Mujeres de pánico

Aprovecha el camino abierto en el cine de terror, reuniendo a dos viejas glorias del Hollywood dorado para una descarnada y putrefacta fábula sobre cómo Saturno (la industria del espectáculo y sus tentáculos mutantes) devora a sus hijos.
Aprovecha el camino abierto en el cine de terror, reuniendo a dos viejas glorias del Hollywood dorado para una descarnada y putrefacta fábula sobre cómo Saturno (la industria del espectáculo y sus tentáculos mutantes) devora a sus hijos.

Por: Juan Guillermo Ramírez

No soy mala…solo es que me han dibujado así.

Jessica Rabbit

La amargura del crepúsculo

Dos estrellas infantiles de Hollywood ahora ya maduras, las hermanas Jane y Blanche Hudson, han tenido diferentes trayectorias artísticas. Mientras la primera al crecer fue olvidada por el público, la segunda consiguió labrarse una exitosa carrera. Tras un misterioso accidente de coche, Blanche queda postrada en una silla de ruedas al cuidado de su hermana Jane.

Las dos actrices viven ahora retiradas al final de sus vidas, complaciéndose la una en atormentar a la otra, inválida. Jane era una niña preciosa que fue convertida en una estrella infantil de la canción con el nombre de Baby Jane, que todo el mundo adoraba, incluidos sus padres obviamente que la cuidaban y apreciaban con tanto fervor que se olvidaron de tratar con el mismo cariño a su otra hija, Blanche, que permanecía a su sombra. Baby Jane era una niña extremadamente caprichosa y engreída, que no dudaba en recordar a sus padres que era ella la que aportaba el dinero a la casa para que le consintieran todos sus deseos. Era tan famosa, que salió una muñeca de ella, de tamaño considerable. Esto sucedió cuando ambas eran niñas, pero vueltas que da la vida, la tímida Blanche se convirtió en una actriz de renombre que gozaba de una increíble fama y prestigio en el difícil mundo de la interpretación. A la vez, la en otro tiempo gran promesa Baby Jane, dejó de interesar a los productores, que la despreciaban y rechazaban darle papeles por su falta de talento que ella no alcanzaba a comprender, por lo que para su desgracia, tenía que sobrevivir gracias a su hermana, lo que provoca que empiece a beber con demasiada frecuencia, siendo esto el principio de su locura. Una noche, después de una fiesta muy al estilo Hollywood, un ¿accidente? de coche deja a Blanche postrada en una silla de ruedas para siempre. Las hermanas viven juntas en la mansión que Blanche compró y que perteneció a Rodolfo Valentino. Blanche está al cuidado de Jane, que poco a poco va perdiendo su ya desvariada cabeza, por culpa de haberlo sido todo y acabar no siendo nada y peor aun, a la sombra de su hermana. Blanche decide poner en venta la casa, y sus planes eran irse a vivir en compañía de Elvira, la mujer que las ayudaba en las tareas del hogar, y dejar a su hermana en un sitio donde la puedan atender. Por tanto el grueso de la película es la extraña, terrible y desastrosa convivencia de las hermanas, y cómo el trato que da Jane a Blanche es cada vez peor a medida que aumenta su demencia.

Basada en la novela homónima de Henry Farrell. Dirigida por Robert Aldrich y con dos estrellas de la era dorada de Hollywood: Bette Davis y Joan Crawford, enemigas de toda la vida.
Basada en la novela homónima de Henry Farrell. Dirigida por Robert Aldrich y con dos estrellas de la era dorada de Hollywood: Bette Davis y Joan Crawford, enemigas de toda la vida.

Como una sórdida historia de soledades, decadencias y tormentos, esta  es una película de difícil catalogación dentro de un género concreto, es una película que habla de muchas cosas a la vez; de la vejez, la envidia, el amor, la locura, el desamor, el existencialismo. En definitiva es una reflexión sobre el propio ser humano y su condición. La madura interpretación de las dos actrices, los monólogos y actuaciones patéticas de Bette Davis, reflexiona sobre lo que hoy llamaríamos “las viejas glorias”, personas que pasado su tiempo de gloria viven su realidad particular donde niegan el paso del tiempo, donde no admiten que la vida continúe sin ellas. Las canciones cantadas con la acartonada voz de Davis causan una especie de emoción/compasión. Además reflexiona sobre la locura, una locura que emerge cuando la realidad se impone en sus sueños de gloria. La escena final de la playa es toda una obra de arte que nos deja sin parpadear; un baile de Davis mientras su hermana yace en la arena medio moribunda.

