Lewis Carroll, Visitas a una madriguera. JUAN MANUEL ROCA

Alice Liddell por Julia Margaret Cameron,  1872 (venetianred.net).
Alice Liddell por Julia Margaret Cameron, 1872 (venetianred.net).

Por: Juan Manuel Roca *.

Hace 150 años que Lewis Carroll escribió “Alicia en el país de las maravillas”. ¿Cómo no recordar el libro y el autor que hace más de un siglo nos acompañan? El autor de Alicia en el país de las maravillas se llamaba en realidad Charles Lutwidge Dogdson y era un presbítero anglicano hijo también de un religioso.

De niño fue tartamudo,  lo que pudo dar origen a que tuviera la magia del eco, pero de un eco de la realidad que se revela y la repite de manera diferente. Por eso sus libros ocurren más allá de lo que con pompa llamamos “la realidad”, por eso podríamos  hacer suyas las palabras de Cocteau: “los espejos harían bien en reflexionar antes de devolver las imágenes”. Digamos que Carroll devolvía las imágenes a su antojo, que no acusaba recibo de una servidumbre naturalista, como ocurre en Alicia en el país de las maravillas.

Que un hombre racional, religioso y matemático fuera el autor de un libro delirante, nos hace recordar lo dicho por Chesterton: “el país de las maravillas de Carroll es un territorio poblado por matemáticos locos”.  Y es que como señala Baudelaire, “los artistas más inventivos, los más sorprendentes, los más excéntricos en sus concepciones, son a menudo hombres cuya vida está serena y minuciosamente ordenada”.

Alicia es un libro terrible. Cargado de horror. Pero de un horror que el absurdo vuelve cómico. Por algo se comparan el Proceso de Kafka y el juicio insólito que le siguen a Alicia, presidido por la obsesiva y neurótica Reina de Corazones.

El creador del “nonsense” o sin sentido, es según Deleuze un buceador de lo subterráneo. Todo ocurre en un país de maravillas. Si usted sigue al conejo blanco entrará en un jardín secreto y si sigue a la pequeña Alicia logrará abrir una pequeña puerta con una llave de oro, podrá encontrar un pequeño frasco que dice “bébeme”, se estirará su cuello como un telescopio y entenderá que todo es fantástico si logra abandonar su excesiva razón. Dicen que el reverendo Dogdson escribió Alicia “durante unas vacaciones mentales” (Henri Parisot).

Así que, señoras y señores: volvamos a entrar a un lugar donde una niña que crece con desmesura debe enviarle cartas y regalos a sus pies. No temamos tropezar con el gato de uñas afiladas y dientes como piano, pues lo único que hará será desaparecer ante el pasmo de nuestros adocenados ojos. Invitación: compartamos una merienda de locos, apoyemos nuestros codos sobre un lirón dormido, no temblemos si la Reina pide nuestras cabezas, juguemos al croquet golpeando un erizo con un pájaro flamenco y leamos entre líneas un juicio seguido a la justicia. Por último podremos desvanecernos como el gato de Cheshire tras la portada del libro.

En su memoria reproduzco este pálido poema inspirado en su obra que cumple solamente 150 calendarios.

PREGUNTAS

ANTE UN BUSTO DEL REVERENDO

CHARLES LUTWIDGE DOGDSON,

ALIAS LEWIS CARROLL.

¿Qué puede hacer un descreído de sí

Que se aburre en el  tiempo victoriano

De las puertas clandestinas y cerradas?

¿Cambiarse de nombre,

Dejar de llamarse Reverendo Dogdson

Y reiventar el mundo?

¿Vivir confinado en el sueño

Más a gusto que en una armadura de bronce?

¿Qué puede hacer un buen señor

Crecido en la doctrina de los buenos modales

Al escuchar a la reina de corazones

Vociferando a diestra y a siniestra:

¡Córtenle la cabeza, córtenle la cabeza!

Pues todo lo que tenga cabeza

Puede ser decapitado. ¿Qué puede hacer?

¿Retratar niñas raptadas al futuro

Y a una impostergable soledad?

Reverendo Dogdson:

La vida, ¿una merienda de locos?

¿Un sombrerero que cree

Que todas son las horas del té?

¿Un croquet de obedientes cortesanos

Cuyos mazos son pájaros flamencos?

¿Un juicio de pesadilla

En el trono de una reina de corazones?

¿La boca oscura de alguna madriguera?

¿El paso de las lunas del tiempo,

De acosados conejos pendientes

De las flechas rotas de un reloj?

¿Una pluma al aire

De las maquinaciones de la noche y el azar?

¿Lo subterráneo que aflora irremediable

Sobre la fría piel de los espejos?

¿La creación de un Dios que sabe que la ley

Es mermelada ayer, mermelada mañana

Pero nunca mermelada hoy?

¿Una corte de naipes en un reino sin razón?

¿Una estatua que desaparece

En la niebla de la ciudad

Como un gato en el aire?

Reverendo Dogdson,

No resulta imperativo que responda.

(“Temporada de Estatuas”)

Para Andrea Roca


* Biografía del autor aquí.

Más artículos de Juan Manuel Roca.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Un comentario sobre “Lewis Carroll, Visitas a una madriguera. JUAN MANUEL ROCA

  1. Un clásico de clásicos, siempre vigente. En mi país inspiró al músico Charlie García para “Canción de Alicia en el país”, que utilizó el paralelismo con el cuento de Carroll como símbolo contra la dictadura.
    Un saludo para ustedes.

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