La literatura como un juego

Fotos y entrevista por Sofía M. Castillón Arancibia *

Susana D’Aloi (Bernal, 1969) coordina desde hace más de quince años el Taller Literario Infantil y Juvenil de la Biblioteca Mariano Moreno en Bernal, provincia de Buenos Aires. Discípula del escritor y coordinador de Talleres Literarios de adultos, César Colombani (Bernal, Buenos Aires), como primera experiencia hizo foco en el potencial literario de niños de 4 a 10 años. Con imaginación y curiosidad por el lenguaje, los pequeños comenzaron a escribir aún cuando todavía no conocían las primeras letras.

El sitio fue exitosamente concurrido, y a medida que los niños crecieron motivaron la conformación de un Taller Literario Juvenil que les permitiera continuar con la práctica. La experiencia del Taller Literario Juvenil generó un nuevo espacio donde el diálogo y la risa se desarrollan alrededor de un conjunto de mesas redondas unidas; los jóvenes leen, escriben, comparten masas y galletitas, y toman café.

En la edición del 2013 de la revista “Chispas literarias”, producción autogestiva que publica el Taller Literario Infantil todos los años, Susana D’Aloi dice: “La literatura permite múltiples formas de aprender. Los chicos, en el taller, interiorizan el lenguaje que escuchan, de ahí que cuanto más variado sea éste, más rico y creativo será el desarrollo de las palabras que acumulen. Un chico que lee es más imaginativo y menos vulnerable a la frustración, tiene más herramientas para comprender su entorno.”

Aquí la literatura es un juego visceral que parte de las experiencias, debates y apreciaciones frescas; un encuentro lúdico que se plasma en el papel con sensibilidad y mirada crítica.

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¿Cómo surgió la idea de realizar un Taller Literario Infantil?

SD: Surgió como una necesidad. No veía que hubiese lugar donde se ofreciera un taller infantil, solamente había un espacio para adultos. Me interesó la idea de hacerlo para chicos, probar. Fue arriesgarse, un juego. Los chicos se engancharon mucho, y a medida de que fueron creciendo, nació la necesidad de hacer otro espacio para chicos más grandes.

¿Cómo se dieron a conocer?

SD: Las carteleras de la Biblioteca, los volantes, los chicos que venían traían a un amigo y el amigo traía a alguien. Creo que el boca a boca es la mejor estrategia. Antes no estaba esto de Facebook. Ahora pasa que los chicos me dicen “yo vengo porque lo vi en Facebook”.

¿Qué perfil tienen los chicos que participan en el taller?

SD: ¡Tan amplio! Tienen un denominador común que es la fascinación por la escritura y la lectura. Lo que los unifica es eso, y no tener un espacio donde compartir ese gusto. Por ahí la música se puede charlar con un compañero, un determinado estilo de cine, pero la literatura constituye un círculo algo más cerrado para los adolescentes. A veces me dicen “yo no lo puedo hablar ni con mi mamá, porque me dice que no lo entiende”, y es esa necesidad de conectarse con gente que tenga ese punto en común.

¿Cómo empiezan a escribir?

SD: A veces yo les doy consignas. La mayoría de los chicos del grupo juvenil vienen del grupo infantil. Ese grupo está trabajado con muchas consignas, con muchas lecturas, entonces acá ya no les hace falta que yo les pida que escriban de determinada o cual cosa. Ya tienen sus herramientas.

¿Buscas lecturas personalizadas para cada uno de acuerdo a los temas que les interesa?

SD: Cuando algo me gusta mucho, me vuelvo obsesiva y lo comunico. Trato de fanatizarlos a ellos. Si estoy con Kafka los vuelvo a todos kafkianos, otra vez estoy con Cortázar, y eso los lleva a que quieran investigar o ver, y se comparten los libros entre ellos.

¿Cómo es la relación entre los participantes?

SD: Es algo especial, ellos tienen su forma de ser y no se callan nada, si tienen que decir algo lo dicen, usan su vocabulario. Una vez que se enganchan, se forma un vínculo entre ellos. Un vínculo especial. Yo a veces no puedo explicar por qué sigue ese nexo, si siguen hablándose en otros ámbitos. Esa es la magia de este taller. Hay chicos que vienen desde los 4 años, los conozco desde que empezaron a escribir y otros que se incorporarán ahora.

