El hombre para el que la poesía alcanza

Entrevista realizada al periodista y editor argentino Hugo Muleiro: el relato de una vida, una época y un país, donde lo poético y lo político están íntimamente ligados.
hugoooo
El escritor, periodista y editor Hugo Muleiro en su casa en Buenos Aires. Foto de Juliana Gómez Nieto.

 

 

Por: Juliana Gómez Nieto. 

Hugo Muleiro llega a las afueras del emblemático cine Gaumont, en el instante en que la luz de la tarde pega sobre la cúpula verde del Congreso argentino; el palacio, de estilo grecorromano, es fotografiado por turistas que recorren el casco histórico admirados con la diversidad arquitectónica de la zona: una confitería en forma de molino, un faro sobre un edificio cuyo diseño fue inspirado en la Divina Comedia. A medida que Hugo recorre las calles que conducen de su trabajo a su casa van desapareciendo las elegantes librerías, los históricos bares del centro, y  emergen, los primeros rastros de una ciudad habitada por comerciantes de todas las nacionalidades y rubros: colores y texturas se amontonan en  las vertiginosas veredas de la calle Rivadavia. Hugo tiene el ritmo de caminata de un porteño, lleva puestos audífonos y no lo marean ni el bombardeo publicitario, ni los vendedores ambulantes; sabe esquivar a las decenas de transeúntes que caminan despistados mientras responden un WhatsApp.

Para entrevistarlo hay que subir hasta el noveno piso de un edificio de la calle Alberti, al que en verano a veces le falla el ascensor. Vive en un departamento pintado de verde, que también es su oficina, el lugar desde donde lleva a cabo su labor como director y editor del portal La poesía alcanza. En la sala hay una mesa, un escritorio, una amplia biblioteca, desde donde se ve el Diccionario del uso del español de María Moliner. Entre los pocos objetos de decoración, una planta de interior que cuelga bañada por la luz que entra por la ventana. Hugo ofrece agua, café, té o gaseosa. No toma mate -sólo a veces, en la oficina-, pertenece a ese pequeño porcentaje de los argentinos a los que les cae pesado. Antes de que elija, me advierte: “No es café colombiano; es la porquería que tomamos acá”. Reímos. Trae agua de la nevera, afuera hacen treinta grados. Bebe con deleite el líquido mientras se recupera de los nueve pisos. Tiene anteojos grandes y los ojos turquesa, la sombra de una barba blanca; usa zapatos de punta cuadrada. Es periodista, lanza  preguntas aun cuando es él quien será entrevistado.

Hugo Muleiro tiene sesenta años, nació en 1955, en el año del derrocamiento de Perón, en San Isidro, zona norte de Buenos Aires. Era el menor de tres varones, hasta que cumplió  seis años, cuando su padre  que estaba enfermo y que “era el amo de casa”, muere. Su madre, obrera de una fábrica se vuelve a casar y pasan de vivir con otras familias, en un conventillo, a vivir solos. “Tengo recuerdo de estar en la escuela y que se anunciara un golpe de estado. El país vivía en la secuencia permanente de gobiernos democráticos que eran interrumpidos”.

Y al mismo tiempo, en la Argentina de los años sesenta, sus hermanos adolescentes, Julio y Vicente, comenzaban a vivir fenómenos de explosión culturales: la irrupción del rock, los primeros movimientos musicales de renovación del tango y del folclore argentino, en lo musical y en lo poético. “Era una época de la radio con mucho más sosiego, más reflexiva: se leía poesía a las tres de la tarde, o cuentos que duraban cuarenta y cinco minutos”. Hace un silencio esperando la siguiente pregunta.

-Gastón Bachelard afirma que “un exceso de infancia es un germen de poema” y que guardamos en nosotros una infancia potencial a la cual volvemos a través de la ensoñación poética. ¿Qué piensa de esto?

