Entrevista con Francisco Hernández y Nuno Júdice – Juan Manuel Roca

En octubre pasado el Seminario de Cultura Mexicana y el Instituto Cultural de Aguascalientes entregaron el Premio “Víctor Sandoval” del Encuentro de Poetas del Mundo Latino al poeta portugués Nuno Júdice y al mexicano Francisco Hernández. Compartimos esta conversación de los poetas, publicada por la Revista Parteaguas, que da cuenta de los diversos tipos de acercamientos que los autores han tenido con la poesía, influencias, relaciones con la música y la pintura, su amplia concepción del oficio poético.

Clausura del XVI Encuentro de Poetas del Mundo Latino en el Museo José Guadalupe Posada. De izquierda a derecha: Nuno Júdice, Juan Manuel Roca y Francisco Hernández. Fotografía de Claudia Castro. Tomada de Revista Parteaguas.
Clausura del XVI Encuentro de Poetas del Mundo Latino en el Museo José Guadalupe Posada. De izquierda a derecha: Nuno Júdice, Juan Manuel Roca y Francisco Hernández. Fotografía de Claudia Castro. Tomada de Revista Parteaguas.

Juan Manuel Roca Buenas tardes. Es muy grato para mí hacer la presentación de esta conversación con dos notables poetas, Nuno Júdice que viene de Portugal y Francisco Hernández, poeta mexicano. A ellos los concita este décimo sexto Encuentro de Poetas del Mundo Latino, acá en la ciudad de Aguascalientes.

Quisiera empezar preguntándole a Nuno Júdice a propósito de la poesía portuguesa; en una tradición tan amplia, tan rica, que no es una coral cantando la misma tonada y donde hay tantos registros y matices, ¿cómo se ubicaría dentro de esa tradición o en qué lugar se siente más cómodo dentro de las vertientes de la poesía moderna contemporánea de Portugal?

Nuno Júdice Cuando empecé a publicar en libro mis poemas, en el 72, mi poesía no estaba dentro de lo que era habitual en la poesía portuguesa porque trataba de temas metapoéticos, una reflexión sobre la poesía que integraba en mis poemas; también había poemas a partir de cuadros, como se encuentran en Francisco Hernández; también por el lado de la literatura había autores que no eran militantes, como Emily Brontë, los románticos alemanes, y eso salía fuera de lo que se hacía en ese momento de dictadura, una poesía comprometida, de combate. Mi primer libro salió en una colección de bolsillo donde habían aparecido Neruda, Yevtushenko, Borges, todos los grandes poetas. Por un lado fue un poco escandaloso, pero por otro lado mucha gente muchos años más tarde me viene a decir de la importancia que ese libro tuvo para ellos porque abría caminos nuevos y era además una afirmación estética que de cierta manera recuperaba las enseñanzas de Pessoa, porque algo que me interesó de la obra de Fernando Pessoa en ese momento es que había una reflexión teórica muy importante y otra crítica, sobre lo que hacía. Había también un lenguaje que al mismo tiempo era muy próximo a lo que la gente hablaba, usando expresiones coloquiales y todo eso, pero por otro lado con gran refinamiento formal. Claro que después la evolución de mi poesía fue en otros sentidos, pero siempre conservando esa poética inicial.

JMR Quisiera formularle a Francisco la misma pregunta, ¿en qué lugar te sientes más cómodo, si es que te ubicas en una tradición de la poesía mexicana, o no?

Francisco Hernández Pues yo siempre me he sentido incómodo en la poesía mexicana porque como que no embono, no me acomodo en ningún lado. Estaba pensando, ahora que hablaba Nuno, en los inicios de mi escritura, por ejemplo, los primeros cinco libros que hice me los pagué yo; no tenía a quién acudir y el primero llevaba un título rebuscado, con ganas de llamar la atención: Gritar es cosa de mudos. Desde ahí alguien me dijo, ¿tú crees que eso es poesía?, ¿tú crees que eso es un título para un libro?, ¿para un primer libro de poemas? Pues yo creo que sí, yo se lo puse y como yo me pagué el libro, nadie podía reclamar. El azar, que suele ser generoso, hace que aquí, en este festival, esté Sergio Mondragón, que me dio clases en la Escuela Técnica de Publicidad a donde yo fui a dar porque no servía para estar en ningún lado; o sea yo vi un anuncio que decía, “¿no sabe qué hacer con su imaginación?, ¡Escuela Técnica de Publicidad!”, y pues ahí me fui a meter. Bueno, con Sergio aprendí algunas cosas de la literatura, pero básicamente esa escuela me hizo salir adelante con la carrera de publicista y la carrera de publicista no está tan lejos de la poesía. Por ejemplo en México hay muchos publicistas dedicados a la poesía, o al revés; entonces conocí a Francisco Cervantes en una agencia y él me abrió dos puertas extraordinarias, fueron Fernando Pessoa y José Lezama Lima, esas dos puertas hubieran bastado para abrirme dos caminos, para dos mundos extraordinarios que me hicieron como decir o decirme ¿esto es lo que tú querías?, ¿esto es el camino que vas a seguir?, y aquí está quien te lo venía a decir; me hice amigo de Francisco Cervantes hasta poco antes de que él muriera, y así fui conociendo a otros escritores que me iban dando a conocer a otros poetas.

