David Mamet: la complicidad de un director

Siempre he pensado que la violencia real en Hollywood no es lo que está en la pantalla. Es lo que tiene que hacer para conseguir el dinero.
Siempre he pensado que la violencia real en Hollywood no es lo que está en la pantalla. Es lo que tiene que hacer para conseguir el dinero.

Por: Juan Guillermo Ramírez

Me burlo del cine estadounidense. Su cine es Rambo. Pero el verdadero cine es el de Eisenstein. David Mamet.

David Mamet es el director de la película más inteligente, la más perversa y la más europea que haya sido realizada en los Estados Unidos en los comienzos de la década de los noventa. House of games cuenta con una fotografía digna de las mejores películas de serie negra, con planos secos, con una escritura económica y extremadamente personal, casi aséptica, con un guión y unos diálogos –fabricados por el mismo Mamet- explosivos. House of games es, ante todo, un polar, un verdadero thriller violento y pesimista. Algo así como Un largo adiós revisitado por un discípulo de Raymond Chandler que hubiera leído a Jean-Paul Sartre, a Norman Mailer, a Zenón de Elea y a Soren Kierkegaard. Aunque esta película renueva el género, es peor que un  polar. Es una interminable partida de póker en donde Mamet pone a jugar, sin atenuantes y sin otra alternativa, al espectador. Un juego de miradas y de ilusiones que descansan en el dinero y en ese jugador que cae que cae como plomo en este período en el que atenta frente al destino y al azar. Es una parábola sobre la ficción, el disimulo y la broma que deja huellas de malestar y satisfacción, conducida sin concesiones con un rigor  a la manera de un Jorge Luis Borges.

Al realizar su primer largometraje, su “ópera prima”, un director pone en cámara el desarrollo de una fragmentación de sus obsesiones. Ese es el caso específico de David Mamet que, a través de su primer trabajo fílmico, nos conduce al interior de un universo de juego y de trampa que es lo que lo ha fascinado desde pequeño. Este ambiente tan particular que rodea a los jugadores profesionales de cartas o de billar, David Mamet lo conoce muy bien por haber recorrido esta experiencia. A los 68 años, este realizador independiente estadounidense (Chicago) ya no tan desconocido. Ha consolidado una talentosa reputación como guionista, como escritor y como realizador. Fue guionista de Hoffa de Danny De Vito y de Glengarry Glen Rose de James Foley, basada en su propia obra de teatro.

A nadie le importa lo que tú sientas. A nadie le importa lo que sienta el médico, lo que sienta el bombero, lo que sientan el soldado o el dentista. Y a nadie le importa lo que tú, actor, puedas sentir. Lo que se espera es que desempeñes tu cometido, que consiste en hacerte presente y decir tu texto, interpretando tu papel de modo que el público pueda entender la obra.
A nadie le importa lo que tú sientas. A nadie le importa lo que sienta el médico, lo que sienta el bombero, lo que sientan el soldado o el dentista. Y a nadie le importa lo que tú, actor, puedas sentir. Lo que se espera es que desempeñes tu cometido, que consiste en hacerte presente y decir tu texto, interpretando tu papel de modo que el público pueda entender la obra.

Frente a Joe Mantegna, David Mamet escogió a Lindsay Crouse, su mujer, para interpretar a la compleja y fascinante psiquiatra Margaret Ford quien se encontrará en el centro de esta batalla de jugadores. Una mujer, relata Mamet, que vive a través de una falsa imagen de ella misma y parte de la búsqueda de personas que reforzarán esta imagen negativa. Ella se convertirá así en una víctima ideal. Paralelamente a su carrera de dramaturgo, David Mamet trabajó como guionista y adaptador para los estudios de Hollywood. El mismo se acuerda de la manera “poco cortés” como fue tratado al encargarle los guiones de El cartero llama dos veces y de El veredicto, para la cual fue nominado a un Oscar. Para Los intocables de Brian De Palma, su guión debió ser modificado, como exigencia de los productores. David Mamet, algún tiempo después realizará su segundo largometraje: Las cosas cambian filmada en el lago Tahoe. Es una historia de mafiosos, como otro viaje al margen de la sociedad.

Participando en la Selección Oficial en el Festival de Cannes en el año de 1991 con la película Homicidio, David Mamet logra ocupar un lugar privilegiado en el firmamento cinematográfico contemporáneo. Homicidio es la historia de un pobre judío que no sabe que es un pobre judío. Él se cree un inspector criminal. Un día, vuelve a tomar un cargo simple, una investigación que ya había sido archivada por el FBI. Gold (interpretado nuevamente por Joe Mantegna, nacido el 13 de noviembre de 1947 en Chicago) se entusiasma ante la idea de una posible burla que dirigirá a los oficiales federales. Pero el destino cambia. Por azar, este inspector se encuentra con otra investigación que se haya oculta bajo sus mangas. Debe descubrir quién ha podido matar a una vieja judía propietaria de una confitería en pleno gueto negro. Él debe conocer a la rica familia de la difunta. Estas personas de gusto refinado saben adquirir cuadros de pintores de modernos. Al filo de sus investigaciones, Gold descubre los indicios acertados que le permitirán responderse afirmativamente la pregunta ¿acaso yo no seré también un judío?

