Hollywood: la fantasmagoría de los sueños

En Hollywood te pueden pagar mil dólares por un beso, pero sólo 50 centavos por tu alma. Marilyn Monroe.
En Hollywood te pueden pagar mil dólares por un beso, pero sólo 50 centavos por tu alma. Marilyn Monroe.


Por: Juan Guillermo Ramírez

La preocupación, Sam, es que a usted le interesa el arte, y a mí lo que me interesa es el dinero.

George Bernard Shaw.

(Conversaciones con Samuel Goldwyn).

William Fox pertenecía a un grupo sanguíneo muy raro. Los médicos californianos ya lo habían percibido cuando lo llevaban al hospital. Su vida se había salvado milagrosamente de un accidente automovilístico; en cambio su chofer había muerto. Era preciso encontrar rápidamente un donante de sangre. Un comediante de la tercera zona había sido privilegiado para hacer este favor. Glenn Alvine, biógrafo meticuloso del magnate nunca pudo retener el nombre de este salvador, aunque afirma que a cambio de su diversión, el comediante firmó un contrato vitalicio con la Fox Film Corporation.

Nunca cuentes tus alegrías y tristezas. Abaratas tu interior cuando las cuentas. Greta Garbo.
Nunca cuentes tus alegrías y tristezas. Abaratas tu interior cuando las cuentas. Greta Garbo.

La anécdota, muy bella para ser falsa, resume suficientemente bien lo que es Hollywood y su historia: un comercio sin reglas, un comercio fundado sobre el mercado libre de cuerpos y de almas. Los productores estadounidenses jamás han valido más, ni han pretendido valer más de lo que valen sus empleados. Entre ellos intentaban mantenerse, así sea por la fuerza, siendo solo un instrumento más de producción, como es la Edison y sus asociados del monopolio MPPC; sin poder sobrevivir en los años 20. El peso histórico de las ocho grandes compañías de Hollywood se evaluaba exactamente en el peso de los talentos que pertenecían a cada una de ellas. Contrariamente a la situación francesa o italiana, la producción en los Estados Unidos no fue nunca, o casi nunca, el resultado obtenido por nombres solitarios. De 1925 a 1955 –los gloriosos treinta años de Hollywood- los mayores: la MGM, la Paramount, la 20th-Century Fox, la Warner Bros., la RKO; y los menores: La Columbia, la Universal, la United Artists, compañías distribuidoras desprovistas de circuitos de explotación; han desarrollado un sistema de equilibrio financiero-industrial. Ambos descubridores de talentos y responsables de los estudios cinematográficos, ambos se dividían, o más o menos voluntariamente, las riendas del poder.

Joan Crawford se acostó con todas las estrellas masculinas de la Metro, excepto con Lassie. Bette Davis.
Joan Crawford se acostó con todas las estrellas masculinas de la Metro, excepto con Lassie. Bette Davis.

Si los críticos de hoy se enfrentan para atribuir la paternidad real de los filmes, no es fácil de discernir las responsables en el nudo inextricable de su producción. Una película de la MGM de los años 30 como Queen Christina por ejemplo, su productor, ¿cuál sería verdaderamente? ¿Será Walter Wanger el responsable de la ejecución del proyecto? ¿Fue Louis B. Mayer quien dio luz verde al proyecto? ¿Era Irving Thalberg el estratega artístico de la firma? ¿Era Nick Schenk, el presidente de la sociedad anónima LOEW’S, quien permitía realizar tales proyectos? O bien, ¿era Greta Garbo, capaz de imponer el tema a los principales colaboradores de sus películas, cubriéndose con el manto sagrado de la gloria y de la fama? Entre “producir” una estrella, entre financiar un “estudio ejecutivo”, hay un solo punto en común: todos viven bajo la sombra de una fiera discreta pero incontrolable: la Metro-Goldwyn-Mayer. La principal magia de Hollywood consiste en que las influencias, así sean contradictorias, se han sabido combinar para dar como resultado el nacimiento de una política de producción, la de la firma misma.

Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Charles Chaplin y D. W. Griffith: Cuando los locos se hacen los dueños del manicomio llamado United Artists.
Douglas Fairbanks, Mary Pickford, Charles Chaplin y D. W. Griffith: Cuando los locos se hacen los dueños del manicomio llamado United Artists.

