Ludwig Wittgenstein: zapatos nuevos para el lenguaje

Hoy habría que poner el mundo entre paréntesis, como aconsejaba el filósofo.
Hoy habría que poner el mundo entre paréntesis, como aconsejaba el filósofo.

Por: Antoine Skuld

La muerte no es ningún acontecimiento de la vida.

 

El lenguaje de los filósofos está ya, por así decirlo, deformado por zapatos demasiado estrechos. L.W.

Andariego por el mundo y por las ideas, inspirador de “El círculo de Viena”, de la filosofía del lenguaje, el pensamiento de Ludwig Wittgenstein ha influido ostensiblemente hasta el punto de alumbrar nuevos rumbos para el hombre.

Considerado como uno de los grandes filósofos de este siglo, Wittgenstein nació en 1889 en Austria y murió en Cambridge el 21 de abril de 1951. Desde una corta edad viaja a Inglaterra y estudia ingeniería mecánica, después visita a Bertrand Russel -quien lo describió como el ejemplo más perfecto que haya conocido del genio como se concibe tradicionalmente, apasionado, profundo, intenso y dominante– para estudiar con él lógica matemática, una nueva disciplina fundamental para la investigación de los principios de las matemáticas iniciada en el siglo XIX por Bolzano, Boole, Frege y Pierce. Precisamente en esta misma época, Russel y Whitehead se disponían a crear la obra “Principa Mathematica”. Con el paso del tiempo, viaja Ludwig Wittgenstein a Alemania y trabaja con Frege, quien enseña en Jena lógica y matemática, siendo este uno de los fundadores de la lógica moderna. Radicado en Noruega, comienza la redacción de su famoso “Tractatus Logico-Philosophicus”, libro de una oscuridad esmerilada, que apareció sólo acabada la primera Guerra Mundial. Viaja a Viena después de no aceptar la millonaria herencia de su familia y allí se dedica a la docencia en una escuela y a ejercer la cátedra como arquitecto. La filosofía, temporalmente, quedó relegada a un segundo plano. En 1929 regresa a Cambridge y vive allí como un verdadero asceta. En 1938 adquirió la nacionalidad inglesa y un año después obtiene la cátedra de filosofía en la Universidad de Cambridge. En 1947 abandona su cargo y se entrega a los dulces brazos de la muerte, después de realizar muchos viajes desasosegados por Estados Unidos y Europa. Se sabía que Ludwig Wittgenstein había dictado a sus discípulos innumerables reflexiones que encerraban la esencia de sus ideas, así como también su intencionalidad metodológica.

El espíritu lúdico de la palabra

Toda su vida la dedicó a la escritura y composición de dos libros: “El Tractatus” y las “Investigaciones filosóficas”, profundos tratados que sintetizan una rigurosa autocrítica, una sumida congoja y la interminable complicación por salir airoso al encuentro con su vida turbulenta y enigmática. En estos dos libros es necesario esclarecer el gran problema de la forma de la filosofía, no tomada ésta en el sentido de la argumentación sobre la verdad y la falsedad de las proposiciones, sino desde el punto de vista de la totalidad de la prosa filosófica y de la comunicación del pensar y de su resultado: los pensamientos.

La familia Wittgenstein en Viena en 1917.
La familia Wittgenstein en Viena en 1917.

En cierto sentido, Wittgenstein es también un heredero de René Descartes en lo que tiene que ver con el amor que siente hacia el método, su aplicación y génesis. Pero ¿cuál es el concepto que tiene Wittgenstein de la filosofía? En sus dos libros, los problemas filosóficos son sólo problemas de lenguaje. La ilusión de que existen realmente objetos filosóficos especiales no es más que el producto del proceso espiritual del preguntar.

Por medio del preguntar llevamos objetos de la vida diaria y objetos científicos a un nuevo plano, en el cual aparecen como si fueran algo más que ideas, esencias, pues nuestras formas de expresión nos lanzan a la caza de quimeras, impidiéndonos de múltiples maneras ver que esto ocurre en el campo de las cosas comunes y corrientes (Observación No. 94, “Investigaciones”). El lenguaje admite la formación de palabras que rodea de una aureola, pero de las cuales no se sabe cómo deben ser empleadas, porque en relación con ellas falta el “juego del lenguaje”. Esta expresión la usa Wittgenstein pensando en el juego de ajedrez, además, nunca olvida que el niño aprende el lenguaje, el juego del lenguaje por la vía del “adiestramiento”.

