Tarkovski, la búsqueda del verbo

 

Por: Sofía Castillón 

 

Esculpir en el tiempo
Andrei Tarkovski
Editorial Universidad Nacional Autónoma de México.
México, 309 págs.

El Sacrificio
Andrei Tarkovski
1986. Argos. Suecia.

(…) Ya no existía nada,
la nada estaba ausente;
ni oscuridad, ni lumbre,
-ni unas manos celestes-
ni vida, ni destino,
ni misterio, ni muerte;
pero seguía volando,
desesperadamente.
Oliverio Girondo, Vuelo sin orillas

El director de cine y escritor soviético Andrei Tarkovski propuso una mirada sobre el autoconocimiento y el arte en su película El Sacrificio (1986) y en el texto El arte como ansia de lo ideal (Esculpir en el tiempo, 1993), que por la vigencia estética y filosófica en sus planteamientos, resulta interesante para retomar la reflexión sobre los valores posmodernos. En El sacrificio, Andrei Tarkovski plantea el alejamiento del ser humano de su espiritualidad, y la búsqueda del autoconocimiento.  El arte como ansia de lo ideal indaga sobre la experiencia espiritual mediante la cual el hombre se acerca al mundo, y a sí mismo.

La pregunta por el arte se abre ante una sociedad cuyo potencial reflexivo se encauza en un halo de insensibilidad ética por los caminos del mercado. El mercado ha ocupado lugares donde antes residían experiencias espirituales y estéticas; retomo la imagen que Cornelius Castoriadis dibuja en su ensayo Modernidad y Posmodernidad, en la que retrata el consumo cultural del pueblo moderno, que podía acceder, al menos, a las migajas de las producciones que caían de las mesas burguesas.

Cuando la modernidad entró con un grito en la historia, la transformación de las estructuras sociales fue interpretada como un proceso emancipatorio que llevaría a la humanidad hacia una nueva forma de libertad. Si la vida moderna significó el alcance de la Cultura a su estado de adulto maduro, la posmodernidad se manifiesta hoy como el grado más senil en este proceso. Pero, ¿dejó el hombre de conmoverse sobre su existencia? ¿Qué características tienen las nuevas experiencias significantes que expresan las identidades sociales?

Nos suena al oído el cuestionamiento de Milan Kundera en La insoportable levedad del ser, ¿el peso o la levedad?:

“(…) La carga más pesada nos destroza, somos derribados por ella, nos aplasta contra la tierra. Pero en la poesía amatoria de todas las épocas la mujer desea cargar con el peso del cuerpo del hombre. La carga más pesada es por lo tanto, a la vez, la imagen de la más intensa plenitud de la vida. Cuanto más pesada sea la carga, más a ras de tierra estará nuestra vida, más real y verdadera será. Por el contrario, la ausencia absoluta de carga hace que el hombre se vuelva más ligero que el aire, vuele hacia lo alto, se distancie de la tierra, de su ser terreno, que sea real sólo a medias y sus movimientos sean tan libres como insignificantes.”

El árbol de la ciencia del cual Eva mordió la manzana, implicó un pacto con el conocimiento racional y perecedero que alejó al hombre de la Verdad. La imagen encuentra su correlato en El Sacrificio, y allí es Alexander quien expresa que el hombre se defiende de sí mismo y de la naturaleza, en un proceso progresivo que lo lleva a su propia destrucción, a alejarse de su espiritualidad. Se lee en la voz de Alexander que “ya no se puede ni rezar”.elsacrificio

Tarkovski propone el conocimiento circular del arte, su expresión imperecedera y absoluta. En cambio, la forma en la cual la ciencia se apropia del mundo es escalonada, sustituye un conocimiento por otro nuevo, fundado sobre premisas comprobables. Se sigue de esta idea que la reciente Premio Nobel de Literatura Svetlana Alexiévich, se defina a sí misma como una historiadora del alma que busca “(…) la vibración de la eternidad. Lo que hay (en el ser humano) de eterno”.