-Me resuena como una sensación que me habita. También diría que una falta de infancia puede ser un germen de poema en el sentido de crear la necesidad de exploración o de búsqueda de sensaciones a partir de lo que no se tiene materialmente. Yo recuerdo a mis dos hermanos armando partidos de fútbol con figuritas, no por el partido en sí, sino para hacer el relato de éste, porque en ese momento el fútbol se escuchaba por radio y tenía una carga de creatividad y de imaginación muy superior a la que hoy en día la TV cancela. Ellos armaban los partidos para actuar de relatores, y yo que era más pequeño y no me daba para ser relator, era lo que hoy llamaríamos un móvil; jugamos al periodismo de la radio. Los días de lluvia yo pasaba el parte meteorológico mirando por la ventana de mi casa, eso es una osadía fantástica de la imaginación pero también está dado por la carencia material, porque si uno tuviera miles de artefactos para entretenerse es posible que no tuviera que desarrollar eso.

Así fue como los hermanos Muleiro, Hugo y Vicente, importantes referentes del periodismo argentino, llegaron a la profesión. Jugando.

Cuenta Hugo que Vicente, que es cinco años mayor, y quien años más tarde se convertiría en poeta, periodista, escritor, editor de la revista Ñ, el suplemento cultural más conocido de la Argentina; al cual renunció, después de dieciséis años, por cuestiones ideológicas, le  presentó la poesía y la literatura con una fuerte conexión con lo social y con lo político. “Me llevaba revistas de las organizaciones de izquierda de la época en donde había  artículos teóricos de Cuba y del Che y siempre había en las últimas páginas poesía”. Con las manos gruesas apoyadas sobre las rodillas y mientras mueve rítmicamente el pie, traza un puente imaginario con el pasado; intentando recordar cómo empezó todo. Algo se ilumina en su rostro y comienza a contar dejando respirar al relato.

A los doce años Hugo creó su primera revista de poesía con la máquina Olivetti de Vicente -mientras lo cuenta se ríe con picardía y de repente el hombre de sesenta años es ahora un niño-. “Lo que yo leía en poesía me generaba en impulso automático de expandirla, me pasaba todo el fin de semana tipeando en papel carbón tres ejemplares por vez a razón de doce páginas; yo ahí ponía poesía de Benedetti con cosas de actualidad que leía o escuchaba en la radio, y después las llevaba a mi aula de la escuela y las repartía”. Luego, aclara que en la familia el poeta es su hermano, pues él hace cinco años que desistió de serlo, después de intentarlo durante cuarenta; simplemente porque no le satisfizo lo que escribía.

-Ahora que ha pasado tanto tiempo y ha leído no solo a Benedetti, ¿cuáles han sido sus  poetas  favoritos de la poesía universal?

-Yo me siento casi exclusivamente ligado a los españoles; a la generación del veintisiete, luego a la del cincuenta, estoy muy marcado por eso. De Alberti, Machado, Federico García Lorca, Miguel Hernández. Aunque yo nunca tuve una lectura muy organizada; yo iba leyendo lo que me llegaba a las manos.

-¿Y de la poesía latinoamericana?

-Son muchos pero mencionaría a Juan Gelman, en primer lugar, porque además es un ejemplo muy poderoso de una escritura muy ligada al acontecer común. Ahí sí, siempre tuve una inclinación; no me conecto tanto con la poesía más de autoexploración sino más con la que se vincula a la comunidad. Agregaré a Jorge Boccanera, es muy amigo de Vicente y también amigo mío. A José Emilio Pacheco, Jaime Sabines, Juan Manuel Roca, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra, César Vallejo. Yo debo aclarar que mis registros actuales respecto a la poesía están muy vinculados con una sensación de confort que yo siento con lo latinoamericano y mucho distanciamiento y desengaño con lo no latinoamericano, yo veo ahora todo lo europeo con cierta distancia, no puedo desligar a los creadores europeos de un contexto que creo yo ha sido una gran estafa para la humanidad, digamos el júbilo civilizatorio que Europa le prometió al mundo, estoy sintiendo que fracasó y eso me hace sentir en una zona de confianza con nuestros lenguajes. Si te fijas los poetas que yo nombré podríamos decir que son latinoamericanistas además de ser latinoamericanos. Eso no tiene que ver con un proceso literario; tiene que ver con una emocionalidad puramente personal.

