El mundo privado de las mujeres

 

Si sacude un árbol, quédese para recoger la fruta.
Si sacude un árbol, quédese para recoger la fruta.

Por: Antoine Skuld

Me resisto a admitir que una mujer sea capaz de dibujar con tal maestría. DEGAS.

Intimidad en la iconografía de una artista innovadora e influyente. Mary Cassatt fue impresionista por invitación, distinción nada trivial para una joven estadounidense en el París de la década de 1860. Pintar interiores es lo que ella hizo toda la vida (1845-1926), aunque esa interioridad no debe interpretarse en sentido demasiado literal. Para Mary Cassatt, tal interior podría significar la sala de su casa, un jardín, un palco en la ópera e incluso una pequeña embarcación. Pintó un mundo privado porque tal era el que ella hablaba: el mundo de una dama acaudalada y bien relacionada. Entre sus modelos estaban sus amistades y familiares, en especial su hermana Lydia. Aquejada por la enfermedad de Bright, Lydia vivió con Mary y sus padres hasta la muerte, ocurrida en 1882, obligada por su dolencia a cultivar intereses que no le resultaron demasiado agotadores.

Instintivamente, Cassatt se adhirió al principio de pintar lo que se conoce en armonía con su entorno doméstico, en su ambiente predominaron las mujeres. Pero, aunque sus retratos de madres con sus hijos son los ejemplos mejor conocidos de su obra, apenas constituyen la tercera parte de su producción. Algunos críticos han llegado al extremo de llamar a Mary Cassatt “la más grande retratista de mujeres con pequeños” desde Rafael. Como el maestro renacentista, Cassatt supo evitar con todo rigor el potencial de sensiblería del tema, elevándolo a la categoría de arte serio.

Sólo hay una cosa en la vida para una mujer, ser mamá... Una mujer artista tiene que ser capaz de hacer sacrificios.
Sólo hay una cosa en la vida para una mujer: ser mamá. Una mujer artista tiene que ser capaz de hacer sacrificios.

Mary Cassatt nació en Allegheny City (Pennsylvania), cerca de Pittsburgh. Recién cumplidos los siete años viaja con la familia a París, donde se establecieron por decisión de su padre, próspero corredor de bolsa. De regreso en su país en 1861, Mary ingresó a la Academia de Bellas Artes de Pennsylvania, en Filadelfia, a la que asistió cuatro años. En 1866, a los 22 años, volvió a la capital francesa para estudiar en L’École des Beaux-Arts. Al año siguiente, tras ver los cuadros de Cassatt que formaban parte de una exposición de patrocinio académico, Edgar Degas se autopresentó a la pintora, a quien invitó a exponer junto a él y otros miembros de la recién fundada Sociedad Anónima de Artista, Pintores, Escultores; iconoclasta grupo de profesionales del arte al que se había bautizado como “Los impresionistas”.

Aunque de naturaleza muy independiente, no deja de ser irónico que Cassatt desafiara su encumbrada esfera social y su educación tradicional, para alinearse con la bandada más vanguardista -y también más ridiculizada- de artistas de su tiempo. Cada día, el arte de la joven contenía más elementos del novedoso estilo impresionista. Como Degas, que se convertiría en su consejero y amigo íntimo, ella pintaba de la vida real: escenas sencillas y alegres de personas en momentos de intimidad secreta. Así mismo, y en contraste con su formación artística y tradicional, sus luminosos colores se aplican de tal manera que dejan a los ojos del observador la tarea de combinarlos. Y, como en los otros impresionistas, su trabajo ejecutado en pinceladas desiguales, denota una cierta falla de “acabado”.

Solía aplastar mi nariz contra las ventanas galería para absorber todo lo que podía de su arte... Cambió mi vida, desde entonces pude ver al arte del modo que siempre quise verlo. (Después de ver una obra de Edgar Degas en el escaparate de una galería de arte)
Solía aplastar mi nariz contra las ventanas galería para absorber todo lo que podía de su arte… Cambió mi vida, desde entonces pude ver al arte del modo que siempre quise verlo. (Después de ver una obra de Edgar Degas en el escaparate de una galería de arte)

El éxito de Cassatt como pintora, indudablemente, está atemperado por las restricciones sociales y psicológicas que encaraba toda mujer que pretendiera hacerse artista de la segunda mitad del siglo XIX. Hasta el mismo Degas, al contemplar una de las estampas coloreadas de su protegida, solamente pudo decir: “Me resisto a admitir que una mujer sea capaz de dibujar con tal maestría.” Y esto ocurría en 1891, cuando ambos llevaban más de diez años de estrecha asociación artística. Cassatt no sólo tuvo que luchar contra la indiferencia de críticos y coleccionistas, sino contra la de su propia familia (en especial su padre) y amistades. Ella misma abrigó ideas ambivalentes sobre su valor como artista: “En última instancia la vocación de una mujer en la vida es engendrar hijas.”

Tal vez así sea, pero la vocación de Mary Cassatt, quien jamás se casó, dio un giro inusitado: crear retratos de madres y sus críos y hacerlos cobrar vida en la tela o el papel. Para algunos críticos, la concentración que en ellos puso Cassatt fue una especie de compensación por no haber sido madre. Pero hay otra explicación, como la de Degas: Cassatt limitó intencionalmente su esfera a unos cuantos temas que le eran familiares. Su meta era explorarlos al grado más pleno y refinar sus posibilidades en materia de composición, movimiento y expresión. Degas decía: “Es esencial hacer el mismo tema una y otra vez: diez veces, cien veces. En el arte, nada debe parecer accidental.” Y ella compartía su opinión.

Después de once años de completa inactividad artística debido a su ceguera, murió en Château de Beaufresne, París, el 14 de junio de 1926; fue enterrada en un mausoleo en Le Mesnil-Théribus.
Después de once años de completa inactividad artística debido a su ceguera, murió en Château de Beaufresne, París, el 14 de junio de 1926; fue enterrada en un mausoleo en Le Mesnil-Théribus.

Además, pintar madres y niños le lanzaba el desafío de asumir un tema durante largo tiempo asignado a artistas de escenas religiosas o sentimentales hasta la estridencia. Pero, como lo demuestra su obra, en su cuerpo no había una sola fibra de sentimentalismo. Cassatt pintaba lo que veía. En las pinturas y estampas de Cassatt siempre hay algo de distanciamiento y dignidad, cualidades que la libran de ser meras efusiones sentimentales. A lo largo de su extensa carrera pictórica, Cassatt representó desde dentro a las mujeres y al mundo en que florecen. Hasta ese momento en la historia del arte se había expuesto a las mujeres como objetos. Con el pincel de Mary Cassatt, y casi por primera vez, la mujer sería vista y representada como sujeto activo.

Antoine Skuld

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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