Eliseo Diego: El cine y yo

“La eternidad ignora las costumbres, le da lo mismo rojo que azul tierno, se inclina al gris, al humo, a la ceniza”. | Foto tomada de: http://www.ellugareno.com/2013/09/cronica-mi-eliseo-diego-personal-por.html
“La eternidad ignora las costumbres, le da lo mismo rojo que azul tierno, se inclina al gris, al humo, a la ceniza”. | Foto tomada de: http://www.ellugareno.com

Por: Juan Guillermo Ramírez

Para Magnani

La muerte es una pequeña jarra con flores pintadas a mano, que hay que ver en todas las casas y que uno jamás se detiene a ver. La muerte es ese pequeño animal que ha cruzado en el patio, y del que nos consuela la ilusión, sentida como un soplo, de que es sólo el gato de la casa, el gato de costumbre, el gato que ha cruzado y al que ya no volveremos a ver… La muerte. En fin, es esa mancha en el muro que una tarde hemos mirado, sin saberlo, con un poco de terror. Eliseo Diego (1920-1994)

 

Poeta, escritor y ensayista. Nace en La Habana y siendo niño viaja con la familia por Francia y Suiza, experiencia que consideró determinante en su formación poética. Sin alcanzar apenas la primera década de vida, escribe sus primeros cuentos infantiles. Fue uno de los fundadores de la Revista Orígenes, junto a Cintio Vitier, Fina García Marruz, Octavio Smith, Agustín Pi, Julián Orbón, Gastón Baquero, Ángel Gaztelu y Virgilio Piñera. Estudia Pedagogía e da clases de Literatura Inglesa y norteamericana en cursos realizados en la Casa de las Américas. Ocupó el cargo de responsable del Departamento de Literatura y Narraciones Infantiles de la Biblioteca Nacional José Martí hasta 1970. Realizó traducciones y versiones de la literatura infantil y fue redactor de la Revista Unión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, y miembro de la comisión de publicaciones. En 1966 publica El oscuro esplendor, libro que consideró, uno de sus preferidos. En 1986 Eliseo Diego obtiene el Premio Nacional de Literatura por el conjunto de su obra. Recibe en 1988 y 1989, el Premio de la Crítica. En 1992 la Universidad del Valle le otorga el Doctorado Honoris Causa. En 1993 recibe la Distinción Gaspar Melchor de Jovellanos de la Federación de Asociaciones Asturianas de Cuba y el Premio Internacional de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo. Fallece mientras se encontraba en México y sus restos son trasladados a Cuba, donde fue sepultado.

Harold Lloyd, el cómico que no pudo con la presencia de Charlie Chaplin. | Foto: http://www.todocoleccion.net/
Harold Lloyd, el cómico que no pudo con la presencia de Charlie Chaplin. | Foto: http://www.todocoleccion.net

Todo poema tiene un desarrollo dramático, y toda narración tiene algún poder como imagen. Pero en el caso de Eliseo Diego esto no ocurre en esa mínima medida, sino, por el contrario, en un grado notable. En sus narraciones, el peso mayor lo tiene el elemento descriptivo –el más fértil para el desarrollo de las imágenes- y no los diálogos-vehículo esencial del desarrollo dramático. Y sin embargo, hasta en los parlamentos de sus personajes suelen encontrarse una actitud, un tono, fundamentalmente poéticos, que proceden sobre todo del hecho de que los mismo personajes no son sino imágenes poéticas o símbolos que cumplen una función más poética que dramática.

“Amo tus mil imágenes en vuelo como un bando de pájaros salvajes”. | Foto:
“Amo tus mil imágenes en vuelo como un bando de pájaros salvajes”. 

Sus narraciones son semillas de relatos, de cuentos, a veces germinadas y florecidas, pero frecuentemente en ese estado original, en ese punto en que el impulso escoge el camino de la narración y no el del poema. Se transparenta en ellas, bajo su primera membrana, el motivo, el estímulo que pudo generar el poema, por su potencia como imagen y clima, pero en la cual pesaba su potencia dramática, su posible, aunque mínimo, desarrollo dramático. Todo lo perdido, inagotable lista de objetos, sitios, luz, instantes, en conjunción irrepetible .se resume en una sola pérdida: la de la infancia. Y con ella, la de esa conjunción irrepetible que es la inocencia. No la inocencia vulgar, entre cómica y conmovedora, que se atribuye al niño: la inocencia perdida es la de quienes eran seres reales, no actores, personajes de teatro; la inocencia de quienes veían lo que nombraban y sólo nombraban lo que veían, sin esta tristes candilejas que se interponen entre las cosas y los nombres, los actos y los nombres.