-En la entrevista que le hace Piglia a Walsh en el año 73, este  sostiene que hay que replantearse como escritores que el arte y la política no tienen nada que ver.  ¿Qué opinión  tiene  usted sobre la siguiente afirmación de Walsh: “No concibo el arte sino está relacionado directamente con la política, con la situación del momento que se vive en un país dado; sino está eso para mí le falta algo para poder ser arte”?

-Comprendo su afirmación desde el lugar en el mundo que ocupó, y quiso ocupar Rodolfo, y comprendo la autenticidad con que hace esa afirmación, pero no creo que esa concepción que él tiene sea exigible a otros creadores. Sin embargo, en realidad, todo hecho creativo está vinculado con su entorno y está destinado a influir en él; a empeorarlo o a mejorarlo. Me disculpará, busco un libro.

Vuelve con un libro de Jorge Boccanera en el que busca pacientemente unos versos que no encuentra. Mientras tanto, el agua para el té hierve en la pequeña y luminosa cocina; en la puerta de la nevera hay fotos de niños que fueron creciendo y sobre una de las paredes cuelga un reloj que desde hace tres años da la misma hora. Hugo vive solo, pero en el baño están los cepillos de dientes de sus hijos que suelen venir los fines de semana. Cuando al fin encuentra lo que busca dice:

-Por ejemplo, este es  un texto que uno diría, acá no hay una proclamación política ni está ligado a un hecho político, y sin embargo yo le encuentro incidencia en la realidad:

La rosa es una máscara,
oculta el rostro de la selva,
barro verde.

Furia que no envejece.
Como la respiración contenida de un dios.

Lo que no es selva es ruina.

-Para  mí como lector influye en mi noción del mundo y desde ese punto de vista es algo político. Un auto-cuestionamiento de la inserción de uno en el mundo y qué está haciendo es una forma también de hacer política.  No me parece que sea necesaria la referencia directa para considerar que hay intervención en la realidad. Yo creo que si el poema es bueno, en el sentido de aportar una mirada superadora de lo que está mirando, este es una forma de incidir en la realidad.

 -Argentina es un país de escritores y poetas con una fuerte tradición política. Tal vez por esto se ha llegado a condenar la posición de Borges en relación a su época. ¿Qué opina usted de eso?

-Yo creo que las acciones de Borges como sujeto social y político no permiten poner en duda sus aportes literarios, su extraordinaria narrativa y su poesía fabulosa. Me parece que hay que ser demasiado esquemático y cerrado para verlo de esa manera. Diría que Borges, cuando empieza a trascender como escritor, empieza a hacer un aporte a las letras argentinas que de alguna manera es revolucionario  y quizás es una palabra que a él no le sentaría bien, pero no hay forma de ignorar todo lo que Borges aún está dando a la literatura universal, digamos, y a la poesía; era un poeta extraordinario, es un enorme placer leerlo y a veces es desgarrador también. Ahora, su adhesión a la dictadura argentina, que fue una dictadura genocida, es algo que uno no puede acompañarlo, pero  eso no nos priva de valorarlo como escritor.

-¿Cuál es la función del poeta en la sociedad para usted?

