Retrato de vida perturbada. Michelangelo Antonioni: 1912-2007

Así como un libro es extensión de nuestra memoria y de nuestra imaginación, una cámara es una extensión de nuestra mirada, ya que capta lo que ningún ojo captaría.
Así como un libro es extensión de nuestra memoria y de nuestra imaginación, una cámara es una extensión de nuestra mirada, ya que capta lo que ningún ojo captaría.

Por: Juan Guillermo Ramírez.

Una serenidad rayana en la indiferencia parece envolverla por completo, una calma que inunda el aire que la rodea, la calle por la que pasa. Michelangelo Antonioni

Un acercamiento de película

Nació el 29 de setiembre de 1912 en Ferrara. Tras graduarse en Ciencias Económicas en la Universidad de Bologna empezó a trabajar como crítico de cine en el periódico de su pueblo natal. En 1940 empezó sus estudios en el Centro Sperimentale di Cinematografia y dos años después ya escribía un guión junto a Roberto Rossellini. Pocos meses después iría a Francia a trabajar como asistente de Marcel Carné. Aunque sus primeros trabajos son contemporáneos al período de surgimiento y auge del neorrealismo, nunca fue un conspicuo representante de ese movimiento, aun cuando algunos de sus primeros y pocos conocidos cortometrajes intentaban reflejar diferentes aspectos de la vida cotidiana. En los años 40 realizó una decena de cortos (entre los que se destaca el documental Gente del Po) antes de debutar en el largometraje con Crónica de un amor. Con un tono cercano al policial, Antonioni cuenta la historia de una mujer que engaña a su marido, quien contrata a un detective para investigarla. Si bien el filme posee algunos rasgos estilísticos y narrativos que luego serían inconfundibles -el tema de la investigación de la vida de la clase alta, narraciones fracturadas-, pasarán unos años para que el cineasta termine de romper con las convenciones del neorrealismo. Un relato con una trama que recuerda vagamente las novelas del escritor estadounidense de novelas policíacas, James Cain, pero en el que ya se advierten algunos de los rasgos estilísticos (los planos largos y extenuantes) y temáticos (la mirada crítica sobre la burguesía italiana) que alcanzarán su culminación en la siguiente década.

Crónica de un amor permite apreciar un cambio sutil en el cine de mediados del siglo pasado: el desplazamiento de los temas proletarios típicos del neorrealismo hacia el examen crítico y psicológico de la burguesía industrial de Milán. La historia que narra el film es la de un adulterio con implicaciones criminales. Se trata de una realización que pone al descubierto la admiración de Antonioni por el naturalismo negro francés. De ahí que durante la guerra el futuro cineasta viajara a Francia, como antes lo hizo Visconti, para trabajar como ayudante de Marcel Carné. Con el tiempo, Antonioni iba a convertirse en uno de los gigantes del cine postneorrealista en una Italia que en la medida que va resolviendo los problemas sociales heredados de la II Guerra Mundial, abandona también el cine proletario. Como sostuvo el teórico literario George A. Astre: El gran mérito de Antonioni es el de hacer surgir el significado al mismo tiempo que la cosa, lo que ninguna técnica literaria, incluso la de un William Faulkner o la de un John Dos Passos, es capaz de hacer con tal potencia.

¿Qué tiene el amor que nos deja tan gastados?
¿Qué tiene el amor que nos deja tan gastados?

Su siguiente película, La dama sin camelias, ofrecía una mirada poco complaciente sobre el mundo del cine y en sus dos obras siguientes, Las amigas, adaptando una novela de Cesare Pavese y El grito, un relato que anticipaba la alienación de la clase obrera europea palpable en los años subsiguientes, los rasgos más característicos de su estilo narrativo se fueron profundizando de manera bastante marcada. Estas dos películas, irían perfeccionando ese estilo que explotaría en La aventura, esa hoy incuestionable obra maestra. En El grito la historia de un trabajador de una fábrica se va armando de a retazos, a partir de su separación matrimonial, su fuga y su malogrado retorno al hogar. Si bien aquí lo personal tenía un contrapeso en lo social y político, Antonioni va destilando su forma: la manera de filmar los paisajes desérticos y semivacíos, la preferencia por las composiciones casi pictóricas y la desdramatización de las situaciones y actuaciones.

