Pantalla blanca para serie negra

Walter Benjamin explica el surgimiento de la literatura policial como una consecuencia inevitable de la vida del hombre en las grandes ciudades.
Walter Benjamin explica el surgimiento de la literatura policial como una consecuencia inevitable de la vida del hombre en las grandes ciudades.

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

La fe tiene en cuenta todos los azares… Si de buen grado aceptas que debes amar, entonces tu amor estará eternamente seguro. Soren Kierkegaard.

Mientras que el cine celebraba su primer centenario, hace quince años, la Serie Negra festejaba, más modestamente, sus primeros cincuenta. Conjunción de historias entremezcladas que ha nutrido un género. La coincidencia del centenario del cine y de los cincuenta de la Serie Negra no fue algo fortuito.

Al contrario, parece ser la obra de una malvada bruja o pitonisa que ha puesto un poco de orden en este mundo. Todos aquellos que han descubierto al mismo tiempo las novelas de Serie Negra y el cine negro estadounidense se han dado cuenta irremediablemente que estos dos eventos de la cultura –ahora mayores– estaban forzosamente unidos por una fantasmagoría temporal.

Hoy, eso ya se sabe. La Serie Negra es dos veces más joven que el cine y los cincuenta años que los separan nos permiten afirmar que el año de gracia pasará a la posteridad; que el acetato de celuloide y el papel pueden un día transformarse en oro, prueba que los alquimistas tenían razón. Les faltaba simplemente algunos siglos y la intuición de que el placer podía ser el ingrediente indispensable de esta transmutación, el formidable catalizador que haría que cinco años antes del alba de segundo milenio, posibilitaran el surgimiento de un precioso metal, producto de estos dos elementos.

John Huston, Marilyn Monroe y Harold Rosson en el rodaje de La jungla de asfalto.
John Huston, Marilyn Monroe y Harold Rosson en el rodaje de La jungla de asfalto.

No pensamos que el placer durará todo el aniversario. El placer del recuerdo de este reencuentro de las dos artes, nos ha hecho descubrir el mundo bajo sus aspectos más secretos, más violentos, más políticos, más oscuros, más negros y los más justos.

Pensando en nuestro placer, sería acertado que alguna salita de exhibición alterna programe algún paquete de películas basadas en novelas policíacas. La lista de películas propuestas entusiasmaría tanto a los cinéfilos como a los maniáticos de la “reina de la noche”. Curiosidades desempolvadas del olvido, obras del arte cinematográfico y del género policíaco, joyas valiosas de la literatura detectivesca, el público podría constatar que la interacción de estos dos tipos de narración permitió el nacimiento de una pareja perfecta, estable y feliz; y que si el cine le debe mucho a la literatura negra, los novelistas policíacos tampoco deben sentirse alejados de esta influencia que ya es recíproca.

Mi padre es una prisión, mi madre un sistema, soy lo que ustedes me hicieron. Los miro y me digo: ustedes quieren matarme y yo ya estoy muerto. Toda mi vida estuve muerto. Charles Manson.
Mi padre es una prisión, mi madre un sistema, soy lo que ustedes me hicieron. Los miro y me digo: ustedes quieren matarme y yo ya estoy muerto. Toda mi vida estuve muerto. Charles Manson.

La noche oscura y tempestuosa cubría como una capucha de fraile a la enorme y agitada ciudad del Midwestern, situada al lado del río. Una lluvia menuda, que caía por entre los altos edificios a intervalos, mojaba calles y pavimentos convirtiéndolos en negros espejos de casa encantada que reflejaban en formas grotescas y retorcidas las luces de la calle y los anuncios de neón…bocanadas de aire arrastraban sin rumbo hojas de periódico que hacían volar en los casi desiertos bulevares, dando débiles silbidos a lo largo de las fachadas de las casas y gimiendo al chocar con sus intersecciones. Coches de superficie vacíos y autobuses con los cristales empañados rodaban lentos por la parte baja de la ciudad. Si se exceptúa los taxis y los coches que llevaban dentro a gente maleante, no había otro tráfico. Así es como William R. Burnett describe el decorado de “La jungla de asfalto”.

