El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde, de Stevenson, se reincorpora, corrige todos sus movimientos, revitaliza su palabra y, si antes nos había puesto al borde de la compasión, ahora pareciera arrojarnos por el despeñadero del miedo. Leví-Tzu, interpretación de Edward Argüelles, recoge las mejores características de los papeles anteriores del actor y encierra los matices encontrados por una búsqueda racional, de años, de estilo propio.

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Asimismo, la dramaturgia y la dirección de César David Salazar, redescubren el espacio pasado por alto por los montajes tradicionales. Por la naturaleza diacrónica de la obra, no podía ser presentada en una sala de teatro, ni en un aula de clases contemporánea. Era necesario crear una atmósfera de antaño, saturada por el olor del pasado, sin dejar de lado los sucesos históricos que afectaban a Pereira entonces y al norte del Valle. Las luces tenían que ser mortecinas, envolverlo todo. La actuación tenía que convencernos de entrada y mantener la convicción segundo a segundo hasta el final. Y así fue. No hubo lugar a desaciertos, y cada elemento de la obra tuvo su justificación por sí mismo en relación con la historia, y con lo que ésta nos sugeriría, pues estamos ante una representación que, como la literatura, su preocupación fundamental es contar y lograr verosimilitud, la interpretación queda para el espectador aunque haya, eso sí, una cantera clara de datos para que resuelva el caso.

El Bien Absoluto, Breviario Sobrenatural, gana porque es una simbiosis no sólo de actuación y ambientación, sino de sí misma, como tal, y del público. La vinculación de los espectadores es primordial y sus reacciones naturales ante las actitudes del profesor Leví-Tzu, nutren el desarrollo de la función. No se puede olvidar que si bien está diseñada para pocas personas, no más de veinte, por su carácter de curso, se necesita de éstas tanta participación, tanta sensibilidad como sea posible. De esta manera, Cicuta Teatro, se afianza como un grupo que no olvida que el teatro es, ante todo, algo sagrado, paranormal, si se quiere, la comunión de la vida misma en la escena.

Lea más sobre la obra, en este mismo blog: Cómo recuerdo a Leví-Tzu, por Amparo Duque.

Albeiro Montoya Guiral

Tuve cinco perros y a todos los enterré bajo el mismo naranjo. (Twitter: @amguiral).

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