De simulacros y simulaciones a otras especies. Una mirada al cine de ciencia-ficción

El cine de ciencia-ficción ha basculado entre el espectáculo y la reflexión a la hora de aventurar el nuevo siglo. No hay género más poliédrico e imprevisible que el de la ciencia-ficción: sus reglas distan de ser rígidas, sus límites no están en absoluto trazados, su futuro se extiende inabarcable.

La mujer en la luna es la última película muda que realizó Fritz Lang y también la película de ciencia-ficción más verosímil que se había planteado hasta la época.
La mujer en la luna es la última película muda que realizó Fritz Lang y también la película de ciencia-ficción más verosímil que se había planteado hasta la época.

Por: Juan Guillermo Ramírez

Después de la verdad no hay nada tan bello como la ficción. Antonio Machado.

Se define la ciencia-ficción como un género literario y también como un género cinematográfico que se centra en la anticipación científica de acontecimientos y de entes situados en tiempos y espacios ficticios. Sus núcleos temáticos han sido los animales gigantescos, la conquista del espacio, los extraterrestres, los viajes a través del tiempo, la utopía social y científica y el hombre del futuro. La concepción tradicional de este género tiene su punto de partida en las obras de sus dos principales precursores: Julio Verne y H. G. Wells, cuyos libros establecieron los modelos más fecundos del género y que han sido llevados al celuloide: La anticipación científica del futuro: De Verne: Veinte mil leguas de viaje submarino, La vuelta al mundo en ochenta días, La isla misteriosa, y de Wells: La máquina del tiempo, La isla del doctor Moreau, El hombre invisible y el remake de La guerra de los mundos.

La utopía social: de Wells: Anticipaciones, El mundo liberado, La forma de las cosas que vendrán. Es un lugar común decir que el cine se basa en la realidad para poder construir sus propias fantasías, a pesar de que en algunos casos, se ha anticipado a los mismos actos del hombre. Esta excepción que confirma la regla se aprecia en el género de la ciencia-ficción por el que ha deambulado el cinematógrafo, en la búsqueda imaginaria de otros mundos, de otros tiempos, de otros seres y de otras realidades. Al interior de la literatura fantástica, la ciencia-ficción ocupa un lugar importante después de haber sido tenida por un simple subgénero. En el cine el fenómeno ha sido el mismo, aunque la ciencia-ficción hasta hace una década, pocas veces se hacía presente en nuestras salas oscuras.

Simulacros

Desde los primeros inocentes, pero espectaculares trucos del mago Georges Méliès con su Viaje a la Luna, esa historia que el maestro Hernando Salcedo Silva comentó alguna vez como “las damas constelaciones” que encuentran en el espacio los intrépidos pre-astronautas, hombres absolutamente locos, desorbitados, rodeados de comparsas, tan desorganizados como sus jefes, tan “parecidos” a los astronautas de hace 30 años o de hoy, versión ilusionista, transferencia espiritual de la obra cientificista de Julio Verne; hasta la humana historia en un pueblo perdido en California de aquellos pilotos que intentan superar la velocidad del sonido, lo consiguen y son seleccionados para conquistar el espacio en Los titanes del espacio de Philip Kaufman; pasando por La mujer en la Luna de Fritz Lang, quien con esta película creó para la historiografía cinematográfica el género de la ciencia-ficción, influyen en maestros de la dirección, tales como Luis Buñuel, Douglas Fairbanks y Raoul Walsh; sin olvidar mencionar la serie de La guerra de las Galaxias y su deliciosa trampa irremediable que acecha por sus trucos y sus efectos visuales que nos transportan.