-Cumplir la función de mirar la realidad sin simplificaciones que son dañinas; sin reduccionismos  que en realidad casi  impiden la mirada. Yo creo que la necesidad es cada vez mayor porque los esquemas de comunicación que se están expandiendo y las estrategias de penetración cultural  a través  del paquete mediático hacen que las personas tengan cada vez menos capacidad de complejizar la realidad y menos capacidad para  aceptar la duda que la poesía puede sembrar.  La poesía no cierra ni dictamina sobre una realidad; hace preguntas. Y me parece que es una forma creativa de estar en el mundo y me parece que la poesía eso es lo que puede dar en contraste con el mensaje publicitario, el de la industria del espectáculo e incluso con el discurso periodístico que al menos aquí está muy simplificado, ha perdido mucha complejidad el periodismo argentino; perdió riqueza, los textos tienen que ser más cortos porque se supone que el público no lee, los desarrollos son menos complejos. La poesía  puede luchar contra eso con el desafío que significa hacerlo sin por eso volverse incomprensible. Yo no le resto ni mérito literario ni estético a la poesía encriptada o hermética; pero como vivo de esta conexión entre el hecho poético y el hecho social me parece que se vuelve un hecho más poético aquella poesía que consigue ser escuchada y que no queda encerrada en la individualidad del que la escribió, me gusta más la poesía que sirve para distribuir la mirada enriquecedora y creativa.

-¿Por qué cree que  el siglo veinte fue la cúspide de la poesía latinoamericana con figuras como Nicanor Parra, César Vallejo, Octavio Paz, Alejandra Pizarnik, Gabriela Mistral, entre tantos y tantas más?

-Me parece que eso se vincula con una expansión en muchos sentidos con una apertura hacia las libertades, la poesía es renombrar, es cuestionar, es dudar y eso como un fenómeno con cierta expansión es posible solo en el marco de una corriente que no solo es de la poesía sino que es una corriente cultural general y política. Me parece que la expansión de la libertad  buscada de los años sesenta a los ochenta es una condición  para que el verso libre, sobre todo, alcance las cúspides que alcanzó en ese momento.

-¿Qué piensa de la poesía contemporánea que se está produciendo hoy por hoy en América Latina, podrá esta alcanzar la calidad que tuvo la del siglo veinte o cree que está en decadencia?

-Si yo tomo hoy cuatro o cinco libros de la Argentina titulados la nueva poesía o la poesía joven y tengo que decir si me gusta o no, diría que la mayor parte de lo que encuentro no me toca, no me eriza la piel; pero no puedo sentenciar que esto es definitivo, son poetas que están floreciendo y que están haciendo su exploración, vamos a ver a dónde lleva eso.

Hugo tenía 18 años cuando empezó como corrector en un diario pequeño de Neuquén, en la Patagonia,  al que fue a trabajar primero Vicente. “Yo al periodismo  llegué de la mano de Vicente; nos lanzamos al periodismo en una época en que en Argentina la oferta para estudiar comunicación o periodismo era escasísima”. Pronto empezó a proponer notas y llegó a ser el jefe de redacción. Doce años después sería, primero jefe de redacción y luego director periodístico de la agencia estatal de noticias Télam. Durante casi 20 años fue secretario de redacción de la agencia de noticias italiana ANSA, en su servicio en español para América Latina.

 -Usted es de los periodistas que se formaron en la práctica y no en la academia, ¿cuáles cree que son las ventajas de esto para su trabajo?

-Es seguro que estando dentro de los mecanismos de la generación de la noticia uno lo asimila con más facilidad que si lo tiene que estudiar en abstracto y al aplicarlos en el escenario se le crean una serie de dificultades, pero bien que me hubiera gustado a mí tener mucha más nociones de ciencias políticas, económicas, ecología y de historia para ejercer el periodismo, ya que es imprescindible.

Hugo fue profesor extracurricular -porque no tiene título- de redacción de noticias en la carrera de Comunicación de la  Universidad de Buenos Aires durante 10 años, profesor de periodismo en la universidad de Palermo  y en la Escuela de Periodismo del Buen Ayre de Morón.

¿En qué momento de su vida el periodismo y la poesía convivieron?