Hondo drama crepuscular

He llegado a la cumbre a fuerza de mucho arañar e incluso habría recurrido al asesinato para conseguirlo. Bette Davis.
He llegado a la cumbre a fuerza de mucho arañar e incluso habría recurrido al asesinato para conseguirlo. Bette Davis.

Drama para el lucimiento de dos viejas glorias: Joan Crawford y Bette Davis, sobre la que recae el mayor peso, y que mereció con toda justicia una de las cinco nominaciones a los Oscar de 1963. Parecía que el éxito en 1950 de Sunset Boulevard de Billy Wilder, coartaría cualquier otro intento de resucitar el drama de las actrices “divinas” en el ocaso de sus vidas, pero la fórmula volvió a funcionar, con un relato aún mejor tejido y complejo, ya que ahora son dos las actrices y hermanas que viven de los recuerdos y que se enfrentan no solo al olvido inapelable que impone el paso del tiempo, sino también a los demonios de una convivencia erizada de dificultades, llegando a situaciones de extrema crueldad. En un esplendoroso blanco y negro, que nos hace paladear la gloria del cine en los años de transición al color y al cinemascope.

¿Qué pasó con Baby Jane?, de 1962 dirigido por Robert Aldrich, es una de las mejores muestras de terror psicológico de todos los tiempos. Una obra maestra a la que el paso del tiempo no ha restado ni un ápice de su poder perturbador. Una película antológica, apoteósica y todos los calificativos grandiosos que se deseen, que mantiene total vigencia tras cincuenta y dos años, lo que es un signo evidente de su condición definitiva de clásico inmortal. Robert Aldrich siempre procuró conservar cierta independencia durante los años 50 y 60 y se convirtió en uno de los creadores que plasmó la violencia y la inmoralidad con mayor contundencia. La película podría considerarse como una tragicomedia crítica con el viejo star-system de Hollywood, utilizando para ello a dos devaluadas divas de cine que trasladaron su mutuo odio y hostilidad de la vida real al propio plató, convirtiendo el rodaje en un infierno de ataques desde ambos frentes. Desde luego, tal conflicto real entre ambas actrices (Bette Davis y Joan Crawford) ayudó a dar verosimilitud a la despiadada relación entre sus personajes (Davis aplica un histrionismo y una sobreactuación alucinantes a su Baby Jane que, además, presenta un aspecto extraño con un rostro maquillado en exceso) y a la historia. Logran conceder realismo y credibilidad a situaciones difíciles de creer. Se trata de una obra a la que nada falta y nada sobra.

Nunca salgo de casa hasta que me parezco a Joan Crawford, la estrella del cine. Si quieres ver a la chica de la puerta de al lado, ve a la puerta de al lado.
Nunca salgo de casa hasta que me parezco a Joan Crawford, la estrella del cine. Si quieres ver a la chica de la puerta de al lado, ve a la puerta de al lado.

Nunca odiamos más a un personaje como a la indescriptible Baby Jane (Bette Davis, posiblemente una de las mejores actrices de la historia, que tortura sin piedad a su aparentemente angelical hermana (la excepcional Crawford), demostrándonos que no todo es blanco o negro, no todo lo podemos ubicar en el bien o en el mal, sino que existe una infinita gama de grises y mucha ambigüedad.