¿Cómo es trabajar con adolescentes?

SD: Para mí es tan normal que yo hasta me siento mal con los adultos. Te mimetizás con ellos. Yo los escucho mucho porque mi hijo es adolescente, entonces también hay mucha escucha de mi parte, son chicos que a veces se angustian por alguna u otra cuestión y les gusta usar el taller para compartirlo. O se peleaban con los padres o con los novios, y de repente entran llorando, y tenés que sostener eso. Suelen comentar lo que les pasa o contarlo a través de lo que escriben.  Ellos tienen esa libertad, y funciona. Incluso pueden venir al taller sin haber escrito esa semana, porque el hecho de escuchar al otro te da ganas de escribir o por ahí pensás “yo tenía una idea parecida”, y eso los motiva.

¿La actividad se plantea desde la perspectiva del cambio social?

SD: Sí, cambio social en el sentido de que sirve de contención, ellos se refugian en lo que dicen, en lo que hablan, en lo que sienten. En lugar de estar dos horas sentados en la computadora prefieren estar en un grupo, compartiendo, y en ese sentido puede ser un aporte a la sociedad. Bueno, y la lectura, con todo lo que puede brindar.

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***

Selección de “Chispas literarias, Antología de los alumnos del Taller Literario Infantil de la Biblioteca Mariano Moreno” (2013).

¿LA HOJA CAERÁ? Por Luca Pasquali

Esa hoja cae, pero no,
no quiere caer.
¿Cuándo cae, cuándo?
Cuándo caerá.
Y al otro día
la hoja seguía ahí.
Y con el viento
de los dioses
se cayó.

 

EL PÁJARO TIZA, por Catalina Montoni

El pájaro tiza
vuela dibujando
todos los pizarrones.
Cuando se cansa de volar,
se duerme
en la borradora.

 

LA ORUGA, por Oliverio Bakovich Taa

La oruga
pasea
por un caminito celeste.
Camina despacito
busca flores,
va contenta.
Pasa el viento
y la lleva hasta un árbol,
entonces se convierte
en mariposa monarca.

 

NOCHE QUIETA, por Giuliana Vera

La mano de la brisa
tiene color de noche.
Una vez nos engañan
y otra vez.
Está fija en las doce
sobre lunas enormes
de una noche quieta.
El tiempo acaricia
la cara del espacio
para siempre en su torre.
Sus párpados azules
el tiempo se ha dormido
y otra vez
la eternidad.

 

PECES SECRETOS, por Lucila Ballar

Los peces secretos
nadaban
por el río de acero
esperando recorrer
el miedo.
Puedes esconder
tus secretos
y tus miedos
en un cajón
pero no puedes ocultar
la luz roja
de tus ojos
al llorar.
La habitación
del espejo
puede reflejar mejor
tu mirada.
No pretendo
que pintes la arena
con tus acuarelas,
sólo te pido
que hagas un puente
hacia tus ojos.

 

 

 

***

Selección de “Puentes literarios, Antología de los alumnos del Taller Literario Juvenil de la Biblioteca Mariano Moreno” (2015).

VI, por Greta Szellner

Un campanario vacío,
la cúpula en medio del derrumbe.

¿Será que sos un ángel?
¿Será que caíste desde las agujas con los ojos cerrados
y las palmas abiertas?
¿Será que fuiste crucificado desde pequeño?
¿Será que los párpados te aletean cada vez que bailas
alrededor de la escalera,
subiendo un peldaño,
bajando la muerte,
mientras dejás caer un ambiguo alfiler?
¿Será que sos diéresis;
que las reglas no son lo mismo si no las manoseas y quebrantas,
si no las violas y tergiversas,
si no te entregas a la viola y al amplificador,
a la superficie de vidrio y al filo de un pincel?
¿Será que sos un mechón de cabello,
una liebre que llega tarde,
un Gardel sin gomina?
¿Será que sos el padre de cuatro vientos,
hijo de la espera exacerbada,
y a la vez de Plutón,
y de Marte,
y de Venus?
¿Será que sos hijo del rigor, de la desesperanza?
¿Acaso el hombre de porcelana te arrulló hasta dormir sobre
las plumas de un cisne, con el antifaz de bandido pendiendo
desde las orejas, y las zapatillas sucias a medio sacar?