JMR Pero en el marco de la poesía mexicana, más allá de tus lecturas, ¿hay poetas que sientes como de una misma percepción estética a la que tú tienes o sientes que eres, como también en el caso de Nuno, una ficha difícil de encajar en el rompecabezas de la poesía mexicana?

FH Hay una figura absolutamente ineludible que es Octavio Paz, por donde se le vea, por cualquier lugar donde uno quiera tocar a esas ventanas se abre una puerta y es Octavio Paz el que está ahí; por supuesto sus ensayos de Cuadrivio donde se ocupa de Pessoa, pero también de López Velarde; y ahí también encontrar a alguien que quizá sólo era como una recitación escolar, “La suave patria”, bueno eso es para decirla el 15 de septiembre desde el balcón del Palacio Municipal y nada más y aprender a verla con otros ojos; empezar a desmembrar aquella riqueza extraordinaria, aquel oído extraordinario. Mi padre tenía dos poetas de cabecera, tenía muy pocos libros, pero tenía a Salvador Díaz Mirón y a Rubén Darío. No había poetas mexicanos en ese mueblecito con algunos libros; estaba el colombiano prohibido, el de Ibis, ¿cómo se llama?, Vargas Vila, qué curioso, había libros de Vargas Vila con llave, no me los dejaban leer, y una frase de mi madre, yo no sé qué habré dicho, y me dijo, “tú pareces hijo de Vargas Vila”; entonces tú sabrás mejor que yo qué habré dicho, pero bueno, así fueron las cosas hasta llegar, como te decía, a Octavio Paz y conocer ya a otros poetas hasta lo actual como Lizalde, la figura siempre entrañable de Rubén Bonifaz Nuño, Alí Chumacero y, si no convivir con ellos, sí con su escritura, sí con su obra.

JMR En este contexto uno pensaría en general que la poesía universal, la poesía que se hace actualmente está muy balcanizada; veamos, tú mencionas a Pessoa y uno pensaría que quizá sea el primer poeta portugués que te llamó la atención y que empezaste a conocer, yo quisiera preguntarle a Nuno, mirando por el otro lado del catalejo, ¿tú tuviste hace poco o hace mucho una noción de la poesía mexicana?, ¿hay poetas mexicanos que hayas leído o empezado a leer?

NJ Sí, desde luego, Jorge Luis Barrios de mi adolescencia, sus cuentos empezaron a ser publicados en ese tiempo y fue una revolución porque para mí el poema debe contar algo, debe ser un pequeño cuento, no un cuento con acción, una intriga, personajes, pero algo que pueda sugerir una historia y después también Lezama Lima, qué coincidencia, porque era precisamente un poeta que vivía en un país que tenía una situación un poco como en Portugal, aunque dictaduras con destino diverso, y era un poeta que dentro de ese espacio escribía cosas completamente libres, revolucionarias desde el punto de vista formal, y después Octavio Paz, por la poesía, aunque la poesía que conocí en ese periodo fue la renga, hacer poemas colectivos y esas cosas que no me interesaron demasiado; pero lo que sí me interesó fueron sus ensayos y sobre todo, claro, sus ensayos sobre Pessoa, que fue importantísimo porque abrió de cierto modo el conocimiento de Pessoa fuera del espacio portugués y brasileño y por eso le debemos mucho a Octavio Paz. Después seguí leyendo poetas de Sudamérica y de México durante toda mi vida.