¿Qué pasó con Baby Jane? refleja, en resumen, los celos, el egoísmo, la avaricia, lo efímero de la fama, la caída de los mitos y hasta dónde pueden llegar los seres humanos, incluso hasta el más dulce e inocente a priori (como diría la divina Tania). A diferencia de otras películas en las que los elementos horroríficos eran gorilas, momias, hombres invisibles, vampiros y monstruos varios, en las películas que protagonizan las mujeres, el horror viene provocado por la sugestión y por los sentimientos que nos transmiten sus protagonistas: mezcla de maldad y de fuerte sexualidad, que asusta a los hombres, pero que en el fondo atrae irresistiblemente. Las mujeres protagonistas toman la voz cantante y se imponen frente a una sociedad machista y encorsetada que comenzaba a cambiar debido a las fuertes crisis económicas y, en consecuencia, sociales. A lo largo de los años 30 y 40 fueron plagando el panorama fílmico estadounidense personajes oscuros e inquietantes representativos del género negro, tales como el detective privado, el policía corrupto, el gángster o el dueño de un club nocturno. Pero una de las figuras más significativas, sin duda alguna, es la de la mujer fatal. Por lo general, la “femme fatale”, figura heredada de las vampiresas del cine mudo, es un personaje de fuerte personalidad, gran atractivo y sexualmente provocativa, que tienta al hombre para cometer un delito del que ella, en principio, resultará beneficiada. Pero el elemento dramático que siempre coincide es que la femme fatale provoca la destrucción del hombre. La mujer fatal es un componente de este tipo de cine, sobre todo, por cuanto tiene de trasgresión de las normas sociales y morales. Precisamente el éxito o el fracaso del hombre dependen, en gran medida de la capacidad que posea para liberarse de las manipulaciones de la mujer. La necesidad que los hombres tienen de controlar sexualmente a las mujeres contrasta con la versión dominante en las películas de serie A de los años 30, 40 y 50, donde por el contrario, se sugería que ellas eran tan débiles que necesitaban la protección de los hombres para sobrevivir. En estas películas, es la mujer la que, por lo general, se beneficia de la dependencia de los hombres. Producto de la misoginia y del ensueño de algunos cineastas masculinos, la femme fatale en el cine negro quedó materializada como un personaje realista y onírico al mismo tiempo y representó, de algún modo, los deseos ocultos que subyacían al cumplimiento cotidiano. Si el papel tradicional del hombre en el cine clásico se relaciona con la actividad y el poder, a la mujer, en cambio, se le conceden características como la pasividad y la sumisión. Primero en el cine negro y después en el de terror, estas normas están subvertidas y alteradas de alguna forma, aunque se hallen inmersas en un orden patriarcal. La femme fatale controla y domina la situación, permaneciendo más activa y contrastando con el hombre pasivo, que pasa a ser dominado y utilizado por ella.

Baby Jane

El odio entre ambas era legendario y se gestó tras el desprecio de Bette Davis a las insinuaciones amorosas de la Crawford. Este resentimiento se fue alimentando tras años de desplantes, dardos envenenados e insultos nada velados.
El odio entre ambas era legendario y se gestó tras el desprecio de Bette Davis a las insinuaciones amorosas de la Crawford. Este resentimiento se fue alimentando tras años de desplantes, dardos envenenados e insultos nada velados.

Bogart. Bogart seduce a pesar de los cabellos ralos, las manos temblorosas, las bolsas bajo los ojos tristes y el eterno cigarrillo: el primer feo con categoría de estrella. Si Bogart pasó pronto a enfilar los primeros puestos entre los seductores de la fábrica de sueños, por qué no iba a ser igual para una mujer. Aunque en Hollywood no había hueco para las feas, Bette fue una excepción. Si rara ha sido en Hollywood la conjunción de una fuerte personalidad y un gran talento dentro de una misma estrella, mucho menos frecuente resulta que una mujer haya alcanzado el estrellato saltándose a los más imprescindibles requisitos formales: belleza física y glamour. Bette Davis fue la gran excepción. Destinada por una peculiar fisonomía (ojos exoftálmicos, labios muy finos y pechos caídos) a interpretar casi siempre papeles desarraigados, su vigoroso y combativo temperamento (Humphrey Bogart la definió en cierta ocasión como una belicosa) le fue abriendo paso entre la pléyade de aspirantes que, como ella, asediaban Hollywood a comienzos del sonoro. En poco tiempo, su brillante versatilidad y sus célebres manierismos (muecas faciales, andares pélvicos, forma de hablar cortando las palabras) la convirtieron en una de las más activas y genuinas “reinas” de la época dorada de Hollywood. La perversión que introdujo en el cine Lana Turner fue de índole doméstica y urbana, de ahí que ya nadie note su poderoso influjo en las posteriores heroínas. Hasta entonces, en la puesta en escena de la maldad en el cine de Hollywood, se había recurrido a la estereotipada imagen de la vamp y sus secuelas, amantes redimidas por la pasión o la censura. Es evidente que la primera heroína doméstica que rompe con la vieja imagen de la «estrella diosa» sea la inmortal Bette Davis.

