¿Qué he hecho yo para merecer esto?

Por: Juan Guillermo Ramírez

 

 

Ser director de cine en España es como ser torero en Japón. Pedro Almodóvar

 

La cuarta película de Pedro Almodóvar provocó de nuevo una sorpresa, ¿hacia dónde iba ese chico, que de moderno se había pasado a religioso, para convertirse ahora en una especie de neorrealista español? En realidad, vista en perspectiva ¿Qué he hecho yo para merecer esto? se demuestra una película plenamente consecuente en la evolución de Almodóvar. Es una especie de continuación apócrifa de Entre tinieblas. Estas dos películas forman lo que se puede llamar la unidad negra de este director. Si dividiéramos su filmografía, se podría hablar de un período rosa, aplicado a Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y Laberinto de pasiones, un período negro integrado por Entre tinieblas y ¿Qué he hecho yo para merecer esto? y un período azul, o mejor aún, granate o cárdeno que serían Matador y La ley del deseo.

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Existen dos cosas en el cine que tienen un valor distinto dependiendo de si las hace un hombre o una mujer: los desnudos frontales y el hecho de llorar.

¿Qué he hecho yo para merecer esto? es, desde luego, una película negrísima. En esta cinta, Pedro Almodóvar por fin saca una serie de delirios que le obsesionan desde siempre: el mundo del ama de casa, con esta película queda definitivamente exorcizado el espacio de los barrios periféricos, tan agobiante, sórdido y terrorífico, ya intuido en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón, pero aquí alcanza su protagonismo la familia como unidad represiva y defensiva, como unidad de supervivencia, con una figura de padre tópica pero entrañable y unas figuras de madres que abarcan varios aspectos de la maternidad, de la abuela a Juani. Temáticamente, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? se puede relacionar con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y Laberinto de pasiones a través de algunos de sus personajes: Juani, por ejemplo, es el resultado de una profundización en el personaje de Eva Siva en Laberinto de pasiones, mientras que Gloria podría ser una vecina de Luci, desde luego nunca podría ser Luci, y Cristal podría ser Kiti que viene del pueblo a triunfar como modelo y cantante. Con Entre tinieblas la relación es distinta: las dos son películas de pocos personajes, que pasan en escenarios casi únicos, las dos son claustrofóbicas aunque a distintos niveles, las dos son invernales, grises y acaban sin esperanza, a pesar de que en ¿Qué he hecho yo para merecer esto? parece que se le concede un respiro a la protagonista con la reconciliación con el hijo pequeño. Como es habitual en Almodóvar, la primera secuencia es importantísima, en este caso vemos a todo el equipo de rodaje preparando un plano en una plaza y una mujer, Gloria que cruza entre los técnicos mientras la cámara se va acercando a ella hasta dejarla sola dentro de la película propiamente dicha. Almodóvar sostiene que se ha de empezar muy alto para seguir más alto aún. En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? hace honor a esa regla pues tras este plano de la plaza y unos cuantos en el gimnasio, durante los créditos, la que es realmente la primera secuencia de la película es precisamente la escena de la ducha, una de las más fuertes y duras de todo su cine. La tristeza y la frustración que se desprenden de esta relación fallida envuelven toda la película a partir de ese momento. Después de ver el rostro de Gloria al subirse las bragas y retirarse avergonzada, ya sabemos que esta mujer no podrá tener ni un solo momento de alegría en su vida.

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Creo que la conciencia de la pasión te hace actuar muy distinto.

Carmen Maura es Gloria, y ella es el centro de todo. Su espacio vital es la casa, especialmente la cocina donde pasa la mayor parte de su tiempo. Allí lava, cocina, desayuna, habla y mata. La cocina es el centro neurálgico de un mundo que no se extiende más allá del pasillo y los terribles cuartos minúsculos donde transcurre su vida. Gloria es un personaje único en la filmografía de Almodóvar, no porque no haya otras amas de casa en su cine, sino porque es la sublimación de un malestar acumulado, la frustración constante. Gloria es la desgracia a todos los niveles, no hay ningún otro personaje tan triste y desdichado en todo el cine de Almodóvar. También son unos infelices los que la rodean en esta película, pero lo son un poco menos. Antonio, su marido, es un taxista (otra de las obsesiones de Almodóvar) un desgraciado, pero no peor que la mayoría de personas que sobreviven a partir de un recuerdo único, un sólo momento de grandeza o de placer: su pasado en Alemania, donde a él le gusta creer que fue algo al servicio de Frau Müller, el fantasma de un recuerdo que se interpone invisible entre él y Gloria y le redime hasta cierto punto de su actual y miserable vida.

