La mamá, la obra, el bebé y la cochina plata

Maté a mi madre a cacerolazos y envenené a mi bebé… por la cochina plata, Teatro Ditirambo (Bogotá) en la VII Muestra de Teatro Alternativo de Pereira, 25 de julio de 2015. Por: Camilo Alzate.

'Maté a mi madre a cacerolazos y envenené a mi bebé por la cochina plata'. Teatro Ditirambo. Foto: Sebastián Becerra.
‘Maté a mi madre a cacerolazos y envenené a mi bebé… por la cochina plata’. Teatro Ditirambo. Foto: Sebastián Becerra.

Por: Camilo Alzate

Esta será una reseña descriptiva que tratará de evitar juicios de valor.

Suena una canción didáctica: el teatro son dos caras, una feliz y una triste. A veces se trata, dice la canción, de una sola cara triste-feliz. Luego suena la voz en off. Es una mujer, histérica, ojerosa, alborotada, que guarda cierto aire de ruina y desarreglo. Es una caricatura, obviamente, un mamarracho de lo que se supone son las divas de televisión.

(Risas pregrabadas. Risas verdaderas).

Varios recursos típicos del Stand up comedy hacen entrar en calor al auditorio. La actriz, la excelente y grotesca actriz, lanza un chiste sencillo. Hace una pausa calculada, el escenario ríe, lanza otro chiste, hace otra pausa calculada y remata agarrándose con malicia el monte de Venus. Si intentara imitar el estilo del montaje escribiría que se agarra la panocha, pero no quiero incurrir en plagios.

(Risas verdaderas.)

El juego es elemental: teatro dentro del teatro. Una diva venida a menos que fracasa durante una puesta en escena va a intentar desatascarse. Tensión narrativa no hay, por ello, la actriz se manda nuevamente la mano donde ya sabemos, luego acude a otro recurso del Stand up comedy: increpar al público, intentar algunos comentarios graciosos sobre cualquier espectador muy de malas, con lo que pone a todo mundo en estado de alerta. Ella pasea su mirada de pestañas falsas alrededor y más de uno piensa “ay, ahora me la va a montar a mi”. Y en efecto, yo mismo lo pienso, mientras suenan risas verdaderas porque el ambiente se llena de algo que es tensión, aunque no propiamente narrativa.

(Risas pregrabadas.)

'Maté a mi madre a cacerolazos y envenené a mi bebé por la cochina plata'. Teatro Ditirambo. Foto: Sebastián Becerra.
‘Maté a mi madre a cacerolazos y envenené a mi bebé por la cochina plata’. Teatro Ditirambo. Foto: Sebastián Becerra.

La actriz desarrolla la trama esperada desde el título. Es lo que los españoles llaman “un culebrón”, una historia parecida a los shows de Laura en América, o a las telenovelas de la tarde, donde la chica mata a la madre a cacerolazos y envenena su bebé por la cochina plata, con ayuda del amante que también es novio de la madre. Salta con una facilidad impresionante de un personaje a otro, usando cómo no, recursos del Stand up comedy. Es una maravilla verla: ahora es la madre con acento paisa, luego es la hija que cojea, de pronto se convierte en bebé y se endereza de un brinco para ser el malvado amante. Una maravilla. Es una actriz multiusos.

(Risas verdaderas.)

La actriz vuelve a su estado inicial de vedette decadente. Se agarra de nuevo aquello, se saca los mocos (risas, muchas risas verdaderas), finalmente intenta varios chistes de elaboración refinada, chistes bogotanos, parecidos a los de Daniel Samper Ospina, sobre carros que van al norte o gente que vive en el sur, que a lo mejor le han costado años de trabajo al director, por lo ingeniosos. Entonces, para demostrar que este es un grupo erudito, capaz de metáforas profundas, ahí mismitico va incorporado un largo fragmento de un texto de tragedia clásica donde los hijos matan a sus padres y los amantes se traicionan. Un gran aporte al estudio de las literaturas comparadas porque permite comprobar que, en últimas, cualquier telenovela se equipara con Sófocles o Esquilo. Y la actriz, la impresionante actriz, deja flotar el humo del cigarrillo mientras recita de memoria con sensibilidad y gran dramatismo, hasta conmoverme y lo digo en serio, antes de ser de nuevo en la hija coja, la madre paisa, el niño muerto, que representan más o menos la misma tragedia clásica en modalidad de Stand up comedy bogotano. Aparecen nuevos recursos, por ejemplo, sacarse los mocos. La gente ríe. Y yo me digo, Virgen Santísima, si, es una actriz multiusos.

(Risas pregrabadas).

Ella se agarra de nuevo esa parte del cuerpo y los últimos diez minutos la función se viene abajo. Los chistes ya no suenan como al comienzo. La cosa no va para ningún lado. Entonces la actriz, la arrolladora actriz, se agarra de nuevo aquello antes de cambiar de estilo, tomando una fisonomía sentimental que termina la obra en una moraleja con gustillo a libro de autoayuda: debes confiar en el teatro porque es algo serio, trascendental y luminoso, debes asumirlo como una opción de vida, no como un divertimento, no como una recocha de fines de semana, debes darle el valor que se merece. Este texto de superación personal encharca unos cuantos ojos, también los de la actriz, la impresionante actriz, que a pesar del Stand up comedy, los mocos y la panocha, es un ciclón en escena. Un huracán.

(Aplausos verdaderos).

Una señora atrás mío dice: “Qué obra tan buena”. Otro le responde “¡Buenísima!”.

Fin.


Camilo Alzate

@camilagroso

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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