Pero el verdadero impacto de Antonioni sobre la crítica y el público se produjo en 1960, año en que presentó La aventura, un film que como Sin aliento, de Jean-Luc Godard, aunque desde presupuestos diferentes, rompía con las convenciones narrativas vigentes y las expectativas del espectador medio. La ruptura narrativa y el brusco cambio de tono que se producía a la media hora de la película, la extensión de sus planos-secuencia, los prolongados silencios, la abundancia de tiempos muertos, la ausencia de “suspenso”, los espacios fríos y deshumanizados que acentuaban el vacío existencial de los perturbados personajes desconcertaron al público y buena parte de la crítica, acostumbrada a patrones estéticos y narrativos más convencionales. La aventura lo convierte en un autor reconocido mundialmente. A partir de la historia de una mujer que desaparece en una isla en medio de un viaje en barco, el filme propone una búsqueda más metafísica que policial, en la que se embarca Sandro, su pareja. Esa búsqueda lo unirá a Claudia, con la que -pasado el tiempo de infructuosa tarea- iniciará una relación. Pero más allá de lo argumental, lo que sorprendió en aquel momento fue el tratamiento que Antonioni hacía del tiempo y el espacio cinematográficos, con escenas que duraban más de lo usual y que se detenían en detalles tanto arquitectónicos como de comportamiento. Es aquí donde empieza a hablarse de Antonioni como un cineasta de la alienación, un retratista de esa enfermedad contemporánea en un mundo en el que las conexiones entre las personas resultan imposibles de concretar. Es una de las películas fundacionales de lo que por entonces se llamó “cine moderno”.

La incapacidad de vivir un amor verdadero y la fragilidad de las relaciones humanas son temas que ocupaban su mente.
La incapacidad de vivir un amor verdadero y la fragilidad de las relaciones humanas son temas que ocupaban su mente.

En La noche y El eclipse, Antonioni llevaría a extremos aún mayores su investigación en el lenguaje del cine, radicalizando sus propuestas pese a contar con elencos de estrellas como Marcello Mastroianni, Jeanne Moreau y Alain Delon. El filme se centra en unas pocas pero fuertes horas de una pareja en crisis. Él es un escritor que presta poca atención a su esposa. A lo largo de una fiesta en la casa de un millonario, ambos descubren inesperadas cosas acerca del otro. La película plantea una idea similar a la del anterior filme: retratar la crisis de pareja en un mundo burgués frívolo y vacío. Visualmente, el italiano mantiene su preferencia por filmar modernas estructuras arquitectónicas, impersonales tótems que le sirven de potentes símbolos para sus temáticas preferidas. Pero La noche, no alcanzó la misma redondez con las interminables caminatas de Jeanne Moreau y un tratamiento menos riguroso de los personajes, pero en El eclipse llevó sus propuestas a límites mucho más radicales, culminando en el prolongado final en el que una frustrada cita le permite mostrar durante casi diez minutos todos los lugares que transitaban los personajes sin que ninguno de ellos aparezca, sólo acompañado de los entrecortados sonidos de la música de Giovanni Fusco y la excepcional iluminación de Gianni Di Venanzo. El eclipse cierra esa trilogía sobre la alienación. Aquí, Vittoria  deja a su novio por motivos que no sabe explicar. Luego conoce a un agente de bolsa, con quien inicia una extraña y silenciosa relación. El final abierto, siete minutos de tomas de escenarios vacíos, edificios en construcción y lugares vistos antes, pero sin la aparición de los protagonistas, es considerado uno de los más radicales de la historia del cine.

