John Dahl: un director inadvertido

Sus películas tienen una maravillosa ironía, un probado sentido del humor, humanidad y una sensibilidad de puro cine negro.
Sus películas tienen una maravillosa ironía, un probado sentido del humor, humanidad y una sensibilidad de puro cine negro.

Por: Juan Guillermo Ramírez

Una mujer pierde autoridad cuando saben con quién se acuesta.

Bridget Gregory

 

Nacido en Montana –como David Lynch-, John Dahl se da a conocer  como cantante y baterista de rock y como estudiante destacado en la escuela de cine. Después de realizar algunos cortos y mediometrajes, llega a Los Ángeles para trabajar como asistente de dirección para la televisión  y como dibujante de los “Story boards” de las películas de Paul Verhoven –Robocop– y de Jonathan Demme –Peligrosamente tuya-. Dibuja también los de su primera película Kill me again (1989), interpretada por Val Kilmer y Joanne Whalley y ese mismo año recibe el premio Cognac a la mejor película policíaca. La muerte golpea dos veces, inexplicablemente su traducción es una engañosa evocación a El cartero llama dos veces de Bob Rafelson y a Vestida parta matar de Brian de Palma- no recibió la verdadera atención que se merece. Este thriller nostálgico de un género que parece renacer de sus propias cenizas se sustenta en un guión ingenioso, claramente trabajado a fondo, en donde las pistas son sólo deliciosas trampas en las que cae y se confunde el método deductivo del espectador, mas no del detective privado. Después de suponer muerto a su cómplice, la bella y “escandalosa” Fay Forester (Joanne Whaleley-Kilmer), una mujer cuya fatalidad se desprende desde sus propios bucles de cabellera rojiza, se fuga con el botín del que acaban de apoderarse ilícitamente, de manos de dos truhanes, y le encarga a un detective (Val Kilmer) que la mate en un perfecto simulacro. Y así, ya muerta en vida y suplantando su nombre y existencia, desaparece de la calurosa población de Reno y se dirige a ese espacio mítico del juego llamado La Vegas.

Rememora el cine negro clásico de los años 40 con los elementos del género: robo, asesinato, femme fatale, detective, triángulo amoroso, traiciones y venganzas.
Rememora el cine negro clásico de los años 40 con los elementos del género: robo, asesinato, femme fatale, detective, triángulo amoroso, traiciones y venganzas.

Con el verdadero placer de dejarse involucrar en esta exquisita mecánica del “polar” apasionante y perfectamente entrelazado en un nudo inextricable, se asocian en la pantalla, como en la historia que los enmarca, así como también en la ciudad, los esposos Kilmer. Ellos perpetúan inteligentemente la imagen inmutable del detective que traspasa el umbral de la decadencia –endeudado y golpeado por no pagar el dinero que debe, nunca dispara y cuando lo va a hacer el tambor de su revólver está vacío, le fracturan el meñique y así, con nueve dedos, tomará el rigor de su oficio y se enamorará perdidamente de su cliente –y de la aventurera de alto vuelo que enloquece perdiendo la razón en la contingencia de los dados. Michael Madson (Vince Miller) encarna por su parte al robusto delincuente con una bella santidad. Un hombre maligno que reunirá la trama del suspenso y de la acción y la desenredará, en ese juego de pistas palpitantes que hacen recordar a los grandes maestros de la literatura policíaca, como fueron Raymond Chandler y Dashiell Hammett.

Un ex-combatiente del Vietnam sin trabajo quedara atrapado en un perdido pueblo llamado West Rock: Se ha visto obligado a aceptar matar a la mujer de un hombre y sin hacerlo, la mujer le contrata para matar a su marido.
Un ex-combatiente del Vietnam sin trabajo quedara atrapado en un perdido pueblo llamado West Rock: Se ha visto obligado a aceptar matar a la mujer de un hombre y sin hacerlo, la mujer le contrata para matar a su marido.

La muerte golpea dos veces transcurre de Las Vegas al desierto de Nevada. Es el itinerario de casinos en donde lo lúdico es la única fuente de felicidad temporal, de moteles solitarios atravesados por el calor, el sexo y las mentiras. Una película dirigida por John Dahl, el seudónimo de un realizador altamente influenciado por las grandes películas de serie negra de los años 30 y 40 del cine clásico estadounidense. Y utiliza este nombre de uno de los personajes de La soga (1948) de Alfred Hitchcock. Nació en Billings (Montana).

En 1999 realiza su segundo largometraje Red Rock West y escribe el guión junto con su hermano Rick y el año siguiente dirige su tercera película, La última seducción. Tres películas, tres polares.