Bette fue la más fea y la más mala. Su poca belleza, sus ojos melodramáticos y su mal carácter le llevaron a interpretar papeles de mujer dura, egoísta y temperamental. Sin embargo en ¿Qué pasó con Baby Jane? aparecen las locas más locas de la historia del cine. Baby Jane, loca y malvada, maltrata a su hermana de forma sistemática, debido a los celos y la envidia, mientras ahoga sus penas en el alcohol. Bette Davis y Joan Crawford estaban espléndidamente malas en este cuento de terror que las devolvió al candelero del cine. Robert Aldrich consiguió convertir en monstruos a estas antiguas reinas de la factoría de los sueños, encerrándolas en una casa para enfrentarlas y crear una tensión que no decae en ningún momento.

Bette Davis se negaba a quitarse el maquillaje después de cada día de rodaje, con la intención de acumularlo para que su personaje se viera más ajado y tétrico a medida que iba perdiendo la razón.
Bette Davis se negaba a quitarse el maquillaje después de cada día de rodaje, con la intención de acumularlo para que su personaje se viera más ajado y tétrico a medida que iba perdiendo la razón.

Mujer perversa, en definitiva, la perversa es la mujer que, en el fondo, a todo hombre le gustaría poseer, aunque el prototipo femenino más aceptado socialmente sea distinto. La protagonista femenina se presenta, por tanto, en el cine de terror como deseable pero a la vez fuerte y peligroso, salvaje como una pantera; el hombre tiene que controlarla y someterla para evitar ser destruido por ella. La sexualidad va íntimamente ligada a la muerte. Estas perversas encarnan todas las maldades, además de ser seductoras ofrecen riesgo, inmoralidad (como la vampiresa) y destrucción (como la mujer pantera). Estas mujeres viven de la desgracia de sus víctimas, como el vampiro de la sangre de las suyas. La mujer fatal está guiada hacia un destino a menudo tan incierto para ella como para los demás. La malvada aparece como un poder contra el que nada se puede hacer, porque incluso ella misma está dominada por algo que la sobrepasa. Y el hombre al que toca y condena se convierte en víctima.

Como dice Robert Greene en “El arte de la seducción”: Los mayores seductores, los que seducen a los públicos masivos, naciones, el mundo, son quienes logran actuar sobre el inconsciente de la gente, haciéndola reaccionar de una forma que no puede entender ni controlar. Por ello, son diabólicamente atractivas quienes son inherentemente perversas. Nada más lejos de la realidad es que una conquista fácil tiene menos valor que una difícil. Y en este sentido, la vanidad es fundamental en el arte de la seducción.

Ya lo decía Ovidio,  aquella que quiera conservar su poder, ha de usar el mal de su amado. Como los de Helena de Troya, los ojos de las mujeres del cine de terror son como ejércitos y allí donde ponen la mirada arden las ciudades y todos aquellos que las conocen sufren por ellas. El embrujo está hecho a partir de lo que está oculto. La mirada es el lugar y el instrumento para la vampirización: nos dejamos vampirizar y vampirizamos a través de ella. Sin embargo, las seductoras no ven el amor como algo sagrado, más bien como una guerra donde todo vale.

Crawford dijo no al papel de Baby Jane porque se negaba a salir tan fea. Se quedó con el de Blanche.
Crawford dijo no al papel de Baby Jane porque se negaba a salir tan fea. Se quedó con el de Blanche.

Como Lou Andreas-Salomé que rompió el corazón del misógino Nietzsche y consiguió matar de amor a un Rilke, que en su lecho de muerte le pidió a los médicos pregúntenle a Lou cuál es mi mal. Ella es la única que lo sabe, estas mujeres son malas, pero malas en el sentido goethiano: mal que produce bien porque sus presencias son excitantes.

A las perversas y malvadas las odiamos, pero en el fondo las amamos, sentimos una mezcla de repulsión y simpatía, su sola presencia nos provoca asco -el asco, tan relacionado con el horror- pero las envidiamos… Al fin y al cabo, estas películas nos plantean la posibilidad de que todos llevamos la maldad en nuestro interior, que lo que provoca más miedo es no conocer los límites de nuestros actos. Como dice José Manuel Ariza en La vida imaginaria, las buenas películas de monstruos son las que plantean la hipótesis de que todos, de alguna manera, llevamos al monstruo dentro de nosotros. Y eso, qué le vamos a hacer, hasta resulta halagador.


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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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