El balón descansa en la red… blanca

Las dos grandes pasiones de nuestro tiempo mantienen una extraña y difícil relación. Pese a compartir la esencia de los sueños y las emociones, Fútbol y Cine nunca parece que se han llevado bien. Hasta hace algunos años. Por eso estas palabras, escritas desde la pasión por estos dos fenómenos contemporáneos, han seguido el rastro del balompié en películas e intenta no demostrar que esta pareja de ficciones imprescindibles: la del estadio y la de la pantalla…

El negocio del cine y el futbol es redondo
El negocio del cine y el futbol es redondo

Por: Juan Guillermo Ramírez

A un pase de Didí, Garrincha avanza pegado el cuero al pie, mira atento, dribla a uno, a dos, después descansa calculando el pase más perfecto. Vinicius de Moraes

¿Qué es el cine futbolístico? ¿Es que acaso existe como género cinematográfico? Porque a lo largo de la historia del cine se encuentran muchas producciones fílmicas relacionadas con el fútbol. Pero sin perderse en divagaciones, se acuerda de John Ford en una de sus reflexiones sobre las películas del oeste cuando afirmaba: Aunque en casi todas estas producciones aparecieran revólveres y caballos, no todas podían considerarse westerns. Y llegan a la memoria también tres películas realizadas por Rainer Werner Fassbinder, Wim Wenders y John Huston y esperó con impaciencia que Robert Altman, uno de los pocos realizadores capaces de poner en cámara simultáneamente y dándoles el mismo valor, a dos docenas de personajes, rodara algún día una película de fútbol al mejor estilo de su Nashville. Pero la filmó en la otra cancha.

Porque estamos en pleno Mundial de Fútbol: el “mejor espectáculo del mundo”.

Saque de honor

Los sueños entre los guayos y la cámara
Los sueños entre los guayos y la cámara

Las dos grandes pasiones de nuestro tiempo mantienen una extraña y difícil relación. Pese a compartir la esencia de los sueños y las emociones, Fútbol y Cine nunca parece que se han llevado bien. Hasta hace algunos años. Por eso estas palabras, escritas desde la pasión por estos dos fenómenos contemporáneos, han seguido el rastro del balompié en películas e intenta no demostrar que esta pareja de ficciones imprescindibles: la del estadio y la de la pantalla, sin las que la vida tendría menos sentido, también triunfan jugando juntas. Las películas que han centrado su estructura y narración temática en el fútbol, muestran la otra cara de este deporte, como es el espíritu luchador y también la vida normal y cotidiana de sus personajes-jugadores. Tomando como punto de partida este legendario juego, algunas películas han abordado el espíritu de equipo, la actividad preliminar, losa ritos y ceremonias de los hinchas, el recuerdo atrapado para vivificarse en los álbumes familiares, los ritos ceremoniosos de algunos jugadores relacionados con la religión y la más evidente, las diferencias entre las distintas culturas.

Gol de camerino

El matrimonio de María Braun de Fassbinder con Hanna Shygulla
El matrimonio de María Braun de Fassbinder con Hanna Shygulla

En El matrimonio de María Braun de Rainer Werner Fassbinder, la hermosa y triste Hanna Shygulla encuentra a su esposo sobreviviente de la guerra pero ya no lo ama porque lo daba por muerto. Y precisamente cuando toma la decisión de acabar con todo, con su vida y con su cocina, al dejar prendida la estufa de gas y esperar con un cigarrillo en la boca que todo el combustible salga, para prender un fósforo y que todo arda en llamas, lo único que se escucha es el gol de Alemania en la Final de un Campeonato de Fútbol. Acababa la Segunda Guerra Mundial y Alemania era el campeón del mundo. Se acaba el partido y la película, la historia y la vida, el amor y la pasión.