-Yo hice durante bastante tiempo, desde mediados de los noventa,  un programa de radio donde el componente principal era la poesía, desde ya pagando el espacio porque no hay ninguna emisora que esté interesada en semejante cosa y más con la voz que tengo. No creo que haya periodistas en Argentina que vivan de la crítica de poesía; en todo caso serán críticos literarios en general, y de vez en cuando hacen algo de poesía, es un poco lo que sucede en  Página  12, en agencia Télam, que hay periodistas que tienen mucha vocación poética pero uno ve que hacen otras cosas también: narrativa, ensayo, reportajes, o sea que la crítica de poesía creo que en pocos lugares del mundo deber dar como para  ser el eje de la actividad periodística.

-La poesía y el periodismo podrían ser a simple vista  registros antagónicos; sin embargo, ¿cree usted posible un periodismo con matices poéticos o una poesía basada en lo verídico?

-Pienso que hay un periodismo que se puede acercar a registros poéticos, de hecho Argentina tiene una buena tradición de buenos periodistas acercándose al registro poético o de poetas haciendo periodismo. Por ejemplo Horacio González, ex director de la Biblioteca Nacional, él hace unos análisis de la realidad política  y social  muy complejos pero porque su carga lingüística es muy alta, y tiene una riqueza de lenguaje muy singular, que no tiene muchos equivalentes hoy en Argentina; pero además, dentro de esa carga hay dotes poéticas muy visibles. Entonces sí  creo posible un ejercicio de un cierto periodismo, uno que no tenga aspiraciones de masividad, por supuesto, que puede aproximarse a cierto registro poético.

-¿Cómo era la otra parte de la pregunta? Ah, poesía basada en lo verídico. Hay excelente poesía basada en lo verídico adhiriendo siempre a lo que dice tu compatriota Juan Manual Roca, que dice que una poesía basada en lo verídico y describiendo la peor tragedia  de un pueblo o un país no por eso se convierta en una especie de crónica sin dotes poéticas, ¿qué es la dote poética? Es tratar  de describir algo con una mirada recreada, enriquecida, con palabras que puedan sorprender al lector, llenar de algarabía o de tristeza, que lo puedan entusiasmar a partir del descubrimiento de una realidad que uno vio toda la vida de una sola manera y el poeta la puede ver de una manera diferente.

-Si tuviera que explicarle a un niño de siete años qué es la poesía ¿qué le diría?

-Es un universo para jugar a lo que uno quiere. Para diseñar el mundo y modificarlo según los mejores deseos que uno pueda tener, y para liberarse de todas las limitaciones del mundo actual, el tiempo, el espacio y eso como lector tanto como escritor.

-¿Para qué alcanza la poesía?

-Alcanza para vivir mejor, para que tengamos ilusiones, para que muchas personas puedan salir de los encarcelamientos que la sociedad moderna plantea, con roles muy fijos, muy esquematizados. En ese sentido es liberadora porque permite reencontrarse con sensibilidades que los ritmos sociales y las exigencias sociales van adormeciendo. Me parece bastante claro en el hecho de que mucha gente siente que la poesía es inaccesible y dice: no, no lo voy a entender, y en realidad es una cuestión de apertura, nada más que eso.

-¿Cómo surge la idea de tener un portal de poesía?

