Fassbinder, la redención de la nostalgia I

Me gustaría ser para el cine lo que Shakespeare fue para el teatro, Marx para la política y Freud para la psicología alguien de quien nada es lo que solía ser.
Me gustaría ser para el cine lo que Shakespeare fue para el teatro, Marx para la política y Freud para la psicología: alguien de quien nada es lo que solía ser.

 Por: Juan Guillermo Ramírez

Dicen que mis películas son nostálgicas, pero no me gusta esa definición porque suena a enfermedad, a moho, a cosas descompuestas. La nostalgia sólo existe en la conciencia de quienes se sienten atrapados por sus recuerdos.

Rainer Werner Fassbinder (31 de mayo de 1945, Bad Wörishofen-10 de junio de 1982, Múnich).

Como si hubiera adivinado su temprana muerte, Rainer Werner Fassbinder rodó sin parar, más de 40 películas en 15 años. Filmaba movido por miedo, rabia, desesperación, sin contemplaciones consigo mismo, de manera impulsiva, a veces, brutalmente en  su fuerza creadora. Una vida que de tal forma estalla, que se enajena en tan breve tiempo, carece ya de reservas., opinó el director alemán Hans Jurgen Syberberg sobre la muerte de su colega, que tan solo alcanzó 38 años de edad.

Tan corta existencia, bastó para convertir a Fassbinder en el motor, en la fuerza impulsora del cine alemán. Y las historias en torno a Lola, Lili Marlene, Veronika Voss, a fracasadas existencias de artistas, homosexuales, obreros extranjeros, gente pobre y sencilla de la enrarecida atmósfera de posguerra en los años 50, fueron lo suficientemente explosivas como para fascinar también al extranjero. El Ministro Francés de Cultura Jack Lang, calificó a Fassbinder como uno de los directores cinematográficos más talentosos de Europa; el periódico de París, “Le Monde”, manifestó su entusiasmo por las increíblemente bellas formas de expresión fílmica de Fassbinder; en Italia, los periódicos reaccionaron ante la muerte del cineasta alemán como si se tratara de un realizador italiano; y la teórica del cine alemán, Lotte Eisner escribió en la revista alemana “Film–Kritik”: Curioso tipo ese Fassbinder. Lo recuerdo vestido con una chaqueta de cuero, y llevando un arete en la oreja, con aires de pirata. Era muy divertido entonces, lleno de lacerante provocación. En Alemania fue celebrado como poeta maldito, capaza de expresar como nadie los sentimientos de la generación joven. Su manera de dar expresión a los sentimientos era radical. En Effi Briste, la filmación voluntariosa de la novela homónima del austríaco Theodor Fontane, se pone esto de manifiesto: los sentimientos, ya no se ocultan tras símbolos o gestos, sino que se ofrece sin el menor disfraz. Evidentemente, Fassbinder sublimó este mundo de sentimientos dándole expresión artística, mostrándolo filtrado por un vidrio opalino, de forma que los pacientes no quisieron seguirlo. Se calificó su estilo de manierista, se le indilgó el fondo melodramático, se le atacó también debido a su serie para la televisión ambientada en la gran ciudad Berlín Alexanderplatz, que a muchos les pareció excesivamente sombría, a la vez que violenta.

no creo que los sentimientos melodramáticos son de risa - que se deben tomar absolutamente en serio.
No creo que los sentimientos melodramáticos son de risa – que se deben tomar absolutamente en serio.

Sin embargo, también tuvo películas de vigencia absoluta. El matrimonio de María Braun fue una de ellas y sólo en Nueva York se mantuvo este drama de postguerra un año en cartelera. Lili Marlene duró tres meses y también, gracias a él, existieron figuras humanas en una sola estrella reunidas: Hanna Schygulla. Ella protagonizó a Effi Briest, María Braun y Lili Marlene. Fassbinder la hizo célebre. ¿Quién nos dará ahora fuerzas? ¿Quién descubrirá ahora rostros nuevos? ¿Quién descubrirá de nuevo los conocidos? ¿Quién extraerá de nosotros las últimas reservas?, exclamó Hanna Schygulla en el acto fúnebre del cineasta.

