Cinco poemas de Martín Moureu

KODAK Digital Still Camera
El poeta Martín Moureu. Foto de su archivo particular.

Martín Moureu *

Poemas
Selección del autor

 

Tan Quántica

La chica cuántica me dice que tengo
el sueño cambiado: debería, según su
punto de vista, desligarme de mi modo
binario, ahumar mi conciencia con yerbas
psicoactivas y sahumerio. Resulta, dice,
impostergable instalar un socialismo
sin industrias ni desechos tóxicos, donde
todos podamos, consagrando una huerta
orgánica en las macetas del balcón,
vivir felices. Dice, “megaminería a cielo abierto”,
clavándome su mirada de medusa;
“la masa se mueve por inercia”,
formula. Con la boca abierta quedo
masticando ese chicle mental.

Sin ánimo de contradecir ni de
buscar consenso, no hay mejor
opción que, por la música ambiente,
dejarse atravesar. Lo material,
ante los ojos verdor agua, se des-
dobla en energía. Consecuente
con Heisenberg, su visión altera
la conducta de todo lo que toca,
yo no puedo ser más que
lo que reacciona a la magnitud
de sus pupilas: incertidumbre.

Tan fotogénica al incorporarse,
desde cuya perspectiva extasía la
curvatura espacio-temporal en su
andar, forma y fondo, hacia la cocina
con vistas a preparar té de hierbas
naturales (sic), con tal gracia (natural,
obviamente) que propicia una cósmica
armonía entre el pan y la mermelada.
Cómo no colgarme viéndola delicada
en la panorámica alinear porcelana
sobre una bandeja; entonces da media
vuelta y me aclara, “tan legible
no soy”, inclinando los anteojos.

Besaba todo el día y no tenía tema de conversación

“No tenía”, ¿de dónde esa necesidad,
acaso urgencia, de contacto, verbal?
¿no consiste, como pretenden, el tacto
un acto de comunicación, de comunión,
un código interno el cuerpo, la piel-alfabeto
apropiándose, asignándole a cada gesto?
“Tema de conversación, no tenía”, como
que fuéramos procesadores de textos
simplemente, si el silencio, “besaba”, no
abriera un canal, de aire, “todo el día”,
a cualquier posibilidad, más que verbal,
“de conversación”, de estar ahí pero estando
sin mediar palabra y no fuera posible ser
en un lugar sino a través de lo enunciado, “tema de”,
o transmutándolo en, codificándolo, un espacio
intertextual, piel-alfabeto, sobreentendiendo que
repugnamos, aunque habitable, el vacío por in-
significante. “Besaba”, por eso “no tenía”, o
“no” y, por eso, “besaba”. Con qué razón debemos,
“todo el día”, palabras habilitar entre, de por
medio, entre nos, intervenir sin mayor sentido
que constatar del otro la presencia al otro
extremo, encubriendo una radiación o ruido de
fondo o agujero por donde lo innombrable
se filtre, lo no otro, lo mismo.

Accidentes domésticos

Al principio nos debatíamos
entre dudas fáciles: papas fritas
o puré. Pese a las diferencias
compartíamos el mismo campo
semántico. Ni cabía plantearse
si la convivencia aseguraría
un nivel de ingresos superior
a la canasta básica o si los hijos
importarían una experiencia
trascendental. Bastaba que
yo cocinara y vos lavaras
los platos: inconcebible ajuste
más fiel, correspondencia más
exacta.
¿Cómo íbamos a sospechar
entonces tal malentendido?
Un conflicto familiar acechando
bajo el repasador de la cocina,
la discusión girando sobre ese
eje descentrado, a tal punto que
podría, si se quisiera, trazarse
de lo discutido un cuadro
sinóptico a partir de ciertos
recortes, palabras clave que van
cayendo, de disputas saldadas
vuelven y se devuelven según
esa mezquina dialéctica de poder donde
el único criterio decisivo no es
el peso de los argumentos sino quién
estará dispuesto a ceder. En fin, sólo
palabras, y hasta ni siquiera eso: son
cosas que se dicen en caliente.
¿Cómo construir así un sentido,
provisorio al menos, que nos incluya,
una fe que nos abrace?
A dormir sin co-
mer pareciera la sentencia
definitiva pero, ahora,
cuando me doy vuelta y veo,
a la luz del televisor, que
te quedaste dormida antes
de finalizada la programación, re-
signando todo lo pactado, me
pregunto en qué momento el sexo
pasó a ser ese accidente doméstico
que más conviene prevenir.