El resto de la familia no es mucho más feliz. La abuela, colgada del Vichy Catalán y las madalenas, suspirando por volver al pueblo, es una de las figuras más desoladoras del cine de Almodóvar. La escena en que ayuda a Toni a hacer los deberes, celebrando una ceremonia de la confusión con los autores románticos y realistas es una de las más ejemplares de esta simplicidad que tiene su imagen física en el parque, un árbol seco y solitario entre la autopista y los monstruosos edificios del barrio. La abuela sólo adquiere humanidad en su relación con Toni, el nieto mayor. Toni vive para la abuela, son inseparables, planean juntos el día, encuentran al lagarto y finalmente se van al pueblo. Miguel, el hijo pequeño, en cambio, es más independiente. Esta independencia se demuestra en el mismo hecho de dormir solo, cuando lo lógico sería que los dos hermanos durmieran juntos y la abuela sola. Miguel es como una aparición en la película que únicamente funciona para justificar a Gloria. Justificarla la primera vez que se les ve juntos en la cocina, en su cansancio y falta de amor materno; justificarla en la cesión al dentista para poderse comprar un moldeador y justificarla sobre todo en la secuencia final, cuando aparentemente su liberación la conduce al vacío, pero el regreso de Miguel vuelve a dar sentido a su existencia.

Estos son los personajes que viven con Gloria, pero también son importantes las dos vecinas. Cristal, contrapunto aparentemente feliz de Gloria, siempre rodeada de chucherías y bibelots. Cristal es el personaje más agradecido de toda la película. Aunque no tiene ningún porvenir, es el único que se concede algún respiro y da respiro a los demás, especialmente a Gloria, que cuando está con ella se relaja un poco de sus tensiones, como en la secuencia del exhibicionista, donde Gloria puede mirar tranquilamente su moldeador mientras “trabaja” con Chávarri. En cuanto a Juani, es, sin ninguna duda, el personaje más odioso. Su relación con su hija Vanessa es traumática. Si Vanessa es una niña anormal y fantástica, con poderes telekinésicos, metida en el barrio de La Concepción, su madre, excelente Kiti Manver, es lo más normal y cotidiano que se pueda encontrar, ya que la mayoría de las madres son Juanis en potencia o en realidad.

Todo lo que sucede en casa de Gloria, en el edificio de Gloria o en torno a ella funciona casi perfectamente. La única pieza desajustada de esta maquinaria es la historia berlinesa protagonizada por Gonzalo Suárez y Amparo Soler. Es cierto que sobre el guión podría resultar absolutamente coherente, pero en el film queda deslavazada, sin justificación.

Sin embargo, la importancia de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? no se deriva exclusivamente de su argumento, lleno de gags y momentos sublimes como el encuentro de las tres protagonistas. Chus, Carmen y Verónica Forqué en la puerta de la casa, uno de los mejores de toda la película; o la farmacéutica, especie de ogro de cuento, negándose a darle a Carmen estimulantes, o la patética relación que se establece entre la canción ‘La bien pagá’, que canta Pedro Almodóvar con la voz de Miguel de Molina y la escena de cama de Carmen con su marido, absolutamente insatisfactoria para ella. La importancia de la película se deriva también de su puesta en escena y, una vez más, de su planificación, insólita, novedosa y personal. Encerrados en tan poco espacio, Almodóvar y Ángel Luis Fernández se ven obligados a sacar partido de la cámara en movimientos verticales y con trípode, ya que no hay forma de usar otro tipo de posibilidades. Esto condiciona el ambiente claustrofóbico del film, que sube y baja su horizonte siguiendo los momentos de tensión, tranquilidad, violencia, o relajación. Por ejemplo, el instante de mayor paz en casa está filmado desde arriba, mientras que el de mayor violencia, el del asesinato, lo está desde el suelo. A esto hay que añadir la luz grisácea de los exteriores y amarillenta de los interiores, y a todo ello hay que sumarle la música original de Bernardo Bonezzi, probablemente una de las mejores partituras del cine español de la década de los ochenta y que ha dado algunos temas ya clásicos como el travelling de la soledad, convertido a partir de esta película en tema de Carmen, recuperado por Almodóvar en La ley del deseo.