-Surge por los bajos costos y además expresa la aceptación de que es un universo que cada vez tiene más audiencia, el de internet y las redes; es un camino hacia el cual mucha gente va; independientemente de que a uno le plazca o no, sucede. Yo publico  a poetas, editores y críticos literarios que hablan pestes de la poesía en las redes, repudian la poesía en las redes porque creen que no hay control de calidad; en cambio, cuando sale un libro de poesía se supone que alguien se fijó que fuera publicable; lo cual lo podemos discutir  porque hay cada libro de poesía que es mejor no tener. Pero es verdad que al ser un campo totalmente abierto yo puedo sacar un registro de un blog y ponerle la mejor poesía de América y publico un poema mío que es un desastre; eso es verdad, que sucede, pero eso no niega que haya muy buena poesía en las redes y que haya gente buscando muy buena poesía en las redes y esto es lo que a mí más me gusta: que haya mucha gente conectándose por la poesía y conociéndose. Es verdad que hay malos poetas en la red pero uno puede abrir y leer a Miguel Hernández; usted me dice, ¿no es mejor que lo lean en libro? Y yo digo sí, claro, por eso en el portal en la sección principal todo lo  que publico ahí, es de libros, como una forma de  reivindicar el libro y de decir siempre es mejor leer un poema  en un libro que en una pantalla.

-¿Qué poetas latinoamericanos contemporáneos le gustan?

-Estoy atento a Gabriel Chávez Casazola, de Bolivia, desde ya Juan Manuel Roca, Juan Cameron de Chile, Rafael Courtousie de Uruguay, Jasmín Cacheux  y Mijail Lamas de México. Hay una poeta venezolana que no publicó jamás salvo en Alcanza, que es Francis Cova. En Argentina Guillermo Bianchi, sigo con atención el trabajo de Albeiro Montoya y me gustó mucho una poeta colombiana que hace poco tuvo un problema con un premio que no le quisieron dar ¿cómo era que se llamaba?

-Fátima Vélez  -uno de esos extraños casos en los cuales: la poesía no alcanza.

-¿Qué portales de poesía sigue y qué opinión le merece la diversidad que hay?

-Trato de ver los de los festivales, como Medellín, Granada de Nicaragua. Círculo de Poesía, Letras Libres y, como dije, Literariedad. De aquí sigo bastante Buenos Aires Poetry. A veces más que seguir un portal, busco los portales de los autores, a ver qué descubro.

-¿Qué opinión le merece Literariedad?

Me sorprende la capacidad de producción que tiene Literariedad,  la cantidad de novedades que puede ofrecer; me da envidia -rie-, lo que me gusta es que me permite descubrir autores que no conozco, por eso me da cierto  fastidio cuando hay críticas a la poesía por  el solo hecho de estar en internet; cuando en realidad, con la pésima circulación de libros que tenemos en América Latina, y mucho más de poesía,  para conocer a un autor no hay otra forma que no sea internet, sino podría pasar la vida sin conocer ciertos autores.

-Nunca antes fue tan accesible producir una revista de poesía, sin embargo existen otros costos ya que no es una empresa muy rentable económicamente pero exige muchísimo trabajo. ¿Cómo cree que se puede sopesar esto?

-No creo que llevemos un curso que permita visualizar la discusión sobre la poesía y con eso ayudar o que recibamos apoyo aquellos que estamos tratando de hacer esta difusión. Me parece que hacer periodismo cultural y sobre todo lo que está vinculado con la poesía sería menos sacrificado si dentro de una  corriente general se  reinstalara la poesía como  un amigo de la cotidianidad. Eso se puede hacer; en Argentina el Ministerio de Educación lanzó en el año 2014  una colección de poesía para las escuelas con miles de libros, para que los niños y adolescentes empezaran a encontrar libros de poesía en su aula y le perdieran el miedo, y ahí teníamos una gran variedad de escritores; desde los más complejos, entre comillas, hasta los más accesibles. Esas cosas se pueden hacer pero claro tienen que ser mantenidas, e infelizmente en Argentina eso no va a pasar. Seguramente  ese programa por ejemplo va a ser desechado.

¿Cuál es el panorama de las editoriales locales, medianas y pequeñas,  así como de los  escritores contemporáneos, ahora que el presidente electo anunció que quitaría el impuesto para la importación de libros?

