Todo, menos lo imaginado

Reseña de la novela Albanuma, la ciudad perdida del escritor ecuatoriano Jorge Vivanco.

Por: Javier Zamudio

Siempre que termino de leer un libro y me enfrento al reto de juzgarlo, recuerdo una frase de Philip Roth que, en momentos como estos, me sirve de brújula y de balanza. La frase dice de la siguiente manera:

The idea is to perceive your invention as a reality that can be understood as a dream. (La idea es percibir tu invención como una realidad que puede ser entendida como un sueño). Curiosamente, la obra del cineasta y escritor ecuatoriano, Jorge Vivanco, se ajusta con precisión a esta frase, pues Albanuma la ciudad perdida es una novela que sucede en una realidad que puede ser entendida como un sueño. Es una alegoría, un símbolo repitiéndose, casi de la misma textura del espejo, con una infinitud de puertas, superpuestas unas sobre otras, que conducen al principio y al final de todo.

Leer Albanuma es mirarnos desde todas las esquinas del cuadrilátero, asomar el rostro a través de todos los ángulos, sin omitir los rasgos más personales y sin alejarnos de una visión cosmogónica que se trastoca, porque es un libro que comienza en el final y se va desarrollando hacia el comienzo.

De esta manera, su tema se impone sobre la trama, envolviéndola y engulléndola por instantes. Sin embargo, no la pierde, la historia se desarrolla cobijada por su propia metafísica. José despierta, sin explicación, en el desierto, sacándonos de lo real para conducirnos hacia el sueño que pronto descubrimos es, en la novela, la única realidad plausible. Su habitación ha desaparecido, la ciudad de Albanuma se ha esfumado. El mundo que conocía, donde había crecido, es un sueño hecho añicos. José muere para nacer de nuevo sobre dunas que se disuelven entre nuestros dedos.

Así nos recibe Jorge Vivanco, con un golpe que nos deja en knock-out cuando leemos la primera página. A partir de  este primer instante, la novela se despliega en una peregrinación en busca de la ciudad perdida, en un intento de regresar a Albanuma. Pronto, a medida que avanzamos en sus páginas, la peregrinación se convierte en un viaje hacia la vida, donde el amor, el conocimiento, la madurez, se van develando poco a poco, como gotas de agua, tan escasas en la novela. Junto a José, aparece María, compañera en aquel misterio, criaturas mitológicas, Dino, el perro fiel, y otros jóvenes que, como él, caminan hacia el principio de todas las cosas.

Jorge Vivanco recrea una obra que sorprende tanto por su trama, como por su tema, configurando un sueño «vívido y continúo», como diría John Gadner, y entregándonos una pieza de arte que se destaca por la precisión y exuberancia de su prosa, pero sobre todo por la forma de hablar del sueño en esa realidad que es la novela. Albanuma lo contiene todo en sus pocas páginas, y en el final sentimos ternura, aunque en el fondo nos quede la extrañeza, acompañándonos en silencio, aletargada, porque la ciudad de nuestras pesquisas se desmorona frente a nuestros ojos, y se levanta más allá en la forma de un mundo que mira el futuro con los ojos ocultos entre la savia de los árboles y el rumor del agua. «No había explicación que resultara más coherente, y más a mano, en este espacio de naturaleza prodigiosa e imprevisible, donde podía suceder todo, menos lo imaginado.»

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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