:El Desafío de las Águilas (1967) de Brian G. Hutton. | Foto: http://www.filmaffinity.com/
El Desafío de las Águilas (1967) de Brian G. Hutton. | Foto: http://www.filmaffinity.com

Pero todos los dones son un solo don: el de ver. Y las transformaciones, y los dramas e historias que son la obra fácil, convincente, abundante del niño, tienen su fuente en la mirada, en el acto de ver lo que no vemos. Porque al hablar, con expresión inteligente y comprensiva, de cómo el niño nos “transforma” las cosas, no comprendemos nada: ni de las cosas ni del niño, y en realidad somos nosotros los inocentes, cándidos testigos de lo que no podemos ver. La luz incierta del crepúsculo, la atmósfera en la que todo es y no es, empieza y no termina, se insinúa y se equivoca, como si se moviera en un límite fluctuante, en una linde imprecisable que confunde el origen y el final de las cosas, implicando a la vez el tiempo y el espacio, es la luz natural en que hallan sitio la mayoría de las motivaciones de Eliseo Diego, y de sus ideas sobre la creación.

Este fue el cine Verdún. Hoy es una ruina donde ensaya un grupo folclórico. | Foto:
Este fue el cine Verdún. Hoy es una ruina donde ensaya un grupo folclórico. 

Todo cuanto hemos visto –la inocencia y el don de la mirada, la memoria, el sueño, el imposible testimonio, el poder de la voz de la palabra poética- expresa, al mismo tiempo, toda la confianza y cordialidad, y toda la desolación, todo el escepticismo de Eliseo Diego ante la creación literaria y la vid que en ella se resume. Todo expresa un fervoroso inventario cuyo destino último permanece como una isla envuelta en niebla, entre un mar de confianza y un frío mar de escepticismo. Nada decidiremos desde luego en esta alternativa, en esta contradicción real o aparente del espíritu, cuya distinción evidentemente no consiste ser algo singular, algo raro, sino en al coherencia, la armonía y los matices personales con que Eliseo Diego se detiene ante los rostros de la vida y el arte: el rostro cálido, cordial, consolador, y el rostro frio, lívido: ambos forman esa especie de revés y derecho en que manifiestan la razón y la sensibilidad. La labor de arte, para este escritor cubano, es dar la vida “tal cual es”; hacer la realidad, reproducirla.

Tom Mix. “Decido hacer mi testamento. Es este: les dejo el tiempo, todo el tiempo”.
Tom Mix. “Decido hacer mi testamento. Es este: les dejo el tiempo, todo el tiempo”.

El arte imita a la naturaleza, y la filosofía la interpreta. Pero en el arte, necesariamente, hay también una interpretación, aunque implícitamente, tácita, sugerida, y en parte inconsciente. Y en la medida en que interpreta la realidad, ordena el caos, y hace de su diversidad un conjunto de relaciones, una forma disfrutable, “comprensible”: todo hecho una estructura, una esfera compacta, un “globo de plata” que se puede tomar en la mano y palparlo tranquilamente, redondo, liso, pesado, para retenerlo así un día tras otro. Porque para Eliseo Diego es arte es creación de realidades, imitación de la naturaleza, ordenación y tácita interpretación de la vida. Y la narración, más aún: la comunicación de la palabra poética es algo que sucede en un pequeño círculo de luz rodeado de la sombra. La palabra poética, brotando junto al fuego y rodeada de tinieblas, es un motivo rico en valores plásticos y conceptuales. Plásticamente nos da un contraste máximo y una abundancia de posibilidades figurativas para la imaginación, porque la palabra es fuente de evocaciones y sugerencias que pueden alcanzar la intensa vida, la extraña animación del fuego, correspondidas, como en un contrapunto, por la tiniebla de las formas, movimientos y rumores imprecisos.

Francesca Bertini: “Cómo llevar a las palabras la sensación, el roce de tu mano por vez primera entre la mía”. | Foto: www.liquida.it
Francesca Bertini: “Cómo llevar a las palabras la sensación, el roce de tu mano por vez primera entre la mía”. | Foto: http://www.liquida.it

La luz y la sombra constituyen la trama de la vida interior del hombre, y representan lo que hay en ésta de cordial y seguro, cálido y consolador, así como lo incierto, amenazante, frío. Sólo que para Eliseo Diego, estas hebras opuestas se disponen, en el tejido, de modo que la sombra es inmensa y la luz es un punto, un reducido círculo, hostigado casi hasta la extinción. Su imagen plástica perfecta es la hoguera en la noche. Y los hombres –los niños- en torno, escuchando el cuento. A través de esta imagen se evidencia plásticamente la unión entre la infancia y lo terrible. Es el espíritu de cierta historia en la que tres niños, con sus camisones de dormir, han dejado su cuarto y se aventuran en la noche, unos contra otros, a la luz del farol que lleva delante el mayor de ellos: en sus rostros se aúnan el miedo y la pasión por la aventura.