Preguntar, opinar, mandar, predecir y mentir, son juegos del lenguaje. Nuestro lenguaje se puede considerar como una vieja ciudad: una maraña de callejuelas y sitios, viejas y nuevas casas… Uno se puede representar fácilmente un lenguaje que consista sólo de órdenes y de anuncios en la batalla; o un lenguaje que sólo contenga preguntas y una extensión para la afirmación y la negación. Representarse un lenguaje significa representarse una forma de vida. Es suficiente pensar en la prosa del alemán Ernst Jünger en “Eumeswil” o en la del escritor de Praga, Franz Kafka, y en la prosa de la comunicación corriente. El concepto de juego de lenguaje introducido por Wittgenstein toma el juego como regularmente y no como libertad, no permite ninguna divagación, no tiene ninguna posibilidad de aventura, no está al servicio de la distracción. Pero es mejor hacerle caso a Wittgenstein cuando termina el “Tratado” aconsejándonos que de lo que no se puede hablar, mejor es callarse. Es mejor que así sea.

Presencia de Ludwig Wittgenstein en la pantalla

El realizador británico Derek Jarman, en 1993 realiza la película Wittgenstein (1993) un repaso a la biografía del filósofo vienés y a su filosofía. Es una magnífica oportunidad de introducirse en algunos aspectos de su pensamiento y de su evolución sobretodo referente al lenguaje. Wittgenstein es un montaje cinematográfico teatral; una obra de teatro filmada y vemos sobre un fondo negro permanente, lo imprescindible para comprender la escena que se nos ofrece. Si hace falta un piano, solo estará presente el piano, el pianista y el reducido grupo que hace de auditorio, nada de grandes habitaciones con fastuoso decorado: el minimalismo llevado a su máxima expresión.

Profesor “Wittgenstein, le recomiendo que lea más a Hegel - Wittgenstein (risas) Me es imposible leer a Hegel. Me volvería loco.A partir de la narrativa de un niño Wittgenstein, que se autorreconoce como infante prodigio, penetramos en la intimidad de una familia Wittgenstein -escandalosamente rica- y disfuncional, al punto de que tres hermanos mayores acaban su vida por voluntad propia. En escena entra un marciano que entabla un debate filosófico con el precoz niño. Los aspectos del debate provienen de la propia obra del filósofo pero moldean una obra perfectamente comprensible, sin necesidad de conocer los escritos del protagonista.

Todo consiste en seguir la evolución vital e intelectual del austriaco, en planos lineales, cortados por los flashbacks que nos devuelven al niño y al marciano. Su intento de hacerse ingeniero aeronáutico; su participación en la guerra; las inquietudes por su origen judío; su fallida experiencia docente como maestro de primaria, incapaz de entender las dificultades de su aterrado auditorio; su homosexualidad; su intento de emigrar a la Unión Soviética; sus dos etapas filosóficas (el primer y segundo Wittgenstein); sus acaloradas discusiones sobre el lenguaje y su relación con el mundo, en Cambridge con Russell y sus propios discípulos y finalmente su fallecimiento. El fin de su vida es testificada solo por el marciano, ya despojado de su verde, esto es, convertido en un ser humano con todos los problemas que puede tener un ser humano que reflexione. Al comunicar, después de una presentación cuántica, la muerte del personaje, termina con esta reflexión: La solución del enigma de la vida en el espacio y el tiempo, está fuera del espacio y el tiempo. Pero como todos sabemos, no hay enigmas. Si una pregunta se puede formular, también se puede contestar.

En la novela Los crímenes de Oxford 2003 y en la película homónima de Alex de la Iglesia, los personajes juegan con la idea de conocer la verdad, en este caso sobre una serie de asesinatos matemáticamente ligadas. Los dos personajes principales son un profesor que estudia y apoya la obra de Wittgenstein, y el otro su alumno, que esté en desacuerdo.

Pequeño glosario de reflexiones

De su vicio confirmado en las reflexiones, en la atenta observación del mundo, en últimas, en el ejercicio continuo del pensar, Ludwig Wittgenstein dejó frases que invitan, como un verdadero juego, a pensar en ellas, a aplicarlas a la vida fáctica de cada uno de nosotros. Obedeciendo al azar, he escogido algunas que delinean un profundo perfil de un hombre que gracias a la palabra logró ingresar en el espacio infinito de los verdaderos pensadores:

Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente. Wittgenstein.
Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente. Wittgenstein.
  • Para quien sabe mucho resulta difícil no mentir.
  • La ambición es la muerte del pensamiento.
  • ¡No temas decir tonterías! Pero debes escucharlas.
  • Si los hombres no hicieran a veces tonterías no sucedería en general nada sensato.
  • Con frecuencia, decir la verdad es sólo un poco más incómodo que decir una mentira; más o menos tan difícil como tomar café amargo y no dulce; y sin embargo, me inclino fuertemente a decir la mentira.
  • Los hombres de hoy creen que los científicos están ahí para enseñarles, los poetas y los músicos para alegrarlos. Que estos tengan algo que enseñarles es algo que no se les ocurre.
  • Nada es tan difícil como no engañarnos.
  • También en pensar hay un tiempo de sembrar y un tiempo de cosechar.

    Antoine Skuld

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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