En El Sacrificio, Otto ofrece un mapa de Europa del Siglo XV, ante lo cual Alexander cuestiona cómo podían vivir las personas con una verdad tan equivocada. La sorpresiva respuesta de Otto afirma que tal verdad no existe. Desde el punto de vista de la ciencia, el mapa está equivocado, pero desde la perspectiva artística, el valor estético del mapa es siempre actual y conecta al hombre con su existencia, con su pasado, y con la construcción social de la Historia.

El problema del tiempo y de la espera se plantea en las voces de los personajes. Alexander expresa que siempre ha estado esperando algo real, la expectativa del ser humano por recibir una señal que pueda indicarle el camino de la felicidad, que ilustre sobre la verdad de la vida. Esta espera ante la pregunta sobre la existencia se relaciona con el tiempo de la obra, el tiempo del arte. La experiencia estética se revela en su ritmo, la contemplación como elemento clave para el autoconocimiento. La catarsis que Tarkovski describe en El arte como ansia de lo ideal, la purificación del hombre cuando contempla el arte, es la manera de llegar a la verdad absoluta que preocupa a Alexander. No apurar la reflexión; elegir el peso, no la levedad.

Este dialogo reflexivo se extiende al monólogo que Alexander desarrolla dirigido a su hijo, personaje cuyo silencio se justifica en la película debido a una intervención médica. Allí le dice que la civilización se encuentra al servicio del mal, y que el pecado es necesario para que se pueda erguir la sociedad. Sin embargo, molesto por sus propias reflexiones, cita el Evangelio de San Juan: “En el principio fue el Verbo”. La capacidad de cambiar el mundo no se encuentra en los valores materiales, sino en la acción espiritual, la conexión del hombre consigo mismo y con el Universo. Alexander se ve a sí mismo impotente, necesitado de un método que pueda expresar la búsqueda del cambio social, una acción repetida y continuada que encierre el potencial creativo: la capacidad de hacer florecer un árbol seco.

Mientras tanto, el Pequeñín escucha, símbolo de inocencia y de esperanza, se lo presenta sin voz, como el espectador de la obra de arte que se conmueve y “puede capacitar al hombre para lo bueno”. El niño encierra en sí el potencial creador, la acción continuada necesaria para cambiar el mundo, para generar vida desde la muerte. Él es el Verbo y la regeneración, el ser que manifiesta la obra ante el hombre y da inicio a la catarsis que obliga a Alexander a profundizar sobre su oscura existencia.

En el film se reitera la imagen Adoración de los Tres Reyes de Leonardo Da Vinci. Para Tarkovski, el arte tiene una función fundamentalmente comunicativa en la cual las personas se pueden entender. Para Otto, la obra de Da Vinci es siniestra. El enfrentamiento entre el sujeto y la obra requiere de subjetividad, del encuentro con la propia experiencia, del conflicto que implica el autoconocimiento. Los demonios se hacen presentes: la pureza se manifiesta ante los seres ciegos que luego obligarán al Salvador a sacrificarse por la humanidad. Al contemplar, Otto se encuentra con las miserias arraigadas, redescubre la esencia del individualismo y la humanidad sangrienta capaz de sacrificar la pureza para salvarse.

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Tarkovski utiliza el concepto de coincidentia oppositorum para desarrollar su composición de la realidad. Este concepto tiene su origen en la filosofía presocrática de Heráclito, quien planteaba que el ente, todo lo que existe, está compuesto por la lucha de contrarios (agua-fuego, calor-frío, finito-infinito). Tarkovski explica que las leyes del mundo están compuestas por estos opuestos, y lo que hace el artista es “captar lo interminable y expresarlo por medio de la limitación”.

La obra de arte, como las leyes del mundo, se expresa en esta lucha de contrarios: la demencia y la cordura que implican conocer la verdad interior y que se encierran en el personaje de Alexander; la esperanza por la humanidad radicada en la inocencia del niño, que se contrapone con la subordinación de quienes no tienen fe. Otto, quien proclama que la Verdad no existe, a su vez se acerca a las experiencias metafísicas y es el mensajero que impulsa a Alexander a buscar a María y salvar a la humanidad. La esposa de Alexander, que en principio se presentaba como un personaje frío y práctico, ante la inminente idea de la muerte reflexiona sobre el amor y su existencia, establece allí la unión de contrarios. María, oprimida por su condición servil, es quien permite que la humanidad encerrada en la figura de Alexander se eleve y encuentre el fin de su guerra, abre la puerta hacia la paz. La humildad de María encierra la acción del mundo, la imaginación y la creación.