JMR Hay dos preguntas que pueden atender al espíritu de la poética de ambos; por un lado está la cuestión de la poesía que reflexiona sobre sí misma, y que está planteando una poética y va apareciendo en la idea de cómo o para qué o qué es escribir un poema, pero también encuentro, por otra parte, una poesía argumental, que cuenta un pequeño capítulo, una historia, sin caer en una cosa puramente narrativa. Francisco, ¿eso es algo que fuiste encontrando en la andadura de tu escritura o una cosa que te interesó expresar desde el inicio?

FH No, yo creo que me la encontré. Por ejemplo en el caso de Schumann fue entrar a una librería donde también vendían en aquel tiempo elepés en Coyoacán, en la Ciudad de México, escuchar una música extraordinariamente bella, preguntarle al vendedor de quién era, y qué era, y me dijo que era un cuarteto de Schumann. Le dije “me lo llevo”, y me dice “ese no está a la venta, es mío”, entonces el deseo de tenerlo, de comprarlo, es total…, y además ¿quién era Robert Schumann? Había oído alguna vez el nombre y fui al diccionario enciclopédico; llegando a la casa empecé a buscarlo y empecé a informarme sobre él y claro, ahí conocí la biografía y empecé a escribirlo, y en quince días ya estaba, cosa extraña. También Álvaro Mutis me prestó los cuartetos, entonces oírlo y escribirlo fue un todo que me permitió quitarle tiempo a la publicidad; porque a pesar de hacer anuncios de detergentes tenía tiempo para hacer lo otro también, no es cierto que una cosa pueda quitarle a uno la posibilidad de lo otro; así fue lo de Shumann, y lo de Hölderlin fue parecido, quedarme solo un primero de año en donde el único que no estaba crudo en la ciudad seguramente era yo; estaba solo en casa, se habían ido mi esposa y mis hijos. Dije “¿qué hago?”; me encuentro un libro de Heidegger donde viene un ensayo sobre Hölderlin, lo empiezo a leer y se me viene encima otra vez la vida de Hölderlin, y la empecé a escribir…; esa me costó más tiempo, como un año.

JMR Y ya que mencionas a Hölderlin, hay una frase que ha recorrido todo este siglo y que, descontextualizada, parece una cosa contra la poesía y es la pregunta de para qué la poesía en tiempos de penurias; a mí me gustaría que tanto tú como Nuno me hablaran un poco de cómo entienden esa expresión, si la comparten.

NJ En un sentido creo que lo que hace permancer la poesía es su inutilidad, el hecho de ser algo que no tiene una utilidad práctica y es por eso que la gente la procura, porque en un mundo como el nuestro en que todo es útil, inmediato, todo sirve para hacer algo y ser consumido y después se pasa a otra cosa, la poesía permanece y es algo que se sabe que está ahí y que siempre nos da algo importante para nosotros sin que sea esa su función primera, porque quien escribe un poema de amor, desesperado o no, o quien habla de un paisaje, de algo que fue importante para él en un día de su vida, los otros lo leen y sienten algo que no es lo que el poeta sintió, porque la subjetividad es siempre diferente de una persona a otra, pero el lector hace suyo ese sentimiento. Una cosa muy interesante es ver el fenómeno que son los blogs, que normalmente sirven para que el autor diga algo del día en que escribe, y muchas veces no saben qué decir de ese día y van a buscar un poema y lo publican, porque el poema expresa mejor sus sentimientos de lo que ellos podrían hacerlo y es ese lado, digamos comunitario y colectivo del sentimiento poético, lo que hace finalmente su permanencia. Me acuerdo mucho de lo que Jorge Semprún decía de cuando estuvo en Buchenwald, lo que hacían los prisioneros para sobrevivir en esas condiciones tan difíciles era decir poemas que sabían, y ejercitarlos.

JMR Y a ti, Francisco, esa aseveración de Hölderlin ¿qué te suscita?

FH Bueno, primero una duda, tú dijiste “¿para qué poesía en tiempos de penuria?” y yo lo recordé como “¿para qué poetas en tiempos de penurias”?, entonces no sé ahí a qué traducción le hacemos caso, porque podría cambiar completamente el sentido. La poesía está ahí, los poetas podremos no estar y ahí estará la poesía, eso es verdaderamente parte de esa inutilidad que decía Nuno; es inútil pero ahí está, nadie la puede mover, la podemos respirar y la podemos dejar de ver y ahí seguirá estando, nos lleva la mano para descubrirla, o la voz para nombrarla o para decirla o para cantarla…, es algo verdaderamente muy misterioso que nos ayuda a vivir, definitivamente, incluso a los que no se dan cuenta de que están siendo ayudados.

