Scott Fitzgerald: voz de la era del jazz en Hollywood

Jay Gatsby es una de las pocas creaciones verdaderamente mitológicas de la moderna narrativa estadounidense, símbolo de ese sector del país que Fitzgerald consideraba dedicado al servicio de una ‘basta, vulgar y prostituta belleza’.

Puedes acariciar a la gente con palabras. (Foto: aquileana.wordpress.com)
Puedes acariciar a la gente con palabras. (Foto: aquileana.wordpress.com)

Por: Juan Guillermo Ramírez

Me di la vuelta y quedé azorado al ver que Vienna Thorner estaba en brazos de Dolly; miré otra vez hacia adelante y decidí que muy bien podían cuidarse solos. Francis Scott Fitzgerald.

En 1937 F. Scott Fitzgerald se infundió valor suficiente para firmar un contrato con unos estudios de Hollywood, en el último intento desesperado por salir del abismo. Al año siguiente su tuberculosis se agravó durante un breve periodo, pero empezó a cuidarse: asistía a pocas fiestas y apenas consumía alcohol.

Sheilah Graham, una joven inglesa que iniciaba su carrera de periodista en Hollywood, le ayudó en su lucha por la rehabilitación. Ambos se enamoraron y Scott llevó una existencia apacible a su lado mientras trataba de dominar la técnica de escribir guiones cinematográficos. Por primera vez, desde hacía años, su vida era ordenada. Escribió a su hija: Lo que hago aquí es el último esfuerzo cansino de un hombre que en otros tiempos hizo cosas mejores y más bellas.

Fitzgerald escribió en cierta ocasión que no existe el segundo acto en la vida de los estadounidenses, pero en sus últimos años hizo un supremo y doloroso esfuerzo para reavivar su poder creador. Aprovechando los ratos libres que le dejaban sus compromisos cinematográficos, escribió 23 cuentos, 17 de los cuales, publicados en “Squire”, son retratos sardónicos de un guionista descorazonado. En septiembre de 1939, cuando empezó a trabajar en “The Last Tycoon”, se inició su propio segundo acto de auténtica renovación artística. La novela, que reflejaba fielmente el mundo entre bastidores de Hollywood, era al mismo tiempo un documento social de la Meca del Cine y un profundo estudio sicológico de Monroe Stahr, su soberano. El personaje estaba basado en la meteórica carrera de Irving Thalberg, el niño prodigio que murió en 1936. A medida que el libro iba avanzando, Fitzgerald se animó hasta el escribirle a su hija: Estoy vivo de nuevo.

El amor a la vida es esencialmente tan incomunicable como el dolor. (Foto: entretantomagazine.com)
El amor a la vida es esencialmente tan incomunicable como el dolor. (Foto: entretantomagazine.com)

Aunque a su muerte sólo había completado seis capítulos, muchos críticos proclamaron que en esta novela Fitzgerald había alcanzado su cima artística. Un crítico apuntó que en algunas de las páginas se advierte la pavorosa claridad de quien escribe desde las profundidades del infierno.

A finales de noviembre de 1940, Fitzgerald sufrió un espasmo cardíaco y tuvo que guardar cama, pero siguió trabajando febrilmente en “The Last Tycoon”. En la tarde del 20 de noviembre sufrió otro espasmo cuando salía del cine. Pasó el día siguiente muy animado, charlando con Sheilah Graham, sentado en una butaca, mientras comía una barra de chocolate. De repente se puso de pie dando tumbos, se aferró a la repisa de la chimenea y se desplomó. Había muerto. El crítico Stephen Vincent Benet escribió las siguientes palabras al publicarse “The Last Tycoon”: Ha llegado el momento de descubrirse, muchachos, y creo que deberían hacerlo. No se trata de una leyenda, sino de un prestigio… y, visto en perspectiva, posiblemente sea uno de los prestigios más sólidos de nuestra época.

Francis Scott Key Fitzgerald nació en 1896 en Saint Paul, Minnesota. Fue un niño precoz, mimado de su madre. Su padre, hombre apacible y fino, fracasó en los negocios, por lo que la familia se vio obligada a mudarse varias veces ante de volver a Saint Paul para vivir modestamente, gracias a una herencia que les había dejado el abuelo materno.

Poco popular entre sus compañeros de clase, que lo consideraban arrogante y engreído, Scott temía a la pobreza y ansiaba el éxito en sociedad. En la Academia Newman, de Hackensack, Nueva Jersey, aspiraba a ser tanto un gran atleta como un gran escritor; descuidó sus estudios para escribir dos obras teatrales de un acto que representó un grupo de aficionados en Saint Paul; el autor, que la razón de sus 16 años, desempeñó los dos papeles principales con gran aplomo.

