José Asunción Silva

Foto: casadepoesiasilva.com
Foto: casadepoesiasilva.com

La figura de José Asunción Silva (27 de Noviembre de 1865- 24 de Mayo de 1896, Bogotá, Colombia) es sin lugar a dudas una de las más importantes en el ámbito de la poesía hispanoamericana. Queremos hoy, a 149 años de su nacimiento, recordarlo como se debe: propiciando su lectura. Queremos que sus versos, como una bala,  destrocen  también nuestro corazón [1].

.

***

CÁPSULAS

El pobre Juan de Dios, tras de los éxtasis

del amor de Aniceta, fue infeliz.

Pasó tres meses de amarguras graves,

y, tras lento sufrir,

se curó con copaiba y con las cápsulas

de Sándalo Midy.

Enamorado luego de la histérica Luisa,

rubia sentimental,

se enflaqueció, se fue poniendo tísico

y al año y medio o más

se curó con bromuro y con las cápsulas

de éter de Clertán.

Luego, desencantado de la vida,

filósofo sutil,

a Leopardi leyó, y a Schopenhauer

y en un rato de spleen,

se curó para siempre con las cápsulas

de plomo de un fusil.

***

VEJECES

Las cosas viejas, tristes, desteñidas,

sin voz y sin color, saben secretos

de las épocas muertas, de las vidas

que ya nadie conserva en la memoria,

y a veces a los hombres, cuando inquietos

las miran y las palpan, con extrañas

voces de agonizante dicen, paso,

casi al oído, alguna rara historia

que tiene oscuridad de telarañas,

són de laúd, y suavidad de raso.

¡Colores de anticuada miniatura,

hoy, de algún mueble en el cajón, dormida;

cincelado puñal; carta borrosa,

tabla en que se deshace la pintura

por el tiempo y el polvo ennegrecida;

histórico blasón, donde se pierde

la divisa latina, presuntuosa,

medio borrada por el liquen verde;

misales de las viejas sacristías;

de otros siglos fantásticos espejos

que en el azogue de las lunas frías

guardáis de lo pasado los reflejos;

arca, en un tiempo de ducados llena,

crucifijo que tanto moribundo,

humedeció con lágrimas de pena

y besó con amor grave y profundo;

negro sillón de Córdoba; alacena

que guardaba un tesoro peregrino

y donde anida la polilla sola;

sortija que adornaste el dedo fino

de algún hidalgo de espadín y gola;

mayúsculas del viejo pergamino;

batista tenue que a vainilla hueles;

seda que te deshaces en la trama

confusa de los ricos brocateles;

arpa olvidada que al sonar, te quejas;

barrotes que formáis un monograma

incomprensible en las antiguas rejas,

el vulgo os huye, el soñador os ama

y en vuestra muda sociedad reclama

las confidencias de las cosas viejas!

El pasado perfuma los ensueños

con esencias fantásticas y añejas

y nos lleva a lugares halagüeños

en épocas distantes y mejores,

por eso a los poetas soñadores,

les son dulces, gratísimas y caras,

las crónicas, historias y consejas,

las formas, los estilos, los colores

las sugestiones místicas y raras

y los perfumes de las cosas viejas!

***

MIDNIGHT DREAMS

Anoche, estando solo y ya medio dormido,

mis sueños de otras épocas se me han aparecido.

Los sueños de esperanzas, de glorias, de alegrías

y de felicidades que nunca han sido mías,

se fueron acercando en lentas procesiones

y de la alcoba oscura poblaron los rincones

hubo un silencio grave en todo el aposento

y en el reloj la péndola detúvose al momento.

La fragancia indecisa de un olor olvidado,

llegó como un fantasma y me habló del pasado.

Vi caras que la tumba desde hace tiempo esconde,

y oí voces oídas ya no recuerdo dónde.