John Huston sabía reconocer un genio cuando lo leía. Para comenzar, la película fue inspirada en esta ya famosa y clásica novela. El director estadounidense se contenta con firmar las líneas de Burnett. Novelas y películas de Serie B han seguido durante más de cincuenta años una ruta en el reconocimiento universal. Raymond Chandler se convierte así en un postulado referencial ubicado en la “pléyade” y se le redescubre en películas como esa admirable “Gun Crazy”, pasando del olvido a la posteridad, mientras que un buen número de obras reputadas como capitales, hacen tristemente el recorrido inverso.

 

A la sombra de los asesinos en serie

Hoy los delincuentes no tienen ningún pudor, ningún miedo. Hablan tranquilamente en la taberna en medio de la gente con los amigos, diciendo que a la mañana siguiente irán a matar a su madre, y en efecto, a la mañana siguiente la matan. Y la gente que les oye finge no haber oído nada. Giorgio Scerbanenco.

 

Según la traducción literal, “seriel killer” es aquél que asesina en serie. Y más allá de las víctimas, todo criminal toma el camino de un “seriel killer”, como una serie matemática y algunas veces lógica.

La ciudad está atemorizada por los crímenes de un asesino de niñas. La policía empieza una ardua investigación y cualquier persona que pasea por la calle con un niño es en seguida el centro de las sospechas y de los comentarios de todo el mundo.
La ciudad está atemorizada por los crímenes de un asesino de niñas. La policía empieza una ardua investigación y cualquier persona que pasea por la calle con un niño es en seguida el centro de las sospechas y de los comentarios de todo el mundo.

Definición elemental para circunscribir en ella el conjunto gigantesco de películas en cuyo punto de mira, latente o manifiesto está en función del personaje de “asesino en serie”. Si la expresión misma aparece recientemente, lo que la ha cualificado sea la noche blanca de los tiempos más antiguos. Los Gilles de Rais, los Lacenaire, Landru, Jack el destripador, Dr. Holmes, y otro vampiro de Dusseldorf: todos han alimentado, por la vía de la tradición oral y popular, una literatura de cuentos, de novela negra, de novela policíaca. Y todos fueron el objeto de transposiciones al cine, con una fortuna inigualable según fueron sus intentos, como el de un Marcel Carné o de un Claude Chabrol, de una Francis Girod o de un Charles Chaplin. Y todas, figuras monstruosas e históricas, conformaron los buenos ancestros de asesino en serie moderno. Si se hace aún, para distinguir las suyas de otras formas de crímenes, encontrar en el “seriel killer” un modelo de conducta criminal, síntesis mitológica de muchos casos de las figuras reales: y ese sería el caso de Barba Azul.

Sería francamente fastidioso proceder a una enumeración de todo lo que ha sido registrado en cine sobre el “seriel killer”, de revelar la infinidad de personajes que han nutrido, diversamente según la importancia acordada –de un simple pretexto complaciente a un real cuestionamiento moral–, estas historias sanguinarias de asesinos sicóticos, o de censar las diferentes perversiones. Si el síndrome del asesino en serie es ya una vieja historia, en la sociedad, en la literatura e igualmente en el cine, es una tendencia que toma en la actualidad sagradas proporciones, básicamente en los Estados Unidos, en donde en los años 70, en el cual el 70% de los crímenes en serie fueron cometidos siguiendo la misma huella, el mismo patrón.

Ivor Novello in The Lodger.
Ivor Novello in The Lodger.

The Lodger de Alfred Hitchcock, de 1926 y M, el maldito de Fritz Lang, de 1931. La primera es menos conocida que la segunda, lo que explica que se cite más a menudo a M como el primer y válido “seriel killer” de la historia del cine. Y es un error. El mismo Hitchcock en sus conversaciones con François Truffaut decía: The Lodger fue el primer auténtico “Hitchcock picture”. Vi una obra de teatro titulada “Quién es”, basada en la novela de Mrs. Belloc Lowndes. La acción transcurría en una casa de habitaciones amobladas y la propietaria de la casa se preguntaba si el nuevo inquilino era un asesino conocido por el nombre de Avenger, o no. Una especie de Jack el destripador.  Lo traté de manera muy simple, siempre desde el punto de vista de la mujer, la propietaria.

Alfred Hitchcock se inspira en el misterio de Jack, mientras que Lang mezcla diferentes figuras contemporáneas de criminales, como el Vampiro. Cuando se ven El silencio de los inocentes, Miseria, Doble indemnización, después de 60 años, conservan un aire de familia, las mismas huellas un poco degeneradas.


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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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