Noche de cabaret y de asco

‘Amanda Miguel no es una diosa cualquiera’. La Cortina Roja (Cali) en la VII Muestra de Teatro Alternativo de Pereira, 29 de julio de 2015.

Amanda Miguel no es una diosa cualquiera. La Cortina Roja. Foto: Andrés Felipe Rivera.
Amanda Miguel no es una diosa cualquiera. La Cortina Roja. Foto: Andrés Felipe Rivera.

Por: Camilo Alzate

No sucede con frecuencia que el espectáculo desborda la representación, ni que contagia por accidente a quienes cuyo rol suele ser contrario al bochorno. No suelen los dramas acabar a la fuerza convertidos en otros gestos, sin pretenderlo ni buscarlo, lejos del libreto, del ademán ensayado o del montaje previsto. Ajenos a sí mismos.

Pensaba reseñar “Amanda Miguel no es una diosa cualquiera” de la Cortina Roja, pero ya no lo creo necesario. No creo pertinente señalar que se trata de una diva travesti interesante aunque repitiendo estereotipos de obras similares de esa corriente donde José Manuel Freidel fue pionero con “¡Ay días Chiqui!”. No diré que estoy harto de la homosexualidad tratada como una condición rara incluso por los homosexuales, condición cuyas causas deben explicarse, fundamentarse, justificarse, lo que lleva implícita la idea de anormalidad. Resulté gay por los traumas de la infancia, por la ausencia de mi padre, por la violencia e incomprensión. ¿A quién carajos hay qué explicarle nada? No quiero profundizar que se agarre el tema por una supuesta suciedad, allí la marginalidad y la decadencia terminan ridiculizando al sujeto humano, hasta que uno acaba de creer que el ridículo -no la dignidad- parece una premisa de la estética travesti. Tampoco creo conveniente anotar que el ritmo se torna difícil y mal encajado en partes, ni que las alusiones políticas dentro del texto son traídas de los cabellos, ni que el final es el mismo de váyase a saber cuántas historias. Nada de eso me importa. Hoy voy a reseñar el numerito que representamos los espectadores de atrás y los de adelante.

Quiero insistir, mejor, en la ferocidad del actor que fue una guerrera invicta, una fiera sobreponiéndose al abismo abierto entre nosotros atrás, y la primera fila de badulaques, de eminencias especiales que no tenían ni idea de dónde se metían y que desarrollaron su propio show paralelo a la obra, cambiando el centro de atención al establecer otra puesta en escena. Quiero escribir obscenidades porque mientras aquella mujercita de miembro grueso (muchachito voz de niña) lo dejaba todo y mucho más en el escenario, las cortesanas de quién sabe qué dueño de qué se rascaban con indiferencia las sobras de un banquete, se brillaban las alhajas o miraban el teléfono. En los entremeses de todas las noblezas el cómico sobra, es un artefacto decorativo. Los lacayos escancian vino, interrumpen, hablan duro los muy imbéciles, queriendo jodernos, pero la luchadora tenaz está ya imparable, vino a saltar la brecha entre ellos y nosotros.

Amanda Miguel no es una diosa cualquiera. La Cortina Roja. Foto: Andrés Felipe Rivera.
Amanda Miguel no es una diosa cualquiera. La Cortina Roja. Foto: Andrés Felipe Rivera.

Quiero volver a imaginar con temblor, con piel de gallina, la escena del travesti desgarbado, furibundo, amarrándose un pañuelo rojo desafiante: “¡Qué venga Uribe con sus paramilitares!”. La fiera se está tragando a mordiscos a los decentes zánganos de la primera fila y adelante el honorable ex-senador Juan Guillermo Ángel recibe el escupitajo retorciéndose de cólicos, visiblemente incómodo de la indigestión que le provoca aguantar ese maricón gritando y bailándole en la panza como lombriz fuera del barro callejero una hora, una puta hora con esa canallada de desgreñados atrás que de dónde acá resultaron en este bonito y costoso restaurante para gente decente, arengando, vociferando, riendo, comiendo pastelitos de $500, y otra vez riendo y vociferando y arengando con la boca llena. Cafres maleducados (nosotros), que parecíamos animando a un boxeador y no a un actor, que queríamos gritar duro con ellos, Amanda Miguel, duro, más duro. Hasta que lo logra, contra viento y marea lo logra, y nosotros atrás soltamos un aplauso entre alaridos inmensos que merecemos también porque fuimos parte de la puja. Grande Amanda. Grande la Cortina Roja, unos guerreros que merecen todo mi respeto.


Camilo Alzate

@camilagroso

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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