Por arte de palabras, de la poeta colombiana Luz Helena Cordero Villamizar

Fotografía de rengloneszurdos.com
Fotografía de rengloneszurdos.com

He dicho que no puedo hablar.

Tengo en mi boca la sustancia pastosa,

la sierpe sin fin de las entrañas

que se desdobla perezosamente,

tiro de ella, la halo como si fuera

una cuerda que han puesto en mi estómago

en un instante ciego.

“No puedo hablar”, Por arte de palabras, Luz H. Cordero Villamizar,

Universidad Externado de Colombia, 2009

Luz Helena Cordero Villamizar, descubrir sentimientos íntimos, sobre todo los angustiosos, es mostrar la “debilidad” que todos tenemos, arrancarnos la coraza que nos protege y ser capaces de plasmarlo en palabras de forma tan coherente. Eso es poesía, es arte de palabras. – Noelia-.

En la cotidianidad también hay poesía. Es la mirada lo que hace poético cualquier acto humano. Esas acciones que día tras día realizamos de forma automática y un día nos paramos a observar pueden ser pura poesía, sin adulteraciones. Tratar de entender cómo nos levantamos cada día y todo vuelve a parecer igual, pero con la certeza de que ya nada es lo mismo porque el ayer pasó, y hoy es algo nuevo.

En Por arte de palabras Luz Helena Cordero para el tiempo, justo en esos momentos que ocurren cada día y a partir de hechos ordinarios se cuestiona acerca también de la soledad, el sentido de estar vivo o muerto, de la realidad de nuestras percepciones o si estamos dentro de un sueño infinito:

Estoy al borde de un vacío que sueño

de manera insistente, morbosa.

Los huesos tienen angustia de romperse la cabeza,

la piel es una niña timorata.

Necesito que alguien me libre de ese sueño

en el que estoy a punto de caer,

de hacer trizas la duda que me colma.

                                                                   [Vacío]

La prisa con la que nos movemos para llegar a una meta un tanto incierta, sin prestar la menor atención a lo que nos rodea:

“Hay cosas ajenas a la poesía

Si no hay alguien que las nombre.”

                                                            [Arte sin poética]

 Su carácter irónico, a veces incluso un tanto amargo también, otorgan vitalidad al conjunto:

“Un hombre dormido en el césped

es un insulto al trabajo, a la prisa,

a la reputación de los bancos,

una burla a las obligaciones,

a la estadística, a los ascensores,

a los estantes de las notarías.”

                                                    [Durmiente]

Los poemas se encadenan pasando de la observación exterior al análisis crítico interior y conforme se avanza en su lectura encontramos amalgamas que nos muestran al ser humano en su actuación íntima individual así como en su rol social simultáneamente. De la soledad hasta el punto de la alienación, el cuerpo visto como una prisión.

La poeta transporta al lector de un escenario a otro con una ternura que se le hace natural, nada empalagosa. En ocasiones parece movernos entre dimensiones. La real, el sueño o aquella desconocida donde van a parar las almas. Una introspección evolutiva marcada por un ritmo suave:

“Soy esa palabra que no acaba de salir

y se resbala por los dedos

como una miel metafísica.

Sucede que me canso de ser mujer

jardín de adjetivos

menuda

tierna

quebradiza

con la única fuerza que llevo

con el único encargo que tengo

de sostener el mundo.”

                                                           [También sucede]

Como ya he dicho en muchas ocasiones, en poesía, como en todo, existen formas y fondos para todos los gustos. Si dejo que escuchéis hablar a mi voz sincera sobre este poemario oiréis que en el principio de su lectura fui algo recelosa. La línea que separa el decir algo con bellas palabras y el no decir absolutamente nada es extremadamente frágil. Se puede romper en cualquier momento y sin previo aviso puedes saltar de un punto al otro. Cuando leo la poesía que me gusta, normalmente me queda un resquemor interno que tarda días en desvanecerse. Los poetas te trastocan todo por dentro y los lectores no somos más que pobres bestias perdidas en un umbral con múltiples puertas que esconden sentimientos tan propios como desconocidos. Luz Helena Cordero Villamizar con este conjunto de poemas ha presionado sentimientos con elegante delicadeza. Ha escrito en silencio, pero matando:

 “Cuando digo yo

estoy nombrando una palabra esquiva,

dos letras con una historia común:

el tronco de la ye que se abre

para abrazar al círculo,

viejo emblema del infinito.”

                                                      [Literal]

Noelia Martínez

Lectora que escribe sus percepciones. Amante del lenguaje y sus posibilidades. Colaboro en http://Literariedad.co escribiendo la columna Gotas Amargas.

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