Frank Capra: la cámara curativa de la comedia

Una corazonada es la creatividad tratando de decirte algo.
Una corazonada es la creatividad tratando de decirte algo.

Por: Juan Guillermo Ramírez

El sentido de una película no descansa en su verdad o en su falsedad, sino en la persistencia como idea y en su popularidad con el público. Frank Capra.

Frank Capra (1897-1991), aquel que dirigió y escribió las mejores películas de Harry Langdon, se impone de 1932 a 1941 como el especialista de la comedia ligera estadounidense. Pero este realizador nacido en Bisacquino (provincia de Palermo) y nacionalizado en los Estados Unidos, no es teórico. Y para afirmarlo es necesario partir de un ejemplo. En una película realizada en 1928, The power of the press, un joven y ambicioso reportero domina a un peligroso asesino, conduciéndolo encadenado, no a una estación de policía sino a las oficinas de su periódico. El jefe de redacción no puede apartar su mirada de las manos y  movimientos del gángster. Un fotógrafo se acerca y cada uno se prepara para la pose: el bandido, el jefe de redacción, el feliz reportero, la eterna presencia de una mujer y el otro periodista, rival del muchacho. Sobre este “cliché”, aparecerá en las primeras páginas de ese periódico, no hay nada que decir: todos tienen una sonrisa entre los labios. El ‘gag’ es evidente.

Porque las imágenes de Frank Capra no se aventuran en el terreno de la sugerencia, más bien se sustentan en una inteligibilidad inmediata, unívoca. Poseen la doble virtud de manifiesto o de la proclama. En Frank Capra, el mundo visible es de una visibilidad superior, es un conjunto de datos que fácilmente pueden ser descifrados, organizados y jerarquizados.

Creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público.
Creía que un drama era cuando llora el actor, pero la verdad es que lo es cuando llora el público.

Frank Capra encuentra gloria con It happened one night. La obra completa de Capra, ha sido desafortunadamente, mal conocida en todo el mundo, a causa de la casi nula circulación de las copias. François Truffaut en su memorable libro Les films de ma vie, escribe: “Conservo recuerdos muy fuertes de Mr. Deeds goes to town, You can’t take it with you, Mr. Smith goes to Washington (un Watergate 35 años antes), Meet John doe y de It’s a wonderful life. Películas que me hicieron caer en la cuenta que este gran cinematografista ejerció una considerable influencia que se puede rastrear en el trabajo del en ese entonces joven realizador inglés Alfred Hitchcock, en el joven sueco Ingmar Bergman, fundamentalmente en su período de comedias conyugales antes de 1955.”

Frank Capra fue el último sobreviviente de la lista de comediógrafos estadounidenses: Leo MacCarey, Ernst Lubitsch y Presto Sturges. Este italiano supo llevar, a los estudios de Hollywood, los secretos de “la comedia del arte”. Fue un navegador que conocía muy bien el arte de arrastrar a sus personajes a lo más profundo de las situaciones humanas desesperadas, antes de hacer todo tipo de concesiones de un optimismo artificial. El endurecimiento de la vida social después de acabada la guerra, la generalización del egoísmo se han rendido frente a la angustia humana, frente a esa inquietud propia de la lucha por la vida cotidiana. Frank Capra fue una especie de curandero, es decir, un adversario de la medicina tradicional y este buen doctor era un gran realizador. En toda su larga filmografía se presiente una génesis, un nacimiento de la emoción o de la risa que obedece a una estructuración inteligente, a un tratamiento implacable del guión. Allí se revelan las potencialidades individuales de destinos que se cruzan como autopista. Era un gran ingeniero de voluntades en conflicto.

Hubo tanta inocencia y equilibrio, tanta santidad milagrosa a lo largo de las historias que registró, que el espectador parece caminar por un sendero que lo conduciría al paraíso perdido, que puede no haber existido sino en catálogos turísticos, construidos a la manera de esas construcciones carnavalescas y que a primera vista, parecen irreales. Al final de su carrera, fue atacado no por su verdadera compresión, sino por su anacronismo: él no abandonó a su público, fue el público el que lo abandonó a él.

