Poemas de Wilson Guillermo Díaz Rodríguez

Wilson Guillermo Díaz Rodríguez *

Selección de poemas del libro Las heridas del ruido
La Valija de fuego, 2015.

LAS HERIDAS DEL RUIDO

Hemos abandonado a nuestras novias
en un festín de perros degollados.

Enrique Gómez-Correa

La noche ensangrentada
duerme entre mis viejas manos.

Sus estrellas mutiladas
clavan en mi cuerpo
los ruidos fragmentados
desdibujados en las muros del olvido.

Ruidosas vienen las heridas al festín de los cuchillos tuertos.
Las bisagras de las puertas copulan ruidos arrugados,
amputados girando en la tiniebla.

Degollados yacen los sueños de los perros.
Degolladas corren las ansias del sexo.

Nuestras novias caminan de la mano
entre las cenizas polvorientas de la vía.

Las heridas del ruido
engendran las tristezas de los vidrios quemados.

Degollado camina este poema
sufriendo los ruidos heridos
de los perros.

 

 

RÉQUIEM

In memoriam a Lêdo Ivo

I
Desde el océano, mis dedos lluviosos lloran.
Huyen entre la arena al convertirse en cenizas.
Otro ser de uña encarna el dolor del poema
los labios de las sílabas desembarcan hacia la otra orilla.
El viejo vidrio de mi tristeza se agita.

II
Ladran a lo lejos los arrecifes moribundos,
al escuchar la noticia que lanzan las piedras
ellas dicen que las nubes han muerto de un infarto.
La gaviota de las palabras, naufraga entre los desastres
en la oscuridad.

III
El azul difunto del océano pasea sobre sus hombros,
otro amanecer viene nadando desde lejos
trae la sonrisa avinagrada, los versos desde su lecho
del poeta que falleció con la hermosura de las lagartijas sagradas de Maceió.

IV
El luto de mis pies se enreda
con las huellas trazadas del viento.
La tristeza del océano se hunde en el cielo,
los cantos del murciélago al soltarse de las amarras
son heridas viajeras hacia el piélago del dolor,
cuando dejan de ser cenizas.

 

 

ARTERIA ARTIFICIAL

A Henry Miller y Brenda Venus
“Siempre enamorado.”
Luis Cernuda de Tiziano

Ella es una belleza del Sur.
Piel roja instalada en dieciséis horas
su rostro pierde la quietud en las fotografías
es la actriz dramática, atrevida, oscura.

En los escenarios su único ojo
baila con malvivientes que gritan su llegada.

Ella es arteria artificial apasionada y solitaria
de versos besos escondidos, detrás de las medrosas
tarimas de la seducción.

Ella es la biógrafa de tu semen
Miller
iluminado en la nevisca sexual del otoño.

 

 

CARL SANDBURG EN LA VENTANA

El humo de la calle trae en los dientes

pólvora de tus ojos errantes.

Caminas sobre un cable extendido desde Galesburg hasta tropezar con el ruido
agrietado de mi ventana.

Esquivas al conductor de leche, al ayudante en la barbería y a la terca
máquina prometiendo tiquetes sin regreso a los trigales.

El cuello de la camisa marcha tiznado entre las honduras de tu niñez.

Pistoleros, trompetistas entre la libertad de los lagartos, van pintados de calor en tu pecho.

El tiempo emigra.
Y las limaduras de tu viaje bailan con las heridas afiladas de mi raza.
Sombras desterradas se hospedan como cuervos inseparables en mi ventana.

 

 

LOS CUATRO COSTADOS

 

A Norman Paba Zarante y María Consuelo Gracia

 
Esta cama de pobre es
el lugar de nuestro amor
Leopoldo Pinzón

Observo la moneda de cobre muerta sobre la mesa.
Avisa la ruina de los días.
Las palabras arrastran los anuncios
y solo el cuadro de la entrada
muestra,  su risa apolillada.
Dos cuerpos desnudos,
el tuyo, el mío, calcinan la rutina.
Las cuatro piernas cansadas de vivir
tragan la sórdida sombra y escupen la sopa de sus propios fantasmas.
Hacemos de nuestros órganos cuatro costados de la excitación,
Inflamándonos y huyendo hacia el centro de la cama, para amarnos humedecidos,
olvidados de pobreza, hasta que el agua seca del grifo se convierta en arena.
Las bocas vomitan dentro de nosotros
los meses que se oscurecen entre los dedos
bebemos sus pequeños infiernos después de besar la zozobra.

Odiamos las horas en que pasamos enfermos
porque los gritos sucios de la calle nos laceran.

La moneda regresa al cementerio
y abrazados descubrimos los colmillos huérfanos
clavados en las heridas del otro.
en la noche deshabitada, entregada al silencio.


(*) Wilson Guillermo Díaz Rodríguez. Bogotá, 1978.  Cursa Estudios Literarios en la Universidad  Autónoma de Colombia. Ha sido promotor de literatura infantil y juvenil en espacios no convencionales desde el año 2006. Ha desarrollado talleres de lectura para niños y jóvenes. Algunos de sus poemas han sido publicados en la Fundación y Editorial DomingoAtrasado. Obtuvo el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo Ojos erectos, presentado en el Vigésimo Sexto Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2011 y el segundo premio en la categoría de ciencias humanas por su ensayo La apocalíptica Yoknapatawpha County, en tres relatos del escritor William Faulkner, presentado en el Trigésimo Concurso Estudiantil “Fernando González” en el 2014. Su poema Locomotora- Film fue seleccionado en el segundo semestre del 2013 en la revista cartagenera Cabeza de Gato. Ha sido uno de los ganadores en el primer Slam de Poesía en el Ring realizado por el colectivo Las Desobedientes en febrero del año pasado. Participó en las VII Jornadas Universitarias de Poesía ciudad de Bogotá “Los nuevos cánones de la poesía” en septiembre del año pasado. Su libro de poesía Las heridas del ruido fue publicado por la editorial y librería La valija de fuego en diciembre del 2015.

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

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