A lo largo de la historia del cine, toda esta tecnología, que en las manos de pocos genios se cubre de arte, no había estado al servicio de la ciencia-ficción, hoy, quizás es el mecanismo por excelencia que justifica una existencia. Tanto en el cine como en la literatura, la ciencia-ficción dispone de una amplia gama de temas que van desde la recreación de civilizaciones del pasado, como El señor de los anillos, hasta las narraciones de anticipación como Matrix, pasando por toda clase de expediciones, viajes y aventuras, tanto terrestres como extra-terrestres, sin olvidar las diversas mutaciones provocadas por experimentos “científicos”. En esta variedad puede estar una de las claves de la pervivencia del género a través de la historia del cine. El cine de ciencia-ficción mantiene su dispersión temática, aumenta su calidad técnica gracias a una planificación económica y se beneficia de la espectacular publicidad producida por la carrera del espacio, su conquista, que convierte el tema de los viajes intergalácticos en algo cotidiano. Y es por esto que se llevan a las pantallas los paisajes celestes como en La amenaza de Andrómeda de Robert Wise o la importación de un virus mortal merced a un viaje espacial; como en Naves silenciosas de Douglas Trumbull o el viaje a otros mundos con semillas de las plantas que la contaminación terrícola está liquidando; como en Encuentros cercanos del tercer tipo o E.T. de Steven Spielberg o la visita apacible de extraterrestres a la Tierra; o como la serie de Aliens o la lucha sin cuartel en otro planeta para rescatar una civilización.

A Robert Wise le debíamos esa maravilla que es The Day the Earth Stood Still, una cinta opuesta a la adaptación que hará de La amenaza de Andrómeda, primera novela de Michael Crichton.
A Robert Wise le debíamos esa maravilla que es The Day the Earth Stood Still, una cinta opuesta a la adaptación que hará de La amenaza de Andrómeda, primera novela de Michael Crichton.

Así, el círculo de la ciencia-ficción se va estrechando, cada vez se acerca más a este hipotético futuro, cada vez es el héroe es más antihéroe, cada vez es más concreto el peligro. El espacio ha dejado de ser la fuente de todos los males, los extraterrestres aparecen como una nueva esperanza. La contaminación, la guerra y todos los mecanismos del poder son los enemigos de este hombre que lucha para sobrevivir y sueña con las estrellas como Starman.

Simulaciones en dos películas del más allá

La melancólica y espiritualmente venenosa Solaris está basada en la novela de Stanisław Lem, un matrimonio tan utópico como el de Kubrick y Nabokov diez años antes. Seguramente la más inmediata de sus películas, fue la respuesta de Tarkovski al 2001 de Kubrick, que le había parecido fría y estéril.
La melancólica y espiritualmente venenosa Solaris está basada en la novela de Stanisław Lem, un matrimonio tan utópico como el de Kubrick y Nabokov diez años antes. Seguramente la más inmediata de sus películas, fue la respuesta de Tarkovski al 2001 de Kubrick, que le había parecido fría y estéril.

Siempre que se habla del cine de ciencia-ficción, obligatoriamente la referencia tiene que caer en 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick y Solaris de Andrei Tarkovski. En la primera, el guión fue escrito conjuntamente por el director y por el físico en astronomía y escritor Arthur Clarke. Según palabras de Kubrick, la película “es la evolución de la humanidad desde el primate hasta el astronauta que rebasa la Puerta de las Estrellas, cuando su evolución ha llegado al grado de no necesitar cuerpo. Aunque la biología cree que a través de la química logrará detener el envejecimiento de las células y deja para los más futuristas la posibilidad de invertir el proceso”. Kubrick prefiere evolucionar a su personaje con la ayuda de seres “inteligentes”, que a través de un monolito, y después de un grado de evolución en el hombre como es su salida al espacio, le impartiría la inteligencia necesaria para regresar a su planeta. La película está narrada con simbolismos, cada aparición del monolito representa un paso evolutivo del hombre. La segunda, Solaris, basada en la novela homónima del ruso Stanislaw Lem, ubica su historia en una estación espacial terrícola orbitando alrededor de un planeta cubierto casi totalmente por líquido, envía ondas exploradoras. El océano, gigante criatura líquida e inteligente se siente agredido y se defiende sondeando con su poderosa mente los contenidos inconscientes de la tripulación para luego sacarlos a flote y eliminarla.

