A un poeta no se le conoce de oídas

Conocí por fin a Ciro Mendía en una tarde, cuando por casualidad di con una pequeña antología que publicaron en su nombre, ya póstuma como un irónico homenaje, en la que recogieron muchos de sus más hermosos poemas. Después de leerla debí renunciar a escribir cualquier cosa sobre este poeta, pero como siempre uno termina hablando de las personas que ama, escribí este apunte que hoy me atrevo a publicar.

Óleo de Ciro Mendía del artista Dorian Flórez
[1]
Por: Pablo Andrés Villegas Giraldo

Llegué a Caldas, Antioquia, por esos acasos de la vida de los que uno nunca puede arrepentirse. Sus calles envejecidas poblaron mi mirada y su cielo me enamoró en un instante. Una vieja basílica lo corona majestuosamente, Nuestra Señora de las Mercedes, se empina en la parte más alta y vistosa del Parque Santander. En una de las esquinas de este parque se encuentra la Casa de la Cultura “Ciro Mendía”, ¿Ciro Mendía?, me pregunté mientras seguía de camino.

Al poco rato entré a una cafetería y pedí un tinto oscuro. Aquél nombre rondaba en mi cabeza. ¿Quién sería el hombre así llamado? ¿Un insigne gestor cultural, un político mecenas del arte y la cultura? ¿Un recordado y estimado poeta? …Ninguna de las anteriores.

Casa de la cultura de Caldas, Antioquia
[2]

Me di a la tarea de conocerlo y casualmente me encontré con unos de sus sonetos en un mural del Colegio Comercial titulado Mejor Así, quizás el poema autobiográfico y profético más cruel que he leído en mi vida, lo cito completo para dejar hablar al poeta:

Así quería verme, abandonado,
sin quién caliente para mí una sopa,
sin quién remiende mi raída ropa
ni coja las goteras del tejado.

No hay quien me sirva un tiro ni una copa,
no hay quien me haga mi lecho desolado,
estoy hace diez días levantado
y no ha vuelto ya más la antigua tropa.

Así quería verme, pobre, viejo,
de púas erizado el entrecejo
y la mirada llena de pistolas.

Sólo me hablan los libros, los retratos,
y sin embargo tengo buenos ratos,
cuando me veo con el diablo a solas.

Así vivió un desgraciado poeta antioqueño, desgraciado como todos los poetas. Nacido en Caldas -quién sabe cuándo, algunos dicen que un primero de mayo- del año 1892, en el seno de una paupérrima familia. De su pobreza le quedó el más delgado recuerdo: “éramos muy pobres, porque mi padre, el hombre más inteligente del pueblo, se fue contra la corriente fanática predicando ideas liberales”. Así creció Carlos Edmundo Mejía Ángel, como dicen los manuales históricos que se llamaba, en medio de ideas liberales en un pueblo de godos católicos.

Los manuales también dicen que fue un poeta y dramaturgo caldeño, considerado iniciador del teatro regionalista y era llamado por la prensa de la época el Tomás Carrasquilla de la escena. De la comedia costumbrista que escribió en un comienzo, la dramaturgia de don Ciro Mendía evolucionó luego hacia temáticas citadinas, que recreaban los conflictos de los campesinos en su adaptación a lo urbano, para luego aventurarse en las técnicas del teatro moderno al estilo de Luigi Pirandello, de una obra de este autor titulada Seis personajes en busca de autor hizo una adaptación llamada Prometea Desencadenada (1955). Se dice que en los años veinte (comienzos del siglo XX) sus obras llenaban el teatro Medellín. No era para menos, puesto que fue un autor cómico sin precedentes ni sucesiones en Colombia.

De izquierda a derecha: Ciro Mendía, Guillermo Cano y Gabriel Cano, periodistas del diario El Espectador
[3]

Su poesía fue una vagabunda, como su propia vida. Publicó 13 libros de poesía, pero muchos de sus poemas se perdieron porque los “conservaba” desordenados en hojas sueltas y miles de versos murieron fatalmente de inanición en los oídos indiferentes de sus coetáneos, a propósito de esto Jaime Jaramillo Escobar nos cuenta:

“Ciro Mendía, en 1978, no tenía nada qué comer. Tomaba aguardiente con cáscaras blancas de limón, y se arrastraba hasta el andén para rogar a algún transeúnte apresurado que le tomara al dictado los versos que había compuesto durante su día de insomnio; pero nadie tenía tiempo de semejante cosa, y el poeta repetía sus versos hasta que se le olvidaban. Le habían hecho completamente a un lado por sus ideas de izquierda…”[4].

Nadie se apiadaba de un poeta ciego y embriagado que se ahogaba entre sus palabras. Le vieron llorar y nadie secó sus lágrimas. Solo tuvo un amigo inseparable, el embriagante néctar antioqueño, el agua-ardiente indomable que no olvida a nadie, el licor amigo que le arrancó los ojos y le arrebató a su hijo, a su amado Vladimiro. Después de eso, Don Ciro, no volvió a levantarse, las fuerzas lo dejaron y las musas salieron huyendo preparando su camino hacia la nada…

De sí mismo el poeta escribía:

“Era contradictorio, absurdo, aciago
y comulgó con ruedas de molino.
Su animal favorito fue el pollino
y su santo dilecto era San Trago”.

