Recordando a manera de insertos

Juan Guillermo Ramírez hace un seguimiento de cerca a Drácula, Frankenstein, El Dr. Jekyll and Mr. Hyde, King-Kong, y a todos los monstruos del cine.

Extraña flecha es ésta. - Sí, por cierto. Negra y guarnecida con plumas, también negras. Nada tiene de bonita ni de alegre, porque dicen que el negro es presagio de entierro. Y aquí se ven algunas palabras escritas. Limpiad la sangre y leedlas. ¿Qué dicen? Robert Louis Stevenson
Extraña flecha es ésta. – Sí, por cierto. Negra y guarnecida con plumas, también negras. Nada tiene de bonita ni de alegre, porque dicen que el negro es presagio de entierro. Y aquí se ven algunas palabras escritas. Limpiad la sangre y leedlas. ¿Qué dicen? Robert Louis Stevenson.

Por: Juan Guillermo Ramírez

  1. La eterna y doble personalidad

 

No tiene mucha carne pero la que tiene es bien apetitosa. Esto se lo dice Spencer Tracy a Katherine Hepburn en la película dirigida por Víctor Fleming, El Dr. Jekyll and Mr. Hyde. El eterno enfrentamiento entre el bien y el mal encontraba una nueva dimensión en ese relato de Robert Louis Stevenson. La irracionalidad y los más bajos instintos afloraban en el Dr. Jekyll transformado en Hyde cuando consumía una pócima de su creación.

Robert Mampoulian llevó a la pantalla el lado más salvaje de Hyde en El hombre y el monstruo, mientras que Fleming jugó con las posibilidades psicológicas del personaje en su versión. En 1885 Stevenson vivía en la costa de Bournemouth, en Inglaterra. Los problemas financieros lo acuciaban, mientras que la tuberculosis y el insomnio minaban su salud. Una noche, entre horribles pesadillas, concibió la historia de una persona en la que convivía una doble moral. Un ser que se desdoblaba y en el que su mitad hedonista y perversa se independizaba de su racionalidad. A comienzos de 1886 publicó la obra y tan sólo un año después Thomas Russell Sullivan la adaptaba para el teatro, interpretada por Richard Mansfield.

El cine desde sus inicios se sintió atraído por este personaje. Algunos estudiosos hablaban de la existencia de una primera versión en 1897. A partir de 1908 las interpretaciones del mito se sucedieron en todo el mundo: Dinamarca, Inglaterra, Estados Unidos.

Los años pasaban y las adaptaciones de este clásico de la literatura se multiplicaban. Hasta 1920 se rodaron al menos 12 películas más incluidas las primeras. Precisamente en ese año se realizaron dos de las mejores películas de la etapa muda de este peculiar personaje.

La cabeza de Jano fue el título elegido por el expresionista alemán F. W. Murnau. Como hizo con su Nosferatu –inspirado en Drácula-, el realizador alteró la trama, basando el desdoblamiento de la personalidad en un busto de un dios romano, y cambió los nombres de los personajes, con el fin de evitarse el pago de los derechos.

La otra versión fue producida por la Paramount, a cargo de Adolph Zukor y dirigida por John Robertson. El guión, basado tanto en la obra de Stevenson como en la versión teatral, incluye también el personaje de sir George Carewe, tomado de El retrato de Dorian Grey de Oscar Wilde, convertido en un mentor de Jekyll y que ejerce sobre él una maligna influencia.

Uno de los aspectos más discutidos de la adaptación de Fleming fue la elección de Tracy para encarnar el doble personaje. Por un lado, no era lo suficientemente guapo como para ser el intachable doctor Henry, frente a Barrymore o March; y como Hyde, el sobrio maquillaje de Jack Dawn no era lo suficientemente aterrador, sobre todo, en la primera parte de la película.

Mientras la diferencia entre el Jekyll y el Hyde de Fredric March era notable, las caracterizaciones de Tracy eran similares. Incluso, siempre se cuenta la anécdota de que cuando el crítico Somerset Maugham vio el rodaje de una escena, comentó de Tracy: ¿Quién es ahora, Jekyll o Hyde?

De todos modos quizá se adecuaba más al original de Stevenson, pues en la novela todos los personajes encuentran extraño a Hyde, pero ninguno sabe descubrir su deformidad o la causa de su repugnancia hacia él. Junto a Tracy trabajó Ingrid Bergman y Lana Turner.

