Brito Ramos y la teoría de la continuidad

Paul Brito Ramos.
Paul Brito Ramos.

 

Por: Ángel Castaño Guzmán

Paul Brito Ramos es uno de los jóvenes valores de las letras del Caribe colombiano. Con tres libros publicados y algunos laureles en su solapa, ha llamado la atención de varios críticos y no pocos lectores. A finales del año anterior dio a la imprenta la novela corta La muerte del obrero, ficción que fue elogiada por Pedro Badrán y Ana María Shua. Hoy en día es el editor de la revista Actual, de Barranquilla.

 

Comencemos por un aspecto que sobresale en su hoja de vida: los premios literarios. ¿Cree que son una buena forma de salir del anonimato editorial? ¿Qué opinión tiene de la percepción general de que muchos galardones no son tan transparentes como debieran?

Creo que los concursos literarios son una manera válida de abrirse camino en el mundo editorial; de transmitir confianza a un editor, pues son pocas las certezas económicas que este tiene a la hora de publicar a un autor desconocido. Y también una forma de darse a conocer, pues de lo que se trata al completar una obra es de ganar buenos lectores. Un buen certamen literario no es otra cosa que un filtro de lectura. Si ese filtro es riguroso, los lectores lo agradecen, sobre todo en estos tiempos en que a uno le toca filtrar demasiada información. Como muchos de los concursos literarios no son transparentes, hay que apostarle como autor y como lector a los que aún tienen un trasfondo ético. Es difícil encontrarlos en el contexto latino, en especial los que tienen una repercusión literaria y no solo económica. Ejemplos de esos concursos son el Premio Juan Rulfo de cuentos y de novela corta que organiza Radio Francia Internacional, el Premio Clarín de Novela, el Premio ALBA Narrativa, en Colombia el Concurso de Libro de Cuentos de la UIS y así otros.

Si bien a usted se le conoce como narrador, ha sido finalista de certámenes de poesía. ¿Qué papel juega la poesía en su vida y en la creación narrativa o en el trabajo periodístico?

Escribí poesía por un tiempo. Escribí minicuentos en otra época. Me ocurre algo y es que no abandono las actividades que me han apasionado alguna vez; las asimilo a mis nuevos afanes. La poesía y la minificción de alguna forma están incorporadas a mis nuevos proyectos. Es como cuando uno aprende a manejar bicicleta: ya más nunca se te olvida y lo sigues aplicando incluso para no caerte de un autobús. Todo hace parte de un largo aprendizaje. En mi caso, la meta es que todo lo que haya ensayado (las matemáticas, la física, la filosofía, el periodismo, la literatura, el deporte) se vaya integrando con naturalidad a cada línea de mi escritura. Recuerdo un cuento chino que trataba sobre un arquero: el tipo había llegado a tal maestría que ya ni siquiera necesitaba el arco y la flecha para dar en el blanco. Yo no llegué a la maestría con la poesía ni mucho menos, pero hoy creo que sigo aplicándola incluso para hacer un jugo de papaya. Y con más razón, para darle vida a la prosa.

Háblenos de Los intrusos, Premio Nacional de Libro de Cuentos (UIS, 2007). ¿Cuál fue el proceso que lo llevó de la ingeniería al relato? Además, visto desde hoy, ¿qué resalta de ese libro?

Creo que el proceso fue al revés: en el colegio me decepcioné de la literatura, porque toda la atención de la profesora recayó en mi mejor amigo. Eso me llevó a los números, como premio de consolación al desaire de las letras, y de ahí pasé a la ingeniería, que es la profesión que abunda en mi familia. Luego, cuando ya estaba estudiando la carrera, me reconcilié con la literatura. Más que una reconciliación, fue una erupción. No podía parar de escribir. Todos los cuentos de Los intrusos los escribí de un tirón. Deseché mucho material, pero el que quedó, conservó bastante vitalidad; hoy no puedo leer esos cuentos sin envidia, especialmente por el ritmo y las intuiciones que despliegan. Además, siento que cada uno de ellos (comenzando por el prefacio) es un camino abierto, una especie de bitácora donde está contenido todo lo que podría y debería desarrollar en el futuro.