Otras especies

La necesidad de restablecer el orden perturbado aparece como la misión prometéica de esta especie de enviados divinos que son Terminator y todos sus congéneres. Tratando de seguir el hilo conductor de estas adoradas especies humanas, se pretende crear una alegoría transparente de la defensa del mundo occidental, con un radical antropocentrismo que representan no sólo los superhombres, sino casi toda la ciencia-ficción fílmica: el centro del mundo son los Estados Unidos. Los sistemas programados automáticamente y el reemplazo del hombre por la máquina han favorecido, en su rápida expansión, relatos que, antes que el cine, la literatura de ciencia-ficción elaboró premonitoriamente. Así, con el precedente fundador de la máquina HAL de 2001: Odisea del espacio, hemos visto en las últimas décadas la irrupción de robots y ordenadores que o bien desafían y se rebelan contra la voluntad de quienes los gobiernan, o bien son utilizados con propósitos múltiples –Maniquí, Robocop, Corto Circuito y un largo y triste etcétera. La rebelión de la máquina se manifiesta en el caso de robots y androides, construcciones mecánicas con rasgos humanos –Blade Runner, Vacaciones mortales, Regreso al mundo del futuro, Scanners, Usurpadores de cuerpos– de seres humanos robotizados o de computadoras. Todas ellas son películas que asumen el punto de vista de la literatura de ciencia-ficción contemporánea de George Orwell y Ray Bradbury, que avizora en el desarrollo tecnológico, la alta sofisticación electrónica y el crecimiento de los programas de programación, el peligro supremo de la humanidad, a diferencia de la ciencia-ficción de vanguardia de Julio Verne y H. G. Welles, impregnada de optimismo cientificista de la época por el aporte de la máquina y su evolución.

La mayoría de la corriente de la ciencia-ficción, no sólo la futurista sino también la que se ambienta en la contemporaneidad e incluso en el pasado, como Highlander, por ejemplo, gira en torno al fin del mundo. Las fabulaciones diseñan el inicio de la existencia de una nueva era. El motivo de la proximidad del fin del mundo en su dimensión más apocalíptica y escatológica de destrucción total ha sido desde siempre uno de sus temas recurrentes. Las fantasías sobre la amenaza del fin del mundo han tenido variados precedentes en anteriores décadas, pero su frecuencia, vinculada ocasionalmente al subgénero de la catástrofe, es bastante sintomática de los temores de una época. Aparecen grupos sobrevivientes de conflagraciones atómicas, plagas o desastres, o la sociedad amenazada por factores ecológicos, por cuerpos celestes que salen de su órbita, peligro nuclear, virus mortales o infiltración de seres máquinas y de extraterrestres.

Los arquetipos del cine de ciencia-ficción a lo largo de una breve cronología

Los principales arquetipos que se han venido utilizando pueden dividirse en seis grupos: el sabio, el ‘malvado’, el héroe, la mujer, el robot y el extraterrestre.

Un profesor universitario de química no muy agraciado y con poco éxito en sus contactos sociales, inventa una fórmula que le convierte en otra persona diferente y arrogante. Interpretada por Jerry Lewis, esta comedia que, tomando como base el personaje dual creado por el novelista R. L. Stevenson, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, cuestiona con perspicacia la cultura de la apariencia.
Un profesor universitario de química no muy agraciado y con poco éxito en sus contactos sociales, inventa una fórmula que le convierte en otra persona diferente y arrogante. Interpretada por Jerry Lewis, esta comedia que, tomando como base el personaje dual creado por el novelista R. L. Stevenson, Dr. Jekyll y Mr. Hyde, cuestiona con perspicacia la cultura de la apariencia.

