Carta a Patricia

Foto tomada de: www.found.com
Foto tomada de: http://www.found.com

Por: Jose Hoyos

Pues mirá Patricia, no creás que me gusta verte allá, en semejante cloaca, y con el frío que hace. Tampoco pensés que sigo ofendido con vos, así suene increíble, no tengo ni esto de rencor. Al contrario, siento algo como lástima revuelta con amor. En fin, es una cosa bien jodida de explicar. Sólo te escribo para decirte que me voy. ¡Qué va!, no aguanto más, con vos es así de difícil siempre todo. Este trance ya me lo sé de memoria: inventás el problema, te ponés agresiva como hiena,  armás un chispero de espuma y rabia y después volvés con el rabo entre las patas a pedir perdón y a decir que vas a cambiar. Ya te di muchas oportunidades. Ahí te dejo con tu neurosis. Me llevo un librito de los que mantenés bajo la almohada, el que habla de Justine la sucia, pa´que no aprendás más cochinadas; cuál Marqués, el que lo escribió más bien debería llamarse El Depravado de Sade. Me llevo puestas tres botellitas de vodka (te dejo las otras tres). No sé cómo pudimos defendernos con un solo cepillo de dientes tanto tiempo, en todo caso el despelucado cepillo se viene conmigo.

Me llevo el canario azulado y te dejo el anaranjado. Su canto me tranquiliza cuando me embarga la tristeza o algún juzgado municipal. Te dejo el silencio y mi ropa sucia. Me llevo los viernes y te dejo los lunes. Esas pastillitas de colores que tanto te gustan también me las llevo porque harto las voy a necesitar (vos sabés que yo soy un verraco hasta que el ratón aparece). Ahí te queda la campanita de bronce que ponés al lado de la cama para que haga ruido y te despierte cuando te levantás a deshacer dormida de noche lo que en el día hiciste despierta. Me llevo las marcas de tus labios en mi boca y tus uñas en mi cuello. Esa flor disecada que te di con el primer beso y que guardás entre un libro, esa no me la llevo, ya la tiré al sanitario. Las páginas subrayadas de tus libros se vienen conmigo, pero no tus libros. Me llevo también el control remoto pero no el televisor. Te dejo las cartas que me escribieron mis noviecitas de adolescencia. Algo que se va conmigo –porque siempre va conmigo– es el chorro de sol mañanero que sale de tu sonrisa. Y tus pies, dulces y delicados, caminado desnudos en la baldosa. Casi que no encuentro el papelito que te di hace tiempo, justo antes de irnos a vivir juntos. Ese me lo llevo para que te olvidés de lo que ahí te escribí: si todo termina en desastre, que al menos sea un bello desastre, venite conmigo. Además, para qué sufrir por separado si nos podemos joder juntos.

Olvidate, me cansé de ser un globo enamorado de un cactus. Te dejo mi celular, para que no me llamés. Te dejo mis tenis de salir a trotar, pero me traigo los cordones. En una pequeña cajita te dejo como cuatro o cinco lágrimas. Las despedidas pesan como una lágrima. Con vos se queda la calidez de tus piernas, conmigo se va el hielo. Mirá, no te juzgo por esas pataletas que armás, hasta te comprendo. La gente piensa que el amor es el motor del mundo, qué va, lo que mueve al mundo es la furia. La furia nos espolea y mantiene despiertos. El amor, el amor es una modorra, un adormecimiento. Aunque con vos sí fue amor; si no lo fue pegó en el palo. Me adormeciste. Me voy por culpa de tus histerias y mis ganas de dormir solo. No puedo estar mucho tiempo cerca de nadie, soy un ave de paso. Además entendeme, todo cansa y cuando es mucho perjudica. Dicen que si uno toma mucho se muere, si uno come mucho se muere, si uno fuma mucho se muere; y yo agrego una: si uno ama mucho se jode, que es peor que morirse. Debí haberte dejado hace tiempo, pero es que los hombres solo sabemos cómo actuar cuando ya ha pasado la ocasión o cuando esta aún no se presenta; en el momento preciso, justo ahí, no reaccionamos. De nada nos sirve saber con tardanza o clarividencia. Bueno, ya fue suficiente, esta era una carta corta. Vos sabés que yo con Karina no tengo nada, ya te lo expliqué muchas veces: fue que me cayó un sucio en el ojo y ella me lo estaba soplando, nada más. Antes de irme tengo que pasar por el hospital a que me cosan la herida que me abriste en la cara y me detengan el sangrado en la nariz. Me volviste nada. Comprendé pues Patricia que no te retire la denuncia todavía, es que temo que me volvás a tirar. Que te suelten ellos cuando quieran. Y no te preocupés, que siempre que tenga que caminar con una piedra en el zapato me voy a acordar de vos.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

Un comentario sobre “Carta a Patricia

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s