Hemingway y Fitzgerald: Es preferible fiarse del hombre equivocado a menudo, que de quien no duda nunca.
Hemingway y Fitzgerald: Es preferible fiarse del hombre equivocado a menudo, que de quien no duda nunca.

Al ingresar en Princeton a los 17 años, Scott descubrió que para alcanzar la distinción debía emprender el camino del fútbol o de la literatura. Sus ambiciones atléticas se truncaron cuando se lesionó una rodilla y, a partir de entonces, todo su interés se centró en la literatura. Escribió libretos de comedias musicales llevadas a escena por el Triangle Club, asociación dramática de Princeton, así como artículos para la “Nassau Literatury Magazine” y el “Tiger” de Princeton. Sin embargo, no pudo aprobar ni la mitad de las asignaturas y una enfermedad le obligó a abandonar la universidad en el segundo curso. Reanudó sus estudios en el otoño de 1916, redactó la letra de las canciones para un espectáculo del Triangle Club y, descuidando una vez más su carrera, escribió una novela titulada “The Romantic Egotist”.

En noviembre de 1917 abandonó definitivamente la universidad de Princeton y se alistó en el ejército. Afligido porque durante sus 15 meses de servicio no lo enviaron a ultramar, considerándose así mismo el peor alférez del mundo, escribió un segundo borrador de la novela, que fue rechazado por la editorial Scribner’s.

Mientras se encontraba en la guarnición en un campamento próximo en Montgomery, Alabama, Scott conoció a Zelda Sayre, de 18 años, muchacha impulsiva y jovial siempre dispuesta a todo lo que fuera diversión.

Fue prácticamente un flechazo, pero Zelda no se decidió a comprometerse con un joven que carecía de provenir. Cuando lo licenciaron, Scott aceptó un empleo en una agencia de publicidad neoyorquina, decidido a triunfar inmediatamente y a casarse con Zelda. Finalmente rompió el compromiso, al perecer porque no creía poder casarse en ciernes.

Evidentemente, la vida es sólo un continuo proceso de deterioro.
Evidentemente, la vida es sólo un continuo proceso de deterioro.

Furioso y desalentado, Scott renunció a su empelo y dedicó tres semanas seguidas a embriagarse a diario, después regresó a Saint Paul. En su desesperación, rechazó todos los compromisos sociales y volvió a escribir su novela, esta vez con el título “A este lado del paraíso”. El editor Maxwell Perkins, de Scribner’s aceptó el manuscrito y prometió publicarlo en marzo de 1920. Zelda reanudó entonces el compromiso y un mes después de la publicación de la novela contrajo matrimonio con Scott.

Fitzgerald era un romántico deslumbrado por las espléndidas perspectivas de la vida. Consideraba infinitamente atractivo el mundo de los ricos, un mundo al que tenía que aspirar a toda costa. Pero como observador agudo y objetivo de la vida estadounidense, con sus trágicas ambigüedades se llevó una sorpresa desagradable, cuando descubrió que con demasiada frecuencia los ricos tenían pies de barro y estaban totalmente corrompidos por el dinero. En realidad, jamás pudo perdonar a Zelda que le hubiera rechazado cuando su porvenir era incierto como escritor. Con el tiempo se despertó lo que solía denominar el latente odio del campesino hacia la clase acomodada. En sus cuentos y novelas posteriores describe detalladamente, en términos románticos, la vida de los ricos, pero ya se percibe en ellos una nota de desencanto y rebelión que, en las dos décadas siguientes, habría de dominar la literatura estadounidense.Foto 6

Comenzaba por entonces la era del jazz, la fantástica de las mujeres extravagantes, las cantimploras de whisky, el hedonismo y el gemir de los saxofones, que duró hasta los años 30, y Scott Fitzgerald fue su máximo exponente.

Embriagados por el dinero y el éxito, Scott y Zelda se embarcaron en lo que Ernst Hemingway habría de llamar su festiva concepción de la vida. Frecuentaban la vida nocturna y el animado ambiente literario de Nueva York en un vertiginoso remolino de fiestas, en una continua e incansable lucha contra el tedio y el convencionalismo. La gente los consideraba “la pareja celestial”.

