El otro idioma de la muerte, del poeta argentino Ivan Rusch

El otro idioma de la muerte, Ivan Rusch

Sueñas mi sueño en tu cuerpo,

y me despierto,

y nada puede ya desnudarte.

                                           [El cuerpo sueña el sueño]

Doy vuelta a los relojes para que no me miren sus manecillas. Descuelgo el teléfono, para no ser molestada con su canto impertinente, y me sumerjo en esa extensa carta que me has escrito, Ivan Rusch, y que ahora yo correspondo a contestarte. –Noelia-.

<< Dedicado al lector, que escribirá con su lectura estas páginas en blanco>>. Así nos dedica Ivan Rusch este poemario que en su día tuvimos el placer de compartir con vosotros en Literariedad.

El otro idioma de la muerte[1] está formado por poemas de largos versos, no siempre construidos para provocar una lectura rápida, sencilla y acatada. Requieren de nosotros una actitud paciente. El poemario, sin abrir la boca, implora entre susurros que apagues el cronómetro, que olvides lo que ocupan sus palabras y que te limites a leer. El conjunto invita a una lectura lenta y reflexiva. Una lectura que sea conocedora del espíritu metafórico del libro y que no tema invertir los roles con el poeta. Rusch apela vociferante a la empatía del lector. Sin embargo, no busca una empatía para con él sino para con sus protagonistas. Para sus paisajes sociales, para sus olvidados, para sus víctimas cotidianas. Todas esas personas que están vivas en la mente del autor y personificando sus historias en algún punto del globo.

“Pues si este poema le ha parecido una barbarie,

rúmielo, lector querido,

pues el pensamiento es el primer puño

con el que lucha la víctima.”

                                                [Imagine una mujer golpeada]

En algunos puntos deja de ser un poemario de cierto tono elegíaco elegante para convertirse en el llanto caprichoso de un niño. La voz denunciante característica de todo el poemario se sobrecarga de una inflexión quejosa, inmadura, egocéntrica (quizá); pero sabe reponerse del sopor y lo resuelve, con preguntas desafiantemente directas dirigidas al lector.

“Mi barba acumula

27 años de mugre rabiosa, de sangre paralela,

de amor en palanganas, orfandad sísmica,

polvos y cuchillos de polvo, ratas,

caricias como puertas en la carne,”

                                               [Intermitencias de la noche]

Ahora que lo ha imaginado, lector, dígame:

¿Por qué ha golpeado a esta mujer?

                                            [Imagine a una mujer golpeada]

El poeta, plenamente consciente de los laberintos que forman sus versos, nos guía con unas pautas de puntuación pulidas; símbolo de su intención formal de conversación con el lector. No puede entenderse el libro sin reconocer en sus versos un carácter abiertamente epistolar a la vez que introspectivo. Como bien aclara Ivan Rusch en la dedicatoria de este poemario, el lector podrá realizar muy diferentes lecturas de estos versos. Los poemas están confeccionados de manera metafórica donde el tiempo, la muerte y la existencia se encuentran para conversar. Los temas que abarca: muchos y de diferente índole. Algunos son más terrenales como sus críticas sociales o sus apelaciones a la memoria histórica. Otros, como la realidad de la muerte o la significación del ser humano, son de índole más espiritual. El poeta da vueltas en un círculo infinito, como lo son todos los círculos, sobre esos temas que tan diferentes opiniones provocan en la sociedad. Socráticamente, incita al lector a sumergirse en la ambiciosa búsqueda de respuestas a esas preguntas que tanto tememos verbalizar.

La muerte ¿inicio o fin? La vida ¿cíclica o finita? La existencia ¿individual o conjunta?

“Todo ser se acerca al otro retrocediendo sobre sí mismo,

todo ser es un otoño continuo o un verano intermitente,

todos los seres son una estación circular,

volviendo siempre al mismo otro, al mismo olvido:

Y hay certezas en las nubes gordas de tristeza, fuego en el

cielo,

y yo, lector, olvido su presencia allí, donde lo borra la

mano,”

                                                           [El otro idioma de la muerte]

La Muerte, esa reina absoluta, en ocasiones condescendiente. Los humanos, esos súbditos ignorantes y temerosos. Todo son guerras, peleas y desengaños en una sociedad que de tanto en tanto tiene amor, compasión y hermanamiento. De todos modos, ninguna diferencia es eterna ni sobrevive a la justa vara de la Muerte.

@NoeliaMarBo. gotasamargas@literariedad.co


[1] Puedes descargar el poemario pinchando en este link:El otro idioma de la muerte

Noelia Martínez

Lectora que escribe sus percepciones. Amante del lenguaje y sus posibilidades. Colaboro en http://Literariedad.co escribiendo la columna Gotas Amargas.

3 comentarios sobre “El otro idioma de la muerte, del poeta argentino Ivan Rusch

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