Descendente

Ilustración: Mario Giménez @libropresumido: “Niña lluviosa”

Por: Rosalinda Mariño R.

La lluvia cae cantando. Me dije mientras esperaba que amainara. Una vez más el reloj avanza y yo en casa presa de espera, el tráfico acecha, las cornetas no dan tregua,  y la lluvia insiste, insiste, insiste en marcar mi agenda. Y yo  por su encanto me voy dejando… La miro y me pierdo en su viaje inclinado y descendente en dirección a la tierra, imagino las flores con sus bocas abiertas y deseosas de su canción de humedad. Imagino los pájaros buscando casa en la copa del árbol. La ilusión del charco en que más tarde temblará la luna. Me inspiro en su aterrizaje mientras lava la cara de mi ventana. Casi sonrío al verla pasar, al verla llegar a mi planeta.  Es que la lluvia es poesía, es pura vida, es toda emoción.

Casi por azar hoy visto de blanco, lo sé, no es color apto para el caos que el agua causa en mi ciudad. Caracas: abigarrada y con tu ritmo particular, sé que hoy no perdonarás mi atuendo. Y la lluvia cae como el pensamiento: no es prudente por ahora salir a la vida, tal vez los mortales somos de azúcar, hoy puedo quedarme, bendita tecnología que hace del hogar una oficina, me alegra poder elegir (no siempre existe esa dicha), qué cómodas son las pantuflas, no hay paz como la del sofá.

Entonces respiro la calma, cambio de color y aspecto, y me quedo en casa buscando palabras que hagan juego con el cielo nuboso.  Pienso en el asombro de algunos ojos que en cierta esquina de la ciudad también ven  la lluvia llegar. Pienso en el andar de los peatones quejumbrosos bajo el mecanismo oxidado de las sombrillas, pienso en la maravilla de Dios bañando su creación, pienso en todo, y combinando palabras… pienso en el lodo. El lodo y sus meandros de desolación. Paradójica lluvia, al comienzo tu vida era melodía.

Y por el lodo cavilo a la vez sobre esa lluvia, la misma lluvia que -sin piedad- amenaza la calma de tanta gente, perforando el alma de las casas, rompiendo cimientos, haciendo temblar la entraña de la tierra. Causando una guerra del hombre contra Dios, que le pregunta por qué le ha olvidado, por qué su amor se va entre la corriente, por qué su hermano, por qué su hijo, por qué nadie le dijo que un día se acaba la suerte, por qué San Isidro no tiende una mano para callar el grito de la nube. Por qué su techo tenía que ser de cartón.

Preciosa nube: hoy no eres inocente, hoy has causado la mar de llanto, me hieres tanto… hoy no te cantaré en mis versos. Lo siento, es que la lluvia cae doliendo.


@abrapalabra en Twitter.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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