Segundo gol

El miedo del portero ante el penalty es el crimen
El miedo del portero ante el penalty es el crimen

Son más las películas que han tenido el fútbol como pretexto. Aún persisten en nuestro recuerdo dos historias que tienen como eje principal al balompié. En 1971, el realizador alemán Wim Wenders dirige El miedo del portero ante el penalti, basada en la novela homónima del escritor, su amigo y guionista Peter Handke. Allí se narra la historia de un personaje límite: Bloch es un portero de fútbol profesional que en la primera secuencia se deja meter un gol. Abandona su equipo y se dedica a deambular por las calles y ciudades. Conoce a una taquillera de una sala de cine que frecuenta y, sin motivo aparente, la estrangula (acto similar al disparo que pone en marcha la ficción fragmentada de Alabama); luego se coloca en posición fetal. A partir de entonces, “huye” de la ley, dirigiéndose a un parador de la frontera regentado por una antigua amiga. Ella le ofrece cobijo, pero no le soluciona otros problemas. La supuesta huida no se resuelve: Bloch acaba viendo otro partido de fútbol, esta vez como espectador. Una secuencia marca ya la inacción. Bloch coge un tranvía, se compra un perro caliente, habla con la taquillera de un cine, se ve un plano de la película que está viendo, coge un tranvía de vuelta, entra en el portal del hotel, va a la recepción, coge un plano desde la ventana y va a llamar a una cabina telefónica. Una acción altamente “prescindible”, igual a los tiempos muertos de otras películas, pero que aquí se prolongan durante el resto del film, tratados con igual falta de énfasis de momentos dramáticos como el asesinato gratuito de su compañera. La radiografía de un mundo contemporáneo de personas disponibles. Pero lo que El miedo del portero ante el penalti delata es la segura actitud de un director, tanto estilísticamente (movimientos de cámara alrededor de una mesa en la larga secuencia del desayuno con la taquillera acaban constituyendo un dilatado y retorcido ‘two-shot’) como dramáticamente (fuerte tendencia a ofrecernos sólo las entradas y salidas en vez de la acción en sí: vemos el antes y el después del encuentro entre el protagonista y la chica, o el atraco en un callejón, como en la misma planificación de las transiciones, una planificación entrecortada y abrupta en la que las secuencias y muchos planos no se resuelven tanto como se interrumpen). Wim Wenders no esta a gusto en interiores habitados: en las secuencias de Bloch en el hotel, solo en la cama, hace extraños movimientos de cámara en picado. Cuando rueda exteriores en carretera, de movimiento, todo cambia para bien: encontramos ya el cruce de vías y los recorridos paralelos que serán habituales en sus siguientes películas. Esta añoranza de la movilidad, combinada con la asfixia de los lugares cerrados, queda expresada visualmente en los numerosos planos filmados a través de ventanas, con personajes mirando hacia fuera. Algunos temas habituales de Wenders tienen ya su eco aquí. La importancia de los objetos y, complementariamente, la dificultad de comunicación (Bloch apenas habla con las mujeres, y una frase aplicada a los niños parecería definirle: “solo hablan en monosílabos y eso si se les pregunta algo”). Un diálogo que, de puro concreto, parece altamente estilizado. Historias europeas con referente estadounidense: Bloch es un hombre bloqueado que va al cine a ver Madigan y Peligro: línea 7000; lo único que pide es la dirección para ir a la taberna de la frontera (pero la frontera está cerrada); hay una pelea en el parador que parece sacarlo de su letargo y un largo paseo con la policía del pueblo que evoca algunos “thrillers” europeos. Al señalar la insatisfactoria aparición de Rüdiger Vogler como el tonto del pueblo, un personaje “simbólico” que parece una especie de trasunto del propio Wenders como observador. El terror del penalti para un portero es un problema sicológico.

Tercer golazo

Escape con Pelé, Ardiles y Bobby Moore
Escape con Pelé, Ardiles y Bobby Moore

Lugar: Budapest, Hungría. Motivo: la filmación de Escape a la victoria, una película dirigida por John Huston, en la que Pelé comparte uno de los papeles protagónicos con Osvaldo Ardiles, Michael Caine, Silvestre Stallone, Max von Sydow y 17 campeones del fútbol mundial. El rodaje: el estadio MTK de Budapest, totalmente decorado con banderolas alemanas con la suástica nazi e insignias del Tercer Reich. El espectáculo es impresionante. Hay electricidad en el ambiente; se está rodando el gran partido final y las tomas tuvieron que repetirse una y otra vez. John Huston es exigente porque sabe la importancia que esta secuencia tiene para la historia de la película. Cae el tarde en Budapest y cientos de húngaros esperan que concluya el rodaje, que termine el partido para poder ver cómo, gracias al fútbol, se puede llegar a la libertad.