El científico o sabio: Uno de los puntos básicos de la ciencia ficción, tal y como se puede deducir de su nombre, es la ciencia. Por lo tanto, todo aquel encargado de dirigir y trabajar en la ciencia –a partir de ahora- será una referencia a la hora de crear historias de ciencia ficción, convirtiéndose en un personaje –el del científico- que forma parte del imaginario colectivo a través de una serie de clichés. El científico ‘ideal’ seria un hombre dedicado íntegramente a la ciencia, entrado en años -generalmente de aspecto canoso-, muchas veces recluido en el reducido espacio de su laboratorio, lleno de inventos, tubos y probetas, y que dedicará su existencia al progreso de la ciencia. Estos clichés que nos remiten a pensar en Einstein son retratados con acierto y con una caracterización casi perfecta por Jerry Lewis en El profesor chiflado. En el siglo XVIII ya se empiezan a escuchar las primeras voces de los contrarios en asociar dos conceptos como progreso y tecnología (o ciencia). Paradigma de todo esto es la que podemos considerar como la primera novela de ciencia ficción, Frankenstein, que recoge las esperanzas y los miedos en relación con los avances de la ciencia, esperanzas y miedos que se repetirán hasta nuestros días. La ciencia-ficción ha sabido oscilar entre el elogio hacia nuevos inventos y creaciones, y el recelo hacia los nuevos factores y situaciones sociales que la tecnología puede suponer, reflejo de la dicotomía social. La tecnología supone, pues, unos riesgos y la ciencia-ficción se encarga de crear historias basándose en esos riesgos –que pueden acabar con éxito o fracasar- como pueden ser las armas, los viajes de conquista y las máquinas autómatas, entre otras. Inicialmente, la imagen del científico estaba anclada en el individualismo, como Edison, en una persona casi marginal dentro de la sociedad. Pero con el paso del tiempo, aparece una variante importante del arquetipo -consecuencia de la evolución ‘real’ de la profesión- que nos lleva a ver a científicos agrupados en comunidades y, muchas veces, convertidos en funcionarios regulares del Estado. Por citar dos ejemplos populares: científicos de 2001: Odisea espacial o E.T. El cine de ciencia ficción ha dado diferentes tratamientos a la figura del científico, no será siempre un hombre dedicado a la ciencia, sino que, bien sea en grupo o de forma individual, se aparatará de la sociedad y, voluntariamente o no, actuará contra ella. Repasemos ahora tres posibles variaciones del arquetipo:

El sabio loco: Existe toda una legión de científicos dominados por una locura llevada muchas veces a la pantalla a través de una serie de manías personales que nos indican su estado mental. Son hombres de ciencia pero que quieren conducirla fuera de los límites establecidos que, en la mayoría de los casos avanza en paralelo al aumento de su locura y decadencia. Este avance supone un desastre para el protagonista de la película o para la Humanidad. En muchas ocasiones, estos científicos están impregnados por la semilla del Mal, pero entre ellos debemos distinguir entre los que van contra la ética de la comunidad -y que son considerados dementes- ya que atacan a los tabúes de la sociedad, y los que utilizan sus conocimientos contra la sociedad con fines perversos. Como ya hemos dicho, el número de científicos que podemos englobar en esta categoría de nuestra clasificación es muy amplio, por tanto, citaremos tres que han sido modelos de inspiración para películas posteriores como El doctor Mabuse de Fritz Lang, un maléfico doctor que pretende someter a la Humanidad ayudándose de robots humanizados. Mabuse será el prototipo de numerosos personajes posteriores locos y con ansias de poder y de átomos que tomarán vida en la gran pantalla. La saga de los Fu-Manchú, conocidos como el maligno genio de piel amarilla que combinará sus conocimientos con una gran dosis de crueldad, todo ello desde laberínticos escondrijos situados en diferentes lugares del mapa. El doctor Strangelove de Teléfono rojo: volamos hacia Moscú, es la encarnación de un fascista contratado por América que se dedica a hacer su lucha particular. Clara mezcla de locura, ciencia y estupidez de la mano de Kubrick.