Scott Fitzgerald hallaba su material dentro de su personalidad como fuera. Aunque basaba su trabajo en un escrutinio despiadadamente honrado de sí mismo, sus obras eran, además, un comentario agudo acerca de un mundo que observaba con singular imparcialidad. Aprovechó los años que pasó en Nueva York y Long Island para escribir “El gran Gatsby”, publicada en 1925 y considerada por muchos como su mejor novela. Retrato incisivo de la sociedad opulenta, con su falso hechizo, su esterilidad cultural y vacuidad moral, esta obra expresa los encontrados sentimientos de Fitzgerald con relación a los ricos. Jay Gatsby, el misterioso protagonista, es una de las pocas creaciones verdaderamente mitológicas de la moderna novelística estadounidense, símbolo de ese sector del país que Fitzgerald consideraba dedicado al servicio de una basta, vulgar y prostituta belleza. Aunque “El gran Gatsby” se ha convertido en un clásico, en 1925 no halló acogida entre el público. Fitzgerald buscó consuelo y su desilusión en fiestas y en licor. Decía él mismo: no era capaz de desembriagarme lo suficiente para poder soportar la idea de estar sobrio.

Enséñame un héroe y te escribiré una tragedia.
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Scott Fitzgerald, y las adaptaciones al cine de sus novelas. Su primera novela “A este lado del paraíso” se publicó en 1920 y se convirtió en una de las superventas de ese año, presentando ante la sociedad literaria a unos curiosos personajes que compartían ciertas características de comportamiento social tan distinguibles, que quedaron enmarcadas bajo el concepto de flappers. Las flappers eran mujeres desinhibidas que bebían licores fuertes, fumaban, usaban faldas cortas y que con sus conductas desafiaban la moral y a lo socialmente correcto. En “Hermosos y malditos” (1922), un clásico de la literatura contemporánea, Fitzgerald describe como nadie el esplendor y la caída de una sociedad hedonista y libertina. Gente bonita y millonaria, que se desmorona en la magnífica decadencia de los felices años veinte en Norteamérica. “El Gran Gatsby” (1925), una de las mejores novelas estadunidenses de la historia y considerada el símbolo de la era del jazz. La cuál no era más que escuchar música acompañada de alcohol hasta perder el sentido. Es una trágica historia de amor, en donde un magnate llamado Jay Gatsby acumula dinero y lo gasta ostentosamente en fiestas y lujos, sólo con el fin de reconquistar a su único amor. La novela ha sido adaptada varias veces para el cine. La primera con una versión silente en 1926. La segunda en los años 40. La tercera en 1974 con Robert Redford y Mia Farrow. En el 2000 con Mira Sorvino para la televisión. Todas con una despiadada crítica y con un fracaso absoluto en la taquilla. “Suave es la noche” (1934) fue publicada por primera vez en la Scribner’s Magazine en cuatro entregas.

La historia del ascenso y caída de Dick Diver, un joven y prometedor psicoanalista, y su mujer, Nicole, quien al mismo tiempo era una de sus pacientes. La crítica opina que es la mejor novela de Fitzgerald. “El último Magnate” publicado póstumamente, (1942), también sirvió de base para una película desigual, testamento cinematográfico de Elia Kazan, producida en 1976. En 1921 se publicó el cuento “El curioso caso de Benjamin Button”, conocido en la actualidad por la adaptación cinematográfica realizada en 2008. Fitzgerald perteneció a la llamada Generación perdida, expresión que fue popularizada por Ernest Hemingway, nombre que recibió un grupo de escritores estadounidenses que vivieron en París a finales de la primera guerra mundial. Zelda mujer de Fitzgerald con quien tuvo una hija, estuvo hospitalizada por esquizofrenia y murió trágicamente en el incendio de la clínica. Scott Fitzgerald murió alcoholizado frente a su máquina de escribir. Su cuerpo fue trasladado para ser enterrado en Saint Mary junto a su familia paterna, pero a causa de la condición de no practicante de Fitzgerald, fue enterrado en el cementerio civil en Rockville Maryland. Amante del lujo, Scott Fitzgerald yace en un pequeño cementerio rodeado por centros comerciales. El jazz del escritor es ahora solo el ruido de un cruce de autopistas.

Aunque exitoso en sus obras Fitzgerald fue desdichado en su vida. Plasmó en sus novelas su paso por el mundo, dentro de una sociedad a la que odiaba por frívola, decadente y materialista, pero con la cual nunca pudo romper del todo y de la que ansiaba seguir formando parte. Un escritor que no fue valorado en su tiempo y que en sus últimos años trató de sobrevivir en el mundo de Hollywood, vendiendo su talento por un sueldo y que en el colmo de su desgracia, este talento nunca fue lo suficientemente valorado. Curiosamente todas las adaptaciones de sus grandes novelas para el cine fueron un fracaso.


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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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