JMR Uno lee el título de un libro tuyo, Las gastadas palabras de siempre, y por una obvia restricción de concepto piensa en que estás aludiendo a que hay un lenguaje gastado que hay que reemplazarlo por uno menos deshabitado, menos hueco, que es el de la poesía, quizá; mi pregunta es ¿a qué aludes con ese título, que a mí me parece muy sugestivo?

FH Pues fue como pensar “les voy a dar ahora estos poemas, no esperen nada nuevo, están escritos con las palabras poéticas gastadas de siempre, nada más, con mi manera de ensamblarlas”. Eso era todo.

JMR En el caso del título de un libro tuyo, Nuno, que acaba de ser publicado por Monte Carmelo acá en México, La piedra del poema, ¿qué te llevó a que el epicentro del libro fuera ese título?

NJ Es un título que Marco Antonio Campos encontró. Pero concordé con ese título porque lo que es importante para mí en mi relación con el lenguaje, cuando escribo, siempre que leo mis poemas, es que cada palabra sea como las piedras de una iglesia, de una catedral; quiero decir que son fundamentales para el equilibrio del edificio; eso podría ser una tendencia de autores que leen poemas: hiperfavorizar determinados versos o palabras y algunas decirlas más rápido, o más bajo para que las otras puedan sobresalir; yo creo que es una forma muy contraria al espíritu de la poesía, porque en la poesía cada sonido, cada palabra debe ser dicha de una forma que sea igual en el conjunto y por eso “la piedra del poema” es la palabra que sustenta el poema y que da ese aspecto sólido y material al mejor poema, como cuando se dice algo espiritual, metafísico, lírico.

JMR En el caso de la traducción a mí me parece que hay una cosa coincidente que dicen muchos poetas, muchos teóricos, entre ellos, por ejemplo Michaux y Denise Levertov, que el poeta es un traductor de sí mismo, que en la medida en que logra traducirse a sí mismo quizá logre traducir a los demás ¿cómo sientes, Nuno, la evolución de esas palabras que estás hablando?; ¿te sientes bien, aunque sea una aproximación a tu traducción?

NJ Me acuerdo siempre de la primera vez que vi un poema mío traducido al castellano en que la última palabra era chapéu-de-chuva, que en portugués tiene esa aliteración, pero cuando vi la traducción castellana estaba “paraguas”, y paraguas es una palabra fea comparada con chapéu-de-chuva. Pero eso me habituó al hecho de que cada lengua tiene sus sistemas, su ritmo, su musicalidad y que no hay que intentar conservar el original y dar libertad al traductor para encontrar en su lengua esas posibles formas de hacer pasar la música y el ritmo del poema original.

JMR Y en tu caso Francisco, ¿qué piensas de la traducción, porque por ejemplo una de las cabeceras de las que tú seguramente te has nutrido en la poesía son, por un lado, los románticos alemanes, si hablamos de Hölderlin, y de los expresionistas, si hablamos por ejemplo de Trakl. ¿A ti qué es lo que más te interesa de un poeta que admiro mucho que es Georg Trakl?

FH Es muy difícil, salvo con traductores como Marco Antonio Campos y Trakl, que se mantengan tanto las atmósferas como la fidelidad a los significados. Por ejemplo, para no ir más lejos, el día de ayer llegué a mí casa con ganas de leer unas buenas páginas escritas en castellano, en español, porque había estado leyendo mucho en traducciones, ya me hacía falta una zambullida en algo que no estuviera transportado a otra respiración, a otras pulsaciones, a otras similitudes, y por alguna razón me distraje y terminé leyendo a Giovanni Papini. Después me di cuenta y dije “bueno, qué pasó, si yo quería leer algo en español”, que me diera otra vez el sonido de mi lengua para ver si me alimentaba, si me hacía escribir algo de lo que estoy escribiendo. Puedo notar, por ejemplo, cómo me voy quedando sin palabras, como me hace falta enriquecer mi español después de andar metido en tantas traducciones y estar escribiendo un libro que se va haciendo flaco, que se va haciendo poco brillante, que es el que estoy escribiendo ahora sobre un pintor que estuvo hace poco la exposición en México, y quede así de “ya no puedo escribir más porque se me agotó el idioma”, entonces, por eso decía, yo necesito leer en español.