El científico experimentador: La ciencia tiene aún demasiados agujeros negros por investigar y los guionistas se encargan de que sus personajes de ficción lo hagan. Los resultados de las investigaciones dependerán de la moral y la ética del científico que lo haga y pueden suponer la muerte o bien encontrar un remedio a sus problemas o para los problemas de la Humanidad. Esta amenaza puede ser de origen extraterrestre, como en las películas Alien el 8º pasajero, Planeta prohibido o The Thing, entonces, el científico investigará desde cero para conocer el motivo de su existencia y de sus acciones. El peligro también se puede encontrar en el interior como consecuencia de un error en un experimento que puede convertirse en tragedia. Este argumento fue muy utilizado en los años 50 con las radiaciones que provocan mutaciones, como en El increíble hombre menguante (1957) y la saga de los Godzilla. De científicos experimentadores se pueden citar los conocidos Dr. Jekyll, Frankenstein y Moureau. Estos también pueden ser incluidos en la primera clasificación como consecuencia de su ética. Otro ejemplo es el del serio investigador de La mosca de David Cronenberg.

El sabio patriota: En este grupo se encuentran los científicos que hacen avanzar la ciencia pero siguiendo siempre un código ético. Son patriotas y en la mayoría de casos trabajan para el Estado y/o tienen gran influencia militar como en el caso del científico de Viaje fantástico (1966) que seguirá órdenes directas del Pentágono. Muchas veces trabajan en equipo al servicio de organismos como la NASA o el gobierno de los Estados Unidos, como el equipo que establece contacto con los extraterrestres de Encuentros cercanos del tercer tipo de entre los que destaca el interpretado por François Truffaut. Tal es la capacidad de sacrificio de este tipo de científicos que llegan a dar su propia vida por una gran causa siempre y cuando esté arrepentido de su labor como creador y acabará muriendo con una sonrisa de autosatisfacción, como en Piraña o en La mujer en la Luna.

Después de observar un poco la cronología, se puede uno preguntar: ¿por qué en la época de lo años 30 y 40, la ciencia-ficción deriva casi al terror y está llena de descubrimientos aterradores? Los efectos especiales son más importantes y atraen más si reflejan lo grotesco y lo anormal y la I Guerra Mundial marca a la sociedad y algunos cineastas lo expresan a través de imágenes cargadas de terror.

Por esta misma época, la generalización de historietas de ciencia-ficción como Flash Gordon favoreció su adaptación cinematográfica. Ejemplos de esa tendencia son Las aventuras del Capitán Maravilla. Paralelamente, el enfrentamiento entre los bloques capitalista y comunista impulsó la llamada Guerra Fría, también en lo relativo a la carrera espacial. En esta clave sociopolítica se destacan títulos como El enigma de otro mundo, Ultimátum a la Tierra, La guerra de los mundos y La invasión de los ladrones de cuerpos. Los alienígenas de estos filmes, aun careciendo de imagen antropomórfica, venían a simbolizar los horrores potenciales de una amenaza exterior. Las investigaciones en torno a los materiales radiactivos dieron lugar al monstruo de tiempos remotos, reflejo del peligro atómico. Frente a la inocencia lúdica de producciones como 20.000 leguas de viaje submarino y De la Tierra a la luna, el cine de ciencia-ficción insistía en los temibles misterios del futuro como en el tiempo en sus manos.

Tetsuo puede que esta sea una de las películas más perturbadoras de la ciencia-ficción. No solo es uno de los mayores exponentes del cine independiente japonés, también se trata de un vistazo al interior de una de las mentes creativas más oscuras de los años 90. Un hombre se clava trozos de metal en el cuerpo. “El fetichista del metal” encuentra gran placer en hacerlo.
Tetsuo puede que esta sea una de las películas más perturbadoras de la ciencia-ficción. No solo es uno de los mayores exponentes del cine independiente japonés, también se trata de un vistazo al interior de una de las mentes creativas más oscuras de los años 90. Un hombre se clava trozos de metal en el cuerpo. “El fetichista del metal” encuentra gran placer en hacerlo.