Un ejemplo de su poesía:

Michelle Morgan: “Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas, colman mi corazón, y en paz las amo”. | Foto: www.filmstarts.de
Michelle Morgan: “Niña y muchacha y joven ya mujer, tú todas, colman mi corazón, y en paz las amo”. | Foto: http://www.filmstarts.de

Frrente al espejo:

En un abrir y cerrar de ojos

ya no estarás en donde estabas:

un triste viejo está mirándote

con qué terror desde tu cara

Mirándote ávido y mirándote

Mientras la luz te da en su cara;

En un abrir y cerrar de ojos,

Ni tú, ni él, ni nada.

En la Revista Cine cubano No. 124 (1990), aparece una entrevista de María Elena Chaple con el poeta Eliseo Diego. Por considerarla de interés, ofrecemos su declaración de amor al cinematógrafo.

Greta Garbo: “Por ti no pasa nunca el tiempo”. | Foto: www.gossipsquare.com
Greta Garbo: “Por ti no pasa nunca el tiempo”. | Foto: http://www.gossipsquare.com

Según el poeta inglés William Wordsworth, la poesía es la inminencia de una revelación. Para todo el que lo conoce personalmente, o a través de sus libros maestros, Eliseo Diego es la inmanencia de la poesía, con su saber terreno y distante, subido al techo del mundo en una nube de Bagdad. Este poeta, adorador de Robert L. Stevenson y de Lewis Carrol, es amante también (platónico y sensible) de Greta Garbo y la sala oscura, como todo buen poeta lúcido que se respeta. Con su humor y su clara inmanencia, Eliseo Diego nos habla en estas páginas de sus amores con el cinematógrafo.

 ¿Recuerda cuál fue la primera película que vio?

Por supuesto. Ay, ay, ay, que me caigo, de Harold Lloyd. Fue a bordo del vapor “Carmania”, de la “Cunnard Line” inglesa, en compañía de mi abuela y de mi madre. Cierto médico de La Habana había recomendado a mi abuela unos baños sulfurosos en Roayat, pequeño balneario en la Auvernia, en Francia. No era raro por aquella época que un médico cubano extendiese semejante “receta” a un miembro de la pequeña o media burguesía. Los viajes no eran entonces tan costosos como ahora. Yo tenía entonces seis años, y ni mi madre ni mi abuela querían llevarme con ellas. Pero me dio una de las pocas y enormes pataletas de mi vida, y hubo que cargar conmigo. Gracias a Dios, digo yo, porque es mucho lo que le debo a aquel viaje. Mis recuerdos son tan vivos como los de antes, incluído el terror de caerme con Harold Lloyd. Supongo que desde entonces padezco de “vértigo de alturas”.

¿Qué película de entonces suscitó una emoción más vida en usted?

La película que más me impresionó fue Alas, sobre los combates de aviones durante la Primera Guerra Mundial. Tú mencionas al final del cuestionario La era del silencio. Allí aparecen algunas escenas de esta película. Me resultaron tan emocionantes, tan vivas como entonces. Como sabes, fueron tomadas en vivo, sin trucos, desde aviones de verdad. No es raro, por tanto, que me sintiese al mando de uno de aquellos “halcones de lona”, título de un excelente libro. Creo que aquellos combates en el aire fueron el último ejemplo de caballerosidad en la guerra de la historia humana. Hace uno o dos años se exhibió en La habana una excelente película inglesa sobre el mismo asunto: El desafío de las águilas de Jack Gold.

¿Cómo se llamó el primer cine al cual asistió? ¿Existe aún?

El cine donde vi Alas se llamaba “Verdún” y estaba en la calle Consulado. Hace mucho que no paso por allí. Supongo que sería un año o dos después de la película de Harold Lloyd.

¿Ofrecía mucha diferencia con los actuales? ¿Cuánto duraba una función? ¿Recuerda el precio de la entrada?

No creo que los cines se diferenciaran mucho de los de hoy, sólo que eran bastante más modestos, y había un piano para enfatizar las escenas. Pero, en esencia, eran una sala “a oscuras”, y a oscuras todos los perros son iguales. La función duraba más que ahora, porque echaban dos películas. “Echar” una película, me pareció siempre una barbaridad, pero está en el diccionario.

¿Para los niños de su época, el cine tenía la misma connotación que para los de ahora? ¿Preferían otro entretenimiento? ¿Cuál?

No puedo hablarte de los niños de mi época, sino de uno solo, es decir, yo mismo. El cine era un acontecimiento, una aventura. Pero yo siempre preferí leer. Leyendo, proyectaba adentro de mí filmes como sin duda no habrá otros.