El desierto rojo mantiene similar temática y protagonista, pero aquí lo primero que llama la atención es la aparición del color. El director no teme pintar escenarios, construcciones y hasta paisajes para darles la tonalidad que desea, para describir la neurosis de su protagonista, la siempre dispuesta y triste y melancólica Mónica Vitti. El filme transcurre en una zona industrial y su protagonista es una mujer que tiene problemas mentales y se siente alejada de lo que le sucede a su alrededor, incluyendo su marido e hijo. La relación que inicia con un amigo tampoco la ayuda a superar esa crisis.

El cine de Antonioni es una inmóvil introspección del malestar de nuestra cultura, de la angustia que corroe el alma.
El cine de Antonioni es una inmóvil introspección del malestar de nuestra cultura, de la angustia que corroe el alma.

Un contrato que firma con Carlo Ponti lo condiciona a hacer películas en inglés. De ese trío surgen dos grandes obras, Blow Up y El pasajero y una fallida experiencia californiana, Zabriskie Point. El primer filme transcurre en pleno Swinging London y, tomando como base el cuento de Julio Cortázar “Las babas del diablo”, se centra en un fotógrafo de modas que cree descubrir que ha fotografiado, sin darse cuenta, un asesinato. El hombre se obsesiona con el tema buscando detalles en sus fotos y encontrando cada vez más misterios a su alrededor. En Zabriskie Point, Antonioni ofrece su mirada sobre la cultura hippie, pero se queda a mitad de camino del fenómeno. De cualquier manera, muchas escenas son pequeñas piezas de arquitectura visual que sólo un cineasta con su ojo podría filmar. Ese mismo ojo, pero con una mejor historia y una gran actuación de Jack Nicholson, es el que transformó a El pasajero en su obra maestra. El filme cuenta la historia de un reportero gráfico que toma la identidad de una persona que muere a su lado en un hotel y decide hacerse pasar por él para escapar. De vuelta, pese a la trama con toques detectivescos, lo que le interesa es adentrarse en el vacío existencial de este hombre y en su infructuosa búsqueda de identidad. Largos planos secuencia, como el que cierra el filme, quedaron en la historia. Sus dos últimos filmes (sin contar los fracasados intentos de hacerlo regresar en Más allá de las nubes y el corto de Eros) fueron El misterio de Oberwald e Identificación de una mujer, parcialmente logrados intentos de volver a sus temáticas.

En su estilo minimalista retrata la soledad y la incomunicación, el enigma de un mundo desolado.
En su estilo minimalista retrata la soledad y la incomunicación, el enigma de un mundo desolado.

Sus películas, rigurosas y modernas, se centraron en la alienación del hombre contemporáneo, en una carrera no demasiado prolífica, el realizador fue el prototipo del cineasta moderno, utilizando los recursos cinematográficos de una manera inconfundible para pintar un mundo de seres desconectados, para hablar de la soledad, la angustia y la alienación. Su estilo  es austero, seco, alejado de las formas narrativas clásicas.

Antonioni, el pintor del cine, retrató entornos artificiales –antinaturalistas–, fantasmagóricos, donde sus personajes deambulaban como huidizas figuras de la ausencia.
Antonioni, el pintor del cine, retrató entornos artificiales –antinaturalistas–, fantasmagóricos, donde sus personajes deambulaban como huidizas figuras de la ausencia.

Antonioni fue un realizador diferente a casi todos. Incomprendido en un principio, hoy es considerado un maestro con una gran cantidad de discípulos que intentan continuar sus exploraciones. Antonioni usó al cine como una herramienta para investigar, contar y trasladar al espectador el mundo tal como él lo veía. Fue un hombre con una visión precisa y preclara, ambiciosa pero controlada, rigurosa pero abierta a investigar en los misterios más inexpugnables. Esos que no se filman, que no se dicen, que no se explican. Esos que, aún hoy, siguen sin entenderse. Afortunadamente.


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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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