Las palabras que te digo    

Pinturas rupestres en Loreto. (Foto: visitmexico.com).
Pinturas rupestres en Loreto. (Foto: visitmexico.com).

Por: Martín Echeverría.

Primero fue la voz

Qué sintió el primer hombre que oyó su voz. Los primeros. Las primeras hembras que cantaron, que gimieron brutalmente. Que gritaron el mundo es una mierda, estoy perdido y no lo comprendo, pero sin las palabras.

Qué sintió la madre primitiva cuando se inauguró el “ajóoo” de su cría primitiva, con voz de pajarito primitivo y lágrimas de reír, pero todo sin palabras.  Solo las voces. Las voces en la noche eran el fuego antes del fuego. La única lumbre en noche cavernosa. Sin palabras, ruido. Ese ruido de vos. Ruido de mí. Mi propio ruido, como mi olor o mi sombra, pero que tiene el poder de viajar hasta vos, cuando llueve noche sobre el mundo, para que sepas que ya somos nos-otros.

Las palabras vinieron después, como los caminos a la rueda. Antes tarareamos, lloramos nuestros lloros, gritamos nuestro poder, nuestra impotencia, hicimos rodar nuestra fragilidad por el aire.

Un día cantamos y la soledad nunca volvió a ser la misma.

Nos gustó el ruido de las fauces, del pecho, de las tripas. Y empezamos a decirnos ruidos. Sin palabras.  Solo el puro y animal sonido del cuerpo, que nos salía por esa flor de comer, de tomar y morder que tenemos al frente de la cara.

La voz, ese lazo de aire que uno descubrió para empezar a atar las cosas a sus nombres. Así, torpemente, acompañando con gestos, agitando las manos, poniendo caras, sublevando las cejas, mostrando los dientes apretados o alegres. Así, mirando para decir. Sin palabras. Pura emoción. Así, de confusión en confusión, habrá nacido la abuela de la abuela de la primera palabra. Y otra y otra más. Todo lo demás ya está contado. Y luego vino la alquimia más alta de la palabra, la poesía. Pero, no olvidemos los poetas a la voz, el papel más sensible que se haya inventado jamás.

Decir poesía

Las palabras que te digo, Martín EcheverríaEscribir poesía con la conciencia de que es para decir, para que sea oída, y entonces brindemos con copas de aire que llevan ese vino artesanal de cada uno, que llamamos voz; es muy distinto a volcarse sobre el papel y que lo escrito sea nuestra máscara.

Cuando, en algunas ocasiones, sabes que lo que escribes lo vas a decir a otro presente y cercano, creo que entonces tu yo poético se construye a partir de la inevitable linealidad de lo oral.  Oralidad que está hecha de tiempo, no el espacio. ¿Cómo? Sí, decir poesía es colgar las palabras de la cuerda del tiempo para que, como en un cuarto oscuro de fotógrafo, lluevan instantes sobre el material sensible del escuchante y se revelen en él imágenes, pensamientos, sensaciones y sentires.

Decir poesía implica además, un plantarse ante el mundo, un sostener con el cuerpo (con el cuero diría Yupanqui) tu propia producción, tus ideas, tu estética (también desnudar tus contradicciones y tus límites), y en ese mismo acto ver, escuchar e intuir las reacciones en el otro.  Completar el hecho artístico en este encuentro, modifica también al poeta. Tiñe sus decires futuros, porque no somos ángeles separados del mundo o entes literarios que, aislados en su perfecta abstracción, escriben. No, somos personas, sujetos, animalitos colectivos, a los que la comunicación nos permea en todos nuestros actos.

¿“No escribo para el otro”?

Por supuesto que sí. Podemos no tener la intención o la conciencia de hacerlo pero, tengo la sospecha, que viven en nosotros multitudes, que nos habitan fantasmales imágenes de los otros. Presentes, ausentes, reales o imaginados, con quienes hablamos o a quienes leímos, pero están. ¿Cómo pueden no estarlo? Y del diálogo con ellos, del bosque de voces que agita con el viento de nuestra emoción, vamos creando la argamasa de nuestra propia voz poética y también de nuestro decir.

En esta década he tenido la oportunidad maravillosa de compartir con los compañeros músicos y cantores, escenarios de distintas latitudes brindando más de 90 recitales poéticos-musicales. Esta experiencia me ha permitido llegar con la poesía a mucha más cantidad de gente que a la que sólo hubiera llegado con un libro. Es más, la mayoría de los libros han llegado a los lectores a partir de estos recitales.

En esos escenarios, ya de bares mínimos, ya de teatros con cientos de personas; aprendí a escribir en el aire la pausa, el ritmo del decir de cada poema, los matices necesarios desde el grito al susurro, cada uno con su fuerza expresiva propia. Aprendí, que los hondos silencios después de un poema son también una devolución, a veces, más generosa y elocuente que el aplauso. Aprendí que ese momento de intercambio es único e irrepetible.

No tengo teorías, sólo testimonio.

Como he dicho en alguna nota anterior de esta columna, no propongo teorías de nada (y es probable que me haya atropellado torpemente con varias de ellas), pero si quiero compartir testimonios personalísimos de lo vivido en torno a esta pasión poética, por si algún otro compañero de este camino le fueran útiles. Desde aquí, desde el pelotón del fondo, de los menos sabe-hondos, yo voto, si me permiten, por esta visión de las cosas:

La voz como instrumento de la poesía sí, pero no solamente.

La voz como dadora de capas de sentido a la poesía, me parece más ajustado.

La voz y el cuerpo y el gesto y la actitud artística y el diálogo artístico interdisciplinar, como subtextos de la poesía; mejor aún.

Como siempre, el diálogo queda abierto igual que el abrazo que les envío desde Mendoza, Argentina, en el Sur del mundo, con montañas azules cerca del cielo y un paisaje desértico que nos atraviesa en casi todo.


@echeverriapoeta en Twitter. Aquí su blog personal.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

2 comentarios sobre “Las palabras que te digo    

  1. Estimado poeta Echeverría: a sua maneira de vivenciar a poesia me encanta. Gosto da imagem-palavra que remete ao diálogo-abraço. Que assim seja o abraço artístico, interdisciplinar, plural…
    Com abraçares, Graça Graúna (escritora indígena, Brasil)

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