Los sueños se acercaron y me vieron dormido,

se fueron alejando, sin hacerme ruido

y sin pisar los hilos sedosos de la alfombra

y fueron deshaciéndose y hundiéndose en la sombra.

***

DÍA DE DIFUNTOS

La luz vaga… opaco el día,

la llovizna cae y moja

con sus hilos penetrantes la ciudad desierta y fría.

Por el aire tenebroso ignorada mano arroja

un oscuro velo opaco de letal melancolía,

y no hay nadie que, en lo íntimo, no se aquiete y se recoja

al mirar las nieblas grises de la atmósfera sombría,

y al oír en las alturas

melancólicas y oscuras

los acentos dejativos

y tristísimos e inciertos

con que suenan las campanas

¡las campanas plañideras que les hablan a los vivos

de los muertos!

¡Y hay algo angustioso e incierto

que mezcla a ese sonido su sonido,

e inarmónico vibra en el concierto

que alzan los bronces al tocar a muerto,

por todos los que han sido!

Es la voz de una campana

que va marcando la hora,

hoy lo mismo que mañana,

rítmica, igual y sonora,

una campana se queja,

y la otra campana llora,

ésa tiene voz de vieja,

ésta de niña que ora.

Las campanas más grandes, que dan un doble recio

suenan con acento de místico desprecio,

mas la campana que da la hora

ríe, no llora.

Tiene en su timbre seco sutiles ironías,

su voz parece que habla de goces, de alegrías,

de placeres, de citas, de fiestas y de bailes,

de las preocupaciones que llenan nuestros días,

es una voz del siglo entre un coro de frailes,

y con sus notas se ríe,

escéptica y burladora,

de la campana que ruega

de la campana que implora

y de cuanto aquel coro conmemora,

y es porque con su retintín

ella midió el dolor humano

y marcó del dolor el fin;

por eso se ríe del grave esquilón

que suena allá arriba con fúnebre són,

por eso interrumpe los tristes conciertos

con que el bronce santo llora por los muertos…

¡No la oigáis, oh bronces! ¡no la oigáis, campanas,

que con la voz grave de ese clamoreo,

rogáis por los seres que duermen ahora

lejos de la vida, libres del deseo,

lejos de las rudas batallas humanas!

¡Seguid en el aire vuestro bamboleo,

no la oigáis, campanas!

¿Contra lo imposible qué puede el deseo?

Allá arriba suena,

rítmica y serena,

esa voz de öro

y sin que lo impidan sus graves hermanas

que rezan en coro,

la campana del reló

suena, suena, suena ahora

y dice que ella marcó

con su vibración sonora

de los olvidos la hora,

que después de la velada,

que pasó cada difunto,

en una sala enlutada

y con la familia junto

en dolorosa actitud

mientras la luz de los cirios

alumbraba el ataúd

y las coronas de lirios,

que después de la tristura

de los gritos de dolor,

de las frases de amargura,

del llanto desgarrador,

marcó ella misma el momento

en que con la languidez

del luto huyó el pensamiento

del muerto, y el sentimiento…

seis meses más tarde o diez…

Y hoy, día de muertos, ahora que flota,

en las nieblas grises la melancolía,

en que la llovizna cae, gota a gota,

y con sus tristezas los nervios embota,

y envuelve en un manto de la ciudad sombría,

ella que ha medido la hora y el día

en que a cada casa, lúgubre y vacía

tras del luto breve volvió la alegría;

ella que ha marcado la hora del baile

en que al año justo, un vestido aéreo,

estrena la niña, cuya madre duerme

olvidada y sola, en el cementerio

suena indiferente a la voz de fraile

del esquilón grave y a su canto serio;

ella que ha medido la hora precisa,

en que a cada boca, que el dolor sellaba,

como por encanto volvió la sonrisa,

esa precursora de la carcajada,

ella que ha marcado la hora en que el viudo

habló de suicidio y pidió el arsénico

cuando aun en la alcoba, recién perfumada,

flotaba el aroma del ácido fénico

y ha marcado luego la hora en que, mudo

por las emociones con que el goce agobia,

para que lo unieran con sagrado nudo,

a la misma iglesia fue con otra novia;

¡ella no comprende nada del misterio

de aquellas quejumbres que pueblan el aire,

y lo ve en la vida todo jocoserio

y sigue marcando con el mismo modo

el mismo entusiasmo y el mismo desgaire

la huida del tiempo que lo borra todo!

