Joel y Ethan Coen, hermanos de sangre y de balas

Nosotros no tenemos reglas sobre la forma en que representamos la violencia, o la cantidad de violencia en una película. Es una calibración sobre una base caso por caso.

 

Por: Juan Guillermo Ramírez

Para Magnani viajera

¿Se acuerda de esa pequeña población deshonesta habitada por personas execrables, de ese sentimiento de claustrofobia provocada por la guerra incesante en la cual se libran todas sus fricciones? Joel Coen.

Cuando Blood Simple se presentó en el Festival de Deauville en 1984, los críticos ansiosos de reencontrarse con el nuevo cine estadounidense hurgaron en el archivo existencial de sus directores y poco encontraron. Los Coen, aunque novatos en la industria llegaban precedidos de una estela de admiración, tildados de niños prodigios, de iconoclastas. Al año siguiente Cannes les abría las puertas.

¿Quiénes son los Coen? Dos hermanos, Joel y Ethan, nacidos con dos años de diferencia (1955-1957) en un suburbio de Minneapolis, compartían el mismo cuarto y el mismo aburrimiento en el colegio, pero anticipaban con alegría los meses nevados para esquiar en las laderas montañosas de su austero estado. Es imposible disociar el nombre de Joel Coen, el director, con el de su hermano Ethan, el productor. Comenzaron a filmar en Súper 8, temas de antiguas películas contadas por los compañeros de clase.

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Nunca hemos entendido. Es algo curioso, la gente a veces nos acusan de condescendiente con los personajes de alguna manera, que es algo inexplicable.

Cuando acechaba el ocio repartían su tiempo frente a los dibujos animados y las series de televisión de Doris Day, Tarzán y Jerry Lewis. Eran tenaces, afirmaba su padre Edward, un profesor de economía de Minnesota, sobre todo Ethan. Siempre supo lo que quiso e insistió sobre ello. Durante su estadía en la primaria, Ethan colaboró en una obra de teatro y con la secundaria a espaldas escogieron un colegio privado en Massachusetts. De allí Ethan se enroló en la Universidad de Princeton para estudiar filosofía y Joel en la de Nueva York para estudiar cine. Joel editaba películas de horror aceptando tareas diversas hasta que su hermano se graduó. Ese amor al cine los volvió a unir. Ambos comenzaron a escribir guiones: “Suberbicón” dentro de la veta de crímenes y misterio, “Asesinato XYZ” con la colaboración de Sam Raimi y dirigido por él mismo llamado posteriormente Crimenwave en 1985.

Los hermanos Coen realizaron un remake de The Naked prey de Cornel Wilde y Adviseand Consent de Otto Preminger en 8mm y el montaje de la película Evil Dead de su amigo Sam Raimi a quien siempre admiraron su técnica y su estilo y un baluarte de ayuda en los comienzos. Con tono acérbico -una constante en su carácter- se expresan así de él: Si un pobre diablo hace sus películas, ¿nosotros por qué no?

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La amistad es un estado mental.

Dentro del género de película negra, Sangre fácil se inspira en las novelas de James Cain –a quien adoran- aunque el título provino de Dashiell Hammett. Un marido humillado por los celos contrata a un detective para liquidar al amante de su esposa. El detective, un oscuro personaje, acepta, pero maquina otro plan. Simula que los ha matado para apropiarse del dinero sin desconfiar que la pareja decide a su vez matarlo. Es una renovación del género paródico, un producto de la disgregación que la estructura argumental sufre a causa de su propio carácter excesivo y ciertos momentos de la trama adquieren un poder expresivo digno de un clásico del cine “hard boiled”. La historia comienza con una mujer huyendo de un matrimonio intolerable con un rico texano, dueño de un bar, y entabla un impulsivo ‘affaire’ con el barman del establecimiento. Su marido se entera del enredo erótico y después de una humillante confrontación con su esposa y el barman, contrata a un vulgar detective sureño para que los mate. Pero, éste tiene una idea mejor y sigue a los amantes y toma fotografías de ellos en una cama dormidos. Luego retoca las fotos en tal forma que parece que ambos han sido asesinados a balazos y se las entrega al marido como prueba final del contrato. Después de que el marido le entrega el dinero estipulado, el detective lo mata de un balazo. Aparentemente ha cometido el crimen perfecto.

