Cinco poemas de Daniel Padilla Serrato

PORTADA LICOR DE LODO


Daniel Padilla Serrato *

Cinco poemas de Licor de lodo


III. 

 

En largas órbitas perfectas

astros abandonados

primicias de lo eterno.


Frutos de magma echados a rodar

pulen las paredes del cántaro y ennegrecen

hasta volver a ser materia oscura.


Con discreta prontitud

galaxias diminutas se besan en la cara

y esperan el milagro.


V.

El primer día se sentaron, cada uno en su trono

a estudiar las escrituras y los astros

y todas las cosas que no existían.


Ellos dijeron al unísono:

Sea la materia un juramento de muerte

                                       Sea el tiempo una larga espera

                                       Sea la vida el holocausto de las células

Sea la carne una herida abierta

                                       Sean las plegarias escarabajos de cara al cielo

                                       Sea la mente un muladar de oro

                                       Sea el alma una esperanza envenenada.

Las aves del ocaso extendieron sus alas sobre todos los puntos cardinales.

Su lento vuelo dibujó en la noche los signos de la cuna y la mortaja.


XIV.

Hombres:

esclavos de los ciclos

condenados a ser hombres.


Tristes reyes con coronas de ceniza

expuestos a la piedra

pulida por la tradición de los sacrificios.


Tiempo:

epifanía de muertos

que se tocan la cara.


NERVAL

 

Todos los días la sombra del ahorcado me saluda.

Las líneas de mi cuello se anudan en la soga

que espejea vibrante bajo la viga más alta.


Escribo mi caída o mi equilibrio en ese temblor que cuelga del techo

y que nace de mis manos oscurecidas por el sol.


Me sostengo de la soga para conservar la cabeza,

me lanzo a este blanco vacío para que mis pies nunca toquen el suelo.


MUSA

Por un sanatorio en ruinas va desnuda cargando jirones de siglos en la espalda. En los puros huesos, pequeña princesa, sus pupilas están más secas que la cal de las paredes. De la blancura insana de su piel hablan todos los libros, y también de su extravío. Deambula con los pies en carne viva por el mismo pabellón, una y otra vez hasta el cansancio, sin saber quién es. Sus pezones de niña enferma han palidecido y la trenza de las costillas apenas alcanza para contener el eco del latido inicial.

Estira los brazos, alarga las uñas y deja la marca de su presencia con un signo que nadie verá, pues está sola. Así, ella misma ha llenado los muros con las cifras de su delirio. Alucina con una criatura capaz de comprender aquella escritura, pero en los sopores del sueño intuye la futilidad de tal propósito.

Condenada a ese circular peregrinaje, agoniza llamando a gritos al dueño de la mano que murmura su historia en el antiguo lenguaje de los ciegos.


* Daniel Padilla Serrato. Nació en Bogotá en 1979, pero la mayor parte de su vida ha transcurrido en Neiva e Ibagué, ciudad última donde está radicado. Psicólogo. Magíster en literatura. Autor de El espejo dormido, libro reconocido con el Premio Nacional de Poesía de la Universidad Externado de Colombia en el año 2011. En opinión del jurado: “Los espejos y las reflexiones sobre el universo y la existencia humana dan unidad a este libro en el que el lenguaje poético construye y propone formas de ver y sentir”. En el 2014 se publicó su segundo libro de poesía, Licor de lodo. Es profesor universitario.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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