Sentido de pertenencia

Por más que vivas sacando cuentas, por
más que la geometría de las probabilidades,
o alineaciones interplanetarias. La resultante
entre peso y altura de un jugador y su relación
con la distancia recorrida en kilómetros durante
el tiempo reglamentario no determina por qué
cuando nos deslizamos sobre la corteza terrestre
impulsados por nuestra estructura muscular
nos aislamos de los vejatorios efectos del tiempo.
De nada valen la racha de minutos consecutivos
con la valla invicta como local en el arco que da
a las vías del ferrocarril sud, la lista de penales
errados con sol de frente, el historial favorable
contra equipos con camiseta rayada, el porcentaje
de pases acertados bajo la lluvia, la secuencia de
Fibonacci tras las cifras goleadoras. ¿Qué importa
si con lo que gana por minuto equis jugador
se podría alimentar una familia tipo durante
cuatro días y dos noches con postre incluido?
¿Qué sabiduría puede existir en ese misticismo
cabal que pretende domesticar la entropía
creciente en el campo de juego? Alejandro,
hasta que no proceses que los pies configuran
un mapa semántico del cuerpo donde
convergen los millares de terminales nerviosas
que arrastran el torrente de energía
vital, conectándonos a la superficie de
un planeta con núcleo incandescente,
no vas a entender del fútbol el por qué.

 

Memento mei: funeral milonga al padre, enseña del existir lo in-significante, censura los engaños del suyo seguro de vida y concluye su discurso con lapidaria sentencia definiendo la igualdad ante la
muerte como inútil socialismo, fosa común

Superándose cierto punto crítico
en la cadena de reacciones
químicas que sostiene alertas
signos vitales se introduce
en la coyuntura una variable
no prevista, una verdad
cuya expresión corporal recién
ahora empieza a resolverse.
Cese de-función, luego,
su número de legajo archívese
su historia clínica. Lo más
pronto posible suplida sea
tal faltante en el personal.

Cuando en la llanura naciera,
los árboles todos habían sido
ya plantados, sin embargo, por más
que hoy cerrare la causa, urgente
surgirán preguntas buscándole
otro cauce a la retrospectiva
de sus días. Sin más tarea que
trasplantar a su modo, con propias
palabras pregonaba fábulas
cristianas y a veces nos mandaba
jugarle al Loto propinándonos
un vuelto en monedas. Incluso
sus palabras eran monedas
de dos caras,
aunque, pensándolo
de un modo otro, el sentido no se
hallaba tanto en el reverso como
en recorrer el borde.
Aparte, ¿en
qué se diferencia aspirar a una
recompensa en el más allá a poner
esperanzas en salvarse con el Loto?
¿Cuándo nos daremos cuenta de
que al final nos definimos por
las preguntas que nos hacemos?

Y puestos a procesar cuánto
ahorramos en las últimas
vacaciones: la reforestación, la
descendencia, las propias palabras,
hasta el trasplante de órganos
parecieran tornarse consuelos
aterradores. Ingenua necesidad
moral de un balance de bienes
y deudas. Resultando, “gracias, de
nada, quedate con el vuelto”, un
epitafio adecuado, si buscarle
sentido a la vida acaso
más no sea que
un exceso de
literatura.


(*) Martín Moureu nació el 23 de diciembre de 1981 en Ayacucho (Buenos Aires), donde reside. En 2011 salieron dos pequeñas ediciones artesanales de su primer libro de poemas “SinTácticas”, una por Cacto ediciones en México y la otra por Ananga Ranga en Corrientes. Fue finalista del Concurso Internacional de Poesía Lamás Médula 2013 y al año siguiente obtuvo el primer premio en la categoría Poesía del  8vo. Concurso Literario Nacional Adolfo Bioy Casares, con jurado integrado por Silvia Castro, Leonardo Martínez y Raúl Artola.  Además participó de la antología “Poesía de hoy y de siempre” (2014) de Eloísa Cartonera, publicada bajo el título “Emergentes” en Zaragoza por Cartonerita Niña Bonita.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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