En la década de los sesenta, se alternó una imagen amenazante del extraterrestre, fijada en obras como El pueblo de los malditos de Wolf Rilla, emparentada con el cómic al estilo de Barbarella de Roger Vadim. Con una reflexión más adulta, 2001: Odisea del espacio ofrecía una perspectiva realista del porvenir científico, deslizando una meditación en torno al origen de la inteligencia humana y a las posibilidades de la inteligencia artificial. Surgen a partir de la década de los setentas constantes adaptaciones de teleseries y cómics. Se destacan Star Trek y Superman. Con el renacer del temor atómico, se dieron creaciones como Mad Max de George Miller, donde se dibujaba un terrible futuro post-apocalíptico. Insistiendo en la faceta menos deseable de ese futuro, ofrecían sus argumentos la magistral Blade Runner de Ridley Scott, y otras películas como Terminator, Robocop y Desafío total. A partir de la década de los noventa, el apogeo de los trucos digitales en el campo de los efectos especiales dio nuevos bríos al puro entretenimiento visual, competente pero exento de otras connotaciones. Películas como Parque Jurásico de Steven Spielberg e Independence Day de Roland Emmerich, sirven de ejemplo a esa tendencia, que continúa siendo la dominante en el género. Llegan los efectos por ordenador con la década de los 90 y comienza con Misery, adaptación de una novela de Stephen King. Es la década de Terminator 2. Tim Burton parodia a la familia media estadounidense por medio de un moderno Frankenstein, inocente y encantador en Eduardo manos de tijera. Tetsuo de Shinya Tsukamoto triunfa y abre las puertas del cyberpunk, por las que entraran más adelante películas como Johnny Mnemonic, Matrix, Existenz de David Cronenberg. El gore hay que buscarlo ya no en las películas de Serie B sino en el cine negro de Quentin Tarantino y su Reservoir Dogs. Durante los últimos años del siglo XX, el cine fantástico, variante de la ciencia-ficción, toma diversas direcciones, muchas de ellas apuntan al apocalipsis y al terror del fin del milenio. Terry Gilliam dirige la pesimista 12 Monos, el público se vuelve violento gracias a Asesinos por naturaleza de Oliver Stone y Abel Ferrara convierte a Christopher Walken y Anabella Sciorra en vampiros nihilistas, creando una metáfora entre la drogadicción, el sida y el vampirismo en The Addiction. Lejos de ese pesimismo, Brian Yuzna dirige Mortal Zombie, la tercera parte del Regreso de los Muertos Vivientes de O’Bannon, Robert Rodríguez sorprende con Abierto hasta el amanecer, con guión de Tarantino. También se destacan Alien Resurrection, dirigida por Jean Pierre Jaunet y Marcianos al ataque un homenaje a los films espaciales de los 50 realizado por Tim Burton mientras que un Godzilla que no tiene ni la milésima parte del encanto del mítico saurio japonés original se pasea por Nueva York. Por otra parte, el fin del milenio vuelve a hacer estragos en las pantallas: Armageddon o Deep Impact son unas muestras de ello. El nuevo siglo marca la presencia de Misión a Marte de Brian de Palma, Matrix, Sexto Sentido, Heavy metal 2000, la secuela de uno de los films de animación más populares del fantástico, La Sombra del Vampiro, Ang Lee llega con El tigre y el dragón, el film de animación Titan A.E. y la paródica Scary Movie, X Men, La celda, El Hombre sin Sombra de Paul Verhoeven; y la reunión de viejas estrellas de Space Cowboys.

