El ojo de García Márquez

Foto del estante
Foto: archivo personal de la autora.

Por: Rosalinda Mariño R.

Voy a apagar la luz, y no, no es para pensar en ti, en tuits, ni en las millones de cosas que me esperan mañana; tampoco para ahogar las ganas de seguir leyendo (y qué pasa con Fermina Daza), para salir huyendo  del espejo y sus ojos inquisidores, ni para postergar por un rato la vida.

Apagaré la luz porque el día debe acabar de alguna manera, aunque los amantes no quieran, aunque quede un poema a medio escribir y le falten manos y labios para nombrarme, aunque no tenga aquella respuesta, aunque no te tenga. Tengo un reloj que dice que sí, que se acaba el tiempo de los ojos abiertos, aunque jamás los sueños. El día termina y no hay palabra que retroceda el instante, ya entiendo: el tiempo es un diamante y se marcha rápidamente el presente.

Apagaré la luz, seré obediente, porque dice el código del buen vivir que se debe dormir. Pero antes repasaré las formas de los objetos cotidianos que pueblan mi habitación. O tal vez, ellas me repasarán. Mirarán la quietud de mi cuerpo en reposo buscando certezas en el centro del techo; mis ojos abiertos, cual luciérnagas en par, a la espera de la bendición del sueño. Me verán así: sin dueño, inerme, medio vestida, esperando a que la vida diga que es tiempo de la pequeña muerte, esperando a que mis párpados caigan, a que la cabeza se hunda en la almohada, a que las ovejas sean suficientes para decidir mi suerte.

Apagaré la luz porque ya me sé de memoria la altura, el ancho y el color de los libros que viven conmigo, los mismos que oyen cada mañana el despertador y me ven entrar y salir, y qué emoción que siempre me esperen. Conozco los ojos del Cristo Redentor del viaje aquel y los ojos de aquella mujer que me mira desde el afiche, que soy yo misma  el día de la graduación. Y cómo pasa el tiempo, antes tenía menos ojeras, eso lo nota cualquiera, ¡que Dios bendiga el corrector! Qué sería de las damas  sin maquillaje, la vida es un viaje en el tren del tiempo…

De acuerdo, debo apagar la luz por la belleza de la piel, porque no es hora, porque el ojo de García Márquez me observa desde el estante.

Apagaré la luz porque ya me sé todas las cosas que me acompañan. Incluso esa telaraña.

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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

6 comentarios sobre “El ojo de García Márquez

      1. Gracias por escribir en mi pequeña pagina hoy me siento muy triste por lo que paso en Sydney Aquí no pasan esas cosas y pensar que tres niños quedaron sin mama por un loco fanático duele mucho. Cariños

  1. Leerte es un placer. De los pocos verdaderos que recuerdo haber tenido. Si me apuras un poco, diré que solo hay uno que considero mayor pero no viene al caso en este momento. Hoy, a pesar de que siempre he preferido andar como sombra por la vera del camino y pasar desapercibido a ras de las zarzas, quiero dejar constancia de lo mucho que aprecio tu manera de escribir, en el fondo y en la forma.
    La primera vez que leí un texto tuyo, sin quitarle ni una pizca del enorme merito que ya entonces tus letras tenían, recuerdo haber pensado que el tiempo habría de llenar de matices tus escritos. No creí, sin embargo, que habría de ser tan rápido, como si la palabra escrita hubiera sido desde siempre tu gesto habitual ante la vida.
    Hacer de lo cotidiano un tema de reflexión no es cosa sencilla. Menos aún, convertirlo en hecho poético y, como tal, transmitirlo con tanta habilidad.

    Conste, hay que decirlo, que no soy crítico literario y poco entiendo de poesía, con lo cual, esto que digo carece por completo de rigor académico y de valor objetivo. Es tan sólo la opinión -y por serlo- no sujeta a discusión, de quien al leer, donde lo que había era una pantalla llena de letras, se encontró cara a cara con la autora hablándole de si misma, transmitiendo unas sensaciones que acabaron siendo mías. He leído que, según los entendidos, eso es lo que hace al arte universal y trascender al artista.

    Sigue escribiendo. El éxito siempre se deja atrapar por quien lo persigue.

    1. La palabra tiene pausa, ritmo y latido. Y usted, en este texto, se ha conectado conmigo. Gracias por desenfundar sus ojos en mis líneas, que son mi vida. Bendita memoria…

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