 

En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo.
En la lucha entre uno y el mundo, hay que estar de parte del mundo.

El baile de las apariencias

Lady for a day fue una película realizada en el año de 1933 por Frank Capra. Es una película extraña y pertenece a la primera parte de una extensa producción cinematográfica que culmina en 1934 con New York-Miami. En nuestro medio se conoce muy mal este período de su obra compuesta por películas como Platinum Blonde o The bitter tea of General Yen; y pertenecen a un Capra mucho menos lírico que aquel de las películas posteriores, pero más profundas.

Inspirada en un relato de Damon Runyon, escritor estadounidense, célebre autor de novelas inspiradas en el turbulento mundo del hampa –inspirará más tarde a Mankiewicz a realizar sus Guys and dolls, Lady for a day, comienza a palpitar en un clima social donde Capra describe con el sonido de la calle y de la ciudad, los momentos más críticos de la de la crisis económica: es una galería de personajes desengañados y miserables, una especie de corte de milagrosos que hacen abordar a la memoria el recuerdo de la atmósfera de las películas de Chaplin; The kid y City Lights. Como el Charlot de Luces de la ciudad, la heroína de Lady for a day (Glenda Farrel) disimula su condición social frente a su hija, ya instalada en Europa: vendedora en subastas y utiliza la apariencia racional y tramposa, en un lujoso hotel de Manhattan para enviar a su hija una correspondencia que describe una vida mundana, imaginada y soñada.

Evidentemente sobresale esa atmósfera del melodrama tan apreciada por Capra, un melodrama popular que se inscribe en el relato. Esta introducción casi trágica concluye en una secuencia maravillosa: en la calle. Annie lee la carta donde se anuncia la llegada de su hija con su novio millonario. Este primer cuarto de hora, se construye como un cortometraje y posee dos funciones: aquella en la que se puede omitir la presentación a los espectadores, los diferentes héroes de la película; y la otra, extraerse de un género que lo había estigmatizado desde antes. Así como Annie deseosa de ocultar la tragedia de su situación, Capra decide arropar lo real con un lujoso velo: Annie se convertirá, gracias a la atemperada ayuda de sus amigos, los gánsteres, en una reina por una noche, por un día. Capra rehúsa crear una dinámica paradójica que juega con la tensión entre nuestra mirada, ya uniformada de aquello que pasa o pasará y la mirada virgen, pero falseada de la hija de Annie, Louise, ignorando la verdad –y que permanecerá fiel a esta impresión hasta el final-. Lo que distingue a esta comedia a la americana, de muchas de esas películas de esa época es esa omnisciente mirada de Capra que nunca se rehúsa a mostrar el comienzo de lo peor. Lady for a day no es solamente una buena idea para un guión, y si el mecanismo de la comedia comienza a rodar en esta historia es para no desamparar ese realismo deprimente de las primeras secuencias.

El cine es uno de los tres lenguajes universales, los otros dos: las matemáticas y la música.
El cine es uno de los tres lenguajes universales, los otros dos: las matemáticas y la música.

Pero la película es ante todo, un formidable juego sobre las apariencias y las conveniencias de lo social, reducidas justamente al simple juego de papeles –un juego social-, un juego con fuerza construida para generar personajes heridos, pequeños truhanes decididos a maquinar cualquier fechoría uno de ellos tendrá una personalidad imaginaria: cónsules, presidentes, gobernadores, para probar –en el curso de una fiesta organizada por Annie y su marido ficticio- a la esnobista familia de Louise. La película progresa en su desarrollo y en su transcurrir compuesto de ‘gags’ y de un diálogo acertado que se opone al vocabulario burgués y al lenguaje de los bajos fondos.

Más artículos de Juan Guillermo Ramírez.

Literariedad

Asumimos la literatura y el arte como caminos, lugares de encuentro y desencuentro. #ApuntesDeCaminante. ISSN: 2462-893X.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s