-Los editores medianos y pequeños van a ser perjudicados por la entrada de libros sin pagar impuestos porque hay lugares del mundo donde los costos para imprimir un libro son muchos más bajos que en Argentina. Efectivamente las medias del gobierno anterior, de poner barreras arancelarias, derivaron  en encarecimiento para la entrada de libros del exterior. Efectivamente la impresión de libros en Argentina es más cara porque los salarios son mejores. Ahora, un editor argentino con ciertos márgenes de acción va a poder encargar la edición en otro lugar del mundo y bajar costos pero habrá pérdidas de puestos de trabajo, lo cual nunca es bueno para un país incluyendo su cultura; y el otro aspecto de la importación masiva es que las grandes editoriales del mundo van a traer libros a bajísimo costo que en realidad muy probablemente ya tenían desechados. Ahora se encuentran con un mercado donde los pueden incluir en un panorama de la comunicación donde no hay banderas soberanas y donde la circulación de información no está protegida, no hay forma de evitar que una parte del público, cuando decide regalar un libro, elija uno que es más  económico, prescindiendo de toda otra condición. Entonces es verdad que entre ese saldo de ingreso de libros puede haber cosas buenas, desde luego que sí, pero también puede haber mucho descarte, entonces eso es una mala noticia para los escritores locales.

-¿Cómo le explicaría a nuestros lectores de América Latina las implicancias que tiene para la sociedad argentina que a través de un decreto presidencial el nuevo gobierno modifique la ley de medios?

-Las explico diciendo que el gobierno busca expresamente impedir que haya pluralidad de voces en la Argentina, el gobierno está  íntimamente asociado al grupo Clarín, que es el grupo más poderoso de la Argentina,  este grupo acompañó la campaña presidencial del actual presidente, lo cuidó, lo respaldó y censuró las noticias que lo podían perjudicar  y eso constituye una alianza política pero es también económica y  es también cultural. Así que en respuesta a esa alianza lo que el gobierno está haciendo es entregarle a esta empresa posibilidades de tener una presencia aún mayor a las que ya tiene. Porque la modificación por decreto a una ley aprobada por el Congreso, lo cual entre paréntesis es un procedimiento inconstitucional, va a hacer que Clarín tenga más emisoras en todo el país y que su empresa de televisión por cable pueda ocupar porciones mayores de mercado, esto va a ir en perjuicio de los competidores de Clarín. Entonces va a producir una merma en la cantidad y variedad de información y de opinión  que van a circular en la Argentina y ya sabemos que un país con una información  concentrada y con una opinión concentrada es un país con un estándar de democracia bajo. El Gobierno ya tuvo un par de episodios represivos importantes pero además anuncia medidas para restringir la protesta, al menos para acotarla, entonces la perspectiva es que la posibilidad de protesta social va a estar restringida, la libertad de expresión está en fuerte retroceso no solo porque Clarín se expanda sino porque ahora  los medios públicos, que durante el  gobierno anterior trataban de actuar como contrapeso al grupo Clarín, sin lograrlo o lográndolo solo en parte, ahora van a responder al mismo discurso, algunos ya lo están haciendo. Entonces queda una porción muy reducida de la comunicación para responderle al gobierno y al poder.  Además ya hubo ataques cibernéticos contra expresiones opositoras.

-La Ley de medios en Argentina ha servido de referente para  instaurar  en otros países de América Latina la necesidad de comenzar a discutir las pautas que rigen el funcionamiento de los medios radiales y televisivos desde un paradigma que entiende la comunicación no solo como un campo del mercado sino como derecho humano.  ¿Qué implicancias tiene para el continente este nuevo panorama?