Después de 1955, el rescate de las grandes compañías gracias a la intervención salvadora de los grandes emporios industriales: la MCA, la Gulf Western, la General Tire Coca-Cola; diluirá definitivamente la identidad cinematográfica de Hollywood. Cada estudio sabrá, adecuadamente, diferenciarse de los otros. Los años treinta marcan el apogeo de las estrategias internas de cada firma productora. La MGM, con Mayer y Thalberg, le impone al mundo cinematográfico, un nuevo concepto: el concepto de “Star system”: Greta Garbo, Joan Crawford, Katherine Hepburn, Clark Gable, Mickey Rooney, los Barrymore, entre muchos. La Warner Bros., se apodera de los cuasi-monopolios de las aventuras históricas (la serie de Curtiz/Flynn) y de las películas de serie negra (Wellman, Kieghley, Walsh) y el que supervisaba todo esto se llamaba H. B. Wallis. Mientras tanto, Carl Leammle J. lanza al mercado cinematográfico películas tendenciosamente neogóticas para esta época: Drácula, Frankenstein, El hombre invisible; que irán a frecuentar por mucho tiempo a la Universal. En Columbia, MacCarey y sobre todo Capra inauguran un nuevo género en el mundo del séptimo arte: la sátira estadounidense. La Paramount en despecho de sus crisis financieras, se mantenía a la cabeza con los grandes cómicos, desde W.C.Fields hasta Billy Wilder, pasando por Mae West, Bing Crosby y Bob Hope. Mientras que en los pedidos de la 20th Century Fox, Darryl Zanuck creaba a golpes de martillo –a como diera lugar- una MGM de bolsillo, mientras tanto, los sucesos de Shirley Temple precedían a los de Judy Garland.

El avaro es un ser vil y perverso que destruye su propia vida y la de los que le rodean, su egoísmo es tan grande que sólo le importa incrementar su patrimonio por encima de cualquier otra premisa.
El avaro es un ser vil y perverso que destruye su propia vida y la de los que le rodean, su egoísmo es tan grande que sólo le importa incrementar su patrimonio por encima de cualquier otra premisa.

Paradójicamente, y desgraciadamente también, en su nombre de bautizo, su nombre de pila es el de la United Artists, mostrándose la menos creativa de las ocho compañías: privada de salas de exhibición y de estudios, paralizada por célebres fundadores (Chaplin, Griffith, Fairbanks y Pickford), la United Artists rápidamente se vio en la necesidad de convertirse en una distribuidora, sus películas no son más que el resultado de una empresa: la de los independientes. Entre ellos se contaban, Sam Goldwyn y Alexander Korda –apellido usado antes de la guerra y después se lo cambiaría por el de Selznick. El destino de la RKO es más complejo. La firma fundada por David Sarnoff, el presidente del consorcio RCA; vio desfilar más talentos que en las compañías rivales: William Le Baron, Selznick, Merian C. Cooper, Pandro S. Berman, San Briskin, Val Lewton y Dore Schary, quienes han permanecido por espacio de 20 años como responsables de la producción; Cukor, Ford, Hawks, Lang, Welles, Renoir, Tourneur, Losey y Nicholas Ray, filmaron allí algunas de sus mejores películas. Sin embargo, la RKO nunca supo defender una verdadera política de producción, y el sabotaje organizado por Howard Hughes, que conllevaría al desmantelamiento del estudio, parecía inevitable. En la RKO los financistas dominaron siempre a los productores sin darles tiempo de llevar un proyecto a una buena realización, hecho imperdonable, que compromete a los “mayores”, completamente robustecidos para planificar un desarrollo a largo término. Se evoca a menudo la colaboración Mayer-Thalberg en la MGM que sirve como el mejor ejemplo de equilibrio de poderes de Hollywood. En su “Biographical Dictionary of Film”, David Thomson compara su manera de proceder a la de un equipo de detectives, tal como se ve en las series B: la Bestia (Mayer) y el Bello (Thalberg), comparación que tiene que ver con la repartición de bofetadas y la distribución de cigarrillos. Toda la eficacia de la MGM descansó, entre 1925 y 1935, sobre esta ola dialéctica. Mayer, ferozmente agarra los cordones de la bolsa que sobresalen en el papel protagónico del malo, en el hombre en quien recae la culpa de aquellas películas que se hacen mal. Su rudeza, su mercantilismo y su vulgaridad no hacen más que señalar las virtudes del refinado Irving Thalberg. Ningún hecho positivo le ha, sin duda, reavivado el corazón tanto como esa frase de Marshall Neilan: Un taxi vacío ha llegado y Louis B. Mayer ha salido de él. Con una reputación bastante trajinada, el tirano de la MGM podía cómodamente ejercer su poder discretamente y dejarle a su protegido, los laureles de la creación. Por poco se olvidaría que fue Mayer quien invita a Estados Unidos a Greta Garbo y a Mauritz Stiller, y que Thalberg fue quien hizo cortar Greed Erich von Stroheim (1924. EE.UU. Silente. B/N) en pequeños pedazos, en nombre de la viabilidad comercial.


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Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

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