Su segundo largometraje Educando a Arizona es la historia de un matrimonio sin hijos (Nicholas Cage y Holly Hunter) que al verse imposibilitados de tenerlos, rapta a uno de los cinco del fabricante de muebles Nathan Arizona. Bajo una trama de aparente comicidad se encuentra una crítica punzante contra la forma como se educa la niñez en los Estados Unidos. Miller’s crossing, vino de un título de Hammett pero tanto la trama como los personajes provienen de The Glass Kay y Red Harvest. El universo de fílmico de los hermanos Coen es una mezcla única de locura y de sordidez, de libertinaje y de poesía, elementos recubiertos por un humor frío que dan nacimiento a una urgente estética. Recreando la inspiración de la película de “serie negra” –policíaca o gángsters-, en el período llamado como el de la Prohibición (1929), Miller’s crossing  es una verdadera joya de la muerte exquisita. Es la extraña epopeya de un héroe que persigue sin cesar su sombrero, en un inmenso bosque en donde los senderos, como el destino, se bifurcan a lo lejos. Pero, ¿por qué querer realizar una película de gángsters? Para contar historias de amistad, de carácter y de ética. Estas no son palabras de los Coen si no de un hombre robusto y clavo con un bigote muy fino. Y es el primer plano de la película en donde aparece y nos previene Johnny Caspar (John Polito), un hombre que no descansa de hablar ante cuatro hombres miembros de la mafia, su discurso es nebuloso, como la noche y se le escucha hablar de peleas compradas por alguien llamado Bernie, pero fundamentalmente habla de ética. Y un gángster que habla de ética es extra-ordinario. Todos estos detalles inesperados, para el espectador, forman parte de la propia lógica del filme. Es espectador toma el relato, escucha a las personas que está viendo por primera vez y no las conoce. ¿Quién es Bernie? El hermano de Verna. ¿Y Verna? No aparece, no la ve. El guión, escrito a dos manos por los Coen, esquiva la escena de presentación, la evita, prefiere comenzar la película con un ruido de témpanos de helo como queriendo aconsejarnos no seguir la mirada si no lo que se escucha.

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¿Usted ve una moral en ellos? ¿Tenemos la moral?

Pero mientras Johnny Caspar habla, un hombre se sirve algo de beber. Es sombrío, usa sombrero negro y su mirada es metálica y azul. Es Tom Reagen (Gabriel Byrne) el protagonista de la historia, un personaje que carece de heroísmo, que nunca se defiende, que nunca dispara porque no le gustan las armas. La acción transcurre y fluye en una población anónima durante la Prohibición. Leo (Albert Kinney), un capitán irlandés que controla todo con la ayuda de su brazo derecho Tom Reagen, su único punto débil es Berna (Marcia Gay Harden), su amante con la que quiere casarse. Bernie el hermano de Verna parece como una sombra en la noche, frente a Tom, es su ángel negro que siempre se rehúsa a aceptar su condición humana: asesino, estafador, tramposo, homosexual y ladrón, como si fuera todo un personaje de Jean Genet. Si Johnny Caspar va a ver a Leo, en la primera secuencia, es justamente para exigirle la cabeza de Bernie, pero Leo se rehúsa al prometerse con Verna, también su amante, que lo va a cuidar. Pero todo esto aparece progresivamente, la información está destilada y alimentada por referencia, a través de un diálogo  similar a los de Shakespeare, y que constituyen una narración misteriosa que se ubica muy cerca del misticismo, con la ayuda de los claros-oscuros como arma de seducción. El espectador avanza en el relato como un sonámbulo ignorante. Al interior del texto cinematográfico, una palabra se convierte en una llave que permite el ingreso de una secuencia a otra. El guión construye progresivamente la reputación de Bernie, antes de permitirle al actor hacer su entrada, una reputación cargada de veneno. Su primera aparición es ejemplar. La noche es profunda, el apartamento de Tom se encuentra sumergido en lo negro y el teléfono suena. El plano general con la silueta de Tom en sombra chinesca se cuela por la habitación, se sienta en un viejo sillón al lado de un velador y descuelga su abrigo después de haber prendido la lámpara. Su aparición súbita golpea el soplo del filme para hacerlo bascular definitivamente en el campo de los sueños.