-¿Qué es lo que me imagino yo se puede observar desde  el exterior que ha sucedido en Argentina? Que hubo un gobierno con todos los errores que haya podido cometer de táctica, de estrategia, de lenguaje, que  hizo un enorme esfuerzo por enfrentar a uno de los grupos mediáticos concentrados, se empleó  en un desgaste fenomenal de cientos y cientos de portadas de periódicos absolutamente contrarias a sus acciones, pagó el precio de que sus acciones ni siquiera fueran informadas al público a partir de este enfrentamiento. Para aprobar esta ley, para que se pusiera en marcha y para aplicarla parcialmente, y aún así; luego de ese tremendo esfuerzo y esa inversión, perdió la elección y la ley ya está modificada de facto, por decreto del presidente nuevo. La lectura que haría un  político desde Brasil, Perú o México es: para qué voy a hacer semejante cosa si estoy viendo un ejemplo de lo mal que me puede ir. Es un mensaje pesimista. Como si dijéramos a este poder es muy difícil doblegarlo; mejor hacerse amigo. Y eso es una mala noticia para la democracia porque en todos nuestros países la comunicación está muy concentrada, es heredera de las burguesías portuarias que si algo las distingue a lo largo de la historia -hablo de Buenos Aires, Montevideo, Santiago, Guayaquil, Lima- es el hecho de haberse quedado instalado en el poder  del puerto para expoliar a todo el resto del país. Los grandes medios de nuestros países vienen de ese origen, de las familias que manejaban la aduana; después se diversificó el poder pero no ha perdido esa marca. Una empresa que tiene todos sus escritores en Buenos Aires y sea la  que tiene más emisoras en toda la geografía nacional, es evidente que es un poder netamente centralizado y portuario.

-¿Cree que en esta coyuntura la producción  de poesía  florezca  nuevamente en el país?

-Seguramente va a pasar, una de las formas de expresión va a ser esa –la poesía-. Pasó en España, cuando empieza la corriente de ruptura hacia los partidos gobernantes, uno de los fenómenos frecuentes fue la poesía en las calles; la poesía de protesta, la de la proclamación, la poesía oralizada en las plazas, no solo como acción expresamente política, sino como acción de  comunicación con el otro; como potencial es muy alto, porque nos puede permitir expresividad, conexión y comunicación a muchas personas que empiezan a sentirse ahogadas  por una corriente de comunicación dominante, en la que hay pocas alternativas y pocas posibilidades de elegir. Entonces la poesía como elemento de comunicación y de intercambio, como facilitadora de una escena social, va a tener muchísimo potencial, creo que  a ver una expansión, un estallido en ese sentido.

Hay breve silencio interrumpido por su teléfono celular -es del trabajo- actualmente Hugo es el presidente de COMUNA (Comunicadores de la Argentina), entidad que promueve el derecho a la información y la circulación libre de la palabra, además trabaja capacitando a periodistas sobre los derechos de infancia y adolescencia en la Defensoría del Público, organismo  estatal que defiende los derechos de las audiencias, y que fue creado dentro de la aplicación  de  la ley de medios, esa  misma que el presidente electo acaba de modificar de facto y que tiene en este momento a las autoridades del país encargadas de defenderla reclamando ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Al terminar la llamada se va a buscar algo, vuelve con el libro que publicó la editorial Planeta en el 2013, Los Garcas, una investigación periodística e histórica que escribió con su hermano Vicente, la cual describe la tipología de la oligarquía argentina y la vida de sus mayores exponentes, entre los cuales se encuentra Mauricio Macri.

Bajamos los nueve pisos  por las escaleras, frente a la puerta de salida del edificio algunos de sus vecinos en bermudas y chancletas  intentan reparar el ascensor. Afuera, corre el viento fresco, pero se percibe un clima tenso en la noche de Buenos Aires.

Entrevista inédita producida para el Dossier Paisajes Argentina de Literariedad en enero del 2016, Buenos Aires, por Juliana Gómez Nieto.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

2 comentarios sobre “El hombre para el que la poesía alcanza

    1. Gracias por tu comentario Camilo. Las respuestas de Hugo permiten contextualizar la realidad compleja con la que se encuentra todo periodista cultural hoy por hoy en nuestro continente. sin embargo, uno termina, después de escucharlo, convencido de que es una labor apasionante y completamente necesaria.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s