35 lecciones de biología (y tres crónicas didácticas), del poeta peruano Eduardo Chirinos

Portada del libro. Imagen tomada de Valparaíso Ediciones.
Portada del libro. Imagen tomada de Valparaíso Ediciones.

“[…]Raro animal el caballo.
Es tan sociable, parece que conversara
con sus dueños. Nosotros, en cambio,
preferimos la tranquilidad de la selva,
el silencio de la historia, el anonimato
que nos libró de circos y zoológicos.”

[Lección 4: Okapia johnstoni, fragmento]

Eduardo Chirinos, Valparaíso Ediciones (2013)

Eduardo Chirinos, pareciese que esas criaturas, a las que alegremente llamamos bestias, guardaran el secreto de nuestras intrigas. –Noelia-.

35 lecciones de biología (y tres crónicas didácticas) es un libro de Eduardo Chirinos formado por treintaicinco prosas poéticas narradas desde un yo animal, más tres crónicas finales en las que el planeta como agente ejecutor (a través de la mano del hombre o mediante su propia naturaleza) sesga la vida sin miramientos. La personificación de estos animales, en parte por el uso de la primera persona tanto del singular como del plural, envuelve otra clase de yo. Este yo es uno deshumanizado, que curiosamente se deja sentir más humano que nunca. Lo que a priori parece un trabalenguas, soy consciente, en realidad se lee de forma natural, casi inconsciente.

Eduardo Chirinos nos presenta su libro con un prólogo que nos predispone a un engañoso punto de partida. Refiriéndose a los animales comenta: “Ahora nos acercamos a ellos como lo único que no son: metáforas culturales.” El lector, que muchas veces es infinitamente crédulo, confía en que el poeta quizá nos vaya a brindar unas descripciones minuciosas del hábitat, costumbres y curiosidades de ciertos animales. Siempre alejándose de metáforas, simbolismos o comparaciones. Sus lecciones van introducidas por números consecutivos y con el nombre latino de las especies protagonistas, hecho que favorece la ingenuidad del lector. Su presentación es muy didáctica, muy organizada, incluso con un apéndice de notas que nos revelan el nombre común del animal o sus movimientos migratorios más notables, por ejemplo.

Desde esta ingenuidad empezamos a leer. Entre definiciones y curiosidades, saltan versos que van sembrando un mensaje en nuestro subconsciente: “Lujo costoso las alas”; “¿Quién fue nuestro padre?, ¿quién abandonó tierra firme y se olvidó de andar?”; “Mi rareza es vivir lejos”. Esos detonantes van, de muy a poco, arañando nuestras sienes hasta que los temas subyacentes confiesan en primera persona. Nos hablan de la historia invasora, de la exterminación de pueblos, de la conquista antigua y la migración moderna. La mirada de un exiliado, voluntario o involuntario, que ha encontrado el momento que el tiempo le había escondido para replantearse el camino que ha pisado e incluso quizá olvidado.

“Cuando Sudamérica decidió separarse
de África, yo me fui con ella. Conmigo
vinieron el perezoso, el oso hormiguero
y otros desdentados que evolucionaron,
igual que yo, en estas tierras. Soy, pues
un inquilino de respeto (a diferencia de
los roedores y los monos: intrusos que
llegaron más tarde).”

[Fragmento de Lección 25, Dasypus novemcinctus]

La ironía está activamente presente en todo el conjunto. El autor tiene la paciencia suficiente para esperar, aparentemente dormido, el momento oportuno para lanzar versos punzantes cargados de simbolismo, como por ejemplo, este fragmento que habla del “mapache japonés” en su lección 15 Nyctereutes procyonoides: “Un día nos llevaron a Europa para criarnos en granjas peleteras. Algunos logramos escapar y nos ocultamos en el bosque. Ahora somos una especie exótica invasora.” El tiempo, y su concepción relativa, también son puntos de inflexión en estos poemas que en una primera lectura pueden parecer cuentos o relatos, precisamente, por la capacidad del poeta para jugar al escondite con la noción de lirismo.

En resumen, esta obra de Eduardo Chirinos tiene la capacidad de ser útil para una clase magistral con alumnos de primaria, quienes quedarán atónitos con los animales reales pero fantásticos que nos muestra. Pero también satisfará al lector adulto y reflexivo. Aquel que apreciará, en una lectura calma, el reflejo de nuestra silueta de humanos impregnando las pupilas de estos animales sin habla.

@NoeliaMarBo         

gotasamargas@literariedad.co

Noelia Martínez

Lectora que escribe sus percepciones. Amante del lenguaje y sus posibilidades. Colaboro en http://Literariedad.co escribiendo la columna Gotas Amargas.

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