Jeroglíficos bailando fuera de la caverna

Foto: Iñaki Tejerina Guruziaga
Foto: Iñaki Tejerina Guruziaga

Si una plaza pública

atestada de manifestantes

de fogatas y ollas comunitarias

se convierte de la noche a la mañana en hogar

y ni un temblor la mueve

se pueden esperar dos cosas:

1, que serán escuchados por los sordos

2, que cada manifestante se reproducirá en venganza.

Si suceden las dos en simultánea

aunque parezca increíble de antemano

todo lo que rodea a la plaza estaría salvo

por los siglos de los siglos

o mientras dure el acto esquivo del amor.

Sergio Marentes

Animal que lee lo que escribe.

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