El gusto por lo real

Sólo me interesa hacer cine barato. Con el dinero sólo se pierde libertad. Hal Hartley.

 

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

La ironía del héroe siembre va dirigida hacia sí mismo y no hacia los otros. Nunca es definitiva para nadie. Martin Romaña.

 

Hal Hartley nació en 1959 en Long Island. Estudió pintura antes de llegar al cine. Realizador de varios cortometrajes y después de haber escrito un sinnúmero de guiones, realiza su primer largometraje, The Unbelievable Truth. Tres años después dirige Trust me; en 1992 presenta en Cannes Simple men –dos hermanos en búsqueda de un padre que les abandonó hace años. El encuentro no resolverá nada, seguirán siendo unos supervivientes de esta realidad la mayoría de las veces hostil e incomprensible, pero coinciden por un instante con otros náufragos solitarios en un lugar perdido de la América profunda–. Algunas imágenes nos recuerdan a cuadros de Hopper, también han hablado de la influencia de Nicholas Ray, pero es Godard su principal referencia, y es en esta película donde me parece más evidente. Escena homenaje, al mismo tiempo, a Bande à part y Vivre sa vie: cuando Anna Karina baila alrededor de una mesa de billar. Con el montaje y la composición dentro del propio plano, del mismo que hizo Godard en El desprecio, para separar los mundos de los dos hermanos, y en 1994 realiza Amateur, con Isabelle Huppert y Martin Donovan.

Hal Hartley fue descubierto por el Sundance Institute de Robert Redford, con The Unbelievable Truth, cuando aún era una plataforma donde poder mostrar el último “cine independiente” americano, y no tan sólo un trampolín-atajo para instalarse en la industria con esa etiqueta. Pero él no estaba interesado en Hollywood, prefería contar sus historias de perdedores desde Long Island, con la mirada puesta en el cine europeo, y en su venerado Godard. Cuando en 1992 presenta en Cannes Simple Men, ya era un director de culto: “Cahiers du Cinema” le había dedicado ya varios reportajes que le alzaron como el cineasta independiente americano de moda, el Festival de cine de Rotterdam le había dedicado una retrospectiva.

Su segundo largometraje Trust (1990), es el encuentro de dos náufragos en busca de su tabla de salvación: María, una adolescente que, al anunciar su embarazo a su familia, su padre muere de un infarto, su madre la echa de casa y su novio rompe con ella; y Matthew, un inadaptado que odia su trabajo, tiene dificultad para las relaciones personales, con un padre que también le expulsa de casa cuando conoce a María, a quien desaprueba para él.

Hal Hartley es un hombre que se oculta, es un realizador que se cubre en un aparente anonimato y sabe también ocultar su juego, su oficio y su pasión en medio de la abstracción, el realismo y la parodia. Por lo tanto es inútil intentar situarlo exactamente.

Amateur describe cómo me siento, o cómo me gusta sentirme.
Amateur describe cómo me siento, o cómo me gusta sentirme.

Y la razón de esta reserva es clara y evidente. El arte cinematográfico de Hal Hartley revela siempre los intersticios de la vida cotidiana, esos límites de aire que dividen lo aparente con lo real, creando otra realidad inatacable. Los signos que pueden hacer posible su reconocimiento han desaparecido. Si se le aplica una mirada más grave, más profunda, fácilmente puede ser catalogado como un documentalista. Y es aquí donde el engaño se metamorfosea, en algo mucho más lúdico: la lógica de lo real.

 

Su estilo cinematográfico, que cobija su intencionalidad temática con sus marcos formales en una técnica aplicada, obedece a una búsqueda naturalista. Y así lo manifiesta Amateur, en donde adiciona todos los elementos del “thriller”: persecuciones, torturas, sangre, violencia, pareja de asesinos, horror, el gran misterio que todo lo baña en atmósferas grises, urbanas, y todo lo amnésico que tiene de asesino. Pero hay también una gran acumulación de coincidencias y de divergencias. En los relatos fílmicos policíacos, el tiempo se dilata, se congela, se retarda hasta el momento insospechado en que parece no existir. En Amateur por el contrario, uno se encuentra, desde el comienzo, con una situación tan increíble que sólo puede nacer en un mundo real: una ex monja virgen, ninfómana y pornógrafa –escritora de cuentos eróticos–. La violencia se desenreda por las enfermedades o malestares mentales de los ejecutantes.