JMR En el caso de ambos yo encuentro una vocación visual, plástica, por la pintura; ¿cuál de las artes sienten ustedes más afín para nutrirse de ella?

NJ Son muy importantes la música y la pintura, o la fotografía. Tengo muchos poemas a partir de cuadros, de piezas musicales y junto con mi memoria, con cosas que viví y que vivo, son fuentes que utilizo como materiales para el poema. En el caso de mi poesía lo importante es que se vea algo. Leonardo Da Vinci decía que la pintura es una cosa mental y yo cambio esa frase diciendo que la poesía es una cosa visual y por eso esa relación con la pintura para mí es muy natural; y también porque cuando tenía 16 años mi padre me regaló un mes en Francia, un curso de pintura en el Museo del Louvre; con esa edad, aquel museo, claro, fue algo que nunca pude olvidar, y por eso tengo muchos amigos pintores. Con la música algo que me sorprende es cuando un músico viene conmigo a decirme que compuso una pieza musical, tanto compositores contemporáneos de música erudita como otro tipo de músicos, a partir de poemas que cuando escribí nunca me hubiera imaginado que serían posiblemente musicales.

JMR Y en el caso tuyo, Francisco, ¿cuál es el arte que sientes más afín o más ligado a una poética de la poesía, digámoslo redundantemente?

FH En mi caso definitivamente la pintura o la fotografía, porque muchas veces me basta con simplemente describir un cuadro o describir una fotografía para encontrarme con un texto que me salva esa tarde o esa hora o ese día. Muchas veces en los talleres de poesía que he dado les digo, “se va a llamar ‘poetografía’ y les voy a dar todas las tardes una fotografía, la misma a todos, y mañana me traen un texto escrito en la forma que ustedes elijan pero sobre esta fotografía”, para ver cómo les despierta la imaginación una imagen y así me comunico con esos muchachos y también a mí me pasa por supuesto.

JMR Un poeta como Trakl es un pintor del habla, porque en su escritura hay grandes cuadros; así como hay poetas de color, como Chagall es un poeta de color, definitivamente lo que más te interesa es lo visual.

FH Sí, en Trakl casi no hay página en que no aparezca la palabra púrpura.

JMR Bueno la última pregunta que tendría que hacer es un poquito más aterrizada en el contexto de lo que estamos viviendo. ¿Qué significa para cada uno de ustedes la obtención de este premio que se les otorga aquí en Aguascalientes, este premio que lleva el nombre significativo del viejo maestro Víctor Sandoval?

FH Me trae muy buenos recuerdos de don Víctor porque hasta 1982, como les dije, yo pagaba mis libros, pero en 1982 gané el Premio de Poesía Aguascalientes, vine a recibirlo y aquí trabajaba don Víctor. Platiqué con él y le dije de mi admiración por su libro Fraguas y desde entonces yo creo que mi suerte cambió, me editaron el libro que se llama Mar de fondo, en Joaquín Mortiz, fue el que ya no pagué y a partir de entonces todo ha ido mejorando –en ese sentido de no pagar las ediciones–, y por otro lado también, lo dije desde el primer momento, me siento muy halagado de compartir el premio con Nuno Júdice, poeta a quien respeto y aunque lo he leído poco, sigo leyendo, y seguiré leyendo y admirando.

JMR ¿Y en tu caso, Nuno?

NJ De mi parte es algo un poco sorprendente porque no me lo esperaba. Me gustó muchísimo, por un lado, por mis relaciones con México y la poesía mexicana y, por otro, porque es regresar a Aguascalientes, donde estuve en el año en que Lêdo Ivo, el poeta brasileño, recibió el premio. Fue alguien de quien fui amigo y nos encontrábamos siempre que iba a Lisboa. Recibir este premio, después de Lêdo Ivo, es un honor. Y también porque lo comparto con un poeta que tiene un universo muy cercano al mío y son mundos que, sin conocernos, yo creo que corresponden a una generación que es la de los años setena y ochenta, en que muchas cosas cambiaron.

JMR Muchas gracias por esta conversación gratificante, nutricia y agradable.


Tomado de: Revista Parteaguas Núm. 34. Aguascalientes, México, marzo de 2015.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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