 

Para pensar

Kubrick, utiliza la música de Richard Strauss Así habló Zaratustra, para sugerir cuáles son las raíces de nuestra naturaleza. Antes de la aparición del misterioso monolito los primates son animales vegetarianos y pacíficos. La aparición del monolito desencadena la transformación del primate en hombre.
Kubrick, utiliza la música de Richard Strauss, Así habló Zaratustra, para sugerir cuáles son las raíces de nuestra naturaleza. Antes de la aparición del misterioso monolito los primates son animales vegetarianos y pacíficos. la aparición del monolito desencadena la transformación del primate en hombre.

El cine de ciencia-ficción ha basculado entre el espectáculo y la reflexión a la hora de aventurar el nuevo siglo. No hay género más poliédrico e imprevisible que el de la ciencia-ficción: sus reglas distan de ser rígidas, sus límites no están en absoluto trazados, su futuro se extiende inabarcable. Cuando en 1977 George Lucas estrenó La guerra de las galaxias, otorgó un brutal giro a la historia del cine de ciencia-ficción. A partir de entonces, lo que desde los años 50 había sido alimento para adolescentes se iba a convertir en gigantesco imán para multitudes. Diez años antes, Stanley Kubrick había abierto otra ventana por la que entró un cegador baño de luz en la hasta entonces poco ventilada habitación del género. Con 2001: Odisea del espacio, Kubrick demostró que en cualquier pantalla cinematográfica podían surgir abrumadoras tormentas de ideas. El cine de ciencia-ficción podía llegar a ser tan complejo, críptico y fascinante como esa literatura del género que, hasta ese momento, parecía moverse por delante de las habituales fantasías cinematográficas. Ellos abrieron el camino que nos ha llevado hasta donde estamos: hoy nadie duda de que las películas ambientadas en este siglo en el que entramos pueden ser profundas y arrebatadoras, plantear violentos interrogantes al tiempo que presentarse como una de las más fecundas formas de evasión de nuestro tiempo. Si los pioneros de la época muda utilizaron elementos de la ciencia-ficción para construir visiones irónicas o terribles del lejano siglo XXI, hoy en día el cine de género está cerca del comentario ácido y distorsionado sobre nuestra propia cotidianidad. Y es que cuando la efervescencia tecnológica fecunda el imaginario colectivo, comienzan a surgir las cábalas inspiradas antes por la fantasía desbocada que por el racional desarrollo de unos determinados postulados científicos. Aquel mundo fabulado en el que podía desembocar la carrera del progreso choca con conceptos como ‘ingeniería genética’, ‘guerra de las galaxias‘ o ’realidad virtual’, presentes en los actuales titulares de prensa. Ya no resulta tan descabellado considerar el cine de ciencia-ficción como cine de lo cotidiano. Fernando Savater comentaba a propósito de su última visita al edificio Bradbury en Los Ángeles, lugar donde se rodaron algunas de las escenas más famosas de Blade Runner: “Ridley Scott no se inventó nada. El edificio está ahora en las mismas condiciones que en la película. Hay basura apilada a la entrada, vagabundos durmiendo en los rincones. Incluso juraría que la lluvia que cae tiene altos índices de radioactividad”. La notable influencia del filme de Ridley Scott sobre el diseño, la arquitectura, el cine y cómic posteriores apenas comienza a ser cuantificada. Tal como asegura Cabrera Infante, “la más excitante y perfecta de las películas de fantaciencia desde 2001 no muestra un futuro promisorio, sino un mañana peor”. 2001: Una odisea del espacio inauguró a partir de un relato de Arthur Clarke el concepto del cine de ciencia-ficción como plataforma de reflexión: en el universo intergaláctico hay un vasto espacio para la filosofía. Raras veces el atrevimiento argumental de la gran narrativa del género ha encontrado su justo equivalente en la pantalla como en 2001. Su estreno en los años sesenta ayudó a mantener una reflexión crucial de la época, aquélla que ocasionaba la perplejidad del individuo ante la dominación de la técnica sobre el espíritu. Más allá de su influencia en el cine de ciencia-ficción, las huellas posteriores de 2001 hay que encontrarlas en todas la películas que se interrogan sobre la presencia del hombre en el universo.


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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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