Antología poética de Ciro Mendía
[5]

Conocí por fin a Ciro Mendía en una tarde, cuando por casualidad di con una pequeña antología que publicaron en su nombre, ya póstuma como un irónico homenaje, en la que recogieron muchos de sus más hermosos poemas. Después de leerla debí renunciar a escribir cualquier cosa sobre este poeta, pero como siempre uno termina hablando de las personas que ama, escribí este apunte que hoy me atrevo a publicar. Tristemente, en la pobreza absoluta, en la soledad más extrema, muere Ciro Mendía el 4 de octubre de 1979 en La Ceja, Antioquia.

 Con don Jaime Jaramillo Escobar termino diciendo:

“Quedó con la fama de no ser un poeta serio, porque no creía en nada,
Pero de todos modos nos dejó esa risa maliciosa, socarrona, comprensiva,
Que desborda inteligencia, bondad, aceptación y perdón” [7].

 Como a un poeta no se le conoce de oídas les comparto algunos de sus versos para que lo conozcan:

Cambio de Escena

Yo vivía al derecho y buenamente,
era dueño y señor de mi pobreza,
pero nunca faltaron en mi mesa
el pan ni la botella de aguardiente.

Yo era el amigo de la buena gente,
yo no dejaba entrar a la tristeza
en mi sangre y reía con largueza
y era ingenioso y casi inteligente.

Me divertía con sabrosas ganas
y al aire echaba canas, tantas canas,
que invadió la calvicie mi cabeza.

Pero un día la muerte —actriz notable—
abrió otra vez mi puerta respetable
y la velada convirtió en tragedia.

En Casa

Yo soñaba en mi casa, viejo, oscuro,
entre libros y lágrimas y penas,
y aspiraba a quitarme las cadenas
y huir, saltando por el alto muro.

Ya mi razón se iba del seguro,
mis manos no eran ya las manos buenas
que de heridas con sal se alzaban llenas
y a un milímetro estaba del cianuro.

Entró una sombra azul, qué bien lucía,
y dijo en baja voz —¿Decirme quiere
si vive aquí el cantor Ciro Mendía?

Yo que al piano ensayaba un miserere,
le dije sin creer lo que veía:
—No, señor, aquí muere.

En los Funerales de un Amigo

Qué exequias más hermosas, qué gentío,
cuántas flores y sombras, cuánta pena,
con su mutis quedó sola la escena,
cuántas hojas caídas sin rocío.

Qué silencio en las voces, y qué frío
por el amigo muerto. Gime llena
de angustia el alma por el alma buena,
cómo me dueles, compañero mío.

La amistad y el amor están presentes,
la pluma y el talento están de luto,
nieblas hay en los ojos, en las frentes.

Y pienso al ver el fúnebre ajetreo
que por razones de mi ceño hirsuto
no irá a mi entierro nadie, ni yo, creo.

Nada de Misereres

Yo no quiero morir, morir me asusta
y la muerte se me hace muy pesada,
me cae gorda la desnarigada,
pues no sabe de amor, ni a nadie gusta.

Me molesta y fastidia con su fusta
y con perdón, no sirve para nada,
es una pobre hembra fracasada,
y es aguafiestas y además injusta.

Yo no quiero morirme ni de broma,
me gusta más la pera que el fibroma,
más la luz que los largos apagones.

Me gusta más la risa que el lumbago,
por un responso que me den un trago
y el cielo se lo dejo a los gorriones.

Discurso del Homenaje

En el mar de mi vida, un oleaje
cortó mi nave con su doble filo
y un dolor negro con su viejo estilo
ha malogrado mi terrestre viaje.

Para poder venir a este homenaje
tuve que alzar mi corazón en vilo;
saqué mi alma de su helado asilo
y hasta mi casa con amor la traje.

Y al corazón le dije: —Viejo, vamos
a agradecer honores. Y aquí estamos
en esta noche grata pero yerma.

Mas sabed que mi alma azul no vino,
porque del goce ya olvidó el camino,
y porque estaba demasiado enferma…

Antes de Caer el Telón

Muy bien, queridos, en morir consiento,
me les entrego ya de pies y manos,
preparen la madera y los gusanos,
que está finando aquí mi último aliento.

Se terminó esta farsa y este cuento,
yo les deseo permanezcan sanos.
Va a caer el telón… ¿Decís, hermanos,
que deje blanca para el gran momento?

Nada de misas ni de plañideras,
ni músicas, ni mármoles, ni ceras,
yo me niego a dejar —rotundo, ufano—

para tales minucias mis dineros.
Me entierran en el hueco más cercano,
o los apesto gratis, caballeros.

Sacándole el Cuerpo

Permita el moribundo me retire
que a la muerte le tengo mucho miedo,
nunca en sus mañas viejas yo me enredo
y ni siquiera admito que me mire.