Rainer Werner Fassbinder, el antiburgués procedente de un hogar burgués, extrajo de sí las últimas reservas. Muy temprano, fundó su “Action Theater”, que pretendía acabar con el tradicional teatro de cosmorama, y allí representó la pieza por él mismo escrita “Katzelmacher”, que posteriormente llevaría a la pantalla: la estremecedora odisea de un obrero extranjero en una inhóspita y lacónica Baviera. El gran éxtasis cinematográfico de Fassbinder comenzó en 1969. Rodó películas cuyos argumentos giran en torno a la belleza, pero también a la angustia y la muerte, a sadomasoquistas relaciones amorosas, soledad, tristeza y mucho frio. Ya los títulos: El amor es más frio que la muerte, El miedo devora el alma, El viaje al cielo de la madre Kuster, El asado de Satán, La ruleta china, En un año con trece lunas, Atención a esa prostituta tan querida, entre otras; resultan provocadores. También Fassbinder, el de incipiente barba, gafas y chaqueta de cuero, quería ser amado, e intentó encontrar el amor en el teatro. Lo intentó, asumiendo la dirección del “Theater um Turm” de Frankfurt; pero Fassbinder era demasiado inquieto para sumir esta empresa: le gustaba mantener un misterio alrededor de su persona, irritaba con planes siempre nuevos.

Así que sin duda, si podemos contar historias malas que la gente se enferma, también podemos contar buenas mitos que les hacen bien.
Así que sin duda, si podemos contar historias malas que la gente se enferma, también podemos contar buenas mitos que les hacen bien.

A menudo, se sentía mal entendido, sufría por la crítica contra su aparente estilo manierista, amenazaba con emigrar a los Estados Unidos; para quedarse finalmente en Alemania, se evadía tras la cámara, consumía estimulantes para vivir con mayor intensidad, y luego, necesitaba calmarse con tabletas para dormir, a fin de volver a tranquilizarse. Era un poseído de su oficio, impulsado por sus obsesiones. Anunció que se proponía filmar toda la historia de la postguerra alemana, pero, de pronto, descubrió un nuevo tema: la novela de Jean Genet: “Querelle”. Sería la última película de Fassbinder. Y también con esto había irritado una vez más las conciencias de los espectadores. Porque la crítica lo había encasillado hacía ya mucho tiempo: a Fassbinder ya no le interesan los problemas de los trabajadores extranjeros, de los radicales de izquierdas y los obreros de las fábricas, sino únicamente, la burguesía, con sus mujeres estéticamente pálidas.

Querelle, sin embargo, se desarrolla en un puerto, en un barrio portuario, en un banco, entre marinos, prostitutas y homosexuales. Fassbinder transgredió todos los límites. Tan explosiva como su existencia, fue su muerte. Fassbinder resultó víctima de la cocaína y de las tabletas para dormir. Es decir, lo mató su misma vida. Hasta el final, había trabajado en el guión para una nueva película. Y tenía dudas para la selección del título. No sabía si titularla Cocaína o Yo soy la felicidad de este mundo. El papel protagonista, lo interpretaría Romy Schneider. Una historia sobre tres hombres que triunfan en la música rock tras haberse dedicado sin éxito a llevar una agencia de detectives. El propio Fassbinder iba a estar a cargo de la cámara y el rodaje tenía que comenzar el 20 de junio de 1982. Buena parte de la acción tenía que desarrollarse en una discoteca, y el 10 de junio Harry Baer encontró una apropiada cerca del apartamento de Peer Raben.

El amor es algo que necesita el ser humano. Es importante para todos, no importa qué forma asuma el amor. Pero por desgracia es algo que puede convertirse fácilmente en una explotación.
El amor es algo que necesita el ser humano. Es importante para todos, no importa qué forma asuma el amor. Pero por desgracia es algo que puede convertirse fácilmente en una explotación.

A la una de la mañana, utilizando la línea directa que comunicaba con el teléfono rojo que Fassbinder tenía junto a la cama, Baer llamó para hablarle del lugar que había encontrado. Fassbinder dijo estar viendo televisión, videos y leyendo. En aquella época vivía con Juliane Lorenz en un apartamento. Aquella noche estaba también Wolf Grem, director de Kamikaze que Fassbinder había protagonizado. A las tres y media de la mañana, Juliane volvió a casa y oyó que la televisión seguía encendida en la habitación de Fassbinder, pero a él no se le oía roncar. Aunque no le estaba permitido entrar sin permiso, Juliane abrió la puerta y lo encontró tumbado en la cama con un cigarrillo entre aún entre los labios. Murió 10 días después de haber cumplido 37 años.

El 10 de junio era el día de Corpus Christi y en Munich hacía mucho calor. Cuando recibieron la noticia, varios de sus amigos creyeron que se trataba de una obra de teatro. Thomas Schuly, a quien despertó una llamada telefónica de Juliane a las 7 de la mañana, creyó que Fassbinder le estaba haciendo una broma para sacarle de la cama, pero cuando llegó el piso al piso de Wendlandt pudo comprobar que ahí estaba ya la policía acompañada de un médico. Por ser día de fiesta, la investigación se pospuso hasta el día siguiente: Hasta el propio Fassbinder no es más que un hombre, dijo uno de los policías a un periodista.

(Espere la II parte: 17 de mayo).


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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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