La puesta en cámara de Joel Coen es depurada. No hay nada descontado en este encadenamiento de planos sobreimpuestos o fundidos que tienen como eje a los personajes que tienen como eje a los personajes y desbordan de palabra y de silencio, el riesgo que, a cada instante se transforman en un montaje elaborado con cuantiosa adrenalina. Miller’s crossing es un sueño profundo de cine. Y en el sueño todo puede ocurrir. Lejos de este particular género al cual permanecen fieles los Coen, utilizan la película de gángsters como telón de fondo en donde se esconden sus verdaderos y originales motivos. Si el guión está dado para construir un mito alrededor de Bernie, es también porque él sólo es capaz de hacer despegar la historia, de transformar un simple homenaje a la “serie negra” en tragedia. Y es durante ese rito de iniciación y de pasaje que tiene lugar en Miller’s crossing que la película adquiere verdaderamente su significado, se desprende de toda referencia hacia el pasado para convertirse en una unidad mínima de sentido. El sacrificio no tuvo lugar y Tom debe asumir las consecuencias de este acto deliberadamente fallido.

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Puedo contarte… la vida de la mente. No hay mapa de carreteras en ese territorio…y explorarlo puede ser muy doloroso.

Perecería contradictorio que un gángster se exprese en términos de lealtad, pero este submundo se rige por códigos intrínsecos, verbigracia, la mafia. Esta película ha sido catalogada como un Padrino postmoderno. Barton Fink fue la triple ganadora en los renglones de mejor película, mejor director y mejor actor en Cannes 1991. John Turturro que personifica al héroe epónimo, explicó en una entrevista Barton Fink es el viaje de una persona joven que trata de buscarse a sí mismo. Algunas veces necesitamos tomar actitudes y posturas pero de repente uno es golpeado por la vida y uno ve cómo responde en tal situación. No importa cuáles son sus temas, su moral y su ética de trabajo, uno siempre está desafiado por lo que pasa en la vida. Es el comienzo de la madurez. Son los años 40. Barton es un dramaturgo que después de su temprano éxito en Nueva York con su obra “Bare ruined choir”, los cazadores de talento lo contratan como guionista para escribir “Burlyman” para Wallace Beery en la meca del cine. Fink quiere al mismo tiempo crear un teatro por y para el hombre común. Solitario se instala en el sórdido hotel Earle en Los Ángeles, poblado por seres que no vemos pero que palpamos: un vendedor de seguros. Es junto con el ascensorista y el recepcionista las únicas caras visibles. Esta cinta es un desafío a la mediocridad, es el triunfo del arte.

Una de las características de los hermanos Coen es la de no buscar excusas a expensas de su labor cinematográfica. Igualmente reivindican ferozmente la ambición de ser cineastas accesibles, de aquellos que ya no pueden ser ignorados bajo la mirada clasificatoria de los códigos de Hollywood, así sean un claro ejemplo del cine de hoy, del cine independiente estadounidense. Con Joel y Ethan Coen, el cine de los Estados Unidos llega definitivamente a la edad adulta. Ya era hora.

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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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