Los pilotos de los primeros tiempos de la aviación sabían que la caída en barrena era fatal, porque ningún piloto había salido con vida de ninguna. No había manera de enderezar un avión que cae en barrena. Pero con el uso creciente de los paracaídas, un piloto que había saltado del avión vio en su trayecto hacia el suelo que su aeroplano se enderezaba solo -es decir, que el avión, dejado a su suerte, corregía por sí mismo la caída en barrena.
Los pilotos de los primeros tiempos de la aviación sabían que la caída en barrena era fatal, porque ningún piloto había salido con vida de ninguna. No había manera de enderezar un avión que cae en barrena. Pero con el uso creciente de los paracaídas, un piloto que había saltado del avión vio en su trayecto hacia el suelo que su aeroplano se enderezaba solo -es decir, que el avión, dejado a su suerte, corregía por sí mismo la caída en barrena.

En los primeros planos, en los primeros minutos Homicidio se lanza a los límites del vacío que no dejan presagiar lo que está por venir. Se parte de una guerra de policías, se bifurca hacia un enfrentamiento comunitario: Negros-judíos y virulentos –como si fuera un eco a las películas y a las proclamaciones de Spike lee-, y se gira lentamente en una especie de reflexión sobre el antisemitismo en los guetos negros. Todo esto podría ser reunido, pero Mamet parece no utilizar más que estos temas como puntos de referencia rápidamente olvidables. Y cuando Joe Mantegna comienza a preguntarse por su ser judío, quiere ayudar a sus “hermanos”, llenándose de odio y dirigiéndolo a los antisemitas. Homicidio va revelando su propio tejido que lo constituye. Aparte de Gold mismo, nadie puede ser objeto de abuso por parte de la manipulación de que es objeto por parte de los grupos judíos extremistas. Es por otra parte, el único punto positivo de la película: si los antisemitas creían que los judíos eran personas superiormente inteligentes, David Mamet aporta una contribución decisiva a la lucha contra el antisemitismo. No solamente el héroe de la película es un antihéroe poco seguro de sí mismo, poco dominador de las situaciones, y casi nunca listo a sacrificarse, pero Mamet tiene el coraje de sacrificarlo en la película.

A primera vista, Homicidio parece una avalancha de lugares comunes, con un centro donde se encuentra el problema de la identidad. Pero, para resolver este, el director, quien maneja la sutileza con razón, intenta establecer un juego entre familias. ¿Cómo se reconoce a un miembro de la familia de un policía? Con una manera corajuda y cautelosa, va penetrando como un escalpelo en lo mínimo, en esas piezas o lugares suspendidos y sospechosos por el tiempo sembrado en el vacío. ¿Cómo se reconoce a un judío? En su vestuario, en su manera de conspirar, en su temperamento, en su feroz amor armado por Israel y en esa dignidad reservada a aquellos que han sufrido mucho. ¿Cómo se reconoce a un antisemita? Él se llama Andersen, aquel que traiciona los orígenes arios e igualmente nórdicos, ¿cómo se reconoce a un negro? Por la elegancia agresiva de aquellos que han rehusado al estilo propio de la mesura social y se entrega al crimen.

El gobierno, por ejemplo, se ha determinado que las personas negras (de alguna manera) tienen menos habilidades que las personas de raza blanca, y, así, deben tener ciertas preferencias. Cualquiera familiarizado con las personas, tanto en blanco y negro sabe esta evaluación no sólo es absurdo, sino monstruoso. Y sin embargo, es la ley.
El gobierno, por ejemplo, se ha determinado que las personas negras (de alguna manera) tienen menos habilidades que las personas de raza blanca, y, así, deben tener ciertas preferencias. Cualquiera familiarizado con las personas, tanto en blanco y negro sabe esta evaluación no sólo es absurdo, sino monstruoso. Y sin embargo, es la ley.

Después de esta demostración, se puede concluir que Robert Gold, aprueba las verdaderas dificultades con su identidad judía, que no tienen ninguna relación ni problemas con David Mamet afronta en su identidad de guionista y sobre todo de realizador.

Hablando acerca de sus raíces, David Mamet afirma lo siguiente:

Mi madre murió hace mucho tiempo. Mi padre es abogado y ha vivido siempre en Chicago. Mis abuelos vinieron de Polonia, de una pequeña población fronteriza ubicada cerca de Rusia. Mi abuelo hablaba por lo menos, diez lenguas, incluyendo el gitano. Creo ser yo un poco gitano, de allí mi gusto por la bohemia. Se habla de crecimiento y de progreso, y se olvida que todo tiene un fin, una decadencia: y es lo que llamamos muerte. Cada cambio, cualquiera que sea, provoca una serie de reacciones que son desórdenes naturales en nuestro regeneramiento. Miro alrededor de mí y ¿qué es lo que veo? Lo nuclear, el SIDA, la miseria y las guerras y espero que las personas piensen: “El mundo va cada vez mal”. Pero nadie quiere comprender que nosotros sufrimos de la misma enfermedad que el árbol cuyos frutos se pudren. Sus hojas caen en el momento en que más se necesitan, pues viene el viento y la nieve y sus ramas se parten. ¿Qué  se hace? Nada, el árbol va a morirse. Nuestro sistema también. Todo esto es ineluctable. ¿Entonces para qué lamentarse?


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Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

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