Mas yo quiero saber si cuando estire
mi ilustre pata —si es que hacerlo puedo—
y cuando quede por completo quedo,
mi modo de morirme se me admire.

Como homenaje póstumo quisiera
que amigos ebrios a mi cabecera
celebraran mi último suspiro.

No soy rey —ni de copas— te lo advierto,
pero qué grato oír después de muerto:
¡Ciro Mendía ha muerto! ¡Viva Ciro!

Camino de sus labios

Que una fiesta de viento y brisa alabe
tu cuerpo, cuerda que en las arpas debe,
el tallo de una risa rosa, leve,
un tallo Azul de nube y uva y ave.

Es un tallo de nieve y ola breve,
es un tallo de música tan suave,
que el corazón -tu corazón- no sabe
si es el amor o el tallo que se mueve.

En ese tallo -es flor tu cabellera-
está de punta en blanco la blancura
y amapolando gracias se consume.

Un tallo tan sotil que si no fuera
por la luz que sostiene tu cintura,
hasta lo doblaría tu perfume.

Ciro Mendía, 1892-1979.

Le voy a contar un detalle al lector que se aguantó hasta este momento: dicen que el poeta chileno Pablo Neruda se hospedó tres meses en la finca “Cantaclaro” de Ciro Mendía ubicada en Bello, Antioquia; afirmaba Don Ciro que Neruda se bañaba desnudo en la piscina y que le encantaba escribir versos en el atardecer… En su paso por Antioquia Pablo Neruda le escribió estos versos al poeta caldeño:

 

A Ciro Mendía

Del mar traje los párpados mojados
por tanta lágrima recién abierta;
en tanta piedra amarga derramados,
del mar traje las olas a tu puerta,

Ciro, y al fondo de la paz del día
en caudalosa luz y duradera
montaña de metal, tu poesía
llenaba de metal la primavera.

Era tu mano de varón callado,
era en tu mano el aire y el arado
y en el arado el fuego desmedido,

y en el fuego tu verso dibujado,
como una rosa en un rosal quemado,
desde sus propias llamas renacido.

Pablo Neruda, Campoamor, 11 de octubre de 1943.

Finalmente, transcribo aquí unos versos que le escribí a Don Ciro Mendía:

Soneto con una petición

No es fácil describir cuánto lo admiro
Leo sus versos y envidio su grandeza
Cómo hace de lágrimas suspiro
Y de un día sin luz clara belleza.

Metáfora sagaz a la que aspiro
Llegar quizá escribir con tal fineza
Cantor de suave música, deliro
Al ver que no poseo tal destreza

No soy bardo lo digo con franqueza
Y mis versos no colman el papiro
Tristemente fracaso en la proeza.

Lograr un soneto quiero y conspiro
Hacer con él mi ruego con presteza:
¡Enséñame a escribir maestro Ciro!

Caballero del Aurora, enero 2013.


Lea más del autor aquí.


Notas:

[1] Óleo de Ciro Mendía del artista Dorian Flórez, http://www.artelista.com/obra/3075671058836305-ciromendia.html.

[2] Frontis Casa de la Cultura Ciro Mendía de Caldas Antioquia, http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Casa_de_la_Cultura_Ciro_Mendia.JPG.

[3] De izquierda a derecha: Ciro Mendía, Guillermo Cano y Gabriel Cano, periodistas del diario El Espectador, disponible en http://www.colarte.com/colarte/foto.asp?idfoto=252858.

[4] Recuperado de 7. Medellín: Deterioro y abandono de su patrimonio histórico: Ciro Mendía, en: https://www.youtube.com/watch?v=IrUJ9LVDN38 (15-05-2014/19:00)

[5] Editorial Universidad de Atioquia, 2001. Antología al cuidado de Jaime Jaramillo Escobar.

[6] Ibíd., Prólogo.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

4 comentarios sobre “A un poeta no se le conoce de oídas

    1. Sí, Félix; Ciro Mendía es uno de esos poetas a quienes, aunque no podamos hacer algo en contra de su muerte, sí deberíamos hacerlo todo contra su olvido. Muchas gracias a vos por pasarte por acá y por compartirnos tus palabras.

    2. Sin duda alguna, el poeta ya nos había pedido que no lo dejáramos en el olvido, amaba tanto la vida que huía de la muerte y esto se ve en las líneas de su pluma, sea este el momento de afirmar como cierra su soneto: “¡Ciro Mendía ha muerto! ¡Viva Ciro!”.

  1. Algún admirador o seguidor del gran Ciro Mendia tiene el poema titulado “Frente al Portal Azul”? Dice4 asi, mas o menos

    Desde niño no hablaba contigo Señor
    porque las palabras se me quemaron en los labios
    apenas empezaba a fumarme el primer cigarrillo.

    Yo se señor que no eres partidario
    y con razón,
    de la pena de muerte.

    Que te opones a las
    urbanizaciones en Sodoma y Gomorra

    Saúl Sánchez Toro
    ssancheztoro@gmail.com

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