Poemas de Leira Araújo Nieto

 

En la palabra de Leira Araújo Nieto hay un ímpetu doloroso, y hay irreverencia, y un sabor de tierra y agua. Esta selección de poemas que compartimos comprueba la fuerza de esta genuina poeta guayaquileña.

Leira Araújo Nieto 

Selección de poemas *

 

Caníbales

Corta por ratos la náusea que corre con sus pies atajando la luz barata de un clóset. Están. Sus medias trajinando dolorosamente, pasan sin poder asirse de los tobillos del enano. Mi sujeto deforme es el demonio que me quitó de la costilla Dios cuando nací.

Yo creía que al menos tendría alas y oro cubriéndome la frente pero entre fotogramas viví el pánico del acero quirúrgico negociando los pulmones de mi  madre con frascos coloreados al azar e intravenosas que le sacudían la infancia. Entonces ella gritaba a mi abuela, yo le gritaba a mi abuela, mi hermana le gritaba  a mi abuela, la tía le gritaba a la abuela. Se tenía que hacer pública aquella  hipótesis de que la abuela era abuela pero era mala madre. Lo logramos. La  partimos. Nos comimos sus piernas pequeñitas y su boca que se sostenía sobre el  mentón de los besos infinitos del 96.

Los caníbales celebramos cumpleaños y fiestas de guardar.

Somos de centro-izquierda pero le pagamos poco a la doméstica.

Y vivimos apuntándonos con pistolas de salva hasta que la muñeca se cansa, nos damos besos, y nos sentamos a cenar.

Cirugía

Han plantado la bondad en tu cuerpo

de una manera repugnante

ya no cabe el morbo

ya nada cabe.

Antipoema

Yo recuerdo que estabas allí sorbiendo la sal mientras yo pedía. No, yo gritaba. No, yo soñaba. Sólo quiero que te detengas. La memoria es una pasta dental que no quiere salir del tubo. La arena se metía en nuestros poros. Y tú eras feliz  porque yo mostraba una felicidad barata. Una felicidad de niño de 5 años, decías. Porque la felicidad es simple, decías. Y que no empiece a llorar porque me quemo y lo único que hacías era cagarte de risa. Había cadáveres en el agua. Cadáveres en la tierra. Esqueletos que alguna vez  fueron la materia esencial de una lancha imposible que querías construir. Con cinco centavos, con un entusiasmo que no ha sido medido en la bolsa. Me dijiste  que era triste, que por eso me dejaste. No sentí nada. Pero lloré. Cuando corales rotísimos me remataron los pies. Y sonreímos. Porque yo estaba feliz de nuevo. Porque sentí.

Quiero poner mi lengua en tu dedo

Y tener hijos que me cubran las llagas

Y echar raíces juntos

Para después talarnos en primavera

Mordidas

Hay cachorros de tigre queriendo morder las aceras. Yo soy la calle. No, soy una avenida. No, soy el semáforo extendiéndose sobre un pie desconocido. Que no cruces y que los perros se lleven tu carne. 

Esta no es mi ciudad. Ésa tampoco es mi boca. Esta voz no es la que conozco y es un mirarse al espejo y contar del uno al diez del uno al diez como los juegos descabellados de los niños que empiezan a hablar, pero nadie los quiere escuchar, porque todos olvidaron cómo es no preocuparse por la pensión, cómo tocarse el ombligo con sinceridad.

Me besa y es un sueño seco. Nuestras lenguas son piedras en medio de la calle. Los carros pitan, hay agua en la esquina. Quiero saber a dónde irá esa corriente. Él también quiere. No sé por qué sé lo que él quiere. De pronto estoy en su cabeza pero sigo en la mía. No soy una diosa. No soy el infierno. No soy el espacio. Soy la mantarraya de un océano inexistente. Las rocas se lanzarán hacia los cuerpos, tocarán los timbres, envidiarán las sombras que proyectan los árboles tristes. Cientos de bocas sonríen por la llegada del apocalipsis. Los veo hacerse masa en las esquinas, comiendo canguil mientras esperan la película del fin. Nos amamos. Deberíamos ahora cantar Cumbayá. Deberíamos besarnos. Que nadie piense que esto es porno. Que nadie diga nada. Que se callen. Maldita sea, qué les pasa. Dejen de quererse. Dejen de oler a maíz con caramelo. Que venga el mar y se los lleve. A mí no me llevará. En los sueños todos somos hacedores. En los sueños nadie teme al artículo YO, nadie teme al ego, nadie justifica su existencia a través de la palabra.

Otra vez el tigre. Ha venido a ahogarse. Otra vez un tigre y miles de cachorros de tigre. Qué tierno es morir con sus dientecillos clavándose en mi pierna. Me está besando. Hay rayas en mi espalda. Tomo un mar para escuchar el sonido de las conchas. Le enseño a respirar al tigre. Bajo el agua. Está verde. Y sonríe. Y sonríe.


* Leira Araújo Nieto (Guayaquil, 1990). Actriz, guionista, poeta y profesora de literatura. En el año 2003 ganó el premio de Teatro de la ONU; en el 2013 fue seleccionada para representar culturalmente al Ecuador en el SUSI Program de la Embajada de Estados Unidos en NY, Olean, St. Bonaventure University, Chicago y Washington D.C; en el 2014 ganó el Primer Slam Poético organizado por el aniversario de “Esquirla Poética”. Colabora con distintos colectivos artísticos, perteneció a Fantoche Teatro de Grupo y escribe en medios independientes de su ciudad natal.

Los primeros cuatro poemas pertenecen al libro ‘Caníbales’ (Cadáver Exquisito Ediciones, Guayaquil, 2015), mientras que ‘Mordidas’ fue tomado de la Antología poética  R.E.M.  (Dadaif Cartonera y Del Ahogado El Sombrero Cartonera, Guayaquil-Cali, 2014).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s