Perfil de la hoguera, del poeta nicaragüense Ariel Montoya

El rito del fuego. (Foto: datuopinion.com).
El rito del fuego. (Foto: datuopinion.com).

“No ha comido

pero la noche anuncia

su cobija de fuego y hambre

en los amarillos dientes

carcomidos por las mendigas antorchas del maíz.

 Por las arrugas tendidas en el rostro,

como rutas de banderas caídas

crecieron opacos caminos limitados

por el cruce mestizo de

blancas carnes indiferentes”. 

India, Perfil de la hoguera; Anamá Ediciones Centroamericanas, 2001.

Sin bochornosos arrebatos, Ariel Montoya, enseñas el firmamento de emociones que tu alma lleva grabado a fuego. –Noelia-.

En Perfil de la hoguera, Montoya nos regala la visión de un planeta regido por el tiempo, conectado por el amor y formado por tierra, animal y hombre. Un planeta de oscuridad, luz y resurgimiento.

A través de este poemario dividido en cuatro partes (Enigma del retorno, Primicia del beso y el olvido, Luna con dos patrias y Perfil de la hoguera) el poeta nos ofrece la mirada del exiliado como eterno viajero. No importa si reside en la tierra que le vio nacer y partir o en la que lo sintió crecer y soñar. Nunca volverá a ser de un solo lugar. Se trata de un exiliado que por siempre será extranjero. ¿Y esto por qué? Porque el tiempo no para y el mundo sigue su ritmo. Estés a bordo o no. Y los lugares, como todo, cambian. Y aunque permaneciesen estáticos, el viajero también cambiaría con el tiempo.

La temática política es inherente al protagonista exiliado, por tanto, está presente en todo el conjunto. Gracias a las metáforas utilizadas, el poemario se aleja de la redacción puramente periodística y se convierte en poesía. Ese sentido del lenguaje del que hablaba Hjelmslev, lo que hay detrás de la mera enumeración y designación.

En esta hoguera avivada por los versos del poeta se entiende el desconcierto del exiliado cuando vuelve a su patria. Una tierra querida que dejó atrás forzosamente y que la lejanía la procura de altares donde colocar su ordinaria existencia. Una amalgama de sentimientos que van desde la rabia a la esperanza. Un canto a lo vivido pero con el corazón apuntando al futuro. A lo que está por venir. Al porvenir. Se centra en los sentimientos de los exiliados. Fundamentalmente en la esperanza, motor (junto al amor) que hace posible que un exiliado vuelva a su patria.

“[…] mis sueños, seducidos por el olor a tierra mojada, desnudos ante los relampagueantes escenarios de la madrugada cubierta de densas nubes ocultas en la oscurana, amenazan desvelizarse en el retablo sonoro del invernal chapoteo del agua.” [Lágrimas del invierno].

Ariel Montoya defiende a la mujer de las plumas que la encierran en la ornamentación y el silencio. Curiosamente, muchas de esas plumas están dirigidas por manos femeninas. Tanto en los poemas largos como en la prosa poética que conforman el conjunto se puede intuir la identificación del trinomio mujer-madre-patria, a través de metáforas literarias donde la mujer es absoluta protagonista. Algunos de los poemarios que han aparecido en esta columna han intentado dotar de potente voz a la mujer, desviarlas de los banales tópicos en los que las encasilla la crítica tradicional o alejarlas de la última moda de lo que paradójicamente llaman chick-lit. Algunos lo consiguen, otros se quedan en el intento. Lo destacable en Perfil de la hoguera es la sutileza a la vez que rotundidad con la que Ariel Montoya envuelve a la mujer. Ha sabido realzar el papel de la mujer en la sociedad sin apenas mencionarlo. Tras poemas de apariencia erótica, de crítica social o evaluación política, la mujer se erige como patria, como madre, como Tierra de la que nacemos y nos alimentamos.

“La ven

los pies bañados de polvo. De polvo

y sudor que parecen de barro,

los caites cansados

la voz con furia suelta toda la mañana,

la ven sacar sueños que no pone en venta.” [La mercadera].

El poemario no explota en una furia desconcertante y ruborizarte. El poemario es paciente, reflexivo. Se toma su tiempo para guiarte por sus emociones. Sin arrebatos pero con un mensaje aunque metafórico, reivindicativo y claro.

“Y raudo,

y escurridizo,

avanza hasta huir

entre cielos

despojados de estrellas,

por la esquina vencida

de las últimas naranjas

no dejando en el vuelo

caer

la vida.”    [Pájaro].

Noelia Martínez

Lectora que escribe sus percepciones. Amante del lenguaje y sus posibilidades. Colaboro en http://Literariedad.co escribiendo la columna Gotas Amargas.

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