El ideal de Aquiles, 101 minicuentos para alcanzar a la tortuga es el siguiente libro de su bibliografía. ¿Qué le sedujo del minicuento? ¿Cómo fue el proceso creativo de este volumen de cuentos ultracortos?

De la minificción me atrajo el hecho de que se pudiera congelar la trama y los personajes (al contrario de la novela y el cuento donde uno debe mantenerlos en movimiento) y concentrarme en fabular las ideas y contradicciones que hay detrás de una misma historia paradójica. Con el género del cuento, yo había podido profundizar en las vivencias y emociones de mis personajes, pero notaba que muchas de sus/mis inquietudes intelectuales quedaban al margen. El minicuento, cultivado como un conjunto de historias aisladas, me parece muchas veces limitado y ambiguo, pero como serie de piezas interrelacionadas me parece un fascinante ejercicio de aproximación conceptual. Me animó bastante un clásico del género: Oficios de Noe, de Guillermo Bustamante Samudio. Al comienzo escribí alrededor de 60 piezas, luego vino la labor de desechar, reemplazar, pulir e ir sumando nuevos textos hasta completar los 101. Debo haber escrito más de 400 minicuentos. Al principio podía escribir hasta cinco diarios, luego el ritmo fue bajando. En muchos momentos sentí que era una carrera imposible como la de Aquiles, pues cuanto más me acercaba a la meta de 101, más minicuentos volvía a desechar y nuevas piezas debía escribir.

La muerte del obrero (2014) es su más reciente incursión en la narrativa de ficción. El libro fue finalista del Concurso de Novela de la Universidad Central. Sin embargo, cada capítulo tiene aspecto de cuento. ¿Qué hay detrás de La muerte del obrero? ¿Es su primera novela o su tercer cuentario? ¿Le importa la clasificación? 

Creo que lo que hay detrás de este libro es la manera en que suelo abordar mis proyectos narrativos. Y es a través de una intuición unificadora. Esa intuición no es para mí una imagen visual ni la silueta de un personaje, sino una idea. No esa clase de idea que se acostumbran a representar en los dibujos animados con una bombilla encendida, sino un núcleo oscuro alrededor del cual comienzan a orbitar una serie de inquietudes y preguntas. Si el lector está dispuesto a aceptar mi intuición original como el personaje principal de la historia o el hilo conductor de ella, entonces podrá leer el libro como un organismo unitario, como una búsqueda intensa, como una serie de aventuras que le suceden al título, como un animal que va surgiendo de la sombra poco a poco. Pero si le basta la historia concreta de cada texto, sus personajes y su trama inmediata, entonces será para él un libro de relatos, cada uno con su propio eje de significación. Creo que siempre es el lector quien decide cómo afrontar un libro. Un libro no es una cosa dada: es un sistema de códigos que le toca desentrañar al lector. Él decide si lo que lee es una multiplicidad de caracteres o una unidad simbólica, si es una secuencia o una continuidad. Uno como autor puede darle a su obra el calado que quiera, pero solo el lector decide hasta dónde quiere hundir sus botas. Creo que un libro pobre se agota con una sola lectura, con una única decodificación, y eso vale tanto para el contenido como para la forma.

¿Qué proyectos periodísticos o literarios tiene en el tintero? ¿Qué trabajos de este tipo ocupan su tiempo?

Completé un libro de crónicas titulado El proletariado de los dioses, que espero publicar este año. De los proyectos que estoy trabajando aún, el más adelantado es un volumen de ensayos sobre literatura. Por otro lado, estoy tratando de sacar adelante otro libro de ficción que en principio iba a ser otro texto en La muerte del obrero pero que me pidió espacio aparte. Estos libros tienen algo en común y es una visión que vengo trabajando desde hace mucho y que yo llamo Teoría de la Continuidad. En ese sentido, no solo los textos de mis libros tratan de alinearse a una misma búsqueda, sino que toda mi obra aspira a perseguir una sola intuición.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s