Poema sin fecha de vencimiento – Juan Manuel Roca

Christopher Lee como Drácula. Foto: esquire.com.
Christopher Lee como Drácula. Foto: esquire.com.

Por: Juan Manuel Roca

Acaba de fallecer Christopher Lee. En mi adolescencia de cinéfilo febril en el teatro América de Medellín y luego en el Olimpia de Bogotá, su figura dracúlea aterró algunas de mis noches. Escribí, ya cuarentón una “Carta al señor de Transilvania”, pero en realidad lo hice con la imagen de Lee en la cabeza. Ahora, tras el entierro del actor británico, a muchos de su corte de seguidores con Hugo Chaparro a la cabeza, nos asalta la duda de si no está simulándose muerto y que de pronto reaparezca en un coche negro en un camino de Transilvania. La primera película en la que hizo el papel de Drácula data de 1958. Tenía un acervo familiar propicio para hacer de vampiro, pues era hijo de una condesa y de un militar. Traigo a cuento el poema porque luego de más de dos décadas de escrito, la tinta de nuestros diarios no se coagula. Y que valga como un divertimento.

CARTA AL SEÑOR DE TRANSILVANIA

Salud, lejano, melancólico conde de vuelo enamorado, por acá cruzan doncellas de largo cuello, y yo sueño con entrar en la noches por sus blancos ventanales de estas damas, a su vieja usanza, a su inconfundible estilo.

Confieso que más que temido, siempre lo he envidiado.

Le doy cuenta de mi envidia: siempre quise ser espigado caballero envuelto en una capa cultivando rosas en un castillo de Rumania, fingido Rilke abonando la flor de mis silencios.

Los profesores, estoy seguro, los acuciosos profesores dirían de mis versos: la capa simboliza la noche, la rosa, la sangre derramada en Transilvania.

Pero no, vivo en un país carente de misterio donde no hay coches sin cochero en el pescante, esos coches que conducen a Nadie por el bosque, mientras se oye el resollar de los corceles.

En cambio, a usted le gustaría este lado de la tierra: todo es sombrío, estamos a punto de enterrar la risa y decretar la abolición de los cristales, porque acá la realidad es un vampiro: nunca se refleja en los espejos.

Y algo más: no tenemos un mercado de estacas para clavar en el pecho de los muertos, pues ellos gobiernan a su antojo.

Venga a nuestra ronda nocturna, venga antes de que la tinta de los diarios se coagule.


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Biografía del autor.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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