Segundo tiempo

El fútbol y el amor
El fútbol y el amor

La gran ilusión que despierta el fútbol, ha encontrado en estos tiempos a uno de sus mejores aliados en el cine. Un partido de fútbol puede explicar el problema irlandés, el ‘apartheid’, la dictadura militar argentina o la I Guerra Mundial tanto o más que cualquier otra expresión artística o cultural. Ejemplos no faltan: desde el cine soviético narrando victorias futboleras de prisioneros rusos contra nazis, hasta la explícita propaganda nazi apoyada en el balompié, o en el caso particular de las películas Fuera de juego de Colin Firth y Lucignolo de Massimo Ceccherini, o las de más reciente estreno: Gol, la historia de un latino que viaja a cumplir su sueño: jugar en el New Castle United de la Liga inglesa a pesar de la oposición de su padre y de los mismos jugadores profesionales, o en Días de fútbol en donde su protagonista Jorge piensa que su vida no puede empeorar. Su trabajo le deprime y su novia le deja cuando él le pide matrimonio. A sus amigos no les va mejor. Para cambiar sus vidas, deciden resucitar el equipo de fútbol de su adolescencia; en las tres Historias de fútbol del realizador chileno Andrés Wood, o en La pena máxima de Jorge Echeverri o en Posición viciada de Ricardo Coral en donde el fútbol es el pretexto para hablarnos de soledades, de niños, de apuestas no pagadas, de la muerte o del drama o en Ese es mi chama del cubano Héctor Rodríguez. Historias filmadas que demuestran la pasión que despierta el fútbol en Latinoamérica. Pero el fútbol también ha servido para ilustrar en el cine la necesidad de evasión de algunos particulares y sencillos personajes: los chicos del barrio en El penalti más largo del mundo de Roberto Santiago, o los alcohólicos de Mi nombre es Joe de Ken Loach, o los homosexuales de Balls realizada por Sherry Horrmann o los drogadictos como los de la imagen en Trainspotting de Danny Boyle. Cintas que han sido contados en el cine usando el fútbol como correlato. Y es que el fútbol ya no es un deporte practicado sólo por los hombres. Ahora es unisexo. Mamá, sólo porque lleve zapatillas y juegue al fútbol, eso no me convierte en lesbiana, así de rotunda habla la protagonista de Quiero ser como Beckham de Gurindher Chadha, película que contó con la incorporación de las mujeres a la cultura futbolera.

Tiempo suplementario

El otro y mismo sueño americano
El otro y mismo sueño americano

Una y otra vez vemos el balón rodar, levantarse, volar; se convierte en el símbolo de las conexiones más cortas, más rápidas y a veces también las más hermosas entre países, personas y tiempos distintos; se convierte en vehículo con el que se pueden atravesar y superar fronteras de cualquier tipo sin ningún esfuerzo. El balón adquiere no sólo un sentido metafórico, sino que también se plasma en la pantalla como símbolo de unión entre continentes y mundos. La popularidad del fútbol en el mundo, en el pasado y en la actualidad, se presenta en el cine como algo secundario en el mejor de los casos. Se cuentan historias de los elementos básicos del juego, de los niños y sus deseos, de los aficionados y de sus sueños, del día a día de hombres y mujeres y de la política que consigue cubrir de sobras su vida y el deporte. A menudo vemos el campo de fútbol como el escenario de una guerra, lejos de las convenciones del cine comercial y sus escenificaciones establecidas. Es por todo ello, que estas películas producen por su variedad y seriedad tanta diversión.

Así de maravilloso puede ser el fútbol como el cine: lo más improbable e impensable también puede pasar.


Lea más artículos de Juan Guillermo Ramírez, aquí.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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