¿Qué he hecho yo para merecer esto? parece tener una vocación naturalista o neorrealista que queda automáticamente desmantelada con la manera de componer los planos, pero también con el propio interior de los planos, es decir, los decorados, los espacios donde sucede la acción. En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? salen varios edificios distintos, la casa de Gloria, la casa de Cristal, la casa de Juani, la casa de los escritores y el psiquiatra, dejando de lado el hecho de estos últimos no funcionen en la historia, lo cierto es que el alarde de imaginación y variedad que se da a todos estos interiores, que con un pequeño detalle retratan perfectamente a quien vive en ellos, es uno de los puntos más atractivos de la película. En casa de Gloria, los papeles pintados espantosos, los cuadros de cacerías y ciervos, las muñecas de porcelana o la dormilona de la cama, son una expresión del mal gusto que preside su vida y que se manifiesta también en sus ropas. El apartamento de Cristal es como una tienda de chucherías, todas ellas de mucho valor, como dice ella misma en un momento. El kitsch de esta vivienda es digno de un catálogo de los horrores. En cuanto a la casa de Juani, es sórdida en su lujo del mal gusto, mientras que la de los escritores es la típica casa de progresistas envejecidos y la del psiquiatra es la de un progresista enriquecido. Los decorados son auténticos espejos de las personas que los habitan.

En ¿Qué he hecho yo para merecer esto? Almodóvar se atreve por primera vez a hacer algunas cosas, como si les hubiera perdido el miedo. Por ejemplo, el cine dentro del cine con Esplendor en la yerba como referente y paralelismo de lo que le gustaría a Toni y a la abuela conseguir en la vida. Almodóvar no es un cinéfilo y su cine no está alimentado de imágenes aprendidas en salas oscuras. Por eso tiene una frescura adicional. Hay un hecho que le diferencia de las gentes de su generación surgidas en otros países, especialmente en Francia o Alemania, donde los directores más actuales han aprendido cine viendo un cine que a su vez era producto de una gente que veía cine. Esto no sucede en Almodóvar, todo en él pasa por primera vez, mejor o peor resuelto, más o menos efectivo, todo es un invento y las referencias cinéfilas se reducen a datos argumentales. Esto se hace evidente en el asesinato. La secuencia del asesinato es ejemplar, siendo igual a otras es completamente distinta.

Gloria llega a casa desesperada porque en la farmacia no la atienden. Es de noche y está aburrida de la vida. Antonio está en el baño afeitándose y oyendo como siempre la odiada canción cantada por Zarah Leander (homenaje subterráneo a Douglas Sirk, que está detrás de todo el cine de Almodóvar). Gloria empieza a preparar la cena: un caldo. Antonio la llama, quiere que le planche una camisa porque va a ir a recoger a Ingrid Müller que llega de Alemania. Gloria no puede más y se niega a plancharle la camisa. Los dos discutiendo van del lavabo a la cocina. Allí, Antonio le da una bofetada y de la sangre que le brota del labio caen unas gotas en el lagarto. Gloria se vuelve furiosa y coge el jamón; como sabe dar perfectos golpes de kendo, le pega en la cabeza. Lo que no podía prever es que, al caer, Antonio se desnuca en el platero. Ya está, el asesinato más limpio y efectivo que se podía imaginar, igual y diferente.

Como en otras de sus películas, en esta también hay un animal extraño: un lagarto. El lagarto tiene mucha importancia, tanto argumental como estilística. El lagarto da sentido al personaje de la abuela, es el trocito de campo, de naturaleza, metido dentro de la grisura urbana de aquel apartamento. El lagarto es también el único testigo de lo que sucede en la casa. Por eso es el único que ve el asesinato. El lagarto, sitúa la cámara a su altura en varios momentos: la entrada de Gloria en el apartamento, la bofetada y, sobre todo y de un modo absolutamente estremecedor, la cámara hace un plano subjetivo del lagarto en el momento de su propia muerte, presentida desde el suelo cuando uno de los policías lo pisa y lo mata. El lagarto es desde luego uno de los aciertos de la historia.

Almodóvar con ¿Qué he hecho yo para merecer esto? depura su imagen y su argumento. De todos modos, si los personajes paralelos o satélites de la figura principal están más controlados que en otras ocasiones, aún se le escapan involuntariamente de las manos en algún momento. El caso del policía y Cristal es una relación innecesaria, al menos tal como se desarrolla en la película. Pero el control sobre lo que está contando lo demuestra claramente en la secuencia final. Había una enorme tentación de acabar la película en el plano de Carmen llorando mientras se aleja del autobús y se queda sola. Este plano podía haber sido el equivalente al grito de Julieta en Entre tinieblas. Pero Almodóvar no cede en la tentación. No quiere dejar a su heroína en una desolación tan terrible y la acompaña a la soledad de su apartamento y le concede un respiro, una posibilidad de salida en el abrazo final con su hijo que cierra el film. Este abrazo melodramático es un punto y aparte. No solo Gloria y Miguel podrán empezar una nueva vida, seguramente tan terrible como la anterior pero diferente, también Almodóvar sella con este abrazo una parte de su vida y de su cine. Con ese abrazo, Almodóvar se reconcilia con todo lo que tenía pendiente y puede enfrentarse a nuevas aventuras más sofisticadas y más complejas.

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Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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