Un buen acierto del Rómulo Gallegos – Efer Arocha

Pablo Montoya. Foto: Adriana Agudelo-Toro.
Pablo Montoya. Foto: Adriana Agudelo-Toro.

Por: Efer Arocha

París, 05 de junio de 2015

Como es mi costumbre, cuando diariamente regreso de trotar, enciendo la televisión, y voy directo a un noticiero francés que me parece el más credible; y fue así cuando oí el nombre de Pablo Montoya. La verdad es que no concentré mi atención porque hay otro Montoya que sale muy a menudo, el de las carreras de autos. Al rato la noticia volvió a repetirse, y esta vez  con foto del noticiado. Ahí estaba la cara del flaco, que tiene dos virtudes; ni se engorda ni se envejece. La noticia me llenó de alegría porque es uno de los nuestros, es un vericueto de la primera hora, y amigo entrañable. El suceso literario colmó de plácemes aquí en París a los escritores latinoamericanos y muy especialmente a los colombianos empezando por el poeta Jorge Torres y el escritor Eduardo García Aguilar…

El Rómulo Gallegos es un premio literario de gran prestigio en América Latina; lo han recibido plumas de talla indiscutible, como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Elena Poniatowska, Ricardo Piglia, Fernando Vallejo y otros. En cuanto a la obra premiada considero que ha sido un gran acierto del jurado, presidido por el intelectual ecuatoriano Javier Vásconez, hombre de sólidos conocimientos en temas literarios y otros campos de las ciencias sociales. Participaron en el concurso 162 obras de 17 países, cantidad con la que tuvo que batallar la obra ganadora del colombiano.

El libro que dio origen al premio es un texto que recrea lo que actualmente se denomina micro-historia, que es el hacer normal, enmarcado en lo cotidiano de los distintos protagonistas de un momento en el espacio y en el tiempo de un grupo social dado. Sin embargo,  es un momento crítico de la historiografía europea por el encrespamiento religioso que desembocó en la acción violenta. Como no he tenido a mi disposición el texto, apenas sí una ojeada por entre páginas, descubrí que la obra desde la perspectiva puramente estética, resulta ser la depuración de un proceso creativo, iniciado por el autor hace ya varios años en la capital francesa, cuando le publicamos su primera obra Cuentos de Niquía, que tuvo acogida en nuestro medio literario y fue su primer paso como escritor, tal como él mismo me lo afirma en un mensaje de respuesta a uno mío de felicitación. Cuentos de Niquía, fue la culminación de un proceso literario que emprendimos muchos al fundar el taller literario “Doce más Uno”. En este grupo poníamos temas bien definidos, para que cada integrante, de acuerdo con el género que practicara, realizara una creación. Nos reuníamos en el taller de Jesús Tonantzin, grabador y pintor mexicano, autor del caracol al galope de Vericuetos, y a quien junto con Carlos Véjar y Jorge Torres, presentaré el día 24 del mes en curso, en la Maison de l’Amérique latine. El taller sólo tuvo una cochada de iniciados, con un resultado excelente. Cuajaron los escritores, Mario Monje costarricense, José Mejía de Guatemala y el galardonado que nos ocupa. La poeta mexicana Silvia Castilleros, la poeta argentina Vivian Lofiego, el poeta Ernesto Maeckler, la poeta colombiana Myriam Montoya, y otros que se desinflaron con el correr del tiempo. José Mejía de temperamento corrosivo y mamagallista como decimos los colombianos, le puso a Pablo un mote por sus críticas ardientes a los trabajos de sus compañeros y su temperamento irascible cuando sometía a juicio sus creaciones. En secreto lo llamábamos “Cajita de fósforos”. Un día cualquiera Pablo se enteró; nosotros pensábamos que se iba a poner furioso, sucedió todo lo contrario, la razón es simple; éramos un grupo antes que todo de amigos y también de bebedores, cada uno llevaba para la sesión una o dos botellas de vino de subida calidad etilicosa.

Abordando la obra de Pablo desde el ángulo de la acción creativa, vista como la fuente que busca hallar valores estéticos fundidos en un producto textual terminado; él resulta ser un autor difícil de abordar, puesto que se presenta un impedimento que no es visible en la obra aislada, sino que es necesario tomarla en su conjunto. La causa es simple; pocos escritores  presentan ejes continuos donde la obra total es un proceso ininterrumpido de interrelación creativa que presenta conexiones aprehensibles y visibles, entre una obra y otra. Básteme con citar Lejos de Roma, que es un conflicto entre Ovidio y la familia del Emperador, esto en una lectura de superficie; pero cuando se ahonda, lo que se encuentra es el reflejo de las luchas políticas en el seno del imperio. Como el peso político de Ovidio era significativo, entonces fue condenado al ostracismo. La esencia de esta fenomenología creativa es lo social-político-histórico. En el Tríptico de la Infamia, el tema es la contradicción religiosa  que termina en la crítica de la violencia. Como se puede colegir, tenemos los dos elementos del anterior texto; lo categorial-histórico y lo social-convulso a través de lo religioso.

Otro aspecto en los cuales el creador Montoya es certero, es en la elección temática; no son temas que aparecen de la noche a la mañana, sino que ellos son el producto de la investigación y del rigor que exige el paso creativo. Sobre esto se podrían decir muchas cosas, siempre el espacio nos obliga aligerar. La elaboración de la página desde la perspectiva de la lengua escrita, es una sábana sin mancha, construida mediante una frase con contenidos significativos, indispensables y bien precisos que llenan la necesidad ficcional; donde el lector calificado queda satisfecho por lo que en ella dice en el plano cognitivo. Es por esto, que la obra de Pablo está llena de saberes para colmar al lector exigente. En el campo puramente artesanal del oficio, tanto la frase como el párrafo hacen gala de una puntuación exquisita y elaboración gramatical donde cada vocablo es una pieza armónica que presenta dos ritmos. El primero de precisión textual y el segundo de armonía y musicalidad que hacen que la lectura sea verdaderamente agradable. Para terminar, él es un autor complejo, bastante alejado de la literatura comercial y sobre todo del facilismo creativo. Hoy la literatura como nunca antes exige a los escritores grandes esfuerzos para crear un mundo que sea propio. Pienso que esto lo ha entendido bastante bien el autor de Tríptico de la Infamia, porque en arte en cuanto a valores estéticos, lo único que trasciende el tiempo  es el producto original; que pienso que es el caso de los contenidos en la obra de Pablo Montoya.

Efer Arocha

París, 05 de junio de 2015

Más fotos de Adriana Agudelo-Toro en Flickr.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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