Todo en Hal Hartley es lúdico, hace danzar el juego. No es posible un segundo para inquietarse en tomar un respiro de tranquilidad, ni siquiera para darse uno cuenta del desarrollo que emprenden los personajes, como así lo exige la regla de base del polar. El único suspenso se limita a la llegada de la otra secuencia: es el instante de la réplica, el aumento temporal del presente, lo inasible del porvenir, la inutilidad de la duración. Porque el principio de Hartley es evidente. Se trata de mostrar un género al desnudo, en estado puro, el “thriller” en su desarrollo insospechado, mostrando todas sus inconsistencias, y sustenta todo su poder visual posible en esa revelación de vacío. Vacío de tiempo, de espacio, de historias y de realidades, de mundos y de espejos, de hombres y de mujeres. Porque en ese vacío se agotan sus existencias. Realiza un apuesta en cámara desnuda que no se priva de nada, y se rinde sin prejuicios al lirismo de la ciudad, a las calles asfaltadas, a los exostos de los buses, a los pitos de los taxis, a los andenes empedrados y mojados, a las fachadas de casas dormidas como animales en cautiverio.

Ahora me interesan menos las relaciones entre padres e hijos y más las de mujeres y hombres.
Ahora me interesan menos las relaciones entre padres e hijos y más las de mujeres y hombres.

Siempre acostumbra trabajar con los mismos actores: Martin Donovan es el protagonista de muchas de sus películas. Adrienne Shelly, la inolvidable protagonista de sus dos primeras películas, que fue asesinada por un ruidoso vecino después de que Adrienne le llamara la atención. Isabelle Huppert, fascinada por su cine, le escribió una carta para trabajar en Amateur.

 

La industria acalló a los cineastas independientes de los noventa, pero eso es natural, reconoce Hartley, la fuerza motriz del cine es el negocio y el negocio es conservador por naturaleza. Al final, se acaba produciendo algo convencional con la pátina de cine independiente. Es el resultado de un proceso inevitable: lo ‘indie’ es hoy una apariencia, y no una sensibilidad.

Sus películas colocaron su nombre en el punto de mira de todo cinéfilo con hambre de novedad pero, tras el considerable reconocimiento crítico de Henry Fool, la carrera de Hartley, como la de tantos otros compañeros de generación, fue difuminándose. Con todo, Hartley puede ser considerado todo un superviviente de ese fenómeno ‘indie’ que arrancó con el éxito en 1984 de Extraños en el paraíso de Jim Jarmusch: Su película cambió la manera de pensar de la industria y eso hizo posible que durante los dos años siguientes pudiesen salir proyectos más difíciles. Nos empeñamos en hacer las películas que nosotros queríamos y de la manera que queríamos, fuera de las corporaciones. Ahora, tantos años después, cada vez es más difícil reunir dinero para los proyectos. El negocio cambia cada dos años y hay que aprender nuevas técnicas para solventar la financiación. No me puedo quejar: he tenido éxito y he hecho las películas que quería. Me gustaría tener suficiente dinero para ser mi propio productor, pero no puedo quejarme demasiado. La situación podría ser mejor, eso es todo, señala.

A veces desespera que en tu propio país no te entiendan, pero tampoco es tan importante. No soy famoso, pero tengo mi público. Me molesta cuando algún distribuidor me pregunta ¿Pero, estas pelí
Escribir una leyendaA veces desespera que en tu propio país no te entiendan, pero tampoco es tan importante. No soy famoso, pero tengo mi público. Me molesta cuando algún distribuidor me pregunta: ¿Pero, estas películas a quién le interesan? ¿Cuál es el perfil de su público?

Afortunadamente para el espectador, Hal Hartley plantea una falsa disyuntiva que no hace posible solucionarla: ¿Es el culmen del realismo o es un canto al irrealismo? Simplemente este casi desconocido director crea una engañosa contradicción entre lo físico y lo moral.

 

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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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