Raíces que crecieron mal

Imagen: Alex Aimé

Solemos imaginar que por haber llegado a viejos, o por haber salido de la infancia, crecimos lo suficiente para poder morir tranquilos. Es fácil imaginar, para empezar desde el principio. Es fácil imaginar cuando somos lo que imaginamos.

No sé si sucedió en un sueño mío o de alguien, pero era yo, eso sentía que era: lo que creo que soy. Era yo saliendo de una pequeña semilla, una matriz ergonómica (cuando eres ella misma). En principio romperla no fue fácil, hasta que la tierra, vencida por las lluvias, la debilitó y la agrietó levemente para que yo hiciera lo que el instinto me dijo que debía hacer. El primer olvido vino pronto y poco después ya me concentraba en los temblorosos brazos verdes que brotaban de mí. El vértigo me invadió la cabeza y sentí náuseas, mi cabeza era movida por el viento y no pocos insectos recorrieron mi piel sin afán ni culpa. Poco a poco me fui deshaciendo de mis miedos de humano para heredar los de águila y empezar a sostener el cielo con mis alas. Desde allí todo se veía más pequeño, como la semilla que fui y que ahora, todavía, era.

Creo que lo que creció de mí eran raíces sabias que no sabían leer; un dios recién nacido hablando en todas las lenguas; yo mismo dejando de serlo a velocidad de transbordador espacial. Creo que lo que creció de mí se lo robé al mundo sin recibir castigo alguno, y que lo que creció de mí me lo regaló alguien que lo tenía todo.

Imaginemos, pues, que por haber salido de la infancia, o haber llegado a viejos, crecimos lo suficiente como para poder morir tranquilos. Es fácil imaginar. Imaginemos que nos imaginan, o que no, mientras morimos o nos dejan de imaginar.

Sergio Marentes

Animal que lee lo que escribe. Cabecilla del colectivo poético Grupo Rostros Latinoamérica. Fue fundador de «Regálate un poema» y editor de la revista Literariedad. Colaborador de diferentes medios Hispanoamericanos con aforismos, poemas, articuentos, cronicuentos y relatos de diferentes tipos. Ha publicado el libro de relatos «Los espejos están adentro» y ocho libros de poemas que no ha leído nadie.

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