¿Recuerda con quién vio las primeras películas?

Casi siempre con mis primos hermanos, hijos del hermano mayor de mi madre.

¿Quiénes eran los actores o actrices preferidos de su época?

Por entonces Tom Mix y Bick Jones, los vaqueros más valientes que hayan existido. No hay que olvidar a William S. Hart. La S del medio todavía me fascina.

¿Quiso alguna vez ser actor de cine?

No, no tenía idea de que hubiese actores o actrices. Para mí, eran dente de verdad. Andando el tiempo, sentí deseos de ser actor, pero actor de teatro, no de cine, quién sabe por qué.

¿Pensó en el cine como forma de realización personal?

Jamás he pensado en “realizarme”. Eso es un término de ustedes los jóvenes. Simplemente, no sé cómo, he llegado a ser lo que soy, mal o bien, dejándome llevar por mí, o por quién sabe qué.

¿Qué repercusión estima que haya podido tener el cine en su formación profesional?

La misma que han tenido las demás formas del arte. Un escritor debe “almacenar” cuanto pueda: pintura, teatro, música, cine, vida.

¿Cree que las películas de hoy sean mejores o peores que las de entonces?

Todo depende de la película: no del “hoy” ni el “entonces”. Lo que es bueno, lo es. Tanto valen Homero como Cervantes, Chaplin como Orson Welles.

¿Qué importancia le concede a este arte?

Es el arte de nuestro tiempo. Alguna vez se me ocurrió decir que siempre ha existido algo, como un anhelo del cine que sólo ahora ha podido hacerse realidad.

¿Tiene alguna anécdota sobre sus primeras vivencias cinematográficas?

Ninguna de verdadero interés. Qué le vamos hacer.

¿Vio la serie “Hollywood, la era del silencio”? ¿Encontró muy cambiados a aquellos actores? ¿Se afectó ante el cambio?

Vi La era del silencio. Por supuesto que estaban muy bien y más que bien cambiados los actores y las actrices: el cambio que va del joven al anciano. El cine hace evidente el cambio con una casi brutal inmediatez. En la vida real, uno se acostumbra poco a poco. Por eso, quizás, como a los “pieles rojas” norteamericanos, nunca me han acabado de gustar las fotografías: si no el alma, me roban mi felicidad, mi felicísima inconsciencia.

¿Se acostumbró enseguida al cine hablado?

No enseguida: en las primeras películas habladas, todo el mundo se pasaba todo el tiempo cantando y no pasaba nada.

¿Qué significaron para usted: Valentino, Pear White, Greta Garbo, Francesca Bertini? ¿Con cuáles actores de hoy los compararía?

De los que mencionas, Valentino me caía gordo. Mi madre y mis amigas se pasaban la vida al tanto de quien era para mí un idiota que en vez de sablazos daba besos a muchachas tan bobas como él. De Greta Garbo me enamoré sin remedio, pero más tarde. Todavía me dura. Lo mismo me pasó con Michelle Morgan.

¿Qué piensa del video? ¿Cree usted que pueda reemplazar a la sala oscura?

El video me parece muy bien, pero jamás podrá reemplazar a la sala oscura. ¿Por qué? Por que la sala es sala y está a oscuras.

Algunos ejemplos de su prosa:

  • Tú estás hecha de infancias, niña mía. Tú eres toda de niños. Vida solo.
  • Este silencio, blanco, ilimitado, este silencio del mar tranquilo, inmóvil.
  • Y yo ciego de mí te acepto a ciegas del esplendor terrible de tu llama tan frágil y menuda entre mis brazos.
  • La muerte es ese amigo que aparece en las fotografías de la familia, discretamente a un lado, y al que nadie acertó nunca a reconocer.
  • Como quien toca con un dedo la punta fría del agua, mareándose de sólo su transparencia demasiada, me he puesto yo a mirar el no ser infinito que me aguarda.
  • Y sin embargo, ves, me aferro al lunes y al día siguiente doy el nombre tuyo y con la punta del cigarro escribo en plena oscuridad: aquí he vivido.
  • Quién sabe cómo fue ni cuándo y dónde me dijiste que sí, que me entregabas el huerto de ti misma, paraíso de magias y delicias y qué glorias.
  • Un poema no es más que la felicidad, que una conversación en la penumbra, que todo cuanto se ha ido, y ya es silencio.
  • Qué poco todo, mi amor, y cómo es corta la esperanza, cuando venimos a verla ya se nos acaba y están los hijos corriendo más allá de la mañana.
  • Pero quién vio jamás el ruedo misterioso de tu falda mientras cortas las rosas en la tarde ni el roce y la tristeza de la lluvia como un ajeno llanto por mi cara.

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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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