Bridget es una mujer “autónoma” que sabe lo que quiere: todo y lo más rápido posible. Se siente ahogada y confinada en un pueblo, con un millón de dólares en su poder, que ha logrado arrebatar a su marido. Bridget intenta pasar desapercibida, pero añora Nueva York y además un detective privado ha llegado a Benton en su búsqueda, con lo que debe desaparecer. Conoce a Mike, experto en seguros, que también quiere huir del lugar. Bridget manipula maliciosamente a Mike para su huida a Nueva York, creando con su malévolo plan un inesperado clímax.
Bridget es una mujer “autónoma” que sabe lo que quiere: todo y lo más rápido posible. Se siente ahogada y confinada en un pueblo, con un millón de dólares en su poder, que ha logrado arrebatar a su marido. Bridget intenta pasar desapercibida, pero añora Nueva York y además un detective privado ha llegado a Benton en su búsqueda, con lo que debe desaparecer. Conoce a Mike, experto en seguros, que también quiere huir del lugar. Bridget manipula maliciosamente a Mike para su huida a Nueva York, creando con su malévolo plan un inesperado clímax.

Enmarcada en una sociedad neoyorquina, una mujer pálida y flaca vende seguros de vida por teléfono. Ella se llama Bridget y no tiene la intención de dejar pasar su vida en una oficina con una banda de comerciales afanados por aumentar su prima de fin de mes. Ella quiere crecer y para esto se apropia de la frase de Maquiavelo y será el concepto de su nueva filosofía vital: “el fin justifica los medios”. Y para conseguirlo, persuade a su enamorado esposo, un joven médico para que robe un maletín de cocaína de la farmacia del hospital y hace vendérselo por un millón de dólares a unos traficantes bajo el puente y de noche. Y comienza a sonar los acordes del jazz de los años cuarenta, como si John Dahl estuviera rindiendo homenaje al cine de esos años y a su música. Tan pronto la transacción se efectúa, el esposo regresa a su modesto apartamento y Bridget disfraza su nerviosismo apagando lentamente su cigarrillo. El trae el dinero entre la camisa. Parece embarazado. Está cansado y quiere pegarse una buena y necesaria ducha. La mujer aprovecha esta pausa para coger el dinero y huir de él. No le puede perdonar que él le haya pegado una cachetada. Es simplemente el pretexto que justifica un abandono.

La última seducción se basa en las dos premisas que marcan los personajes del cine negro: lo perversas que pueden llegar a ser las personas…y lo buenas que pueden llegar a parecer. Bridget es una mujer fría y calculadora.
La última seducción se basa en las dos premisas que marcan los personajes del cine negro: lo perversas que pueden llegar a ser las personas…y lo buenas que pueden llegar a parecer. Bridget es una mujer fría y calculadora.

Pícara, perversa, mujer maldita, malosa, vampiresa, sensual, venenosa, ¡qué magnífica y formidable mujer! Contrariamente a la tendencia general actual que está acartonando a las mujeres en sus papeles de sufridas y victimarias, eventualmente corajudas, lo que verdaderamente llama la atención de La última seducción – independientemente de la consolidación del guión, de la música, del creciente suspenso, de las atmósferas, de los diálogos punzantes y urbanos, del desenmascaramiento de los sentimientos, de la óptica de la justicia, de una atípica relación conyugal… -, es su extraordinario personaje frío y determinado, como un pico de hielo, como un cuchillo brillante y punzante en el corazón de la noche, un personaje palpita en el corazón de la noche, un personaje femenino caliente y lascivo como una manada de lobas hambrientas en el centro de la oscuridad. Bella hasta la muerte, ella sabe muy bien utilizar esa maldita nariz, ese tramposo cuerpo, para mezclarlo todo en aquello que le pueda permitir transgredir su presente y le ayuden a conseguir lo que se propone: ella es la destrucción total.

Este papel, que en otra época hubieran respetuosamente interpretado por Barbara Stanwyck o una Joan Crawford, le ofrece a Linda Fiorentino –recordada en pasadas visiones como la hermosa sadomasoquista en After hours de Martin Scorsese, o en Los modernos de Alan Rudolph, en donde era una extraña coleccionista de arte, o en Jade de William Friedkin encarnando a una seductora psiquiatra, o en una de sus películas más taquilleras, Hombres de negro de Barry Sonnenfeld, o en Criminal y decente de Thaddeus O’Sullivan, junto a Kevin Spacey, o en Donde esté el dinero de Marek Kanievska junto a Paul Newman o en Dogma con Kevin Smith o en El punto de mira de Kari Skogland con Wesley Snipes o en Once more with feeling de Jeff Lipsky, con Chazz Palminteri -una oportunidad que ella ha sabido aprovechar, liberándose a una interpretación antológica, con la suntuosidad de su mirada, con ese caminar de víbora en celo, con esas espléndidas pantorrillas. En los papeles de sus víctimas, Bill Pulman y Peter Berg proponen interesantes variaciones al tema de la intransigencia masculina. Y claro, eso es cuestionable, porque frente a ella, los hombres se vuelven conejos, por lo débiles.


Más artículos de Juan Guillermo Ramírez.

Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s