Como acabados de salir del diluvio, del poeta colombiano Horacio Benavides

Imagen tomada de pabellondepalabras.blogspot.com
Horacio Benavides. (Foto tomada de pabellondepalabras.blogspot).

El reloj

es un pájaro

disecado vivo

 

Un pájaro

que picotea

y picotea

el tiempo

sin romperlo

 

El reloj

es un dios caído

y torturado[1]

Horacio Benavides, quizá estos poemas estén construidos con pocas y sencillas palabras, ¡pero qué arquitectura tan compleja! –Noelia-.

A veces nos empeñamos en dar vueltas y vueltas sobre una idea esperando aportar algo extraordinario. Nos perdemos en vocablos que no son naturales a nuestros oídos. Intentamos grabarnos a fuego en los ojos de quien nos lee y a menudo nos olvidamos de las denotaciones de las palabras que utilizamos cada día; del simbolismo inconsciente que a ellas asociamos.

Desnudos en la intemperie. Caminando por donde todavía no han aparecido los caminos. Por ahí deambulan los animales que Benavides utiliza como señuelo para acercarnos a Como acabados de salir del diluvio.

Volviendo a la niñez, entre adivinanzas disimuladas, jugamos a entender lo que nos rodea. Horacio Benavides presenta en este poemario un conjunto de escuetas palabras que intentan contestar las preguntas más universales. Aquellos interrogantes sobre el origen y orden de todo lo conocido y de lo desconocido. Su estilo es conceptista. Busca que el lector intuya las ideas que hay detrás de sus versos y le hace trabajar. Con una lectura apresurada podríamos quedarnos con la sensación de no saber lo que estamos leyendo, incluso dudar si realmente hay algo más que versos bonitos de influencia proverbial oriental y fábulas clásicas.

Conforme se avanza en el poemario, los poemas empiezan a relacionarse entre sí. Los animales que se nos han presentado a nuestros ojos como elementos observables y planos, se complican y crecen. Se crea entonces una serie de correlaciones, entre los poemas, que el lector agradece.

Como acabados de salir del diluvio tiene un encantador tono didáctico. No en el sentido estricto de brindar sentencias moralizantes estrictamente, sino en la capacidad de sus versos para ejercitar el cerebro. Por ejemplo, nos muestra como la noche es el tiempo para la revelación, para encontrar el punto de equilibrio. Es el momento para reflexionar sobre nuestra esencia y sobre nuestro papel en el universo. Un momento, un tiempo, una noche… todos períodos pasajeros que se escapan a nuestra voluntad. Instantes que debemos aprovechar antes que la luz nos ciegue. O en su lugar, ¿nos está mostrando el tránsito de un espíritu hacia la luz? Esta dualidad de lectura se muestra en la mayoría de sus poemas.

Fuera de ti

errando

entre tanta noche dispersa

caes de pronto

en la órbita

de la lámpara

Como en el amor

su luz es tu ceguera

 

El fuego te consume

 

                             [Mariposa nocturna]

Nos habla también de espiritualidad, algo que parece inherente en muchas ocasiones a las incógnitas del origen del ser humano, pero lo hace aportando opinión personal. Incita al lector a que rompa sus barreras intelectuales y se atreva al menos a pensar en otras respuestas posibles. Incluso podemos entrever un pensamiento cercano a las teorías del universo holográfico.

Este animalito plano y pequeño

como un grano de lentejas

se hace el muerto

 

Acaso Dios

que es el conductor de las galaxias

el guarda de los agujeros negros

poniendo sus ojos en lo insignificante

le sopló su salvación

 

O el muy listo

solo en su guarida

llevándose la mano a la cabeza

ideó el plan

 

O este animalito también es Dios

la punta de un cabello de Dios

 

                                       [Dios nos guarde]

 

Se finaliza la lectura con la agradable sensación de saber que efectivamente sí había algo más detrás de esas palabras aleatorias, de esas elucubraciones que el autor efectúa. Sin duda, unos poemas de pocas y cotidianas palabras, que adjudicadas en el espacio justo dentro de la frase y acompañadas de una cierta picardía desengañada, confeccionan unos versos que crecen a medida que los relees.


[1] “El reloj”, Como acabados de salir del diluvio; Horacio Benavides. Universidad Externado de Colombia, 2013.

Noelia Martínez

Lectora que escribe sus percepciones. Amante del lenguaje y sus posibilidades. Colaboro en http://Literariedad.co escribiendo la columna Gotas Amargas.

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