La coincidentia oppositorum en la película también se expresa en los sueños, en la violencia contrapuesta a la naturaleza, en la obra y el espectador como compuesto antagónico y complementario. “La imagen artística es siempre un símbolo, que sustituye una cosa por otra, lo mayor por lo menor”, dice Tarkovski. La realidad se representa en un mundo limitado al film, pero trasciende la obra e invita a cuestionar la existencia y la pregunta por la Vida. Sólo mediante el sacrificio el ser humano puede lograr exhalar sus miserias y dar luz sobre su conciencia creadora.

Para Tarkovski, sólo es posible encontrar la verdadera individualidad a través del sacrificio, y contrapone al artista moderno con el artista verdadero. El mundo posmoderno significó la reestructuración de la moral burguesa: la incipiente pregunta por el valor ejerce poder sobre la cultura y los valores éticos. Para Tarkovski el artista es un vasallo de su don, y critica al arte moderno, que no hace más que autoafirmar al artista cuando debería “disponerse a servir, tener fe en sí mismo y no tener compromisos externos”. En la voz de Oscar Wilde,  “El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y ocultar el artista es la finalidad del arte”.

En el proceso creativo, el artista se ofrenda a sí mismo para plasmarse en la obra e imprimir la complejidad de la humanidad. La obra es un enfrentamiento ante cuestionamientos ontológicos, trasciende su tiempo y su espacio, por lo que no debería disponerse únicamente a los intereses del mercado. El artista se purifica en su sacrificio, y revela a través de su creación la Verdad del mundo. “El poeta (…) no describe el mundo, el mundo es suyo”, dice Tarkovski. La mirada espiritual se enfrenta a la distancia entre las sociedades y sus realidades, conflicto que encuentra expresión en el intento violento de dominación de un mundo cuyo sentido no se alcanza a comprender. El Sacrificio, así, devuelve la identidad y la Vida, sintetiza las múltiples experiencias constitutivas de las culturas, revela la complejidad del mundo en una verdad que es, en realidad, heterogénea, diversa e infinita.

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La creación artística se proyecta en el hombre provocando un pathos espiritual. Para los griegos, era la conmoción profunda que lleva a la persuasión; la mirada de Tarkovski retoma el concepto y nos lleva a redescubrir el mundo cuestionando las verdades más absolutas para llegar a su esencia, a aquello que trasciende los hechos y las épocas. En El arte como ansia de lo ideal, Tarkovski cita a Goethe: leer un buen libro es tan difícil como escribirlo. Puede agregarse la voz de Novalis, el artista crea porque es su única forma de vivir. Luego de una experiencia estética, el Eros y el Tánatos como fuerzas complementarias inician una plegaria por la humanidad. Leer, mirar, conmoverse, la esperanza y la búsqueda por lo que hay de humano en el mundo: volver al principio, al Verbo.

Sofía Castillón

Literariedad

Revista dominical que asume la literatura, la poesía, el cine y el teatro como calles, lugares de encuentro y desencuentro. ISSN: 2462-893X.

2 comentarios sobre “Tarkovski, la búsqueda del verbo

  1. Bastante interesante el artículo, me hubiera gustado que se hiciera alguna referencia a su padre, el poeta Arseni Tarkovski, la real inspiración de Andrei.

    1. Estimada Rosa,
      Muchas gracias por tu lectura y tu propuesta que enriquece, sin dudas, el artículo! La película y el texto en mi caso motivaron una reflexión sobre el arte y la sociedad de masas, más que sobre la obra propiamente de Tarkovski, que trasciende por mucho el par de ideas que aquí intento recuperar. Es un gusto que mis palabras hayan contado con tu mirada atenta!

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