Fuego negro de futuro

Imagen: Hernán Piñera
Imagen: Hernán Piñera

Guardar en un cajón nuestros recuerdos más preciados no es lo más rentable, aunque sí lo más saludable. Condenar al olvido, dentro de cuatro paredes de madera o de cartón, viene a ser como condenar al recuerdo cuando, por casualidad tal vez, descubrimos que teníamos cuentas pendientes con nosotros mismos. Así, pues, que se le podría recetar a algún enfermo que guarde cuantos recuerdos pueda en cada cajón que halle y que no se lo diga a nadie.

En este preciso instante estoy frente a un cajón revelador. Llegué a él buscando algo que había olvidado pero jamás imaginé que en él lo encontraría todo. Allí estaba, mohoso, calmo, un cuaderno con mi nombre escrito en la tapa con letra de médico de ocho años. Se añadía, a manera de advertencia, entre comillas, una palabra: secreto. Leerla me cuestionó sobre lo que hacía, había que respetar aquella petición, o por lo menos descifrarla. Ahora mismo no sé si deba abrir aquel tesoro o regresarlo a su secreto de oscuridad, no sé si lo que se me revele me sea necesario. No sé si luego de enterarme de ello pueda ser capaz de seguir viviendo. Así como tampoco sé si el cuaderno está vacío.

No puedo contar lo que descubrí porque sería traicionar a aquel niño escritor que lo confió todo al tiempo y a la tinta que ya empezaba a correrse en forma de mancha. No puedo hacer público de todo lo que leí sino que aquel chico le había escrito a alguien, sin nombre, que al hallar eso, lo quemara en una hoguera casera y que no dejara pistas ni ceniza. Decía, al final, que guardar cosas en un cuaderno era garantizar la vida del fuego y, por supuesto, del que lo contempla en silencio, hipnotizado por el futuro.

Sergio Marentes

Animal que lee lo que escribe. Cabecilla del colectivo poético Grupo Rostros Latinoamérica. Fue fundador de «Regálate un poema» y editor de la revista Literariedad. Colaborador de diferentes medios Hispanoamericanos con aforismos, poemas, articuentos, cronicuentos y relatos de diferentes tipos. Ha publicado el libro de relatos «Los espejos están adentro» y ocho libros de poemas que no ha leído nadie.

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