Poemas de Juan Gustavo Cobo Borda

Juan Gustavo Cobo Borda. Foto: Hroy Chávez.
Juan Gustavo Cobo Borda. Foto: Hroy Chávez.

TABACO

 Me ladra

desde las praderas del cielo.

Esa silueta que provenía de la China,

del Palacio del Emperador

a la vez guardia y heraldo

al pie del trono,

quizás de jade o terracota.

Con su suave gorguera

como abrigo de aristócrata ruso

salía a pasear

y volvía exhausto.

Contaba muchas cosas de lo que había visto

y luego se tendía en el fresco baldosín de la cocina.

Guerrero yacente en su merecido reposo.

***

MUTUO

El relieve de tu cuerpo

contra mi costado

quedará impreso

como quien talla

un perfil indeleble

en esa roca viva

que se estremece al recordarlo.

Se sentirá marcado

por una cicatriz

de corte o quemadura

que ya es parte indisociable de su piel.

Tu contorno se fusiona con el mío

como quien traza una silueta

que con el tiempo cobra vida

y profundiza su perfil

hasta ser plenitud

sin resquicio alguno.

En el consentimiento dulce de un abrazo

que es hogar y refugio

de ese exilio que es el mundo.

Afectuosa intimidad

sin temores y admitida.

Dispersa, cómo no, pero de golpe

centrada en ese eje que regula

entusiasmos y caídas.

Seguros de saber todo

al recibirnos íntegros.

Temblor incontrolable

que vibra y se proyecta

hasta agonizar sobre un vientre

que aún se estremece

en el goce involuntario

pero cuan perceptible.

Tan deseosos aún en el reposo agradecido:

Como fruta muy madura, ofrecida y comestible,

que debe ser saciada y no se agota

hasta cerrarse sobre sí misma.

Que sólo desea disfrutar de su deleita

mientras la cabeza, hirviente aún de fiebre,

se reclina en abandono, más allá del mundo

y de la almohada caída.

***

CASANOVA VA AL TEATRO

Desde el palco

sus anteojos avizoran unos tirabuzones, un collar,

un pecho palpitante.

En el entreacto deambulará ocioso

con el ojo alerta.

Sus exquisitos modales

propiciarán el guiño, la cita,

la urdimbre de una góndola silenciosa

por los húmedos canales.

Habrá quizás un vino,

acrecentado con especies,

y un diálogo incisivo

de hechos y sentimientos

desplazados por madres preocupadas

con la dote de sus hijas.

Con un rápido arreglo

podrá hundirse de nuevo

en el enigma del deseo,

en la nueva carne que lo reconcilia con la nada.

Con la despedida inminente

rumbo a Constantinopla, Berlín o Trieste

y siempre Venecia en el recuerdo.

Quien perdió tantos cequies en los casinos,

pródigo con camareras,

mantenido por aristócratas reblandecidas

ávidas del horóscopo y la Cábala

sabrá decir adiós

y mantener vivo el rescoldo de ese encuentro.

Años más tarde, en Bohemia,

bibliotecario del conde Waldstein

en su castillo de Dux

con esos episodios

redactará sus Memorias.

Contra tanta niebla, hielo y desdén

estas citas ardientes que vuelven y aún queman,

Su elegía a la Serenísima,

su fuga de la cárcel de Los Plomos

y los expuestos senos de las cortesanas

en balcones adornados de flores y jaulas de pájaros,

serán su recompensa.

Más que Catalina de Rusia, Federico de Prusia,

Voltaire o incluso Cagliostro,

al señor de Seingalt (título falso)

abate y mal músico,

truhán y tahur,

hijo de comediante y nieto de zapatero,

sólo anhela un buen plato de macarrones

para dormir en paz.

Todo el siglo XVIII como feliz teatro

de su picaresca-

Engaños de seductor

casi siempre burlado por nuevos ojos

y otras sedas y distintos encajes

de más insinuante lencería.

Pero ellas serán más astutas.

No inocencia contra experiencia:

apenas doncellas enredando al viejo

que las celebra con aretes o poemas

y acepta que lo burlen y le pidan más dinero

con sonrisa tan angelical como diabólica.

En realidad la cama es muy fría

y él necesita de nuevo

a su perdida Venecia,

cualquier mujer es buena góndola

para volver a ella.

Juan Gustavo Cobo Borda

Poemas enviados por el autor a Literariedad.


***

Juan Gustavo Cobo Borda (Bogotá, 1948), poeta y ensayista, dirigió durante una década la revista Eco. Ha ocupado también varios cargos diplomáticos en Buenos Aires, Madrid y Atenas, y es miembro de la Academia Colombiana de la Lengua desde 1993. «Lector impenitente, caracterizado por la generosidad de sus lecturas», como lo definió el ensayista Germán Arciniegas, ha desempeñado una inestimable e intensa labor de estudio y difusión de la literatura hispanoamericana, en particular de la colombiana, con volúmenes de ensayos como Desocupado lector (1996), Para llegar a García Márquez (1997), Borges enamorado (1999) e Historia de la poesía colombiana. Siglo xx (1984). Su obra poética, de la que Tusquets Editores publicó el volumen La musa inclemente en esta misma colección (Marginales 195), ha sido recogida en numerosas antologías y traducida a más de seis idiomas. (Biografía tomada de tusquetseditores.com).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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