Y eso es lo angustioso y lo incierto

que flota en el sonido

ésa es la nota irónica que vibra en el concierto

que alzan los bronces al tocar a muerto.

¡Por todos los que han sido!

ésa es la voz fina y sutil,

de vibraciones de cristal,

que con acento juvenil

indiferente al bien y al mal,

mide lo mismo la hora vil,

que la sublime o la fatal

y resuena en las alturas,

melancólicas y oscuras

sin tener en su tañido

claro, rítmico y sonoro,

los acentos dejativos

y tristísimos e inciertos

de aquel misterioso coro,

con que ruegan las campanas, las campanas,

¡las campanas plañideras

que les hablan a los vivos

de los muertos!

***

?…

Estrellas que entre lo sombrío,

de lo ignorado y de lo inmenso,

asemejáis en el vacío,

jirones pálidos de incienso,

nebulosas que ardéis tan lejos

en el infinito que aterra

que sólo alcanzan los reflejos

de vuestra luz hasta la tierra,

astros que en abismos ignotos

derramáis resplandores vagos,

constelaciones que en remotos

tiempos adoraron los Magos,

millones de mundos lejanos,

flores de fantástico broche,

islas claras en los oceanos,

sin fin, ni fondo de la noche,

estrellas, luces pensativas!

estrellas, pupilas inciertas!

¿Por qué os calláis si estáis vivas

y por que alumbráis si estáis muertas?…

***

UNA NOCHE

Una noche

una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,

Una noche

en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,

a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,

muda y pálida

como si un presentimiento de amarguras infinitas,

hasta el fondo más secreto de tus fibras te agitara,

por la senda que atraviesa la llanura florecida

caminabas,

y la luna llena

por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca,

y tu sombra

fina y lángida

y mi sombra

por los rayos de la luna proyectada

sobre las arenas tristes

de la senda se juntaban.

Y eran una

y eran una

¡y eran una sola sombra larga!

¡y eran una sola sombra larga!

¡y eran una sola sombra larga!

Esta noche

solo, el alma

llena de las infinitas amarguras y agonías de tu muerte,

separado de ti misma, por la sombra, por el tiempo y la distancia,

por el infinito negro,

donde nuestra voz no alcanza,

solo y mudo

por la senda caminaba,

y se oían los ladridos de los perros a la luna,

a la luna pálida

y el chillido

de las ranas,

sentí frío, era el frío que tenían en la alcoba

tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,

¡entre las blancuras níveas

de las mortüorias sábanas!

Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,

Era el frío de la nada…

Y mi sombra

por los rayos de la luna proyectada,

iba sola,

iba sola

¡iba sola por la estepa solitaria!

Y tu sombra esbelta y ágil

fina y lánguida,

como en esa noche tibia de la muerta primavera,

como en esa noche llena de perfumes, de murmullos y de músicas de alas,

se acercó y marchó con ella,

se acercó y marchó con ella,

se acercó y marchó con ella… ¡Oh las sombras enlazadas!

¡Oh las sombras que se buscan y se juntan en las noches de negruras y de lágrimas!…


[1] Poemas tomados de: Silva, José Asunción. 1984. Poesía y prosa. Bogotá : Ediciones Círculo de Lectores, 1984.

Albeiro Montoya Guiral

Tuve cinco perros y a todos los enterré bajo el mismo naranjo. (Twitter: @amguiral).

Un comentario sobre “José Asunción Silva

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