Un oasis de arena

Imagen: Agueda Carrasco

En medio del desierto suele verse (imaginarse, en realidad) un oasis suculento que se asoma como salvavidas en altamar. Así me sucede con las letras uruguayas porque en el justo momento de recordarlas, o descubrirlas, para bien o para mal, se me aparecen los dos pilares que son Benedetti y Galeano. Un amigo uruguayo me preguntaba hace poco que por qué creía que me sucediera aquello. Le respondí, quizás evasivamente, lo sé, comparándolos con los oasis de los que hablo que, aunque imaginarios, están allí para salvar vidas y para que los pies valientes y temerarios los persigan y se salven de la muerte.

—A lo mejor ni existieron —le dije rematando.

—O nacen cada tanto —concluyó mi amigo.

Al final de la sed se materializa lo que nos salvaría de morir y, a la vez, con forma de agua, lo que nos aterroriza. Por eso sé que he de leer algún poema del pobre Benedetti en mi lecho de muerte luego de renegar tanto de sus versos y, por consiguiente, ignoraré alguna metáfora deliciosa de Galeano, junto con sus tantos buenos compañeros de lucha en este desierto de las letras que nos correspondió por suerte, amigos lectores. Y quizá ni muera feliz, pero sí ejerciendo mi derecho a leer.

Sergio Marentes

Animal que lee lo que escribe.

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