 

  1. La edad de oro de lo fantástico

Bela Lugosi se haya entre las grandes figuras del género de terror, codeándose con genios de la talla de Lon Chaney, Boris Karloff, Vincent Price, Peter Cushing y Christopher Lee. La figura de Lugosi siempre ha estado envuelta en un halo de misterio y drama, gloria y decadencia, que lo configuran como una estrella única dentro del celuloide.
Bela Lugosi se haya entre las grandes figuras del género de terror, codeándose con genios de la talla de Lon Chaney, Boris Karloff, Vincent Price, Peter Cushing y Christopher Lee. La figura de Lugosi siempre ha estado envuelta en un halo de misterio y drama, gloria y decadencia, que lo configuran como una estrella única dentro del celuloide.

La firma productora Universal sella su identidad a comienzos de los años 30, produciendo numerosas películas de monstruos, inspiradas, en parte, en la estética expresionista. Naturalmente se conocen películas clásicas como Drácula o Frankenstein, pero se han recuperado del olvido cintas como The black cat y Murders on the rue Morgue.

La primera, que no tiene nada que ver con el relato de Poe, solo el título, es de una rareza total que reúne a las dos estrellas del cine de horror de esa época, Boris Karloff y Bela Lugosi.

Esta película de Ulmer es la que resume la estética de la Universal, que se basa regularmente en las acertadas opciones visuales a través del trabajo de uno de sus fundadores del estudio: Charles Hall, director artístico de origen inglés. Fue uno de los reyes del decorado estilizado, así como también de los desolados exteriores: las montañas despejadas de vegetación, los bosques de cartón, la bruma del humo sobre las fachadas de papel de los castillos. La teatralidad de la película le debe su importancia al cine mudo alemán.

La segunda tampoco tiene nada que ver con Poe. Realizada por Robert Florey y fotografiada por Karl Freund –el camarógrafo de Metrópolis y más tarde realizador-, la película tiene grandes momentos alucinatorios. Sombras que cubren los muros de piedra, un toque sádico en las secuencias: es aquí donde se reconoce el nihilismo de las películas de la Universal de esos días, enraizadas en el gusto por lo grotesco, por lo aleatorio, por lo sórdido.

La Universal continúa produciendo películas de monstruos en los años 40. Género que comienza a ingresar en el ámbito de la decadencia cuando el estudio decide asociarse a sus monstruos míticos como fue ese dúo cómico: Abbott y Costello. Durante este tiempo, en este mismo período, el estudio independiente de la RKO inaugura un nuevo ciclo fantástico, diez años después de la aventura llamada King-Kong.

Bajo el impulso de un productor de origen ruso Val Lewton, se abre uno de los momentos más importantes de la historia del cine del terror. El nivel de estas películas, marcadas por un estilo inconfundible, a primera vista, es muy impresionante en la actualidad. Cuando Lewton llega en 1943 a la RKO, después de haber estado en la MGM, es estudio acaba de soportar la incomprensión del impacto de Orson Welles.

La producción del Ciudadano Kane y de La ambición de los Amberson, permitió construir un estudio de técnicos que ponían en práctica sus beneficios de trabajo con Welles. El estudio tiene menos dinero que la Universal: el horror reposa en la economía y la sugestión. Poco o nada de maquillaje, un extraordinario sentido de la iluminación y de los decorados, y sobre todo un número impresionante de motivos centrales y recurrentes es lo que caracterizan este tipo de cine. Esta coherencia se puede palpar en dos películas representativas: Leopard man  y Cat people. Esta última ofrece una admirable reflexión sobre la soledad, la muerte y la infancia, bañada por un humanismo y una poesía que ni encuentran equivalentes sino en La noche del cazador. Se encuentran dos o tres elementos que son equivalentes en casi la totalidad de la obra de Lewton: un grito en plena noche, una canción obsesionante de Simone Simon. La canción está presente también en The body Snatcher –una cantante asesinada por Boris Karloff-, y en I walked with a Zombie.

Todo ese género fílmico pone en juego las opciones principales y profundas entre la cultura, la ciencia y lo oculto. La presencia de Karloff y de Lugosi, sirve de nudo de unión con las películas de la Universal, pero la exageración de un James Whale o de un Ulmer deja aquí un lirismo que encuentra su más acertada manifestación en el realizador Jacques Tourneur.

Este juego entre lo visible y lo invisible pasa esencialmente en las películas mediante el trabajo de luz. Val Lewton permite así una configuración muy definida, una afirmación de una especie de escuela, capaz de set comparada con algún grupo de pintores o con ciertos arquitectos.


Espere próximamente la continuación de este artículo…


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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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