¿Será que no sos real,
que te multiplicás
por fotos sepia
y varillas de regaliz
y que no terminás de metamorfosearte en lo maligno,
en lo oscuro,
en el tapado de murciélago, en las orejas de conejo,
en las múltiples hileras de dientes de tiburón,
en el vientre kafkiano?

Será, quizás, que sos un ángel de alas rotas,
y que la llovizna te impide volver a volar.

 

ALIENTO DE EVOLUCIÓN DIVINA, por Nicolás Cardozo

Visiones del pasado.
Recuerdos del futuro.
Seda y papel, cielo y luna.
Miradas azules, ojos en llanto.
El eje flameante de un soñador.
El incierto reflejo de la nostalgia del oxígeno.
Como una sed en lentitud.

¿Qué ilusiones se esconden en la noche,
como el murmullo del espanto al final del balcón?
Anfibios ancestrales mutan sigilosamente
tras el abismo circular.
Mi existencia es una paradoja intersticial.
Soy un ser intransigente.
Ileso tras el tormentoso final.

Perpendicular a mí, el recuerdo espeso
de una distancia sin límites.
Tus hombros de terciopelo delimitan mi universo.
Ojos cual cielo estrellado por flores violáceas.
Uñas color rosa depredador.
Agonía y delirio.
Un romance galáctico coció sus ojos con el anzuelo lunar.
Sobre mí yace la pesadumbre de un sueño,
que se asfixia en tus manos de azufre.
Y muere tras un ósculo de amor verdadero.
Ten cuidado, la runa para sanar un corazón roto
es la más dolorosa.
La clave es caminar hasta la esquina del mundo
y decidirse a saltar.
Anestesiando la caída con el instinto de volar.
Cada partícula guarda una sensación.
Como el colibrí turquesa
que se convierte en el dragón oscuro.
La osamenta en el puerto del atardecer,
es el destino pronosticado de la fatalidad
convergiendo en un fortuito despertar.

 

DIOS, por Lara Olindi

Me dijeron que para ser Dios
hay que tallar caminos que lleven a Roma
tocar la guitarra y desplumar canciones de navidad,
observar las notas levitar en el frío aire de Madrid.

Pero no.

En pleno diciembre prefiero un café,
besar almas disecadas,
atraparlas y poner el reloj en reversa,
volver para atrás.

Una y otra vez.

Porque almacenar corazones acelerados en ceniceros sucios
latidos sofocados en botellas vacías,

no sirve de nada.

Pero lo que daría por un vuelo a París de ida y sin retorno
para rozar la estratósfera con las pestañas
y los pies del universo con los labios.

¿Cuándo llegás?

Me dijeron que para ser Dios hay que esculpir el cielo,
segmentar la tierra
desmenuzar la cordura

Pero la cordura
yo ya la perdí.

LA CONTINUIDAD DE TUS SUEÑOS, por Lucila Ballar

La continuidad de tus sueños
llora a carcajadas
por aquel infierno de muertos y culpa.
Tus pupilas se desvanecen,
caen sobre tus hombros,
te lloran, te vengan, te matan,
rozan tus rodillas
y fallecen a tus pies.
Tus mentiras se fueron
con las hojas del otoño,
implorando más engaños
y agonizando en mis oídos.
Decime qué te pasó.
¿Será que tu voz tranquilizante
se descompuso ante tu incógnito?
¿Acaso el ácido de tus tripas
mutó a tu piel de cordero?
Ya no me interesa saber quién sos.


(*) Sofía M. Castillón Arancibia — Licenciada en Comunicación Social con orientación  en Comunicación y Cultura, de la Universidad Nacional de Quilmes. Maestranda en Industrias Culturales: Políticas y Gestión (UNQ) y estudiante de la Especialización en Docencia en Entornos Virtuales (UNQ). Becaria de Estudio de la Comisión de Investigaciones Científicas de la provincia de Buenos Aires. Fue becaria de investigación por el Consejo Interuniversitario Nacional de Argentina, y de movilidad estudiantil para el programa de becas Santander y UNAM (México). Miembro de proyectos de investigación y extensión universitaria del Departamento de Ciencias Sociales (UNQ).

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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